'Mi reno de peluche': La clave de su éxito inesperado | Serielizados
La gran sorpresa de la temporada

¿Qué es el Fringe Festival y por qué ha sido clave para el éxito de ‘Mi reno de peluche’?

Si eres una de las miles de personas a las que 'Mi reno de peluche' ha pillado por sorpresa y con la guardia baja, simplemente decir que es el festival escénico más grande del mundo. Un evento que abarrota la ciudad de Edimburgo cada verano y una cita especialmente obligada para espectadores inquietos y cómicos aspirantes. En este caso, hablamos además de un punto de inflexión, dentro y fuera de la pantalla, para la serie revelación de la temporada.

Richard Gadd en 'Mi reno de peluche'.

Más de veinticinco se suceden en el calendario de la ciudad escocesa dedicados a temas culturales variopintos: del cine de terror a la magia pasando por las bandas de marchas militares. Entre ellos, y desde 1947, se encuentra ni más ni menos que EL festival de artes escénicas por antonomasia. Insuperable tanto por volumen de espectáculos como de público: el “Edinburgh Festival Fringe” o simplemente “el Fringe”. Mi reno de peluche

Nada que ver con la serie de ciencia-ficción de J.J. Abrams, el Fringe nace el mismo año que el “Edinburgh International Festival”. El festival “oficial” de teatro de la ciudad rechazó a ocho compañías que decidieron montárselo por su cuenta acudiendo a salas alternativas de menor formato dando pie a la leyenda. Esta política de no depender de ningún jurado que seleccione las obras ha sido la clave del festival. Mi reno de peluche

Fringe Festival

Una calle de Edimburgo durante la celebración del Fringe.

Cualquiera puede ir a probar suerte, desde autores y actores consagrados a jóvenes aspirantes a estrella, siempre que cuentes con el venue adecuado. Y es que durante el festival, además de una ciudad colapsada al más puro estilo Fallas o Sanfermines, el visitante comprobará cómo, desde majestuosas iglesias al más minúsculo y apestoso antro se convierten en “sede” del festival.

Edimburgo, ciudad de festivales Mi reno de peluche

La sobreabundancia de comillas no es baladí, y si has llegado al cuarto episodio de Mi reno de peluche sabrás por dónde van los tiros. El catálogo oficial en papel son cerca de 400 páginas divididas entre espectáculos de calle, cabarets y variedades, infantiles, comedia, danza, circo y teatro físico, eventos, exposiciones, música, musicales, ópera, spoken word y teatro. En 2019, justo antes del forzado parón pandémico, contaba con más de 3.500 espectáculos en más de 300 salas y medio millón de potenciales espectadores a los que captar.

Una de las claves para el éxito es el boca-oreja: aguantar lo suficiente como para que se empiece a comentar que tu show es interesante y merece la pena hacerle un hueco en la agenda

Eso implica una competencia feroz por llegar al público. “Cualquiera que tenga una historia que contar y un lugar en el que actuar puede montar un espectáculo aquí”, reza su lema. La cara B es que el Fringe, por lo tanto, tampoco produce ningún espectáculo, no invita a nadie a actuar y no sufraga los gastos de ninguna compañía, ya sea capitaneada por Sir Ian McKellen (un habitual) Así, cada artista se hace responsable de todos sus costes, desde el alquiler del espacio (que puede ir de cero  a varios miles de euros a la semana), tasas de registro, alojamiento (los precios en la ciudad se disparan durante el festival), dietas y, especialmente, la publicidad.

Donny Dunn llegando al Fringe con su maleta cargada de sueños (y artículos de coña).

Durante el Fringe, Edimburgo es una ciudad plagada de flyers, vallas y carteles de todos los tamaños intentando hacerse un hueco en el paisaje visual del visitante. Artistas y compañías representando fragmentos de sus espectáculos en plena calle, llamativos vestuarios y cualquier estrategia posible de street marketing son habituales para conseguir destacar entre la competencia. Y otra línea de la letra pequeña que no se suele leer: El festival dura todo un mes.

Una de las claves para el éxito es el boca-oreja, aguantar lo suficiente como para que se empiece a comentar entre asistentes, redes, prensa u otros artistas que tu show es interesante y merece la pena hacerle un hueco en la agenda. Una entrevista, una reseña positiva o simplemente que otro artista más exitoso te recomiende al final de su espectáculo puede marcar la diferencia. Un principiante que seguramente no haya conseguido más que una sala en las afueras de la ciudad y en un horario precario tendrá que sumarle a la apuesta artística y económica, la resistencia física y psicológica de un corredor de fondo.

El cómico Hannibal Buress sobrevivió al Fringe, pero no a la absurda política de contenidos de Netflix.

El aclamado cuarto episodio de Mi reno de peluche nos muestra esa experiencia vivida directamente por el protagonista, aunque tamizado por una de esas pequeñas historias de éxito inesperado (sin entrar en el pacto fáustico al que le abocará esto) La experiencia de actuar en un local del llamado Free Fringe, sin las condiciones mínimas a cambio de las propinas suele resultar desastrosa, y es realmente difícil llegar a un público interesado sin una campaña y una estrategia real detrás de tu espectáculo.

En ese sentido, quien esté interesado en un retrato más realista, puede tratar de encontrar el monólogo del cómico norteamericano Hannibal Buress, Hannibal takes Edinburgh (2016). Habitual del circuito alternativo de comedia, aprovecha un momento dulce en su ascendente carrera, que incluía ya pequeños papeles en series de culto como Louie o Broad City, para probarse a sí mismo en el ruedo escocés.  Los clásicos momentos del monólogo se alternan con secuencias documentales en las que vamos viendo el desgaste del artista que se cuestiona constantemente si debe seguir o sucumbir al agotamiento.

Hoy en día el Fringe es, entre todas sus modalidades, una meca para cómicos aspirantes

Con el tiempo se ha convertido en un especial de culto, no tanto por su contenido como por el hecho de que Netflix lo produjese y posteriormente lo borrase de su plataforma, no queda claro si parte de su actual gestión de contenidos o a petición del propio Buress, centrado ahora en el rap y empeñado en borrar su huella como stand-up.  

Cómicos al borde de un ataque de nervios Mi reno de peluche

En el año 2021, Phoebe Waller Bridge, creadora de Fleabag, estrenó un cargo inédito como presidenta de la Edinburgh Festival Fringe Society. El puesto, más honorífico que ejecutivo, buscaba en realidad ayudar a recaudar fondos para el festival post-pandemia, pero es un buen resumen de su estado actual. En 2008 el festival llegó a un punto sin retorno cuando la programación de stand-up superó por primera vez al resto de espectáculos. El boom del formato en redes y plataformas unido a que, quizá sea la modalidad escénica más fácil de acomodar en cualquier rincón casi devora al propio festival. Voces críticas se levantaron recordando a aquellas míticas ocho compañías fundadoras, pero no había marcha atrás.

Hoy en día el Fringe es, entre todas sus modalidades, una meca para cómicos aspirantes. El protagonista de Mi reno de peluche bien lo sabe. No solo de cara al público sino al networking que se puede dar en los bares de la ciudad tras los pases y mientras uno se siga teniendo en pie. Ojeadores y productores de todo el mundo acuden al festival a descubrir nuevos talentos. En esos mismos pubs se cierran contratos y giras que pueden marcar un antes y un después en la carrera de un artista. 

Así le sucedió a la propia Waller Bridge, en 2013 cuando presentó en el festival su monólogo original. Cuando se estrenó en salas y algunas plataformas la grabación que hizo para el National Theatre, pudimos sentirnos durante una hora como aquellos afortunados espectadores de hace una década que vivieron en directo el nacimiento de un fenómeno internacional y un nuevo icono de la comedia confesional.

Cartel de 'Fleabag', el monólogo teatral.

La presencia de la autora de Fleabag  y Crashing decíamos es paradigmática del estado actual de la comedia, partida en dos por esa entelequia llamada “lo woke”. Por un lado tenemos a un montón de cómicos, en su mayoría varones blancos heterosexuales, sin parar de decir con mayor o menor gracia que “ya no se puede decir nada” bajo la supuesta espada de Damocles de la “cancelación”, siendo el último en sumarse ni más ni menos que un icono como Jerry Seinfeld. Del otro, un montón de nuevas voces, muchas de ellas disidente en género, raza y orientación sexual, proponiendo textos y miradas que habían pasado bajo radar durante años.

En Mi reno de peluche, como veremos más adelante, cristalizan en cierto modo ambas tendencias. En ese sentido, el Fringe ha sido uno de los vehículos principales para ese cambio de paradigma. Además de iniciativas como Fringe of colour, que trata de dar mayor visibilidad a artistas no-blancos en festival, cómicas como Hannah Gadsby se dio a conocer en el festival en 2017 con Nanette. El monólogo resultó ganador de los prestigiosos Edinburgh Comedy Awards, otro de los caramelos para los artistas del festival, y posteriormente firmó un acuerdo con Netflix que lo convirtió en uno de los especiales de comedia más importantes de la década.

Hannah Gadsby en plena actuación.

Como Nanette, otra de las obras que abordan desde la comedia algo tan dramático como el abuso sexual y el consentimiento, es la serie I may destroy you. De hecho no son pocas las críticas que han hablado de Mi reno de peluche como el hijo varón de esta serie y la mentada Fleabag. Bien, pues aunque esta no fue previamente un show  del Fringe sí que nació “durante” el festival. En 2018 su autora, Michaela Coel, ya era una dramaturga de prestigio que había convertido su libreto Chewing Gum Dreams en una exitosa serie para la Channel 4, además de protagonizar Been so long, esta vez sí, un musical originado en el Fringe que fue creado y adaptado por su amigo y mentor Ché Walker.

Con estos mimbres fue la lectora invitada ese año para la prestigiosa MacTaggart Lecture, conferencia estrella del Edinburgh International Television Festival, otro de los festivales que suceden en la ciudad a la vez que el Fringe. En aquella conferencia, transmitida por YouTube, fue donde Coel confensó haber sido drogada y agredida sexualmente por dos hombres anónimos durante el proceso de escritura de su serie Chewing Gum, suceso que inspirará dos años más tarde I may destroy you.

Michaela Coel en el Edinburgh TV Festival.

Como decíamos, si por un lado un sector de los cómicos como Ricky Gervais, Bill Burr, Jim Jefferies, David Chappelle o el supuestamente cancelado Louis CK siguen firmando especiales y llenando teatros a base de cuestionar “lo correcto” y tensar las cuerdas de la libertad de expresión  caiga quien caiga para teóricamente ensanchar sus márgenes. Del otro lado, una nueva generación de cómicos ha decidido que el gran poder del micro conlleva una gran responsabilidad. Siguiendo la estela de Gadsby, Mae Martin, Jerrod Carmichael, Bo Burnham, Ramy Youssef, Drew Michael o el John Mulaney más reciente aprovechan sus espectáculos para hablar de cuestiones raciales, LGTBIQ+, adicciones o salud mental.

Netflix subió ‘Mi reno de peluche’ a su catálogo, como suele hacer con la mayoría de ellas, sin más promoción que la etiqueta de “añadido recientemente”

Una polarización entre viejas y nuevas masculinidades no exentas en ambos casos de talento y valor para abrirse en canal delante de un público en muchos casos más pendiente del “salseo” que de lo finamente elaborados que puedan estar los textos. Por supuesto, cada edición del Fringe es un termómetro de esas tendencias y en ese caldo de cultivo podemos entender mejor la génesis de Mi reno de peluche y el contexto de su autor: Richard Gadd.

Mi reno de peluche

Flyers originales del Fringe 2022 de tres cómicos que bien podrían haber compartido cartel y filosofía con Richard Gadd.

Antes de centrarnos en él, tres recomendaciones vistas en el festival por el autor de este texto, por si los lectores quieren descubrir nuevas voces o, posiblemente, poder decir “yo lo vi primero” cuando despuntes. El clown John Norris y su personaje Mr. Chonkers busca esa comedia absurda con un punto incómodo con el que Donny Dunn se presenta en Edimburgo, el canadiense Bobby Mair representa el tipo de comedia directa pero exitosa a la que Donald aspira, mientras que el show confesional de Rich Hardisty sobre anorexia, drogas y su hogar desestructurado se aproxima mucho más al despiece emocional que realiza Gadd en su monólogo original. Un último apunte, si les gusta la comedia escocesa y pasan por Edimburgo, dentro o fuera de la temporada festivalera, no se pierdan a la divertidísima Eleanor Morton.

Un ciervo con astas hypeadas

Lo bueno poder escribir un texto reposado ante un caso como el de Mi reno de peluche es haber podido ver evolucionar en directo todo el ciclo del hype sin la presión de tener que ser partícipe de él. El pasado jueves 11 de abril de 2024, Netflix subió una serie más a su catálogo, como suele hacer con la mayoría de ellas, sin más promoción que la etiqueta de “añadido recientemente”.

Mi reno de peluche

Uno de los dos carteles que Netflix ha usado para ‘Mi reno de peluche’.

Aunque la serie debutó en el quinto puesto global en habla inglesa, en España los esfuerzos promocionales de la plataforma y las expectativas de los seriéfilos tenían la mirada fija en El caso Asunta, la gran apuesta de la temporada en ficción nacional. Sin embargo algunos prescriptores siempre atentos a la novedad, como el guionista y creador de El Ministerio del Tiempo, Javier Olivares ya advirtieron en redes que no estábamos ante la comedia edgy de pub que invitaba a pensar el cartel.

La serie toma su título del monólogo teatral que el cómico, guionista y actor Richard Gadd estrenó en el Fringe en 2019

El boca-oreja (o tweet-a-tweet) comenzó a rodar a las puertas de uno de esos fines de semana perfectos en los que no hay ningún estreno ni novedad importante y el cuestionado binge-watch vuelve a hacer su magia como antaño. La agradecida tendencia británica de crear temporadas de pocos episodios terminó de redondear la jugada y, para la semana siguiente, Mi reno de peluche se colocaba en el número uno en todos los países, incluido España, con más de 52 millones de horas de visionado. 

 

Su monopolio de la conversación en redes durante las dos semanas que mediaron hasta el estreno de la polémica Asunta fue creciendo según los espectadores pasaban de los inicios de comedia negra de trazo irregular al impactante cuarto capítulo que hacía subir de nuevo las adhesiones y recomendaciones. Como manda el ciclo del hype, la semana siguiente comenzaron a aparecer voces diciendo que la serie “no era para tanto”, críticas al poco cuidado con el que se manejaba la cuestión queer y hasta acusaciones de gordofobia. Sin embargo, y aunque emparedada por la versiones ficción y documental del true crime del momento, Mi reno de peluche se mantiene hasta hoy con medalla de plata en el podio de la plataforma. Pero, ¿qué tiene que ver este fenómeno con el festival escocés más allá de tener un episodio completo ambientado en él?

Richard Gadd, ni tan bebé ni tan peluche. 

A estas alturas del texto no hará falta comentar el argumento de Mi reno de peluche pero incidiremos en algunos aspectos, así que si aún no la has visto completa:

[SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ]

La serie toma su título del monólogo teatral que el cómico, guionista y actor Richard Gadd estrenó en el Fringe en 2019, consiguiendo sendos premios a la mejor actuación y mejor texto original, además de una exitosa gira por Londres durante los meses siguientes y un contrato para su adaptación audiovisual firmado en 2020.

Mi reno de peluche

Cartel del montaje teatral original de ‘Mi reno de peluche’.

En él, de manera no cronológica, conoceremos la historia y trayectoria de Donny Dunn, un aspirante a cómico profesional que, entre actuación y actuación frustrada, sobrevive en Londres como camarero en un pub. Un té de cortesía ante una clienta sin dinero se convertirá en una espiral de obsesión, terror y vergüenza para Dunn cuando la clienta casual se revele como una serial stalker que parece haber confundido el gesto quebrado de Dunn con la ternura de un peluche.

Igual que Donny Dunn, Gadd se formó como actor en la prestigiosa Oxford School of Drama, pero lejos de los fracasos de su personaje, la de Gadd fue una carrera meteórica

Un peculiar tono ensombrece las partes supuestamente cómicas de la serie, desde la caracterización de Martha, la acosadora, al propio número cómico de Dunn. Los pasajes textuales en off y la banda sonora de los hermanos Galperine (con reminiscencias a la de Cristobal Tapia de Veer para Utopia) nos van avisando de que la cosa va algo más allá de una vuelta al tropo de la comedia romántica con extraña pareja de inadaptados al estilo Love o The End of the F***ing World. Aquí no hay espacio para lo pizpireto ni lo mono. Si la histriónica risa de Martha esconde a una convicta peligrosa, la timidez y encadenado de malas decisiones con ella de Donny se revelerán como fruto de un muy turbulento pasado de abuso sexual, trauma, drogas y despersonalización. 

El mono imitamonos

Igual que Donny Dunn, Richard Gadd se formó como actor en la prestigiosa Oxford School of Drama, pero lejos de los fracasos de su personaje, la de Gadd fue una carrera meteórica. Al año de salir de la escuela, y tras algunos premios en el circuito estudiantil, estrenaba, con solo 24 años, su primer show en el Fringe: Cheese & Crack Whores (2013) Un espectáculo muy parecido al LOL, cancer! con el que su personaje Dunn prueba suerte en Edimburgo, puro post-humor a base de chistes sin remate, bromas basadas en objetos (considerados una forma baja de comedia dentro de la escena) y pulsos a la paciencia del público.

Mi reno de peluche

En sus primeros tres monólogos en el Fringe (2013-15), Richard Gadd se ganó el apodo de “el cómico trastornado”. No sabemos por qué.

Lejos de desanimarse, este hijo de reyes de la anticomedia como Andy Kaufman, Zach Galifianakis, Tim Heidecker o nuestro Ignatius Farray, siguió probando suerte a base de trastiendas de pub y cubos de propinas con shows como Breaking Gadd (2014), donde recreaba un ataque que lo dejó con amnesia temporal y las prácticas poco éticas del psicólogo que lo trató, o Waiting for Gaddot (2015) donde, entre otras catástrofes abordaba el pánico a llegar tarde a su propio show y en muchos pases aparecía cuando solo quedaban unos minutos para terminar.

Esta primera trilogía tuvo su versión en el Soho Theatre de Londres, uno de los más prestigiosos espacios para nuevos cómicos y le hizo pasar del boca-oreja entre los connoisseurs de la comedia extraña a la validación de la crítica, acumulando cada vez más premios. Será justo en ese momento dulce cuando el equivalente a Martha en la ficción haga su aparición en la vida real de Richard.

Mi reno de peluche

Igual que en la serie el encuentro fue casual en el bar donde Richard trabajaba.

Ella estaba más cerca de los 50 que de los 25 de Gadd en aquel momento, diferencia que el cast de la soberbia Jessica Gunning ha rebajado en la serie. El resto transcurrió de manera bastante similar, incluidas las apariciones en sus shows para boicotearlos de un modo curiosamente similar al que Gadd utilizaba en sus primeras actuaciones experimentales, con algún actor amigo como gancho.

Del mismo modo, en mitad de todo el torbellino, Richard se enamoró. El hecho de que fuese una mujer trans, fue el detonante para terminar de dinamitar todas sus ideas, aprendizajes y expectativas sobre lo que era “ser un hombre”. Con la experiencia stalker lejos de cerrarse, una seria crisis de identidad a todos los niveles, incluida la de su personaje cómico, y una nueva edición del Fringe en el horizonte Dunn decidió volcar sus ansiedades en  un nuevo espectáculo: Monkey see, monkey do (2016).




Con su afición al running como premisa (algo a lo que también recurre el protagonista en Mi reno de peluche) y montado sobre una cinta de correr desprovisto de sus habituales artilugios y disfraces, Gadd aborda los conflictos con su masculinidad para terminar confesando precisamente el suceso clave en la serie. Él mismo reconoció en una entrevista a The Guardian que quizá abordó el tema demasiado pronto: «era pre-#MeToo; la agresión sexual no estaba realmente en debato público,en especial la agresión sexual a hombres».

Lo más interesante de ‘Mi reno de peluche’ como serie ha sido la decisión de unificar los dos textos teatrales de Gladd

Sin embargo este espectáculo fue su consagración definitiva como cómico. Ganó el prestigioso  Edinburgh Comedy Award del Fringe de aquel año (el mismo que Gadsby ganará dos años después con Nanette) entre más de media docena de premios especializados, firmó dos meses seguidos en Londres (en el mismo teatro al que Waller-Bridge llevó Fleabag tras su estreno escocés) con sold outs abundantes, fechas internacionales y una grabación para Comedy Central. Partiendo de que su espectáculo arrancó como los anteriores en el sótano de un bar, gracias a la buena acogida del tema y su respaldo, Gadd sintió que en su vida se abría una nueva etapa feliz, no solo profesional, sino de aceptación personal. 

Ezcrito desde mi aiFhon

Mientras, el éxito del unipersonal del mono no sentó bien a su stalker. Los siguientes meses inspirarán los episodios más duros de Martha en la serie, con nuevas amenazas de implicar a su familia y su pareja en el asunto. 41.071 correos electrónicos, 744 tweets, 106 páginas en cartas y 350 horas de mensajes de voz a lo largo de cuatro años y medio dieron lugar al libreto de Baby reindeer, estrenado en el Fringe de 2019, poniendo en duda aquel axioma de que comedia es igual a tragedia más tiempo.

En la obra, la stalker es representada por un taburete, puesto que Gadd sigue siendo el único actor en escena, apoyado por proyecciones y audios recreando las decenas de repasos que tuvo que hacer de los mensajes de su acosadora hasta encontrar alguna amenaza que la policía pudiera utilizar como prueba fehaciente de peligro.

Mi reno de peluche

Imagen del monólogo teatral que inspiró la serie.

En su paso al audiovisual, tres años más tarde de lo previsto debido a la pandemia, lo más interesante de Mi reno de peluche como serie ha sido la decisión de unificar los dos textos teatrales de Gladd. Así, además de una de las piezas de ficción seriada más importantes en mucho tiempo con el mencionado episodio central, la serie traslada la catarsis de Gladd en Monkey see, monkey do como el improvisado monólogo que tienen Donny Dunn en la final del concurso de comedia y que, viral mediante, le lleva a conseguir su sueño. Quizá la mayor licencia de la serie ya que, por otro lado, la carrera de Richard Gladd nos ha demostrado que lo suyo, más que suerte ha sido cuestión de trabajo, talento y perseverancia. 

El sacrificio de un reno sagrado Mi reno de peluche

A día de hoy, mucho se ha escrito de Mi reno de peluche, en medios y con enfoques muy diferentes. Quizá por lo valiente de ponerse hoy en día en posiciones incómodas y poco seguras. Quien haya vivido situaciones reales de acoso, bien hubiese agradecido una cartela informativa al inicio del primer episodio, pues la recreación de la figura del stalker es tan real como terrorífica.

¿Qué diferencia la manipulación emocional a la que someten al público “cómicos sensibles” como Gadd con sus espectáculos confesionales de los trucos confesos del mentalistas?

Hay quien ha criticado por contra que la única advertencia de contenido de la serie sea cuando retrata una relación no consentida entre dos hombres. O que en uno de los pocos casos de representación normalizada de relaciones con personas trans, esta parta de la fetichización por parte del protagonista. Lo mismo podría decirse de una cierta doble moral: ¿es peor la violación en sí que la sumisión química para conseguirlo? ¿Son las escenas de agresiones sexuales no explícitas de la serie peores que los constantes planos de abuso de drogas para quien haya podido tener problemas con ellas?

Sin meternos en problemáticas reales que la serie insinúa pero esquiva como el chemsex, series como Euphoria nos recuerdan que no está de más reflexionar sobre ello antes de darle al play. Lo cierto, y para quien esto escribe, lo valioso de Mi reno de peluche es que no teme identificarse con lo que la periodista Lorena G. Maldonado definía como “la mala víctima”. Una que no solo no es heróica, que parece ignorar deliberadamente la hilera de red flags que se le ponen por delante, que incluso vuelve conscientemente con sus abusadores, que constantemente toma la decisión que parece menos acertada y, desde luego, la que le deja en peor lugar. Fuera de la pantalla la cosa también parece haberse descontrolado para Richard Gadd.

Mi reno de peluche

Richard Gadd en una escena de ‘Mi reno de peluche’.

El éxito desmedido de la serie ha hecho que cientos de “detectives de internet”, se hayan lanzado a intentar averiguar los verdaderos nombres tras los personajes retratados en la serie, especialmente el guionista abusador y la stalker. En el primer caso, se llegaron a dar por buenos nombres reales, que el propio Gadd ha tenido que desmentir junto a petición de cese de las pesquisas por parte de los espectadores y los acusados llevar a manos de la policía. El segundo caso es aún más enrevesado, aunque no tanto conociendo los giros de la serie, y es que una mujer que dice ser la acosadora real tras el personaje de Martha ha concedido una entrevista al tabloide Daily Mail acusando al autor de ser él el acosador y poniéndose ella misma como víctima mientras anuncia querellas contra Gadd y Netflix.     

¿Merece la pena todo por el aplauso del público?

Quizá sea esta la pregunta clave que se hace la serie y que se puede extender a casi todo el mundo del espectáculo a partir de la sobreexposición emocional a la que nos ha llevado la cultura del like actual. En 2020, Disney Plus + estrenaba In & Of Itself, un exitoso espectáculo del mago y mentalista Derek DelGaudio, que no dudaba en tirar de todos los recursos de su disciplina, para llevar al público al borde de las lágrimas antes de deslumbrarlos con el truco final. ¿Es la venta del trauma personal la vía más rápida para conseguir atención para los artistas emergentes?¿Qué diferencia la manipulación emocional a la que someten al público “cómicos sensibles” como Gadd con sus espectáculos confesionales de los trucos confesos del mentalistas? Volviendo al inicio del texto, convendría regresar al Fringe de 2017, y volver a Nanette de Hannah Gadsby donde decía:  

«He construido una carrera en la comedia a base de autodesprecio y no quiero seguir haciéndolo (…) No es humildad, es humillación. Me menosprecio a mí misma para hablar, para pedir permiso para hablar, y sencillamente no voy a volver a hacerlo, ni a mí misma ni a nadie que se identifique conmigo. Si eso significa que mi carrera como cómica ha terminado, que así sea».

Claramente no fue el fin de la carrera de Gadsby sino un nuevo comienzo. Como esperamos que lo sea para Richard Gadd, que ya ha declarado la poca intención que tiene de convertirse en un autor que viva de exponer sus miserias. De hecho su nuevo proyecto, la serie Lions, que está escribiendo para BBC en estos momentos, trata de dos hermanos. A priori un punto de partida que, de ser su obra para el Fringe, supondría una novedad extraordinaria en su carrera: la presencia en escena de alguien más que él mismo.

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