La elegancia en las series, ese oxímoron
Series fashion

La elegancia en las series, ese oxímoron

Desde Carrie Bradshaw a Don Draper, los iconos de estilo surgidos de las series son múltiples, como lo son los vínculos que se han generado entre la ficción televisiva y el mundo de la moda, muchas veces a través de propuestas excéntricas y desmesuradas

Un diseño de Balenciaga en la serie 'Cristóbal Balenciaga'.

Dijo Giorgio Armani que “la elegancia no consiste en destacar, sino en ser recordado”. La versión cañí de la frase, que no del autor, la firmó la desaparecida Carmen Alborch cuando sentenció que “si no puedes ser elegante, sé extravagante”.

Y todo apunta a que es esta última afirmación la que ha guiado las tendencias en cuestión de estilo en la mayoría de las series de televisión. Más allá de las múltiples definiciones que pueda tener el concepto de elegancia –un vistazo rápido a lo que aparece en Google Imágenes al buscar “elegancia” genera más dudas de las que resuelve– y por muchas variaciones que pueda adquirir a lo largo del tiempo, podríamos convenir en que fue inventada o al menos impulsada por toda una serie de diseñadores que en los últimos tiempos han tenido su cuota de protagonismo en la ficción televisiva.

elegancia

Juliette Binoche como Coco Chanel en ‘New Look’.

La coincidencia de los estrenos de New Look y Cristóbal Balenciaga, acertadísima serie sobre el diseñador vasco, ha servido para atar un nuevo cabo entre dos materias llevan mucho tiempo unidas de una u otra forma: la moda y las series. En la mayoría de casos, sin embargo, hay que hablar de personajes más extravagantes que no elegantes, siguiendo la clasificación de Alborch.

El mito de Carrie Bradshaw

Y para muestra un botón: ahí está Sexo en Nueva York,, esa serie cuyos tintes feministas y urbanos del inicio mutaron hacia un absurdo y excesivo elitismo que demasiadas veces llegó a ser desquiciado, especialmente en todas sus secuelas.

Más allá de la ropa, en todo caso, la mayoría de expertos en moda relacionan el concepto de elegancia con aspectos intangibles.

En cualquier caso, durante sus seis temporadas presenciamos no sólo los tropiezos de Carrie Bradshaw en cuanto a la moda se refiere, con uno de explícito sobre la pasarela mientras lucía un conjunto de ropa interior de Dolce & Gabbana, sino que también sirvió para engendrar el mito que hizo de Sarah Jessica Parker la invitada más esperada de la gala que cada año se celebra en el Museo Metropolitano de Nueva York en colaboración con el Instituto de la Moda. Tan lejos ha llegado la leyenda que ya se ha convertido en la única mujer que puede llevar un pesebre sobre la cabeza sin que resulte ridículo. Y eso también tiene su mérito. 

Sarah Jessica Parker como Carrie Bradshaw.

La obsesión por los Manolos, los looks imposibles con los que cualquiera de las cuatro podía salir a la calle para simplemente tomar un café y el hecho de que el documental realizado sobre la secuela, And just like that, se centrara básicamente en los lugares de donde habían sacado la ropa que lucían las protagonistas sólo sirve para confirmar lo que en los primeros capítulos era una sospecha: se trataba de una serie que podía marcar una era, en lo que a estilos se refiere, y así lo hizo, para bien o para mal. ¿O es que alguien cree que tendríamos a una Zendaya vestida de robot o a una Rosalía con un chándal de Louis Vuitton de no haber sido por la columnista que se puso una pluma de pavo real en la cabeza el día de su –trágica– boda con Big? 

Homenajes velados 

Más allá de la ropa, en todo caso, la mayoría de expertos en moda relacionan el concepto de elegancia con aspectos intangibles. El diseñador Jean Paul Gaultier, de hecho, lo asocia más con una cuestión de personalidad que hace que incluso las extravagancias de Carrie Bradshaw deban ser consideradas como elegantes.

Nueve años después del estreno de Sexo en Nueva York llegaría la heredera en cuanto a estilo se refiere –espiritualmente el testimonio lo cogieron Hannah Horvath y Girls–, la Serena Van der Woodsen que protagonizaba Gossip girl. Ella y su amiga Blair Waldorf, mejor dicho, quienes representaban dos maneras diferentes –ambas eclécticas y selectas– de entender su propia imagen.

elegancia

Villanelle de ‘Killing Eve’ paseando por Barcelona.

Mientras que los looks de Blair estaban supuestamente inspirados en Audrey Hepburn, los del personaje interpretado por Blake Lively eran, en teoría, un homenaje a Kate Moss. La ropa que lucían se convirtió en una de las señas de identidad de la serie y, aunque en el caso de Gossip Girl fuera llevado también bastante al extremo –vuelve a Google Imágenes, pon “gossip girl outfits” y prepárate para soñar– no fue ni mucho menos la única serie de adolescentes en las que la ropa tuvo un papel destacado. 

Las homólogas descafeinadas de Serena y Blair bien podrían haber sido Summer y Marissa, de The OC, mientras que el catálogo de estilismos de Euphoria ha sido hasta la fecha tan diverso como sus protagonistas. Su manera de vestir las definía tanto como lo hacía la de la discretísima Olivia Pope de Scandal, la de la siempre impecable señora Maisel o la de la temible Villanelle de Killing Eve.

Don Draper ejemplificó mejor que nadie otra célebre definición de la elegancia, firmada en este caso por Coco Chanel: «la sencillez es la clave de la elegancia».

Tampoco habría sido la misma de haberse vestido de otra manera la mismísima Rachel Green, vinculada también profesionalmente al mundo de la moda y cuyo estilo llegó a marcar las tendencias capilares de las mujeres americanas. Y no, no ignoramos que hasta ahora sólo han aparecido mujeres en este listado pero ¿qué puede hacer una simple articulista para luchar contra todo un sistema en el que es la imagen de la mujer la que se ve sometida constantemente a juicio y en el que llevar pantalón o minifalda puede cambiar la idea que genere una abogada como Ally McBeal en el espectador? Dejar constancia de ello y, como mucho, aventurarse a elegir algunos iconos masculinos, que haberlos haylos.

Don Draper y todos los demás 

Siguiendo con Friends, de hecho, no sólo Rachel, Mónica y Phoebe se distinguían por su manera de vestir –el lazo de Navidad que llevó sobre un vestido el personaje que interpretaba Lisa Kudrow se habría convertido en tendencia de haber aparecido en un capítulo de Sexo en Nueva York– sino que también los chicos tenían sus propias prendas: camisas apretadas, cuellos altos y sudaderas para Joey, superposición de capas y corbatas para Ross y chalecos y camisas vintage para Chandler Bing.

Y aunque nadie llevará las camisetas interiores como Tony Soprano ni ninguna boina será jamás tan afortunada como la que llevaba Thomas Shelby, si ha habido un referente masculino en cuanto a estilo se refiere en las series de televisión es sin duda Don Draper.

elegancia

Don y Betty Draper, la elegancia en persona en ‘Mad Men’.

Aunque existan infinidad de artículos que en principio sirvan de guía para vestir como él –ni se te ocurra intentarlo– él ejemplificó mejor que nadie otra célebre definición de la elegancia, firmada en este caso por Coco Chanel: «la sencillez es la clave de la elegancia», dijo. Y no, a Don Draper nunca le hizo falta ser extravagante, que para eso ya estaban los calcetines de Bert Cooper.  

Más allá de los casos concretos en los que la ropa que llevaban ha tenido un papel esencial a la hora de construir caracteres en las ficciones televisivas, también muchas de ellas se han centrado en diferentes aspectos relacionados con el mundo profesional que rodea esta industria, desde Girlboss a Atelier pasando por El tiempo entre costuras.

No hay duda de que son múltiples los vínculos que se han tejido en los últimos años entre la moda y las series, dos terrenos cuyas confluencias son, en cualquier caso, inevitables. Ya lo dijo Anna Wintour: «si no puedes ser mejor que la competencia, al menos vístete mejor». 

en .