El invierno ha llegado cargado de mala leche
'Juego de Tronos' (8x01)

El invierno ha llegado cargado de mala leche

Daenerys llega con sus ejércitos (y dragones) a la fría Invernalia (8x01) / Crédito : HBO

La espera ha terminado y parece que ha merecido la pena. El arranque de la octava temporada de la serie es un festival de reencuentros (y sarcasmo) que repasamos a continuación.

Lo bueno que tiene la temporada final de una serie es que, hasta que se acaba definitivamente y llega el drama, todo es una fiesta. Reencuentros de viejos amigos, y enemigos, incógnitas que (a la fuerza) se van resolviendo y una grata sensación de que la sucesión de eventos está perfectamente engrasada, porque el tiempo es finito. David Benioff y D.B. Weiss lo saben, y para arrancar la esperadísima octava temporada de Juego de Tronos han ofrecido a los fans un capítulo tan completo que solo podemos decir «más, más»… Aunque pronto vaya a llegar el drama.

Hasta que esto suceda, lo vamos a pasar bien. Porque ahora que el metraje no tiene minutos suficientes para invertirlos en sesudas conversaciones, que las hay, parece que el recurso será la mala leche. Y yo a eso me apunto. Me apunto incluso a que los guionistas se rían de todos nosotros en la cara, y resuelvan el tantas veces analizado «Invernalia es vuestra, mi alteza», de Sansa a Daenerys, con Bran diciendo que no hay tiempo para ocuparse de esas cosas, que los caminantes blancos ya están a este lado del Muro.

Para entonces el  tullido Stark ya había puesto en duda a Jon, cuando le abraza diciéndole que ya es todo un hombre, y le contesta «más o menos». El chico gracia tiene, lo que pasa es que solo lo expresa verbalmente. El festival de punch-lines (giros cómicos) no tardó en continuar, esta vez entre dos mujeres que han demostrado durante siete temporadas que de carácter van sobradas. Y ante el «¿qué comen los dragones?» de una preocupada Sansa ante la falta de víveres, Daenerys tira del poder que te dan los mencionados bichos para contestar: «lo que quieran».

Daenerys y Jon Snow caminan hacia unos dragones hambrientos (8×01) / Crédito: HBO.

Tras un primer encuentro grupal en el que lo único en lo que estaban de acuerdo es en que Jon había renunciado a su trono por «una extranjera», Tyrion y Sansa también tuvieron tiempo de recordar que la boda de Joffrey: «tuvo sus momentos». Pero sin duda uno de los reencuentros más tiernos fue el de Jon y Arya, con Aguja como punto de encuentro emocional, y Sansa como principal desencuentro. «¿Ahora la defiendes?», pregunta Jon sorprendido ante el cambio que ha dado la joven en siete temporadas (sea ese el tiempo que sea en Poniente). «Estoy defendiendo a la familia, como hace ella», le contesta. Cuando él le recuerda que también es su familia, Arya le pide que no lo olvide mientras lo abraza. Y no sé por qué, me temo que este momento volverá a nosotros próximamente.

¡Ay, quién no hubiese querido este ritmo en la primeras temporadas!

Cuando ha hecho un alto en el festival de reencuentros, Juego de Tronos nos ha mostrado a esa Cersei que adelantaba el tráiler, y que esconde un vendaval de sentimientos que tampoco tardará demasiado en desatarse. Me sorprende que haya accedido a cumplir las expectativas de Euron, al que le dice: «Si quieres a una puta cómprala, pero si quieres a una reina tienes que ganártela», y ya en su alcoba le jalea diciéndole que le gusta su arrogancia. Mientras todo esto sucedía, Theon daba muestras de su despertar rescatando a su hermana, que le recibe con el cariño que se merece. Y a Bronn le encomendaban acabar con Tyrion y Jaime, si es que «sobreviven al Norte». ¡Ay, quién no hubiese querido este ritmo en la primeras temporadas!

En el festival de pullas verbales se ha echado de menos la locuacidad de Tyrion, que sin embargo nos ha sorprendido apuntando que Daenerys y Jon hacían «buena pareja». Para hilar, los creadores han aprovechado para cumplir con una de las escenas más esperadas de la serie mientras ponían un poco de acción dragonesca en el metraje, que siempre viene bien. Y como quien no quiere la cosa, y con más humor que trascendencia, Jon ha cabalgado a lomos de un dragón, y por sus caras, no ha disfrutado nada de la experiencia.

Jon Snow cabalga por primera vez un dragón alentado por Daenerys (8×01).

Cuando hemos recobrado el aliento, más reencuentros: el Perro con Arya y la joven con Gendry. Del primero aplaudir la certeza (a pesar del insulto) con la que el Perro ha apuntado que es el carácter de Arya lo que la mantiene viva. Y del segundo, un encargo, y una sonrisa final, que deja entrever más de lo que parece. Pero apenas hemos tenido tiempo de pensarlo demasiado, porque después Sansa le ha hecho a Jon la gran pregunta: «¿Hincaste tu rodilla ante Daenerys por el Norte o porque la amas?».

Zona spoiler

La ausencia de respuesta se perdona solo porque, en los diez minutos finales, el primer episodio de la última temporada de la serie resuelve una de esas claves que durante años han ocupado miles y miles de teorías. Y el bueno de Sam, después de descubrir que Daenerys acabó con su padre y su hermano, le dice a Jon que es Aegon Targaryen. Afortunadamente el (ya no) bastardo se preocupa más por el poder y la gloria que por el hecho de que está enamorado de su tía. «Renunciaste a la corona por salvar a tu pueblo, ¿hará ella lo mismo?», pregunta Sam a un consternado Aegon. Porque podemos llamarle ya Aegon, ¿no?.

¿Y si la visión de Daenerys del Trono de Hierro vacío era en realidad el final de la serie?

Con Tormund y lo que queda de la Guardia de la Noche explorando el muro, y descubriendo símbolos aterradores, los 54 minutos más esperados del último año y medio se cierran… con otro reencuentro. Uno con el que no contaba, y que me hace esperar con ganas el próximo domingo. Porque para que no echásemos a nadie en falta, vemos a Jaime llegando a Invernalia. Nada más bajar del caballo se encuentra con el niño que arrojó por una ventana, porque Jaime es el viejo amigo al que pacientemente espera Bran en su silla de ruedas.

Siete temporadas después, el encuentro que incendió las relaciones entre los Stark y los Lannister se repite en Invernalia. La travesía ha podido ser demasiado larga, a veces tediosa, pero el principio del fin ha comenzado y las casi siete horas que quedan de Juego de Tronos se adivinan como una montaña rusa de emociones, sorpresas y muertes. La gran incógnita está en saber las dosis que Benioff y Weiss han utilizado de cada una de ellas para construir la última temporada, y cuánta sangre han reservado para una traca final que, tal vez, ya nos adelantaron. ¿Y si el Trono es solo una excusa, y nadie lo ocupa? ¿Y si la visión de Daenerys del Trono de Hierro vacío que pudimos ver en la segunda temporada era en realidad el final de la serie? Afortunadamente, la incógnita que ha tenido a millones de personas pegadas al televisor, se resolverá en cuestión de horas.

Escrito por Aloña Fdez. Larrechi en abril 2019.

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