El final de ‘Fargo’ T5: "Minnesota nice" hasta el final
Season finale

El final de ‘Fargo’ T5: «Minnesota nice» hasta sus últimas consecuencias

El final de ‘Fargo’, en su quinta temporada, contiene dos encuentros entre un hombre y una mujer que sirven para poner en evidencia que el poder femenino tiene tantas aristas, posibilidades y versiones como mujeres hay en el mundo.
Final Fargo

Juno Temple tiene la receta para comprender el final de 'Fargo'.

¿Qué hace que nos convenza el final de una historia? ¿Que se resuelvan todas las tramas y no queden interrogantes por resolver? Si queda alguno, ¿que sea para construir con él algún tipo de reflexión más que oportuna? ¿Que el desenlace nos sorprenda y nos emocione, que nos parezca coherente y a la vez inesperado, que nos deje la sensación de que ninguna otra conclusión era posible? Puede que hasta ahora fuera una mezcla de todo lo anterior pero tras el final de la quinta temporada de Fargo a la respuesta correcta hay que añadirle un nuevo ingrediente: prepararlo con alegría y con amor. 

ALERTA SPOILERS!

xPuede que con el tramo final de esta quinta temporada nos encontremos ante una de las mejores escenas del conjunto de la serie, una de las que mejor resume, define y explota su esencia. Pocas veces la preparación de una cena familiar había dado tanto de sí. Ahí estaba nuestra querida Dot, al fin en casa, feliz de sentirse de nuevo parte de su rutina, y ahí estaba Oola Moonk para, aparentemente, recordarle que el pasado siempre estará ahí para perseguirnos. ¡Ay, la cantidad de deudas que contraemos a lo largo de una vida! 

Pero, sobre todo, ahí estaba Wayne, para abrir un botellín de refresco azucarado y brindar con ese Javier Bardem descafeinado y con falda que tiene sentado en la butaca de su sala de estar. “Minnesota nice”, ya nos lo advirtieron nada más empezar. Pero volvamos un poco atrás.

Final

La familia de Dot es de lo más ‘nice’ de Minnesota.

Llevábamos nueve capítulos de una temporada especialmente extrema y salvaje de una serie que es esencialmente extrema y salvaje. Y no por ello era ésta una temporada menos simpática, poética y oportuna que las anteriores: puede que la última temporada que hemos visto de Fargo haya sido la que teje una radiografía más completa y diversa de muchos de nuestros males actuales. 

Desde el machismo a la ignorancia pasando por las crisis de fe y de seguridad. Y en el epicentro de esta quinta temporada latía ese mantra que tan oportunamente ha coincidido con la consolidación de la campaña electoral de Donald Trump: cada uno tiene su verdad. Y pobrecito de quien pruebe a arrebatársela a aquel que está dispuesto a defender la suya con su vida. ¿Verdad, sheriff Tillman? 

¿El mundo está contra ti o tú estás contra el mundo?

Tanta sed de sangre tiene el personaje magistralmente interpretado por Don Draper, o lo que es lo mismo, Jon Hamm, que no duda en darle un navajazo a su suegro para conseguirla. ¿Respeto por los mayores? ¿Lecciones de aquellos que nos precedieron, de aquellos a quienes supuestamente honramos con nuestros hechos? Por favor, ¡a quien se le ocurre! 

Lo mismo sucede con Gator, el supuesto heredero que sólo será capaz de ver a su padre tras perder los ojos. Su reencuentro con Nadine y su tan lamentable como entrañable petición –”¿irás a verme cuando esté en prisión?”– es probablemente uno de los momentos memorables de este último episodio. Y eso que la lista es larga. 

Final Fargo

Jon Hamm ha pasado de ser Don Draper al Rubiales de Minnesota.

El abrazo final de Dorothy y su suegra, el efímero reencuentro de Dot con Witt Farr, todos y cada uno de los comentarios que Wayne y Scotty pronuncian durante la conversación que mantienen con Moonk (desde su visita al zoo hasta el momento Kia). Son todo muestras de la capacidad que ha tenido Noah Hawley de mantener viva la llama que los Coen encendieron hace casi 30 años con una película que era cruda y violenta y a la vez tierna y humana sin dejar de ser oscura, divertida y profunda.

El final de ‘Fargo’ y la justicia de las trajeadas

Prueba de esto último es también el otro gran encuentro que se produce durante el episodio, ese en el que la señora Lyon (qué papelón el de Jennifer Jason Leigh) visita al que fue el primer marido de Dot, un hombre al que llegó a ofrecer un trato y al que llegó a ver como una solución a todos los problemas que su maldita nuera le provocaba. Es a él a quien condena a una vida de sufrimiento entre rejas. 

“La cárcel es como debería ser el mundo”, le dice él, narrándole las virtudes de un espacio permanentemente vigilado en el que nadie puede protegerte a menos que creas que tienes el poder.  “No es a mí a quien debes temer”, le responde ella, aun sabiendo que es precisamente a ella, la Señora de la Deuda, a quien hay que temer. Qué más da, un tipo como Tillman nunca lo llegaría a entender. 

Fargo

Jennifer Jason Leigh en una imagen de ‘Fargo’.

Como dijo Lucía Taboada a raíz de la comparecencia pública que hizo Luis Rubiales defendiendo “su verdad”, nada más patético que creer que el mundo está contra de ti cuando eres tú el que está contra el mundo. Por suerte, a todo cerdo le llega su San Martín. Y el de Tillman empieza con su recorrido por un túnel subterráneo, desesperado por encontrar una escapatoria sin saber que huye de sí mismo.

Frente al miedo, ¿buen humor? 

Visto con perspectiva, qué diferente ese trayecto del que hizo sólo un par de episodios antes, cuando se dirigía a la cabaña donde retenía a Dorothy (Juno Temple)con la intención de violarla mientras sonaba una perturbadora versión de uno de los himnos que inauguraron el milenio, el Toxic de Britney Spears.

Un tema, por cierto, que se estrenó hace justo 20 años: el lanzamiento fue en enero de 2004. Sólo unos meses después, en noviembre de ese mismo año, George W. Bush derrotaba a John Kerry en las presidenciales de Estados Unidos e iniciaba su segundo mandato en la Casa Blanca un año después de la invasión de Irak. 

Fargo

Moonk es la clave del final de ‘Fargo’.

De aquellos polvos, estos lodos, y de ese mundo creyéndose lidiar con el estrés post-traumático a este presente en el que el estrés y el trauma se han convertido en un sentimiento perenne en el que el mundo occidental se ve constantemente atrapado, asfixiado, hundido.

Y frente a eso, dice Dorothy Lyon, sólo hay una combinación que funcione: la alegría y el amor. Frente al abandono, la familia. Frente al miedo, el buen humor. Y frente a ese gran motor llamado deuda que sigue empujando los engranajes más profundos de todo lo que nos rodea, nuestra heroína, la tigresa, promueve el poder del perdón. Y a juzgar por la cara de Moonk, no cabe ninguna duda de que, al menos, sabe mucho mejor. 

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