Crítica 'La frontera' (Prime Video): La infiltrada
Crítica de la serie

‘La frontera’: La infiltrada

Un capitán de la Guardia Civil, unido a un comisario francés, trata de impedir un atentado de ETA en el París de 1987. La frontera, presentada en junio en Prime Video y dirigida por Yolanda Centeno y María Pulido, desarrolla en cinco capítulos el tema planteando, muchas veces, unas sugestivas variaciones internas.

Días contados La frontera 

Las aproximaciones del audiovisual al asunto ETA, por regla general, han sido tan problemáticas como superficiales. En el transcurso de las distintas etapas del enlace, la imagen en movimiento no ha sabido, o no ha querido, de hecho, enfrentarse a la cuestión renunciando al maniqueísmo o a un reconfortante asentamiento en las configuraciones de los géneros populares.

Probablemente, los acercamientos de Imanol Uribe, durante varios años, resaltan, por su grado de inmediatez, en un conjunto apagado e intimidado. De todas las películas del cineasta en relación a esto, la más notable es Días contados (1994), donde, según la novela homónima de Juan Madrid, se explican los preparativos de un atendado en Madrid. Aun así, las obras más valiosas de todo esto son, me parece, las separadas, por distintos motivos, de una cierta oficialidad pusilánime. La frontera

El positivo recorrido comercial concretado, la temporada pasada, por la elemental cinta policiaca ‘La infiltrada’ […] parece señalar una determinante y natural mutación del lenguaje del relato sobre ETA

En efecto, todavía no se ha realizado una pieza verdaderamente importante acerca del complejo asunto, pero títulos como Ander eta Yul (Ana Díez, 1989), Tiro en la cabeza (Jaime Rosales, 2008) o, a su modo, Fe de etarras (Borja Cobeaga, 2017) muestran los suficientes hallazgos y merecen reflexión. En la caótica caja de films despunta, además, una singularidad exótica, Operación Ogro (Gillo Pontecorvo, 1979), definida desde la reconstrucción del asesinato del franquista Carrero Blanco con la fusión de las características formulaciones del cine político italiano de la época y una visión casi científica y teórica. La frontera

La frontera

Javier Rey es Mario en ‘La frontera’.

El positivo recorrido comercial concretado, la temporada pasada, por la elemental cinta policiaca de Arantxa Echevarria La infiltrada (2024), agrandado por la recogida de diferentes galardones, parece señalar, en estos días, una determinante y natural mutación del lenguaje del relato sobre ETA. En último término, la difícil cuestión se amansa en pantalla, prescindiendo de la exploración de los aspectos más complicados, con la fagocitación por una cierta expresión de thriller de polizontes con resabios yanquis.

Las imágenes surgen continuamente del recelo y el temor, y esto establece la puesta en práctica de una acertada fotografía sociopolítica del periodo

La serie de TVE La frontera, creada por David Zurdo y Luis Marías, es la primera consecuencia de la narración post-Infiltrada. A decir verdad, esto es una especie de Cara B complementaria del largometraje a la luz de sus considerables similitudes argumentales. Allí una joven agente de policía, interpretada por Carolina Yuste, cambia su identidad y se introduce, durante casi una década, en los círculos sociales de la banda terrorista. En el nuevo producto, el personaje de Itsaso Arana finge ser una profesora de educación especial para acercarse y asesinar al inspector de la Guardia Civil de Javier Rey destinado a un espacio fronterizo. Las dos propuestas dialogan, desde luego, y salen adelante estimuladas por el formato de género. Sin embargo, en la serie hay una serie de elementos inesperados, en distinto grado, que logran apartarla enseguida de la vulgaridad del nuevo artículo madre. La frontera

Líneas de fuga La frontera

La frontera se acerca a unas jornadas de consideración en la cúpula de ETA de la posibilidad de cometer un atentado en espacios franceses, provocando así una drástica alteración en las distintas relaciones con el país vecino. A pesar de que esto no deja de ser casi un MacGuffin básico, posibilita la implantación en la imagen de una cadena de deliberaciones intelectuales, no por primarias en su manifestación final menos estimulantes. La serie crece en una esfera de cambios, dudas y enfrentamientos internos. La suma de incertidumbres no solo influye en los movimientos de la banda, dado que los agentes de la Guardia Civil se encuentran en una situación de desconcierto no muy diferente. Así, las imágenes surgen continuamente del recelo y el temor, y esto establece la puesta en práctica de una acertada fotografía sociopolítica del periodo. La frontera

A pesar de tratarse de un producto controlado y probable, está atravesado, una y otra vez, por inesperadas líneas de fuga

Con todo, los pensamientos morales y políticos lanzados de vez en cuando bajan presionados por las necesidades y el fomento intencionado de la redacción policiaca. A menudo, los rasgos más prometedores del conjunto se pierden arrollados por la potencia de unas tomas de acción bastante bien trabajadas y, sobre todo, el reconocimiento de una escalonada tensión de contexto, localizada en la producción a modo de uno de sus principales hallazgos. La implementación y la vigilancia metódica de la ansiedad en la narración policial, en especial en el capítulo último, favorece la aparición de un, ¿accidental?, estudio teórico de determinadas constantes de una imagen forastera. La frontera

La frontera

‘La frontera’ está disponible en Prime Video.

La verdad es que me interesa mucho La frontera porque, si lo pienso bien, a pesar de tratarse de un producto controlado y probable, está atravesado, una y otra vez, por inesperadas líneas de fuga. Estas causan la interrupción del texto fundamental de género y la escritura de párrafos sorpresivos. En otras palabras, procura moverse siempre con libertad, aun a riesgo de perjudicarse, eludiendo, precisamente, el monótono cumplimiento de las demandas de un molde pasado. De esta forma, sin prescindir, naturalmente, del enunciado conservador policiaco, encuentra los territorios de revisión de cuestiones pertinentes, como la soledad, la incomunicación, las coacciones por herencia o la reconversión personal por amor.

El cuento de amores rotos de los dos individuos es el corazón de la serie

Los personajes principales son unos solitarios presionados por el peso de su situación en el tablero. Este aislamiento existencial guarda alguna relación, anecdótica más activa, con varios conceptos modernos y metafísicos, y no con las sabidas formas de por ejemplo ese viejo cine del oeste montado sobre la figura de pistoleros ermitaños. Por eso, la reunión de soledades en plano es tan conmovedora y frágil. La frontera

La muestra más cierta es la de Izaskun, la hija de un dirigente de la banda, y Mario, el inspector de policía. Los dos actúan, entre las páginas de una novela detectivesca, en una moderna visión sui generis de la tragedia de Romeo y Julieta. Pero por encima de las conexiones, más o menos, fáciles o artificiales con las letras pretéritas, las secuencias de su relación, afligida e inviable, nombran la auténtica discusión de la serie; esto es, la exposición de una historia de amor insostenible y dañada por impulsos ajenos, en el fondo, a los enamorados.

Elogio de Itsaso La frontera

El cuento de amores rotos de los dos individuos es el corazón de la serie. A su alrededor despegan más confinamientos individuales y la precisión de eventuales uniones excepcionales. La más atractiva es la del español con el comisario francés representado por Vincent Pérez. El contacto en plano de los dos permite identificar discrepancias individuales y generales, y, en particular, ya en un área de imagen de ficción, especificar un cuerpo híbrido según el encuentro de sensibilidades opuestas originadas en vías alternativas de comprensión de unas configuraciones de género.

Me interesa mucho también la decisión de entregar a Enrique Guaza la gestión del “villano”, ese etarra fanático y desobediente, con aspecto de oficinista, que, desoyendo las órdenes de la cúpula, viaja a la capital francesa, junto a una vehemente compañera, para asesinar a una jueza. La inteligente utilización de una figura inaudita, por distintos motivos, introduce en la trama unas estimables cantidades de ambigüedad física y existencial, y apoya el detalle de impresiones singulares en situaciones comunes. Algo parecido, aunque multiplicado considerablemente, ocurre con la actriz Itsaso Arana. La frontera

La frontera

Itsaso Arana es Izaskun en ‘La frontera’.

Lo admito, siempre me han gustado mucho las intervenciones de artistas peculiares en propuestas convencionales. En líneas generales, con su electricidad especial, logran redefinir, e incluso adulterar o romper, las relevancias de sus imágenes, y alguna vez de todo un conjunto. En cierto modo, actúan a la manera de algunos agentes que tras ser colocados en un lugar concreto lo modifican rápidamente. Eso sucede con Arana, como mínimo en una proporción apreciable. Asociada, de forma íntima, a las vibraciones de las miradas particulares de un cierto cine español actual, y autora de un largometraje bello, juguetón y emocionado sobre el ilusionismo de la interpretación, Las chicas están bien (2023), es, de alguna manera, una actriz anti-género. El lugar natural y el vigor artístico emergen de una fantasía muy concreta determinada por las visiones amorosas de algunos cineastas de la antigua modernidad.

Casi pertenece a uno de esos sueños románticos esbozados, repetidas veces, de acuerdo con el amor por el cine y el compromiso vital. Por lo tanto, esta sucesora de las pasiones pretéritas de celuloide, es, ante todo, una intrusa en el proyecto. El asombro proyectado constituye, casi al instante, el enfoque más admirable y emocionante. Arana, con sus movimientos danzantes y su declamación melodiosa, contradice la figura global planificada y la cuestiona. El rompecabezas que surge de ahí es acaso el cuerpo más sustancial de un relato de investigadores entonces involuntariamente deconstruido. La frontera

en .