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La actriz y guionista Robyn Malcolm en una escena de 'Después de la fiesta'.

Robyn Malcom, gran pilar sobre el que se construye ‘Después de la fiesta’.
La imagen misteriosa
Lo reconozco, durante el visionado de los tres primeros capítulos, valoraba la serie en forma de poderosa muestra de un cierto melodrama existencial, y, a decir verdad, creo que, en términos generales, lo es. Ahora bien, el capítulo cuatro, enfocado, antes que nada, en la herencia dejada por la fiesta nefasta en la hija y la supuesta víctima, cambia todo esto al introducir en el relato, con nitidez, la duda. ¿Realmente Penny vio, aquella noche, ebria, en el oscuro dormitorio a Phil manoseando al desvanecido Ollie? Hasta el momento, pese a las probables y tan inquietantes simpatías por él, hemos acompañado y escuchado, ¡hemos creído!, a la mujer. De pronto, como digo, surge la pregunta perturbadora: ¿lo vio de verdad?
¿Cómo podemos juzgar y condenar, de veras, si no sabemos qué hemos visto?
E, inteligentemente, sin dejar de lado, desde luego, el temperamento marcado de género, Después de la fiesta descubre su fascinante personalidad teórica. Simultáneamente a la evolución narrativa, Salmon reflexiona acerca de los sentidos de las imágenes y, en especial, su incidencia en el público. En la actualidad vivimos rodeados de una infinidad de ideas que, de una manera u otra, absorbidas con celeridad y negligencia, conforman, reunidas, puntos de vista y agitaciones. A partir del hallazgo en redes de una imagen parcial, e incluso adulterada, ajustamos convicciones firmes y apuntamos a los adversarios. La serie recoge todo esto y lo emplea para interrogarse sobre las relaciones de los sujetos con las perspectivas subjetivas del mundo.
Además, esto lo trabaja tomando como base algo tan horroroso como un caso de abusos sexuales, que, por supuesto, no debería llevarnos a poner en tela de juicio en ningún caso el testimonio de las víctimas. Por eso es tan complicado permanecer indiferente ante el proyecto. ¿Estamos seguros de lo que hemos visto? Claro que sí, lo estaba. Pero, de repente, empecé a dudar. La serie empuja entonces sus dispositivos y muestra a una Penny presionada, desde varios lados, para describir, otra vez, con la mayor fidelidad posible, la imagen. ¿Consigue recordar todos los detalles? Evidentemente, no, pero esto tampoco es muy importante.

El actor escocés Peter Mullan es el otro gran pilar de la serie.
Puede tratarse, naturalmente, de uno de los muchos trucos literarios usados en relatos semejantes por obras audiovisuales de diferentes intenciones. La discrepancia determinante no atañe a la mujer, sino a nosotros. Mientras Penny intenta, en varios tramos, explicar a distintos personajes la imagen descubierta de los abusos de Phil a Ollie, Salmon nos la enseña, y, de inmediato, detectamos que no es igual a la anterior. Las diferencias parecen evidentes, una mano no está en el mismo lugar o las caricias no son las mismas, pero no sabemos, de verdad, si son suficientes para transformar la trascendencia global y las relaciones entre los dos cuerpos.
‘Después de la fiesta’ se construye, en unas fases iniciales, a propósito de una imagen borrosa.
De esa duda desconcertante nace el análisis. ¿Cómo podemos juzgar y condenar, de veras, si no sabemos qué hemos visto? Estas preguntas, formuladas y trabajadas, principalmente, en los capítulos cuatro y cinco, los más valiosos, me parece, de la serie, la sitúan en una zona, política y emocional, muy problemática. ¿Realmente no nos queda otra opción que unirnos, definitivamente, a la multitud desleal y sentenciar a la derrotada Penny, mientras modificamos roles y colocamos a Phil como la auténtica víctima del relato?
Las imágenes fantasma
La manera de acercarnos a las imágenes se ha modificado considerablemente. Si ya no hay tiempo para considerarlas en toda su sofisticación, ¿cómo valorar las invisibles? Salmon, en efecto, no se conforma con abordar y manipular nuestras impresiones directas, también atiende los impactos de las ilusiones secretas.
Después de la fiesta se construye, en unas fases iniciales, a propósito de una imagen borrosa. La verdad es que la creación más importante discute la magnitud de lo no visto, identificando un nexo interesante con la mirada de las personas involucradas de manera accesoria en un caso de violencia. Las distintas secuencias proporcionan, constantemente, sus definiciones. Todo está ahí, no cabe duda, solo debemos aprender a decodificarlas, pensándolas un momento.

‘Después de la fiesta’ ya está disponible en Filmin.
Lo aterrador de la iniciativa de Peter Salmon, lo que la separa de otras de trama parecida, es que, como en un verdadero caso de malos tratos y violencias, la verdad es mucho más clara de lo imaginado. Así, planteándose preguntas en torno a la vinculación íntima del espectador con la imagen, en un artefacto tan conceptual como incómodamente sentimental, responde a la percepción general del horror.
En la serie cohabitan varias tramas, conectadas a Penny, mostradas con desigual gravedad, a la vista de su pertinencia. Hay, realmente, numerosas tomas de aclaración. No obstante, las esenciales son las ocultas o las que ni siquiera existen. Con ellas golpean las soluciones a los enigmas formulados. No son pocos los asuntos encriptados que deberían dificultar nuestra evaluación del caso MacKenzie. De todos ellos, hay uno en particular que me parece fundamental y se refiere a la relación de Penny y Phil. ¿Qué ocurría entre ellos antes de la fiesta?

