Crítica: 'Después de la fiesta' (Filmin) | A propósito de las imágenes
Crítica de la serie (Filmin)

‘Después de la fiesta’: A propósito de las imágenes

Presentada con éxito en la Competición Internacional del Serielizados Fest, la serie neozelandesa 'Después de la fiesta' llega a Filmin. Dirigida por Peter Salmon e interpretada por unos admirables Robyn Malcolm y Peter Mullan, se refiere, en sus seis capítulos, a un asunto de abusos sexuales a menores, mientras mueve un magnífico estudio acerca de los significados de las imágenes y sus relaciones con el individuo.

La actriz y guionista Robyn Malcolm en una escena de 'Después de la fiesta'.

Peter Salmon plantea en Después de la fiesta la auscultación a un organismo complejo formado por un escogido grupo de individuos vinculados, en distinto grado, sobre la base de la evocación de unos hechos terribles sucedidos cinco años atrás. A decir verdad, el título del estudio no podría ser más expresivo, puesto que, en efecto, este parece montarse, simbólica y verdaderamente, sobre ruinas emocionales. En un festejo, celebrado en casa de los MacKenzie, la esposa, Penny (Robyn Malcolm), sorprende en uno de los dormitorios a Phil (Peter Mullan), el marido, acariciando a uno de los amigos de su hija adolescente, Ollie (Ian Blackburn), muy perjudicado a causa de la borrachera.
La mujer, de inmediato, interpreta la imagen como la revelación de un abuso sexual. A continuación, los acontecimientos se aceleran y el, hasta entonces, acogedor hogar de la pareja de maestros estalla en mil pedazos. Todo esto lo vemos hacia el final del primer capítulo de la serie. Salmon, después de situar en la imagen los diferentes elementos actuales del examen, retrocede en el tiempo, un momento, para ofrecer a los espectadores la visión de la noche fatídica y exponer los objetivos. Un lustro más tarde, nos encontramos en el amargo escenario de después de una batalla.
El regreso a casa de Phil expone las distintas perturbaciones del emplazamiento general y los auténticos sentidos de las relaciones personales y profesionales. Al contrario de lo que podríamos suponer, la figura observada, todo el tiempo, con recelos y antipatía es, precisamente, Penny. Aparte de una pareja amiga, los vecinos y los colegas, de un modo u otro, la señalan como la responsable de una injustificada voladura sentimental personal y de un atentado grave al equilibrio plácido de la comunidad. A este respecto, es muy interesante la diferencia de caracteres propuesta. La mujer es algo severa y, a su forma, insociable o, mejor dicho, reservada. El hombre, sin embargo, es extrovertido y amistoso. A decir verdad, parece sencillo tomar partido enseguida por uno u otra. El encanto y el enojo responsable de Phil le conceden el verdadero papel de víctima, por encima de todo, y para casi todas las miradas, incluida la de Grace (Tara Canton), la hija del matrimonio roto.
Después de la fiesta

Robyn Malcom, gran pilar sobre el que se construye ‘Después de la fiesta’.

La evaluación del posicionamiento de las distintas figuras retratadas, en un lado u otro de la cuestión, concede a la serie su pertinencia política. ¿Por qué el grueso de una comunidad hace frente a unas acusaciones de abusos sexuales a un menor amordazando, metafóricamente, y dejando de lado, social e individualmente, de manera paulatina, a la persona denunciante para respaldar, sin demasiadas ambigüedades, al acusado? La problemática, sin embargo, es más profunda, debido a que, de un modo u otro, nosotros, los espectadores, también podemos actuar igual, sobre todo a partir de un momento crucial de la serie. Aquí, en torno a todo esto, aparece el tema del conjunto.

La imagen misteriosa

Lo reconozco, durante el visionado de los tres primeros capítulos, valoraba la serie en forma de poderosa muestra de un cierto melodrama existencial, y, a decir verdad, creo que, en términos generales, lo es. Ahora bien, el capítulo cuatro, enfocado, antes que nada, en la herencia dejada por la fiesta nefasta en la hija y la supuesta víctima, cambia todo esto al introducir en el relato, con nitidez, la duda. ¿Realmente Penny vio, aquella noche, ebria, en el oscuro dormitorio a Phil manoseando al desvanecido Ollie? Hasta el momento, pese a las probables y tan inquietantes simpatías por él, hemos acompañado y escuchado, ¡hemos creído!, a la mujer. De pronto, como digo, surge la pregunta perturbadora: ¿lo vio de verdad?

¿Cómo podemos juzgar y condenar, de veras, si no sabemos qué hemos visto?

E, inteligentemente, sin dejar de lado, desde luego, el temperamento marcado de género, Después de la fiesta descubre su fascinante personalidad teórica. Simultáneamente a la evolución narrativa, Salmon reflexiona acerca de los sentidos de las imágenes y, en especial, su incidencia en el público. En la actualidad vivimos rodeados de una infinidad de ideas que, de una manera u otra, absorbidas con celeridad y negligencia, conforman, reunidas, puntos de vista y agitaciones. A partir del hallazgo en redes de una imagen parcial, e incluso adulterada, ajustamos convicciones firmes y apuntamos a los adversarios. La serie recoge todo esto y lo emplea para interrogarse sobre las relaciones de los sujetos con las perspectivas subjetivas del mundo.

Además, esto lo trabaja tomando como base algo tan horroroso como un caso de abusos sexuales, que, por supuesto, no debería llevarnos a poner en tela de juicio en ningún caso el testimonio de las víctimas. Por eso es tan complicado permanecer indiferente ante el proyecto. ¿Estamos seguros de lo que hemos visto? Claro que sí, lo estaba. Pero, de repente, empecé a dudar. La serie empuja entonces sus dispositivos y muestra a una Penny presionada, desde varios lados, para describir, otra vez, con la mayor fidelidad posible, la imagen. ¿Consigue recordar todos los detalles? Evidentemente, no, pero esto tampoco es muy importante.

Después de la fiesta

El actor escocés Peter Mullan es el otro gran pilar de la serie.

Puede tratarse, naturalmente, de uno de los muchos trucos literarios usados en relatos semejantes por obras audiovisuales de diferentes intenciones. La discrepancia determinante no atañe a la mujer, sino a nosotros. Mientras Penny intenta, en varios tramos, explicar a distintos personajes la imagen descubierta de los abusos de Phil a Ollie, Salmon nos la enseña, y, de inmediato, detectamos que no es igual a la anterior. Las diferencias parecen evidentes, una mano no está en el mismo lugar o las caricias no son las mismas, pero no sabemos, de verdad, si son suficientes para transformar la trascendencia global y las relaciones entre los dos cuerpos.

‘Después de la fiesta’ se construye, en unas fases iniciales, a propósito de una imagen borrosa.

De esa duda desconcertante nace el análisis. ¿Cómo podemos juzgar y condenar, de veras, si no sabemos qué hemos visto? Estas preguntas, formuladas y trabajadas, principalmente, en los capítulos cuatro y cinco, los más valiosos, me parece, de la serie, la sitúan en una zona, política y emocional, muy problemática. ¿Realmente no nos queda otra opción que unirnos, definitivamente, a la multitud desleal y sentenciar a la derrotada Penny, mientras modificamos roles y colocamos a Phil como la auténtica víctima del relato?

Las imágenes fantasma

La manera de acercarnos a las imágenes se ha modificado considerablemente. Si ya no hay tiempo para considerarlas en toda su sofisticación, ¿cómo valorar las invisibles? Salmon, en efecto, no se conforma con abordar y manipular nuestras impresiones directas, también atiende los impactos de las ilusiones secretas.

Después de la fiesta se construye, en unas fases iniciales, a propósito de una imagen borrosa. La verdad es que la creación más importante discute la magnitud de lo no visto, identificando un nexo interesante con la mirada de las personas involucradas de manera accesoria en un caso de violencia. Las distintas secuencias proporcionan, constantemente, sus definiciones. Todo está ahí, no cabe duda, solo debemos aprender a decodificarlas, pensándolas un momento.

Después de la fiesta

‘Después de la fiesta’ ya está disponible en Filmin.

Lo aterrador de la iniciativa de Peter Salmon, lo que la separa de otras de trama parecida, es que, como en un verdadero caso de malos tratos y violencias, la verdad es mucho más clara de lo imaginado. Así, planteándose preguntas en torno a la vinculación íntima del espectador con la imagen, en un artefacto tan conceptual como incómodamente sentimental, responde a la percepción general del horror.

En la serie cohabitan varias tramas, conectadas a Penny, mostradas con desigual gravedad, a la vista de su pertinencia. Hay, realmente, numerosas tomas de aclaración. No obstante, las esenciales son las ocultas o las que ni siquiera existen. Con ellas golpean las soluciones a los enigmas formulados. No son pocos los asuntos encriptados que deberían dificultar nuestra evaluación del caso MacKenzie. De todos ellos, hay uno en particular que me parece fundamental y se refiere a la relación de Penny y Phil. ¿Qué ocurría entre ellos antes de la fiesta?

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