'Furia': ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Crítica de la serie (HBO Max)

‘Furia’: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Tan excitante como hilarantemente trágica, la nueva serie de HBO Max, creada por Félix Sabroso y con un plantel de lujo, es un afilado análisis del statu quo a través de la mirada de cinco mujeres en edad adulta expuestas a situaciones límite en una historia coral que se posiciona, sin lugar a dudas, como una de las mejores del año.

Cinco mujeres, cinco historias. Carmen Machi, Candela Peña, Pilar Castro, Nathalie Poza y Cecilia Roth en la piel de Marga, Nat, Vera, Adela y Victoria respectivamente. Cinco mujeres que gritan con fuerza y exteriorizan sin importar las consecuencias la rabia acumulada durante demasiado tiempo. Cinco historias que se entrelazan en una red de experiencias vitales extremas y que conforman un mapa emocional femenino marcado por la deslealtad, el engaño, la desilusión, las falsas apariencias, el fracaso, la lucha de clases y la maternidad frustrada. Furia

Por un lado, tenemos a Marga, una rica y excéntrica artista, cuyo marido (Alberto San Juan) acaba de dejar embarazada a la joven asistenta del hogar, Tina (Claudia Salas). Apasionada de la alta costura y dependienta en la boutique de unos grandes almacenes, Nat ve como la incorporación de dos chicas aspirantes a influencers, pone en peligro su trabajo y el de su compañera Rosa (Ana Torrent), de la sección de deportes.

Por su parte, Vera es una cocinera vegana ahogada por la sed de venganza hacia un mediático crítico culinario (Pedro Casablanc) que le destrozó la reputación con una mala reseña. Adela se ve obligada al cuidado de su madre impedida por el Alzheimer, mientras debe afrontar el desahucio que su casero (Pepón Nieto) pretende ejecutar sobre el piso de ambas. Por último, Victoria, otrora actriz del destape y ahora en el olvido, descubre que el ansiado premio en reconocimiento a su carrera que está a punto de recibir no es más que un engaño económico por parte de su representante.

Sabroso, que siempre se ha movido en el terreno de lo social desde una perspectiva aparentemente frívola, acierta en aproximarse a lo que ha sido una mutación moderna de la clásica trama de historias entrelazadas. En relación a esto, es inevitable emparentarla con Vidas cruzadas (1993), donde Robert Altman jugaba a la idea de establecer una lectura de clases en un momento también de mucha crispación, y donde el retrato particular acababa conformando un análisis sociológico de Los Ángeles y, por ende, extensible a toda Norteamérica.

Furia

‘Furia’, de Félix Sabroso, ya está disponible en HBO Max. | Crédito: Jau Fornés

Aquí el director aspira a lo mismo, los personajes se cruzan constantemente, estableciendo historias que pueden dialogar entre ellas de forma más o menos superficial pero que van evolucionando desde lo singular hasta conformar un todo. La desesperación individual que provoca el enfrentamiento a una situación límite marca a su vez el camino de algo mucho más colectivo, dejando en evidencia las costuras de una sociedad hipócrita que muta y se refuerza frente a nuevas formas de decadencia emocional.

Uno de los mayores aciertos de ‘Furia’ es el marcado tono irónico, con tendencia a la caricatura

Tremendamente rica en cuanto a texto y forma, Furia habla, cómo no, de la progresiva crispación que nos rodea y de cómo estamos atrapados en una profunda incomunicación individualista de las que somos incapaces de salir. El afilado guion, firmado por el propio cineasta, nos lo indica desde el mismo prólogo, cuando nos muestra a las mujeres reunidas en una aparente experiencia positiva como es una meditación grupal por parte de un guía espiritual que luego vamos descubriendo no lo es tanto.

La temporada parece dividida en dos partes. Por un lado, los primeros cinco capítulos destinados a cada una de las historias individuales que concluyen en la esperada apoteosis de violencia emocional. Luego los tres capítulos finales, en los que se revela lo que viene a continuación del estallido. Es en estos donde tal vez encontremos la única y mínima grieta, debido a un exceso de planos redundantes derivados de la necesidad de explicar demasiado. Si bien esto es interesante en algunos casos porque nos lleva a resituar a determinados personajes, en otros innecesariamente utiliza el subrayado, provocando que el interés decaiga un poco.

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Nathalie Poza, siempre estupenda, en ‘Furia’. | Crédito: Jau Fornés

El hilo conductor de la serie está anclado en el conflicto y el enfrentamiento entre las figuras que paradójicamente se necesitan para existir. Es una lucha que se extiende y entrecruza a la vez entre los secundarios. De esta forma, Vera está confrontada a su marido y al personaje de Casablanc; Nat al de las chicas que representan su relevo, pero sobre todo a su compañera Rosa; Adela, en la historia más triste de todas, a su madre, y también al personaje del casero; Victoria a su representante; y Marga a su marido y a Tina, en un trío que evoluciona constantemente.

El motor principal, y en definitiva el éxito absoluto de ‘Furia’ no es otro que su elenco de fabulosas actrices en perfecta simbiosis con sus personajes.

Asimismo, la historia también se ancla en el conflicto social, donde vemos a las clases más desfavorecidas que se dedican a imitar como pueden los comportamientos de los sujetos de las más poderosas, y se establece la pugna constante entre el privilegiado y el que no lo es. Concebida como una trama circular, en la que comenzamos y acabamos con la misma historia, la propuesta del cineasta absorbe por completo al espectador gracias a una puesta en escena activa, colorista y moderna. Apoyada en unos diálogos afilados y divertidos, la narrativa en todo momento permanece evidente, sin intención de pasar desapercibida, jugando por momentos a deformar y a marcar el aparato audiovisual a través de un montaje dinámico.

Uno de los mayores aciertos de Furia es el marcado tono irónico, con tendencia a la caricatura, donde el discurso político no se oculta y las altas dosis de mala uva y humor permiten acercarse a la tragedia desde la comicidad.

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Candela Peña y Ana Torrent, en un fotograma de ‘Furia’. | Crédito: Jau Fornés

Por último, el motor principal, y en definitiva el éxito absoluto de Furia no es otro que su elenco de fabulosas actrices en perfecta simbiosis con sus personajes. En mayor o menor medida, cada una de ellas carga, gracias a sus diferentes bagajes y filmografías, con una imagen previa que favorece completamente a la trama y les permite jugar y divertirse en diferentes registros.

A los rostros asociados a Almodóvar (la sombra del cineasta manchego flota a lo largo de la serie), como Cecilia Roth y Carmen Machi o en menor medida Nathalie Poza y Candela Peña, se le suma el de Ana Torrent, incapaz de escapar de aquella mirada de niña que la catapultó a la fama. Su personaje curiosamente también está ligado a un prestigioso pasado, a pesar de su presente cenizo. La dupla que forma con una egocéntrica y a la vez adorable Peña es de lo más logrado del conjunto.

Sabroso dibuja a unos personajes complejos y contradictorios, poniendo el foco en las mujeres de mediana edad, esa franja tan maltratada en el cine y la imagen. La reflexión tan acertada que el personaje de Cecilia Roth articula en torno a las actrices del cine del destape en su capítulo termina de evidenciar la función política y personal, también artística, de esta admirable lectura del estado de las cosas.

Frases destacadas:

  • La desesperación individual que provoca el enfrentamiento a una situación límite marca a su vez el camino de algo mucho más colectivo.
  • Uno de los mayores aciertos es el marcado tono irónico, donde el discurso político no se oculta y las altas dosis de mala uva permiten acercarse a la tragedia desde la comicidad.

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