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La comparación y la búsqueda de referentes es algo muy habitual cuando se estrena una serie nueva. Es la manera más rápida de explicar a sus potenciales espectadores cómo es y si les va a gustar: si se parece a otra serie que ya disfrutaron, es posible que le den una oportunidad a esta. La comparación más común de Bajo la superficie, la ficción de misterio que acaba de estrenar Netflix, se está haciendo con La maldición de Widow’s Bay, el fenómeno de Apple TV, porque ambas transcurren en pequeños pueblos costeros en los que pasan cosas extrañas y peligrosas. Pero la ubicación es casi su único punto de contacto real, aunque las dos tiran de leyendas y mitos marinos omnipresentes en la ficción desde las sirenas de La Odisea.
Homero, de hecho, incluye más criaturas letales en su poema épico: Odiseo, por ejemplo, se enfrenta a dos monstruos, conocidos como Escila y Caribdis, que guardan cada uno de los lados de un estrecho paso en el mar. Y la literatura fantástica del siglo XIX utilizó a no pocos de estos monstruos como obstáculos casi insalvables de sus protagonistas, ya fueran los calamares gigantes de 20.000 leguas de viaje submarino o todos los peligros que acechan al barco de Narración de Arthur Gordon Pym.
La serie tiene al aroma de esas producciones de género que Canadá saca adelante con menos presupuesto y muchas ganas de entretene
Verne y Poe beben de leyendas como el kraken mitológico de los nórdicos, un ser descomunal que vive en lo más profundo del océano y cuyos gigantescos tentáculos destrozan barcos como si fueran astillas. Esa es la tradición en la que se encuadra Bajo la superficie, creada por un veterano de la televisión canadiense como Jesse McKeown y con un reparto liderado por un recuperado Josh Hartnett y una estrella local de Netflix como Charlie Heaton (Stranger Things).
Que venga de la ficción del vecino del norte de Estados Unidos es un apunta importante porque la serie, de seis episodios, tiene al aroma de esas producciones de género que Canadá saca adelante con menos presupuesto y muchas ganas de entretener. Y McKeown se preocupa por imbuirla del color local de su ubicación en la isla de Terranova, con el peculiar acento y modo de hablar inglés de sus habitantes y las ofertas periódicas del gobierno de que los vecinos de las localidades más pequeñas las abandonen y se muden a lugares menos remotos y más poblados.

‘Bajo la superficie’ ha sido creada por el veterano de la televisión canadiense, Jesse McKeown.
De qué va ‘Bajo la superficie’
Esas iniciativas de reubicación están en el arranque de la ficción. Lo hace con una escena que remite ligeramente a la saga literaria Blackwater, de Michael McDowell, con una casa flotando por una bahía, siendo arrastrada por la lancha de una familia. Ese es el primer incidente del misterio, el punto de ignición de los problemas del pueblo de Snook’s Arms. Es el típico lugar que pudo haber sido fundado por balleneros, que vive de la pesca hasta que el gobierno se lo prohibió y que, ahora, depende de una destilería de vodka que utiliza el hielo de los icebergs que aparecen en su puerto.
Allí vive Calvin Penney, que de niño sufrió una gran tragedia durante una de esas iniciativas de reubicación y que malvive con la “caza” del iceberg. Dos de sus tres hijos adultos viven fuera, en tierra firme, y el que le queda tiene algunas necesidades especiales. Cuando arranca Bajo la superficie, Snook’s Arms tiene sobre la mesa una nueva oferta de mudanza y va a celebrarse el “año de la vuelta a casa”, en el que los terranovenses que se marcharon vuelven para pasar una temporada en los sitios donde crecieron.
Se agradece que la serie recuerde, a veces, a aquellas ficciones de género que las cadenas en abierto estadounidenses produjeron hace veinte años, buscando su propia ‘Perdidos’
Esto quiere decir que, como en cualquier buena historia de monstruos que se precie, el pueblo está más lleno de gente que nunca. Que es siempre el momento idóneo para que una amenaza surja de lo profundo del mar, hundiendo pesqueros y dejando a la deriva misteriosos icebergs. No es ningún spoiler mencionar que esa amenaza es, a todas luces, una criatura tipo kraken porque queda bastante claro aunque la serie aplique la enseñanza de Tiburón de ocultar al monstruo todo lo que pueda. Lo que no se ve es, a menudo, más efectivo a la hora de crear inquietud y peligro.
Y Bajo la superficie pretende crear esas dos sensaciones. Lo hace sin extender de más la presentación de la premisa y sin ocultar información más de la cuenta, que suele ser uno de los grandes defectos de estas ficciones de misterio. Si algún personaje descubre algo que los demás merecen saber, lo cuenta. Esto mantiene en marcha la trama, que se reserva pequeñas revelaciones en cada capítulo. Es decir, que Jesse McKeown huye del mal del streaming de que todo se alargue hasta la desesperación, olvidándose de que al espectador tiene que apetecerle seguir viendo episodios, no que los vea por dejadez.

‘Bajo la superficie’ está disponible al completo en Netflix.
Una historia de monstruos de las de siempre
Por eso, se agradece que la serie recuerde, a veces, a aquellas ficciones de género que las cadenas en abierto estadounidenses produjeron hace veinte años, buscando su propia Perdidos. De hecho, en la temporada 2005/06, NBC estrenó una con un monstruo marino en su centro, Surface, que no pasó de su entrega inaugural y de la que se han acordado bastante los críticos norteamericanos en el estreno de Bajo la superficie. Porque la serie de Netflix es lo suficientemente coral y convencional para encajar en ese molde, igual que se aprecia que es el tipo de misterio que el algoritmo de la N roja te recomienda cuando terminas Stranger Things.
Es una ficción orgullosamente de serie B, en el sentido de que no persigue la trascendencia ni el prestigio, sino ofrecer un buen rato al público
Que no es algo reprochable. Al menos, Bajo la superficie entretiene y mantiene siempre en movimiento su misterio. Hasta introduce a un grupo de “villanos” muy ochentero que va en un barco, teóricamente de investigación, que podría haber salido en una de aquellas películas de la época sobre expediciones en alta mar que salían mal o que investigaban extraños fenómenos paranormales. Sabe lo que tiene entre manos y cómo contarlo para que resulte eficaz, y hasta se permite una expansión de su mitología que, tal vez, era un poco innecesaria.
Es una ficción orgullosamente de serie B, en el sentido de que no persigue la trascendencia ni el prestigio, sino ofrecer un buen rato al público con algún que otro susto, un misterio decente, unas cuantas referencias a clásicos como La cosa y unos protagonistas poco memorables pero fáciles de seguir. No es moco de pavo conseguirlo.

Josh Hartnett protagoniza ‘Bajo la superficie’.

