Crítica 'DTF St. Louis' (HBO Max): El fin del verano
Crítica de la serie

‘DTF St. Louis’: El fin del verano

La nueva serie de HBO se acerca a la crisis de la mediana edad según la observación atenta de la amistad de dos hombres. La muerte de uno de ellos abre una narración no cronológica y fragmentada con aparente forma de investigación criminal. El reconocimiento del caso por parte de los agentes y las evocaciones de los protagonistas conforman un relato manejado con sorprendente delicadeza por Steve Conrad.

Comencemos con una frase mayúscula de síntesis: DTF St. Louis es una serie memorable. ¿Por qué? Por su talento para moverse por las imágenes de verano de un relato complejo de amistad manchado por la tragedia, y también por esa delicada sensibilidad con la que se recogen los momentos y los movimientos específicos y reveladores del asunto.

La narración surge de la evocación a varias voces de las partes más significativas e íntimas de la amistad de dos hombres de mediana edad, el meteorólogo de un canal local de televisión, Clark Forrest (Jason Bateman), y un intérprete de signos, Floyd Smernitch (David Harbour), después de la muerte de éste en extrañas circunstancias. La investigación siguiente por parte de una pareja de policías antagónica, interpretada por Richard Jenkins y Joy Sunday, señala, de verdad, el comienzo de los recuerdos subjetivos de unos hechos ocurridos durante el verano. Así, con la llegada de la nueva estación, efectivamente, las hermosas energías estivales se desvanecen para presagiar la solitaria frialdad del invierno.

Se trata de una serie de amor, pero no de una manifestación ligada a lo romántico o lo sexual […] habla de amor en un sentido intenso, y de la necesidad de buscar el encuentro y la unión con otro ser

La oposición del carácter de las dos estaciones precisa muy bien el temperamento triste que, en realidad, vive en las imágenes. Desde la aflicción del otoño, hundidos en una exploración policial, los protagonistas se acuerdan de los descubrimientos inesperados del pasado más cercano. Así, las visiones conmovedoras de entonces, actuadas por los dos amigos, y también por la esposa de Floyd, Carol (Linda Cardellini), quien de inmediato desempeña un papel fundamental en el tema al convertirse en la amante del hombre del tiempo, se refieren a la posibilidad de intentar superar una profunda crisis existencial desde el afecto y la complicidad, lejos de insensatas imposiciones culturales y políticas.

DTF St. Louis

Jason Bateman y David Harbour son Clark y Floyd en ‘DTF St. Louis’.

Con DTF St. Louis Steve Conrad propone una notable deconstrucción del relato planteado, al recorrerlo obviando la disposición cronológica y también las materias del hombre heterosexual de mediana edad relacionado con una cierta clase social acomodada. Utilizando el pretexto de las averiguaciones de los agentes, aunque esquivando, con admirable habilidad, las configuraciones del proyecto de policías, prepara una maraña emocional por la cual describe las tomas de la amistad de Clark y Floyd, y, a continuación, las completa o incluso resignifica con la introducción en el conjunto de nuevas informaciones o, mejor dicho, matices. A decir verdad, la serie no avanza por la puesta en funcionamiento de láminas aparatosas. Lo excepcional se alcanza desde la compilación de los detalles, según la captura de miradas valiosas con la cámara.

En resumidas cuentas, se trata de una serie de amor, pero no, desde luego, de una manifestación ligada a lo romántico o lo sexual, aun cuando todo esto, de un modo u otro, ejerce un papel destacado. DTF St. Louis habla de amor en un sentido intenso, y de la necesidad de buscar el encuentro y la unión con otro ser. Eso es lo que ocurre con Clark y Floyd. Los dos coinciden por primera vez en una situación bastante insólita y dificultosa, durante un retrasmisión en directo para el telediario en el centro de una tormenta intensa.

Conrad reivindica con sus imágenes la franqueza de las relaciones y a tal efecto rompe determinados tabúes sociales y artísticos

A partir de ahí, nace y crece esa amistad que les cambia durante el verano. El gran hallazgo de la exposición de la relación de los dos hombres es la falta de convencionalismos del heteropatriarcado más rancio y carcamal, su voluntaria negación. Siempre con ternura, empatía y un poco de ironía exquisita, Conrad reivindica con sus imágenes la franqueza de las relaciones y a tal efecto rompe determinados tabúes sociales y artísticos.

El resultado es verdaderamente emocionante por su envergadura emocional y su naturaleza reformista en una imagen en movimiento privada entonces de teatros o sobreactuaciones. Así, tiene mucho de alegación política la constante inclusión natural de planos de cariño y ternura entre los amigos por medio de abrazos y, en especial, por el encuentro constante de las manos. Son en verdad muy bonitas las imágenes de los dos unidos, riendo y compartiendo confidencias y deseos o miedos.

DTF St. Louis

‘DTF St. Louis’ ha sido creada por Steve Conrad (‘Patriota’).

El recorrido por esta historia de amistad es tan esclarecedor y coherente que, además, aparta sin cesar la posible contaminación del total por los elementos externos. Jamás se regodea en lo evidente o lo sórdido. Clark y Floyd inician su relación después de la tormenta, donde uno informa y el otro interpreta para los televidentes sordos las palabras del compañero. No obstante, el auténtico comienzo de todo (o al menos el momento en que estos hombres pasan a un estado más profundo, o en todo caso cuando Conrad lo señala en el primer capítulo) los muestra en el jardín del hombre del tiempo, columpiándose y charlando. Entonces, éste le habla al amigo de una nueva app de citas, DTF (Donde Todos Follan) St. Louis, y de su deseo de abrirse una cuenta para quizá conocer gente y mantener relaciones sexuales sin compromiso.

La deconstrucción de la esencia masculina heterosexual de Conrad encuentra en la intervención de Bateman y Harbour unos estímulos magníficos

Todo esto, seguidamente, se propone y desarrolla con pasmosa espontaneidad y franqueza, muy lejos de ideas mezquinas o morbosas. Es más, cuando Floyd por error queda con un hombre desconocido, Christopher (Peter Sarsgaard), tras confundir una imagen de David Bowie del LP The Man Who Sold the World con una mujer, la situación deriva en una conversación emocionante acerca de la soledad y las dificultades para establecer hoy vínculos sólidos con otros individuos.

La deconstrucción de la esencia masculina heterosexual de Conrad encuentra en la intervención de Bateman y Harbour unos estímulos magníficos. El primero, después de presentar facetas complejas e impensadas de su característico personaje de buen vecino en, por ejemplo, Ozark (2017-2022), continúa explorando con acierto todo esto, mostrando además unas fragilidades y miedos sorprendentes. A este respecto es muy ilustrativo de las intenciones de la serie que las imágenes del personaje utilizadas para la presentación de cada capítulo correspondan a un ataque de pánico sufrido durante la emisión de su programa.

Es, sin embargo, David Harbour quien, dando vida al entrañable e inseguro Floyd, hace progresos notables con respecto al asunto del desmantelamiento crítico. Sobre la base de la interpretación de buen policía presentada en Stranger Things (2016-2025), plantea un descubierto de inseguridades y descontentos de diferente signo, en donde también presiona la frustración por no poseer un cuerpo normativo. La vulnerable creación entregada permite organizar una lectura considerable del estado de las cosas, a nivel emocional e íntimo, en la sociedad de bienestar actual.

DTF St. Louis

David Harbour está excelente en ‘DTF St. Louis’.

DTF St. Louis es consecuente con su enfoque todo el tiempo, inclusive en su preciso desenlace. Se aproxima a las distintas personalidades con honestidad y nunca cae en la tentación de juzgarlas o condenarlas. Esto se ve muy bien en el caso de Carol, una mujer de carácter fuerte que fácilmente podría haber sido señalada o incluso culpabilizada de muchas cosas. Conrad entiende y cuida a los sujetos de la serie, comprende lo complicadas que las relaciones afectivas pueden ser y lamenta la palabrería rimbombante ajena. Juega, en parte, con los mecanismos de la indagación de la ficción policiaca, para reconstruir y comentar numerosas fotografías en un ensayo sentimental e irónico, fragmentado y desordenado, en una corriente de pensamiento libre, de la transformación en la imagen en movimiento de ciertas relaciones, a partir de la personalización de una figura tan típica en la representación como la de la pareja antagónica.

En efecto, ‘DTF St. Louis’, es un verdadero hallazgo

Clark y Floyd son diferentes, lo mismo que Bateman y Harbour. Su reunión en la imagen favorece la obtención de una corriente muy especial. De la misma manera sucede con el encuentro de las sensaciones del verano y el otoño y del tono de las imágenes de presente y del pasado. Las tomas de un ayer próximo comparten ansiedades y esperanzas, y las de hoy, influidas por la muerte de Floyd, vacío y pérdida. Las últimas de Clark, después de la vuelta a casa, lo confirman.

Con respecto a las imágenes y su valor, individual o colectivo, DTF St. Louis expone una idea inestimable que, en una época de fugacidad y amontonamiento de estímulos no controlados, sostiene un enfoque gramatical audaz: la temprana aparición del plano de Floyd muerto no solo abre el curso de memorias, influye de manera decisiva en la naturaleza de todos los del verano. Es imposible descubrir estas visiones de gozo y revelaciones íntimas sin recordar el fin amargo. Conrad redacta un análisis certero sobre la crisis y, en paralelo, reflexiona respecto a las esencias de la imagen en movimiento. En efecto, su serie es un verdadero hallazgo.

DTF St. Louis

‘DTF St. Louis’ está disponible al completo en HBO Max.

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