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«Quizá era también un precedente de las MILF –tenía casi 44 años–, pero les aseguró que los cincuenta minutos de la serie se nos hacían cortos.»
La monumental Angie ya no brilló en el celuloide al lado de Sinatra, Brando, Howard Hawks, Dean Martin, Robert Redford y compañía, pero nos legó una pequeña joya de la pequeña pantalla: La mujer policía, pionera de las policías femeninas, estrenada en Estados Unidos en 1974 y que llegó a la rancia TVE en 1977, mientras aquí íbamos a palos con la policía. A pesar de ello, la sargento Suzanne ‘Pepper’ Anderson levantaba un morbo inexplicable en todos nosotros. Quizá era también un precedente de las MILF –tenía casi 44 años–, pero les aseguró que los cincuenta minutos de la serie se nos hacían cortos. ¿Por qué no duraba toda la tarde? Para más recochineo, la sargento Dickinson trabajaba de secreta en la brigada antivicio, y muy a menudo tenía que salir disfrazada de prostituta o de putón verbenero amante de gangsters, traficantes de heroína y otras bestiecillas de la jungla californiana. Algunas similitudes autobiográficas nos daban pistas de la devoción de sus guionistas. La sargento era compañera del teniente, dentro y fuera de la comisaría, y en algunos episodios visitaba una hija autista.
La mujer policía duró cuatro felices años, pero con casi cincuenta, Angie continuaba estando más buena que el pan, divina de la muerte. Sólo sus persecuciones hacían callar a mis amigos en el bar de mi calle. Y todos, absolutamente todos, odiábamos a los que intentaban agredirla. ¿Quién sería capaz de disparar contra un orgullo así de la naturaleza? ¡¡¡Malditos chorizos!!! Sólo los partidarios del repugnante Maduro fueron capaces de matar a tiros una miss venezolana. Y así les va…
En 1987, el Departamento de Policía de Los Ángeles premió a Dickinson con un Doctorado honorario, lo cual la llevó a decir en broma: «Ahora ya pueden llamarme Doctora Pimienta.»

