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Cartel promocional de 'Riot Women'.
La ficción sobre grupos de rock suele ser eminentemente masculina y juvenil. Lo más común es que siga a varios adolescentes que se juntan en el garaje de uno de ellos para tocar juntos y evadirse de los problemas en sus vidas. En la banda encuentran un lugar donde pueden ser ellos mismos, dar rienda suelta a sus emociones más escondidas a través de la música y, en ocasiones, a veces también triunfan. La música se presenta como una pulsión juvenil que ayuda a forjar sus identidades, a menudo contra las imposiciones de sus familias, y tampoco es raro que, conforme estos chicos crecen, la vayan abandonando.
Señoras que pasan de los 50 y que se enfrentan a la menopausia y a la sensación de que han pasado a ser invisibles para el resto de la sociedad
La televisión británica, sin embargo, ha tenido dos ejemplos en los que son mujeres quienes se adueñan de esa manera de expresarse, mujeres que sienten sobre ellas aún más presiones familiares y sociales por su etnia y religión y, por el otro lado, por su edad. Así, primero tenemos We are Lady Parts, la comedia de Nina Manzoor sobre varias jóvenes musulmanas que montan un grupo de punk, desafiando las ideas preconcebidas sobre cómo han de ser chicas que llevan hiyab en público. Y, en segundo lugar, llega a Movistar Plus+ otra serie que se centra, en su lugar, en mujeres de mediana edad cuyas vidas se dan la vuelta de maneras inesperadas, ya sea por divorcios, padres seniles o conflictos con los hijos.

‘Riot Women’ ha sido creada por Sally Wainwrigh (‘Happy Valley’).
Así es ‘Riot Women’
Su título, Riot Women, ya está dando varias pistas de por dónde se van a mover sus seis episodios. Su juego de palabras con el movimiento de las Riot Grrrl, surgido a principios de los 90 en el área de Seattle para combatir las actitudes sexistas del rock y del que salieron grupos como Bikini Kill, apunta al sentimiento de rabia e inconformismo que anima a estas mujeres que, sin embargo, hace tiempo que dejaron atrás la adolescencia y hasta la veintena. Son todas señoras que pasan de los 50 y que se enfrentan a la menopausia y a la sensación de que han pasado a ser no solo invisibles para el resto de la sociedad, sino hasta molestas.
El primer episodio, de hecho, arranca con una de ellas, Beth (Joanna Scanlan), contemplando acciones drásticas ante una vida condenada a la soledad por el abandono de su marido, la independencia de su hijo y la falta de esos padres que, cuando era más joven, constituían cierta red de seguridad. Cuando ya no están (sea por fallecimiento o por enfermedades como la demencia, que los transforman en dependientes), la impresión de desamparo puede ser aún mayor. Ella es quien más expresa la tesis con la que parte la serie: se siente ignorada, invisible y cree que ya no tiene nada más que aportar.
Lo que empieza como una manera de encontrar un hobby va derivando hacia una suerte de terapia de grupo
El resto del grupo protagonista lo forman Jess (Lorraine Ashburne), dueña de un pub que vive con su tía, sus hijas, los tres niños de una de ellas y una especie de novio que pasa tiempo en su casa; Holly (Tamsin Greig), policía que acaba de jubilarse tras treinta años de servicio y que tiene una madre que empieza a mostrar síntomas de demencia; Yvonne (Amelia Bullmore), hermana de Holly, con tendencia a no callarse lo que piensa; y Kitty (Rosalie Craig), en caída libre por una ruptura y acarreando las consecuencias de una juventud bastante salvaje.
Todas ellas empiezan a tocar porque Jess quiere presentarse a un concurso de talentos benéfico para refugiados de guerra y, por supuesto, la banda se convierte rápidamente en un lugar seguro donde compartir sus cuitas y depositar sus ilusiones. Excepto Kitty, que guarda el secreto de quién es realmente aunque canta llena de rabia y descontento.

‘Riot Women’ está disponible en Movistar Plus+.
La labor terapéutica del rock
Desde el principio, la música juega un papel importante en la serie. Ya en el primer capítulo suenan canciones de Garbage y Skunk Anansie, y Kitty entra en la órbita de Beth cuando esta la escucha cantar en un pub Violet, un tema de Hole que habla sobre relaciones que deberían romperse y agresiones sexuales. Lo que empieza como una manera de encontrar un hobby con el que pasar un rato entretenido va derivando hacia una suerte de terapia de grupo, un conducto para las frustraciones de sus integrantes y la reivindicación de que, aunque ya no sean jóvenes, todavía tienen mucho que decir y aportar a la sociedad.
En ese aspecto, es Beth quien inicialmente representa con mayor énfasis el lado más duro de esa feminidad de mediana edad. Es ella quien se queja de que se siente invisible y relegada por sus compañeros de trabajo más jóvenes, que ni tienen empatía ni intentan entender por lo que ella puede estar pasando. La concepción de la “bruja”, de la mujer mayor que protesta y es un incordio, le persigue y es, de alguna manera, lo que ellas quieren resignificar desde su grupo. La rabia se mantiene dentro de ellas, y es más intensa que cuando eran jóvenes porque ahora tienen más décadas de experiencia y agravios sobre los que cantar.
Wainwright siempre teje, alrededor de sus personajes, toda una red de relaciones familiares y profesionales que son fundamentales para construirlos y que les aportan nuevos matices
Las canciones de la serie están escritas por ARXX, un dúo femenino de power pop que se describe como si Taylor Swift solo escuchara a Nirvana. Son comentarios sobre las vidas de sus protagonistas con trallazos guitarreros siguen un poco la línea de los temas de We are Lady Parts. Si allí se cantaba sobre que llevaban a Voldemort bajo su velo, aquí se hace sobre el insulto más típico en las discusiones de pareja: eres igual que tu madre.

Rosalie Craig es Kitty en ‘Riot Women’.
El toque Wainwright en ‘Riot Women’
Lo que nunca se pierde de vista es la humanidad de esas mujeres y de las personas que las rodean. Es una de las señas de identidad de Sally Wainwright, creadora de Happy Valley, sí, pero también de otras ficciones tan variadas como Last Tango in Halifax, Gentleman Jack o, más recientemente, Renegade Nell. Wainwright siempre teje, alrededor de sus personajes, toda una red de relaciones familiares y profesionales que son fundamentales para construirlos y que les aportan nuevos matices.
El caos familiar de Jess es un reflejo de su personalidad expansiva, de su manera de tomar el control de conversaciones y situaciones sin esperar respuesta. Y, en parte, eso crea fricciones que acaban estallando. Por supuesto, también encontramos la clásica relación de hermanas que la guionista incluye en todas sus ficciones y a actores que ya han trabajado con ella más veces, desde Kevin Doyle a toda una clásica como Amelia Bullmore, que ha hecho con Wainwright hasta el policiaco Scott & Bailey.
Por desgracia, aún es una rareza en un panorama televisivo dominado por los thrillers oscuros y los romances juveniles
La gran revelación para muchos espectadores será, probablemente, Rosalie Craig, una estrella de los musicales del West End londinense que, hasta ahora, había aparecido en pequeños papeles en 1899 o Moonflower Murders y que se hizo más conocida gracias a su protagonismo en el revival de 2018 de Company, de Stephen Sondheim, que transformaba al soltero empedernido en su centro en una mujer. Craig da a Kitty la fiereza de la líder de una banda de punk mientras transmite, al mismo tiempo, las heridas tras su fachada de rebeldía, que son las que le permiten encajar con el resto mucho mejor de lo que parece a simple vista.
Hay un ligero misterio en el centro de Riot Women que amenaza con hacer que todo salte por los aires, pero el retrato de todas estas mujeres buscando una manera de seguir sintiéndose vivas y útiles pasados los 50 es de lo más interesante. Y, por desgracia, aún es una rareza en un panorama televisivo dominado por los thrillers oscuros y los romances juveniles.

