‘Más que rivales’: la serie romántica gay convertida en fenómeno
Crítica de la serie

‘Más que rivales’: la modesta serie romántica gay convertida en un fenómeno de masas

La historia de amor y deporte entre los jugadores de hockey sobre hielo Shane Hollander e Ilya Rozanov llega a Movistar Plus+ demostrando por qué fue el éxito más inesperado de finales de 2025 en Estados Unidos: un veloz ritmo narrativo, una historia de amor que desafía lo que se espera de ambos y, por supuesto, gente guapa con poca ropa.

Música electrónica y una cámara que se mueve con rapidez por una pista de hielo siguiendo a dos jóvenes prodigios del hockey, Shane Hollander e Ilya Rozanov, de quienes se nos dice que están llamados a marcar época en el deporte y a protagonizar una rivalidad a la altura de Magic Johnson y Larry Bird, Roger Federer y Rafael Nadal o, si nos ceñimos a la NHL, Sidney Crosby y Alexander Ovechkin, un dúo que marcó la liga durante los primeros años del siglo XXI. Así arranca el primer episodio de Más que rivales, o Heated Rivalry, un fenómeno masivo totalmente inesperado cuando aterrizó en HBO Max en Estados Unidos a finales del año pasado.

De ser una pequeña serie para una plataforma de streaming canadiense llamada Crave, a que sus dos protagonistas, Hudson Williams y Connor Storrie, presentaran un premio en los Globos de Oro y fueran por todos los talk shows (y los desfiles de moda de principios de este año en Milán y París) pasaron apenas dos meses en los que los medios y las redes sociales se obsesionaron a niveles inauditos con todo lo relacionado con la serie.

El género todavía es visto por encima del hombro porque la gran mayoría de su público es femenino y eso se ha solido menospreciar por parte de la crítica y la prensa “respetable”

Es posible que esa rivalidad entre el canadiense Crosby y el ruso Ovechkin, números uno de sus respectivos drafts en 2005 y 2004, hubiera estado en la mente de la escritora Rachel Reid cuando escribió, en 2019, Heated Rivalry, que respondió a la pregunta de qué habría pasado si esas dos estrellas del hockey sobre hielo, enfrentadas por la liga y los medios, se enamoraran y tuvieran que llevar su relación en secreto.

Era el segundo libro de una saga que había arrancado con Game Changer, que lleva por ahora siete novelas y sigue a diferentes jugadores de la ficticia MHL que han de ocultar su identidad sexual y sus romances con otros hombres, que no siempre pertenecen al mundo del deporte. Shane e Ilya centran tres de esos libros y el guionista y director Jacob Tierney vio con rapidez que su historia podía convertirse en lo que describe como “una serie gay sexy, cachonda y divertida”.

Más que rivales

Los jugadores de hockey sobre hielo Ilya Rozanov y Shane Hollander son los protagonistas de ‘Más que rivales’.

Y en un intento de llegar al fan del género romántico, que ha evolucionado en los últimos años con sus mezclas con otros géneros, como la fantasía, y que mueve miles de millones de dólares. A Diana Gabaldón, por ejemplo, le aconsejaron, cuando empezó a publicar los libros en los que se basa Outlander, que los vendiera como romántica en lugar de ciencia ficción porque serían éxitos masivos de esa manera. Pero el género todavía es visto por encima del hombro, en parte porque la gran mayoría de su público es femenino y eso, tradicionalmente, se ha solido menospreciar por parte de la crítica y la prensa “respetable”.

De qué va ‘Más que rivales’

Más que rivales, en ese aspecto, cumple con todos los requisitos básicos de los romances contemporáneos, incluido el esquema del “enemies to lovers” (de enemigos a amantes), que los obstáculos para la felicidad de la pareja sean tanto externos como internos y que el sexo sea una parte muy importante de la historia, una que contribuya a su avance y al desarrollo de los personajes. Así vamos siguiendo a Shane e Ilya durante varias temporadas de su vida como deportistas profesionales, pasando de promesas juveniles a estrellas consolidadas y capitanes de sus respectivos equipos, los Montreal Metros y los Boston Raiders, sosias de los reales Canadiens y Bruins, una de las rivalidades más históricas de la NHL.

Ningún profesional en la NHL haya salido del armario estando en activo

Ambos están compitiendo constantemente en el hielo, tanto para llevar a sus equipos al triunfo final en la liga como para ser considerados los mejores jugadores, los favoritos de las marcas de relojes y perfumes, esos cuyas vidas personales son de gran interés para los paparazzi. Por supuesto, su nivel de fama no es como el de los jugadores de fútbol americano, pero el hockey sobre hielo es el deporte nacional en Canadá, lo que añade una capa extra de presión sobre un Shane Hollander que, desde el principio, insiste en que sus encuentros sexuales con Ilya Rozanov han de permanecer en secreto porque, si salen a la luz, su carrera corre el riesgo de acabarse.

Que parece de un dramatismo exagerado en 2026, pero que lo es mucho menos si recordamos la polémica con las uñas pintadas del futbolista Borja Iglesias o que ningún profesional en la NHL haya salido del armario estando en activo. El único en hacerlo fue Luke Prokop, que lo anunció en 2021 tras ser drafteado por los Nashville Predators, pero no llegó a jugar ningún partido con ellos y ahora milita en un equipo de la AHL, una liga menor.

Más que rivales

Hudson Williams y Connor Storrie en ‘Más que rivales’.

Las razones detrás del fenómeno

Ahí está una de las razones detrás de su gran éxito, que la relación entre Shane e Ilya ha de ser forzosamente secreta y eso aporta excitación y, al mismo tiempo, incomodidad cuando el peso de lo clandestino se vuelve demasiado grande. Ayudan, también, las diferentes personalidades de los dos protagonistas: Shane es más reservado y tímido, mientras Ilya es carismático y no duda en ir a por lo que quiere. Que, al principio, solo es atracción física por ese joven con el que todo el mundo lo compara y a quien lo enfrentan. La competitividad por ser el número uno del draft acarrea una curiosidad que deriva en sexo, uno de los aspectos que más se han alabado de la serie y por los que más ha sorprendido su enorme éxito.

El sexo es su manera de comunicarse […] para muchos críticos y fans, especialmente dentro de la comunidad LGTBIQ, esas escenas son algo que falta en el entretenimiento para adultos

Las encuestas recientes a públicos jóvenes sobre el audiovisual que les gusta ver concluyen que prefieren historias de amistad a románticas y que juzgan con dureza la inclusión de cualquier escena de sexo. Se ha vuelto habitual que siempre surjan voces en redes sociales que se quejen de que dichas escenas son gratuitas, sin aportar gran cosa a la trama.

Que no es el caso de Más que rivales. El sexo es la manera de Hollander y Rozanov de comunicarse, de ser ellos mismos en un entorno que fomenta la masculinidad más tóxica y competitiva y, al mismo tiempo, utiliza sus cuerpos para vender perfumes. Para muchos críticos y fans, especialmente dentro de la comunidad LGTBIQ, esas escenas son algo que falta en el entretenimiento para adultos: un acercamiento basado en los personajes y que no se queda en lo superficial de una parte fundamental en cualquier pareja, incluso las que aseguran que solo son amigos.

Más que rivales

‘Más que rivales’ se estrena este jueves 5 de febrero en Movistar Plus+.

Y tal vez ese tratamiento de las escenas sexuales (en las que todos los implicados reconocen el importante rol de la coordinadora de intimidad, Chala Hunter) sea uno de los factores que ha empujado a Más que rivales al estatus de fenómeno súbito, una característica que comparte con, por ejemplo, Los Bridgerton. Ambas retratan a sus parejas desde una óptica gozosa, de asegurarse de que su conexión emocional y su atracción se transmite al espectador y son conscientes de que cualquier intimidad física implica un paso más en la evolución de dicha relación, y de los personajes individualmente. Esto, como reconoce a menudo Jacob Tierney, sigue siendo todavía digno de mención en la ficción queer. “La serie es un ‘felices para siempre’”, apuntaba a un medio local canadiense: “No quería subvertir demasiados de los clichés románticos, adoro esas historias. Esta serie es alegría queer para adultos”.

en .