Lupin golpea dos veces
Lupin

Lupin golpea dos veces

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Desde su estreno 'Lupin' acumula 70 millones de visionados según Netflix.

El personaje creado por Maurice Leblanc en 1905 encuentra una nueva vida 116 años después con la serie de Netflix, que ha revivido el interés de un personaje esencial de la literatura criminal.

Los primeros cinco capítulos de Lupin están siendo el gran bombazo de Netflix en este inicio de año. La serie, creada por George Kay demuestra que, cuando se quiere, aún se pueden recuperar en pleno siglo XXI personajes clásicos con gusto y respeto por la obra original. George Kay, acompañado por Louis Leterrier en la dirección, se apunta un tanto con Lupin, en una operación similar a la que realizaron Mark Gatiss y Steven Moffat con Sherlock en 2010.

Al fin y al cabo, Arsène Lupin y Sherlock Holmes son las dos caras de una misma moneda. Ambos personajes han sido, en sus respectivos países de origen, los iconos de la novela detectivesca de finales del siglo XIX/inicios del XX. Maurice Leblanc fue contemporáneo de Sir Arthur Conan Doyle e incluso incluyó al personaje de éste último en las historias de Lupin. Pero las quejas legales de Conan Doyle acabaron transformando al personaje en Herlock Sholmes, alternativa picaresca para que el personaje de Conan Doyle pudiera pulular por el universo de Lupin.

La importancia de las novelas de Maurice Leblanc sigue siendo relevante, como demuestra la serie Lupin. Ese Arsenio Lupin, caballero ladrón, rey del disfraz y la prestidigitación ha influenciado infinidad de personajes y novelas similares, perpetuando el arquetipo del ladrón de guante blanco. Un criminal con clase y estilo que, pese a estar en el lado equivocado de la ley, no duda en luchar contra aquellos malvados que abusan de su poder ante víctimas impotentes e injustamente tratadas por el sistema. Una acción que tiende a ser altruista pero que en muchas ocasiones lo es también personal y egoísta.

A diferencia de ‘Sherlock’esta nueva serie descarta por completo utilizar los mismos personajes originales

Lupin es un fijo de la literatura francesa. Una de esas lecturas obligadas en la escuela –junto a las de Victor Hugo– que ocasionalmente ha traspasado fronteras con éxito pero que ahora vivirá un resurgir internacional mucho más fuerte producto del impacto de Netflix. Louis Leterrier, discípulo avanzado de Luc Besson, quien lo reclutó para dirigir la primera Transporter, comparte con Besson la facilidad para convertir en espectáculo visual, a base de un montaje frenético, diversas idiosincrasias culturales del país vecino.

En este sentido, el creador George Kay ha acertado de pleno al contar con Leterrier, un director que, dotado de la misma astucia que exhibe su protagonista, ha sabido dar a la serie un aspecto visual no muy distante de las películas de ladrones de guante blanco (e ilusionistas) Ahora Me Ves, que él mismo dirigió. Si decíamos que la operación conceptual que realiza Lupin es parecida a la de Sherlock, a nivel estético y narrativo, Lupin se acerca mucho más al «cine palomitero» de cacos, timadores y ladrones estilo Ocean’s 11 de la que ya bebía –y mucho– Ahora me ves. 

Arsène Diop

Sin embargo, lo más destacable de Lupin es la actualización que realiza del universo del famoso ladrón creado por Leblanc. A diferencia de Sherlock, esta nueva serie descarta por completo utilizar los mismos personajes originales y opta por utilizar a Lupin como un marco mitológico, una inspiración vital para los protagonistas de la serie. Lo cual funciona a dos niveles. El primero, el más básico: la actualización moderna de las aventuras del personaje.

Assane Diop (Omar Sy) es un ‘Lupin’ un renovado ladrón de guante blanco en la Francia multicultural del S. XXI.

El segundo, mucho más profundo e importante: el homenaje sentido y consciente a un personaje clave con el que, al igual que los protagonistas de la serie, mucha gente ha crecido. Sin alterar su forma original, la serie Lupin permite mantener a Lupin, el personaje, en un pedestal muy particular. Se puede jugar con él, tocarlo, moverlo o transformarlo pero se le debe idolatrar y sobre todo, una vez se juegue con él, se le debe retornar a ese pedestal en su estado y forma original.

Si el Lupin literario era el símbolo de la Belle Epoque parisina, el Lupin de Netflix bien podría ser el héroe enmascarado de los habitantes de los banlieues

Esa manera de aproximarse al personaje permite también que la serie se construya sobre ciertas convenciones de la sociedad francesa que vale la pena sacudir. Muchos seguramente se estremecieron al ver los primeros carteles de Lupin con el rostro de la megaestrella gala Omar Sy (Intocable): «putain!, hasta Lupin es negro ahora…». Pero nada más lejos de la realidad: el Lupin del siglo XXI es Assane Diop, hijo de un migrante senegalés en la antigua metrópolis colonial. Para él, las novelas de Lupin han servido de refugio e inspiración para crear una nueva identidad con la que devolver el golpe a una Francia blanca y corrupta que castigó injustamente a su honrado y trabajador padre.

Así, el crimen se vuelve en el arte del hurto a los superfavorecidos del sistema. Una arma poderosa para ejercer la venganza personal y equilibrar las balanzas de una sociedad que, en apenas kilómetros de diferencia, puede contener la opulencia absoluta del VII Distrito con los problemas sociales de la periferia de zonas como Aulnay-sous-Bois, centro neurálgico de protestas contra un sistema que parece olvidar a ciertas bolsas de población. Si el Lupin literario era el símbolo de la Belle Epoque parisina, el Lupin de Netflix bien podría ser el héroe enmascarado de los habitantes de los banlieues que quemaban coches en los disturbios del 2005. Ahí radica mucha de la potencia intrínseca de una serie como Lupin.

Al igual que muchos de los héroes deportivos de la Francia campeona del mundo de futbol en 2018 –Kanté, Pogba, Mbappé o Dembelé– este nuevo Lupin que interpreta con mucho carisma Omar Sy puede convertirse en un referente moderno para tantos jóvenes de las barriadas de periferia de las grandes ciudades de Francia. En él podrán ver a un astuto y elegante ladrón que se las ingenia de mil maneras para devolvérsela doblada a un sistema que lo mira como un ciudadano de segunda.

 Los otros Lupin

La casualidad, si existe, ha hecho que la serie Lupin llegue el mismo mes que se estrena en cines Lupin III: The First. Esta última es la adaptación en animación 3D del manga creado por Monkey Punch (Kazuhiko Katō) en 1967. Un manga que imaginaba al nieto del famoso Arsène Lupin siguiendo con el negocio familiar en todo tipo de aventuras y tropelías junto a su grupo de amigos y asociados. La influencia del Lupin original en Japón llevó a Kazuhiko Katō a adaptar al personaje de Maurice Leblanc a un entorno visual más cercano a su cultura. Fue, al igual que el nuevo Lupin, un acto de amor a la obra original que traspasó fronteras.

El Lupin III de Miyazaki dejaba atrás el egoísmo y mostraba una cara más bondadosa.

Y es que no deja de ser paradigmático que para muchos de los espectadores del Lupin de Netflix actual nos sea más cercana una adaptación exótica como la de Kazuhiko Katō que no el original del país vecino. No hay que olvidar que su personaje ha pasado del manga al anime en numerosas ocasiones.

La lista de series, OVAs, películas y videojuegos que adaptan Lupin III es inabarcable. Pero por encima de todas, destaca la primera serie Lupin III, la más icónica. En España, por ejemplo, la emitió Telecinco a inicios de los 9 y gran parte de esa generación de, por entonces, jóvenes televidentes la recordamos con cariño. En ella trabajaba el maestro por antonomasia de la animación japonesa, Hayao Miyazaki. Precisamente, el primer largometraje en la carrera del director de obras maestras como Mi vecino Totoro El viaje de Chihiro fue El castillo de Cagliostro, un aventura de Lupin III.

En cierta forma, las nuevas aventuras de Lupin, esta vez llevadas a cabo por un heredero espiritual del siglo XXI como es el personaje que interpreta Omar Sy, cierran un ciclo. El de las adaptaciones globales de un personaje surgido en tiempos donde el concepto globalización sonaría a alienígena. Esta nueva serie de Netlfix vuelve a poner la lupa en un personaje que, por influencia e importancia, debería estar a la misma altura que Sherlock Holmes pero que fue perdiendo fuelle a la misma velocidad que la influencia francófila descendió en el mundo durante la segunda mitad del siglo XX.

Este círculo de adaptaciones y readaptaciones, vengan del Japón de Ghibli o del algoritmo de Netflix, resitúan al personaje de Maurice Leblanc y lo mantienen vivo allí donde mejor brilla: en negro sobre blanco, a lo largo de las páginas de una emocionante novela de intrigas y aventuras.

Escrito por Guillem F. Marí en enero 2021.

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