Los superhéroes también follan
'Jessica Jones'

Los superhéroes también follan

Jessica Jones por Àlex Santaló
Suelta palabrotas por doquier, malvive en un barrio deprimido, tiene una turbulenta vida interior, suelta hostias como putos panes y bebe más whisky que Mötley Crüe en el 89. No hablo de un tipo duro, hablo de una chica de apariencia más bien frágil y carita de niña buena. Se llama Jessica Jones y folla como un súcubo del averno: así son las superheroínas del siglo XXI

Los lectores de tebeos celebramos unánimemente la entrada en la edad adulta de los cómics de superhéroes a finales de los 80 y rezamos noche sí noche también a Alan Moore y Frank Miller por hacerlo posible. Estoy convencido de que con el paso del tiempo, los adictos a esta mierda también reconoceremos la plataforma Netflix como la responsable de llevar a la madurez y dignificar el género superheroico en televisión.

Con Daredevil, Netflix asumió el reto de distanciarse de las series de superhéroes que hasta ese momento se estaban emitiendo en televisión. Mientras que el grueso de estos productos apostaba por un discurso contenido y adaptado al paladar juvenil y familiar –The Flash, Arrow, Agents of Shield-, el Matt Murdock de la plataforma de pago se revelaba como una lectura adulta, oscura e infinitamente más compleja que sus competidores enmascarados. No obstante, la importancia de Daredevil no radica tanto en su valentía y ambiciones –la mejor serie de superhéroes del momento sin discusión-, como en su condición de semilla. Una semilla de la que ya ha brotado una nueva ficción que se alinea con el dress code de Daredevil y enriquece todavía más ese microuniverso neoyorquino perteneciente a los soldados marvelitas más urbanos.

La épica de los superhéroes clásicos se diluye hasta desaparecer en las aguas de un relato noir que parece diseñado para desmitificar los tópicos del género

Las buenas sensaciones han acompañado a Jessica Jones desde antes de su estreno, y el hype no estaba equivocado. Antes al contrario, la serie ha superado mis expectativas con creces. Estamos ante la feliz constatación de que Marvel ha encontrado el equivalente de su línea Max para adultos en Netflix, y está decidida a explotar ese flanco. Basada en el magnífico cómic Alias de Brian Michael Bendis, la serie se centra en las tribulaciones por el lado salvaje de una investigadora privada con superpoderes que parece sacada de una novela barata de misterio.

En el mundo de Jessica, la épica ultraterrena de los superhéroes clásicos se diluye hasta desaparecer en las turbulentas aguas de un relato noir que parece diseñado a mala hostia para desmitificar los tópicos del género. Los semidioses con mallas, enfrentados a amenazas paradimensionales que escapan a nuestra comprensión, no tienen lugar en las pútridas callejuelas que recorre la investigadora mientras hace sus pesquisas.

La protagonista posee una fuerza y agilidad sobrehumanas, pero a pesar de su prodigioso físico está en horas muy bajas. Vive literalmente en la mugre. Su afición desmesurada por el whisky contribuye a moldear un carácter dentado, arisco y permanentemente encabronado. Es una mujer hecha añicos por dentro, incapaz de poner en orden su vida privada, atrapada por sus propios impulsos y aquejada por un estrés postraumático del tamaño de una catedral.

La actriz estadounidense Krysten Ritter transmite una mezcla muy alimenticia de morbo, misterio, soledad, confusión y tristeza

Espero no pasarme de la raya, pero a mi modo de ver, esta investigadora de acero es uno de los personajes femeninos mejor construidos de la ficción televisiva actual. El guión de Melissa Rosenberg trabaja con ahínco los claroscuros de su personalidad, pero resultaría imposible imaginar a Jessica Jones sin los angulosos rasgos y el físico descoyuntado de Krysten Ritter. La actriz estadounidense transmite una mezcla muy alimenticia de morbo, misterio, soledad, confusión y tristeza. Los secundarios también funcionan. El indestructible negrazo Luke Cage es un complemento ideal para nuestra heroína, pero el papel reservado para David Tennant es también para chuparse los dedos con los ojos en blanco. El británico está inmenso en los adentros de la némesis de Jessica Jones, un villano sencillamente perfecto que responde al nombre de Kilgrave (el Hombre Púrpura) y acojona de verdad.

Enmarcada en un discurso maduro, crudo, urbano, realista y muchísimo más noir que fantástico, Jessica Jones no tiene suficiente con contar historias de superhumanos para adultos, sino que también se atreve a cambiar radicalmente la puritana relación que los superhéroes y el sexo tenían hasta ahora en el cine y la pequeña pantalla.

En uno de los diálogos más divertidos de Mallrats, una de las mejores pelis de Kevin Smith, los protagonistas disertan apasionadamente sobre cómo fornica Superman. Uno de ellos, llega a proponer que Superman debería usar un condón de kryptonita para no poner a Lois Lane mirando a la meca y enviarla allí de una embestida, previa mutilación genital por chorro megacósmico de esperma alienígena.

Embestidas de rinoceronte histérico, gemidos de ultratumba, sexo durísimo, traumático para el mobiliario; polvazos sobrehumanos

En Jessica Jones no hay preservativos reforzados porque por suerte la chica se folla salvajemente a Luke Cage, un negrata gigantesco que tiene superfuerza, es invulnerable y sostiene un mísil tierra-aire blindado entre las piernas. Las sesiones de sexo que ambos protagonizan son demostraciones de ardor fuera del alcance de los humanos de a pie: embestidas de rinoceronte histérico, gemidos de ultratumba, camas que se parten como tibias en un partido de tercera regional, sexo durísimo, espasmódico, traumático para el mobiliario; polvazos sobrehumanos, nunca mejor dicho. Nunca antes los superhéroes habían FOLLADO de forma tan explícita y con tanta inquina perforadora.

Por cierto, he leído por ahí artículos sesudos que hablan de una serie profundamente feminista y de Kilgrave como la encarnación de la violencia de género. Si hay gente que es más feliz extrayendo estos análisis, adelante, pero yo no haría caso a los que intentan intelectualizar Jessica Jones. Porque esta serie es en realidad un chupito de bourbon rebosante que va directo al hígado, sin medias tintas. Género negro, acción, humor crudo, sexo cerdo y realismo sucio superheroico flotan en un caldero mugriento. La Cocina del Infierno de Nueva York vuelve a ser el escenario elegido por Netflix y evidentemente los guiños al universo Marvel y a Daredevil están ahí. También los guiños al cómic original, una obra que deberías comprar ahora mismo y devorar como si no hubiera mañana para acabar de enamorarte sin remisión de la antiheroína definitiva. Aunque bien mirado, mejor búscate otro objetivo, chaval: la buena de Jessica no tendría ni para empezar con tu inofensiva pichita blanca y tu eyaculación de jilguerillo.

Escrito por Óscar Broc en diciembre 2015.

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