'La guía del autoestopista galáctico': ¡Qué no cunda el pánico!
Weird TV (XI)

‘La guía del autoestopista galáctico’: ¡Qué no cunda el pánico! Cómo sobrevivir al fin del mundo en 6 cómodos episodios

La obra multimedia de Douglas Adams, concebida originalmente como un serial radiofónico, y especialmente popular en nuestro país por su versión literaria, conoció una adaptación a la pequeña pantalla en 1981 emitida por la BBC.

Cuenta la leyenda que la chispa que encendió la bombilla del cerebro de Douglas Adams fue un viaje a Europa que realizó en 1971, cuando apenas contaba con 20 años de edad. Mientras recorría Austria con un ejemplar de la Guía del autoestopista por Europa en sus manos, una noche, borracho como una cuba, en un campo cercano a Innsbruck, se tumbó en el suelo contemplando las estrellas y fantaseó con la idea de que alguien escribiera una Guía del autoestopista galáctico. Claro que el propio Adams reconoció muchos años después que ni siquiera recordaba realmente el incidente, simplemente se había vuelto una costumbre repetirlo en las entrevistas y suponía que si lo creyó en algún momento, probablemente era cierto. Bastante en sintonía con las aventuras de Arthur Dent y sus amigos, ciertamente…

La carrera como escritor de Douglas Adams en 1978 había estado llena de altibajos y duros periodos de falta de confianza en sí mismo. Aunque había escrito sketches para Monty Python y había trabajado codo con codo con Graham Chapman, miembro del legendario grupo, para realizar otras comedias, su carrera parecía estancada. Tras un puñado de trabajos esporádicos (que fueron desde limpiador de gallineros hasta guardaespaldas de una familia qatarí), cuando le llegó la oportunidad de escribir el serial radiofónico de La guía del autoestopista galáctico probablemente se agarraba a un clavo ardiendo. Y su éxito iba a cambiar su vida para siempre.

Estrenado el 8 de marzo de 1978, el serial radiofónico fue un éxito descomunal, […] y un hito para la BBC Radiophonic Workshop

Su propuesta original se llamaba “The Ends of the Earth”, e iba a ser una serie de 6 episodios autoconclusivos que iban a terminar, por una razón u otra, con la destrucción de nuestro planeta. Pero poco a poco la idea con la que había soñado en los parajes austríacos empezó a posarse en su cerebro, y, estimulado con la idea de lo qué ocurriría si el protagonista de la historia fuera un alienígena que trabaja como investigador de campo para rellenar datos de la guía del autoestopista, decidió que la destrucción de la Tierra iba a ser únicamente el punto de partida del relato. Nada como empezar con un bang.

Estrenado el 8 de marzo de 1978, el serial radiofónico fue un éxito descomunal, aprovechando el zeitgeist que procedía de finales de los 70, con el bombazo internacional de La guerra de las galaxias en ciernes, y fue un hito también para la BBC Radiophonic Workshop, que innovó con el uso del estéreo y con los efectos de sonido. A raíz de su éxito surgió una secuela, una colección de novelas de éxito internacional, representaciones teatrales, un videojuego, discos, una adaptación al cómic (editada por DC en 1993 e ilustrada por Steve Leialoha), una toalla oficial (de veras) y un largometraje estrenado en el año 2005 dirigido por Garth Jennings. Y por supuesto, la serie de televisión que la BBC iba a emitir en 1981.

La guía del autoestopista galáctico

David Dixon es Ford Prefect y Simon Jones es Arthur Dent en ‘La guía del autoestopista galáctico’.

Al empezar, contemplamos cómo la vida monótona y aburrida de Arthur Dent (Simon Jones, el hombre común británico ejemplar) da un vuelco absoluto el día que se entera de que van a destruir su casa para construir una carretera. Su mejor amigo, Ford Prefect (David Dixon), le obliga a restarle importancia al hecho de quedarse sin hogar: de hecho, le revela que él siempre ha sido un extraterrestre de incógnito procedente del planeta Betelgeuse, y que la Tierra va a ser destruida en unos minutos porque una raza alienígena va a construir, casualidades la vida, también una vía intergaláctica. ¿Quién puede presumir de que le destruyan sus dos hogares en el mismo día?

Ford, que es un autoestopista galáctico y su trabajo es recabar información para ella, salva a Arthur de la hecatombe y juntos terminan embarcando en el Corazón de Oro, una nave con un sistema de desplazamiento galáctico basado en la energía de la improbabilidad (¡mucho mejor que el hiperespacio!) con su tripulación: el loco ex-presidente de la galaxia, Zaphod Beeblebrox (Mark Wing-Davey), poseedor de dos cabezas, Trillian (Sandra Dickinson), otra humana superviviente a la que Arthur había conocido casualmente en una fiesta unos meses antes, y Marvin, el androide paranoide, un robot sumido en un perpetuo estado de tristeza y desánimo. En sus locas e impredecibles aventuras viajarán por el espacio y el tiempo, y acabarán buscando la respuesta a esa pregunta nunca del todo concretada acerca de la vida, el universo y todo lo demás.

‘La guía del autoestopista galáctico’ tenía intenciones de llegar a un público más amplio y de repetir los eventos que fueron los seriales radiofónicos y la saga de libros

Lo cierto es que el proyecto parecía, para las limitaciones televisivas de la BBC de la época, prácticamente imposible de rodar. Al menos si se quería garantizar un diseño de producción de primera. Otras series de ciencia ficción, como Doctor Who o Los 7 de Blake, habían logrado hacer de la economía de medios casi un arte, pero en gran medida iban dirigidas a un público joven, un fandom entregado que perdonaba los vestuarios reciclados de otras producciones y los decorados de corchipán en pos de una buena historia (sí, soy un gran fan de Los 7 de Blake y doy fe de ello).

La guía del autoestopista galáctico tenía intenciones de llegar a un público más amplio y de repetir los eventos que fueron los seriales radiofónicos y la saga de libros. Sus ambiciones eran mayores. ¡Que no cunda el pánico!, como se leía en la portada de la ficticia guía.  El ejecutivo de la BBC John Lloyd apostó por el proyecto y el propio Douglas Adams iba a escribir los guiones que adaptarían su obra original a la pequeña pantalla. Le iba a dar especial importancia al contenido de la propia Guía, algo que resultaba muy sencillo en radio y en libro, pero que iba a presentar serios problemas al equipo de efectos especiales de la obra.

Sin embargo, iba a resultar clave la figura de Rod Lord, de Pearce Animation Studios, quien carecía entonces hasta de ordenador. Pero iba a lograr unos pequeños sketches animados que son pequeñas obras de orfebrería, que, acompañadas por la narración del actor Peter Jones, simulan el contenido gráfico de la Guía (un objeto tan parecido a un actual iPad que permite a Adams colocarle la etiqueta de visionario sin duda alguna) de manera brillante y que a la postre iba a ser el elemento más recordado y celebrado del programa, llegando a conseguir Lord un premio BAFTA por su trabajo. Vistos a día de hoy, realmente parecen efectos diseñados por ordenador, no piezas animadas.

Adams quería que todos los intérpretes del serial repitieran sus papeles en la pequeña pantalla, pero se vio obligado a hacer un par de cambios. El director Alan J. Ball consideraba que Geoffrey McGivern era físicamente poco “extraño” para interpretar a Ford Prefect y decidieron contratar a David Dixon. Lo cierto es que su Prefect, que es una mezcla entre un joven Gene Wilder en la piel de Willy Wonka y una encarnación futurista de uno de los ladronzuelos de Oliver Twist, es uno de los personajes más destacados, que se beneficia de su aspecto pícaro y su mirada astuta. No hubiera sido un mal Dr. Who, no…

Al revés que prácticamente todo el mundo, yo llegué al universo de Douglas Adams a raíz de la película del año 2005

Por su parte, la actriz Susan Sheridan no pudo participar por estar trabajando en otros proyectos, por lo que la nueva Trillian dejaría de ser una astrofísica morena de acento estadounidense y pasaría a tener los rasgos de Sandra Dickinson, que funcionó muy bien dando vida a “su” Trillian, de aspecto muy New Wave (seguro que le hubieran abierto las puertas de la discoteca Blitz de par en par) tanto por su actitud como por su voz, muy parecida, por cierto, a la de la también actriz y cantante Clare Grogan, del grupo Altered Images (lo admito, los primeros minutos hasta pensé que podría ser ella…).

El resto del reparto era el mismo que el de la radio, con Simon Jones en el papel de Arthur, de eterna bata y toalla colgada al hombro, inglés de pura cepa en busca de una taza de té en cualquier lugar de la galaxia, y Mark Wing-Davey como Zaphod, al cual, por cierto, le añadieron una segunda cabeza prostética que, tal y como aparece en el documental incluido en uno de los extras del DVD de la serie, fue revolucionaria en su día… pero que ahora es bastante ridícula y es uno de los lastres de la producción, ya que apenas aporta algún que otro gag pero acaba siendo un atrezzo casi molesto.

Wing-Davey, en todo caso, aporta arrojo, gracia y ciertas dosis de arrogancia a su personaje, que tampoco es el más listo de la nave (ni mucho menos) aunque se quiera mucho a sí mismo y pille por costumbre burlarse de Arthur.

La guía del autoestopista galáctico

‘La guía del autoestopista galáctico’ no tuvo continuación a pesar de la aceptación del programa.

El ya mencionado Peter Jones fue la voz de la Guía (curiosamente, su nombre fue el primero en aparecer en los créditos) y Stephen Moore hizo lo mismo con Marvin, el inolvidable androide deprimido que protagoniza alguno de los momentos más divertidos del show. David Learner, el actor que se metió dentro del disfraz de Marvin, recordaría años después que, casualmente, se encontraría con David Prowse, que tiene una breve aparición en el penúltimo episodio interpretando a un guardaespaldas del cantante Hotblack Desiato. Prowse había interpretado a Darth Vader en Star Wars de George Lucas, pero tal y como le ocurrió a Learner, la voz del personaje la había puesto otro actor. Con la sutil diferencia de que Learner lo sabía de antemano y de que, además, al escuchar la voz de Prowse, admitió que era mejor que hubiera sido otra…

No fueron los únicos conflictos entre Ball y Adams. El segundo tenía escrito que una cabra pasara a formar parte del grupo al poco de empezar sus aventuras y, aunque nunca hablaran de ella, hubiera estado hasta el final de la serie. Además, tenía pensado que la nave Corazón de Oro le hubiera hecho un traje plateado a Arthur, pero Ball insistió en que Arthur debía ir con bata durante toda la obra. Esta última idea acabó gustándole a Adams, que lo canonizaría y no cambiaría el atuendo de Arthur hasta el tercer libro La vida, el universo y todo lo demás.

A pesar de la buena aceptación del programa, todavía recordado con mucho cariño por los fans de la obra, no tuvo continuación

En un primer momento, la BBC insistió en que la adaptación tenía que usar risas enlatadas, con la frase “¡Es una comedia, y en las series de comedia todo el mundo usa risas enlatadas!” como principal argumento. Adams tuvo el buen tino de proyectar la serie en una convención de fans previa a su estreno, y todos odiaron las risas, por lo que la cadena cedió, algo bastante poco corriente en aquellos tiempos.

Al revés que prácticamente todo el mundo, yo llegué al universo de Douglas Adams a raíz de la película del año 2005. Odiada cordialmente por los fans de los libros, el serial, la serie de TV, el universo y todo lo demás, cuando la vi no conocía la obra original y me resultó bastante original y divertida, y además me descubrió a Martin Freeman, quizá el único actor del mundo en ser un inglés mundano tan inglés mundano como Simon Jones. Es cierto que cuando uno descubre los cambios hollywoodienses tan tópicos como pueda ser el interés romántico entre Trillian y Arthur (inexistente en el original) le chirrían los dientes, pero la recuerdo con agrado y me sirvió de puerta de entrada a un mundo inagotable y muy divertido.

La guía del autoestopista galáctico

Fotograma de la película ‘La guía del autoestopista galáctico’ del año 2005.

Pero el encanto que tiene la serie de la BBC, aunque al propio Adams le procurara sentimientos encontrados, es otra cosa. Desde su cabecera, con ese astronauta que no aparece en ningún momento flotando en el espacio mientras suena una versión electrónica de Journey of the Sorcerer (tema instrumental compuesto por Bernie Leadon que habían popularizado los Eagles años atrás), hasta las divertidísimas intervenciones de la guía, con sus montyphtonescas historias acerca de ballenas que nacen en la atmósfera para caer y estrellarse, peces de babel y macetas de petunias, pasando por el memorable episodio situado en “El restaurante del fin del mundo”, con un Colin Jeavons desatado dando vida a un maestro de ceremonias que parece una versión del Joel Grey de Cabaret en versión cósmica.

A pesar de la buena aceptación del programa, todavía recordado con mucho cariño por los fans de la obra, y que además ha conocido diferentes y lujosas ediciones domésticas, no tuvo continuación. Se planteó, pero diversas diferencias entre la BBC y Adams dieron al traste con el proyecto. Así que, al menos, en esta versión, el último vistazo que tenemos de Arthur y Ford es paseando en ese mundo recién nacido al son de What a Wonderful World. Oigan, ¿no le encuentran semejanzas al final de aquella popular serie de este siglo, sobre un grupo de viajeros galácticos, que a su vez era un remake de otra serie de finales de los 70…?

No se olviden de su toalla.

en .

Ver más en Cult TV.