«Galavant»: cómo ha cambiado el cuento
Estreno de 'Galavant', la nueva serie de la ABC

«Galavant»: cómo ha cambiado el cuento

Colorín colorado, este cuento ha empezado

Los más jóvenes del lugar no recordarán cómo se trataban hasta no hace tanto los cuentos de hadas en el cine o en la animación. Por aquel entonces las fábulas tenían un matiz infantil (ñoño) al que uno se acercaba desde la niñez y con el que se perdía el vínculo llegada la adolescencia, sin reparar en lo que estas historias nos cuentan sobre la construcción de los imaginarios y nuestras identidades. La novedad en el tratamiento de estas historias, a las que la madurez del lectoespectador [1] contemporáneo ha obligado a evolucionar, reside en el humor. Quizás una de las primeras narraciones audiovisuales de la época contemporánea en burlarse más abiertamente y de una manera más popular sea la de La princesa prometida (1987), convertida ahora en una obra de culto, a la que pronto seguiría Men in tights (1993) de Mel Brooks, una parodia de la leyenda de Robin Hood. Sin embargo esta tendencia no eclosionó hasta la irrupción de Shrek (2001): el ogro verde puso patas arriba los desarrollos propios de los cuentos de hadas y de las historias caballerescas.

«Galavant desde el primer momento se ocupa de invertir los patrones clásicos de los cuentos de hadas y lo hace desde la ironía que radica en la relación con la cultura popular contemporánea»

Y ahora nos llega Galavant, una serie de la ABC que hasta el momento cuenta con pocos capítulos, pero que desde el primer momento se ocupa no sólo de invertir los patrones clásicos de los cuentos de hadas, sino que además lo hace desde la inteligente ironía que radica en la relación con la cultura popular contemporánea. Es decir: si La princesa prometida jugaba con los esquemas habituales pero finalizaba (spoiler) con la bella Buttercup y el gallardo Westley, juntos; si Shrek invertía los mismos esquemas, pero acababa con (spoiler) el triunfo del amor verdadero; Galavant nos propone de nuevo la inversión de esos esquemas y revuelve todas las piezas del puzle de manera desconcertante. No solamente no ocurre lo esperado sino que la serie se ríe constantemente de los topos caballerescos como hiciera Italo Calvino en El Caballero inexistente [2] y lo adereza con piezas musicales nada accesorias de Alan Menken.

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En el nombre del protagonista, de «mandíbula cuadrada» tal como reza la pegadiza canción inicial, resuena el epíteto de galante (gallant en su voz inglesa), pero sobre todo es un eco del caballero de la mesa redonda Sir Galahad, uno de los tres que según las leyendas artúricas alcanzaron el grial, reconocido por su gallardía y pureza. Nada que ver con el protagonista que se nos presenta al cabo de los diez primeros minutos del piloto. Pero como veíamos, esto no es algo nuevo: pero sí resulta refrescante las asociaciones con el imaginario colectivo contemporáneo que realiza la serie, y que además arranca la sonrisa en más de una ocasión. Por ejemplo cuando vemos a Galavant arrojarse un cubo de agua por la cabeza al más puro estilo Hugh Jackman en Australia (2008); o cuando su principal oponente en la justa (interpretado por un casi irreconocible John Stamos) se hace llamar Jean Hamm, que suena muy similar a Jon Hamm, como si este a través de su personaje de Don Draper en Mad Men se hubiera convertido en el adalid de la masculinidad.

Galavant es una poco usual mezcla envasada en un formato de corta duración, casi de sitcom, pero con sus escasos episodios hasta la fecha ha conseguido algo que parecía que Once Upon a time (ABC, 2011-) iba a hacer pero nunca consiguió: refrescar el tratamiento de los cuentos de hadas en las series contemporáneas.

– Trailer:


[1] LUIS MORA, Vicente (2012).  El lectoespectador. Barcelona: Seix Barral.

[2] CALVINO, Italo (2014). El caballero inexistente. Madrid: Siruela.

Escrito por Raquel Crisóstomo en enero 2015.

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