‘Fantômas’: el villano de las mil caras | Serielizados
Grandes Clásicos de la televisión

‘Fantômas’: el villano de las mil caras

En 1980 se emitió en la televisión francesa una miniserie dedicada al mítico personaje, dirigida por Juan Luis Buñuel y Claude Chabrol, que iba a hacer justicia a las novelas originales.
Fantômas

Fragmento del cartel originaldel primer film de la serie Fantômas (1913) de Louis Feuillade, producido por los estudios Gaumont.

“Me gusta esta serie porque no hay héroes. Fantômas es malvado, está loco, es un paranoico al que le gusta matar con sus propias manos. Las situaciones mismas a veces se salen de control, hacia un extraño mundo de pesadillas y frustraciones”. (Juan Luis Buñuel)

Una amenaza sobrevoló París entre 1911 y 1914. Una figura sombría, espectral, capaz de cometer las peores villanías que se puedan imaginar. Un hombre sin identidad, con la pericia de convertirse en cualquiera. Un maestro del disfraz, del robo, del secuestro, del chantaje, de la suplantación de identidades y del asesinato. Fantômas es, probablemente, el primer supervillano tal y como conocemos actualmente la denominación, el que siguió la estela de Arséne Lupin (creado por Maurice Leblanc seis años antes) pero llevándolo más lejos, tanto, que el popular ladrón a su lado iba a parecer una hermanita de la caridad.

El personaje protagonizó una inmensamente popular saga de novelas en ese periodo de tiempo, escritas por Pierre Souvestre y Marcel Allain (¡32 publicaciones en poco más de tres años!), que fueron una sensación en su época con tiradas de más de cien mil ejemplares y que se detuvieron en 1913 por la muerte del primero. El personaje dio el salto al cine con una serie de 5 películas dirigidas por Louis Feuillade entre 1913 y 1914, consideradas obras maestras del cine mudo. Adorado por los surrealistas y la vanguardia (véase René Magritte o Robert Desnos), referenciado por el propio Sigmund Freud, su influencia se extendió por el paso de las décadas.

En 1964, en plena fiebre por la saga James Bond, se estrena en Francia una nueva versión de ‘Fantômas’ con el ojo puesto en el estilo del espía británico

Así, el personaje volvería a la vida literaria en 1925 de la mano del propio Marcel Allain, que le dedicó otras 11 novelas hasta su muerte en 1970. El personaje, sin conocer ya el éxito del pasado, seguiría siendo una figura respetable dentro de la cultura popular que todavía conocería adaptaciones en el cine sonoro (en 1932, en una película dirigida por Paul Féjos, o en 1946 por Jean Sacha, ambas con el nombre del villano como título) y que vería destellos de su reflejo en Fritz Lang y su Dr. Mabuse o en el igualmente pérfido personaje de cómic Diabolik de Angela y Luciana Giussani. Sin embargo, iba a ser su retorno a los laureles del éxito lo que paradójicamente iba a poner su legado en entredicho…

Fantômas

Fotograma de Fantômas (1913) de Louis Feuillade.

En 1964, en plena fiebre por la saga James Bond alrededor del mundo tras el estreno de las tres primeras películas protagonizadas por Sean Connery, se estrena en Francia una nueva versión de Fantômas con el ojo puesto en el estilo del espía británico. La película, dirigida por André Hunebelle, tiene como protagonista a Jean Marais (el inolvidable protagonista de Orfeo de Jean Cocteau) en un doble papel: por un lado interpretando una versión del villano adaptada a los gustos de la era ye-yé, plagado de tecnología y gadgets dignas de un 007 reconvertido en villano. Por otro lado daría vida a Fandor, el tenaz periodista compañero del comisario Juve, el incansable policía rival y archienemigo de Fantômas. Y sin embargo, ni Fandor ni el propio Fantômas iban a ser los reyes de la función: el éxito lo iba a saborear el actor Louis de Funès interpretando a una versión paródica del propio Juve.

Jacques Champreaux intentó hacer una versión para la pequeña pantalla, pero ante la imposibilidad de hacerse con los derechos, creó a un villano muy parecido: El hombre sin rostro

Aquí el personaje no iba a ser un detective soberbio (la dupla Juve y Fandor repetía, en cierto modo, el esquema Sherlock HolmesDoctor Watson en las novelas originales) al que siempre se le escapaba el villano por un nimio detalle (exigencias del guion: el espectáculo debía continuar y las novelas seguir imprimiéndose). Iba a pasar a ser un policía torpón y estúpido, en la línea de otros personajes de Funès como el de El gendarme de Saint-Tropez (Jean Girault, 1964), que más que dirigir la persecución contra el villano se iba a dedicar a entorpecer a Fandor.

Choque generacional a la vista: la película iba a ser un exitazo que generaría dos secuelas, pero cabreó a muchísima gente. A Marais, celoso de que Funès se llevara todos los halagos y que se convertiría en el protagonista en los dos filmes posteriores. A Marcel Allain, enfadado por ver a sus creaciones convertidas en una charlotada. Y a un numeroso grupo de fans acérrimos del personaje que odiaban ver a su demoníaco y amado personaje convertido en un chiste y a su universo en una parodia de las películas de James Bond. Para devolver al personaje al lugar que le correspondía iban a pasar unos cuantos años…

Louis de Funes

Louis de Funès en su versión paródica del comisario Juve.

En la década de los 70 ya hubo un intento por parte de Jacques Champreaux de hacer una versión de Fantômas para la pequeña pantalla, pero ante la imposibilidad de hacerse con los derechos del personaje creó a un villano muy, muy parecido: El hombre sin rostro  (“L’Homme Sans Visage”), miniserie de 8 episodios, se emitió en la TF1 francesa entre julio y septiembre de 1975 con una aceptación bastante discreta.

El escaso éxito de su sucedáneo pareció invitar a que ‘Fantômas se tomara algo más de tiempo antes de volver

En ella, un villano encapuchado (interpretado por el propio Champreaux), con una habilidad para cambiar de identidad pasmosa, acompañado de una misteriosa, felina y silenciosa mujer sin nombre interpretada por Gayle Hunnicut (quién, como verán pronto, repetiría poco después como amante del demonio), hacía todo lo posible por hacerse con el secreto legendario de los templarios. Para ello era capaz de secuestrar, matar y extorsionar al mando de una red criminal que operaba en los bajos fondos de la ciudad.

A pesar de ser una delicia tremendamente entretenida y de tener algunos personajes impagables (como un “detective poeta” que ayudaba a los protagonistas a intentar detener al villano) resultaba algo tosca y en ocasiones evidenciaba algunos problemas de producción. Su director, el legendario Georges Franju, director de un clásico también vinculado al folletín como es Judex (1963), tuvo la oportunidad de lanzar una versión para cines del serial, Nuits Rouges (1974), realizada con eficacia para resultar algo más que uno de aquellos meros condensados de teleseries que solían estrenarse en salas a finales de los 70 y primeros 80. El escaso éxito de su sucedáneo pareció invitar a que Fantômas se tomara algo más de tiempo antes de volver.

Fantômas

Fotograma de la miniserie ‘L’homme sans visage’.

En 1980, por fin, la televisión pública francesa anuncia el retorno del auténtico e inimitable príncipe del mal, con intenciones de hacer olvidar a “ese fantoche con una máscara azul que surca el cielo con un Citroen DS volador y que es perseguido por un payaso” (como se refiere el guionista de cómics Olivier Bocquet a la versión de Marais y De Funès). El guionista Bernard Revon, que había trabajado con François Truffaut en Besos robados (“Baisers Volés”, 1968) o con el madrileño Rafael Gil en La guerrilla (1973, protagonizada por Paco Rabal) vio como le daban luz verde para producir una miniserie de cuatro episodios (o mejor llamarlas TV Movies, ya que cada entrega era de una hora y media de duración) basándose en las novelas originales de Allain y Souvestre.

Los directores también iban a ser prestigiosos: Claude Chabrol, originalmente uno de los exponentes de la nouvelle vague y que entonces ya había rodado algunos de sus clásicos como El carnicero (“Le Boucher”, 1969) o La década prodigiosa (“La Décade prodigieuose”, 1971) se iba a encargar de la primera y la última entrega, mientras que los capítulos centrales iban a ser realizados por Juan Luis Buñuel. El hijo de Luis Buñuel (al que le iban a dedicar un simpático guiño en el primer episodio) había comenzado su carrera cinematográfica con éxito gracias al documental Calanda (ganador de un premio César en 1967) o la película Cita con la muerte alegre (“Au rendez-vous de la mort joyeuse”, 1973), con la que ganó la medalla de oro al mejor director en el Festival de Sitges (en una época en la que el certamen todavía no otorgaba un premio específico a la mejor película). Pero posteriores títulos que tuvieron una repercusión mucho más discreta le fueron empujando poco a poco al mundo de la televisión, en la que desarrollaría gran parte de su carrera a partir de la década de los 80.

A partir de la segunda entrega, L’étreinte du diable, la miniserie empezará mostrar las posibilidades de la propia lógica del folletín 

Como solía ocurrir con las miniseries de aquellos tiempos que se iban a realizar en calidad de co-producción (entre la cadena francesa Antenne 2 y la productora alemana Hamster Film) se iba a buscar un reparto internacional, con todo lo bueno y lo malo que ello conllevaba. Lo bueno, la categoría de sus estrellas principales. Un bastante adecuado Helmut Berger iba a ponerse en la piel de Fantômas (lo cual implicaba dar vida al villano interpretando múltiples papeles, aunque no a todas sus encarnaciones, lo que iba a resultar en algunos momentos un tanto confuso), en un momento en el cual la carrera del actor atravesaba un periodo decadente (lejos quedaba el periodo de estrellato protagonizando las películas de su amante, Luchino Visconti, como La caída de los dioses o Confidencias) e iba a ser un último momento de destello antes de perderse en producciones de baja estofa o en teleseries como Dinastía en los años 80.

La anteriormente mencionada Gayle Hunnicut iba a dar vida a Lady Bentham, la torturada amante del villano. De aristocrática elegancia y felino porte, Hunnicut (fallecida el pasado agosto a los 80 años de edad) había protagonizado títulos como el singular thriller La gata en la terraza (“Eye of the Cat”, 1969) o La leyenda de la mansión del infierno (“The Legend of Hell House”, 1973), más que destacable adaptación de una genial y terrorífica novela de Richard Matheson. Al igual que Berger, Hunnicut también vería su carrera trasladada al mundo de la televisión (interpretó al personaje de Vanessa Beamont en Dallas) y si ya había sido capaz de enamorar a Fantômas (tanto legalmente como en su versión “libre de derechos”), en 1984 lo iba a hacer también con, probablemente, el único rival que podría estar a su altura en el caso de co-existir en el mismo universo: nada menos que a Sherlock Holmes, encarnado por uno de los mejores actores que nunca le dio vida, el gran Jeremy Brett.

Hunnicut fue Irene Adler (“La Mujer”, como la llamaba el Maestro de los Detectives) en el primer episodio de Las aventuras de Sherlock Holmes (1984). Que Berger y Hunnicut exhumaban glamour no se puede discutir, pero y con todo se las iban a ver también con el “lado oscuro” de las co-producciones: el hecho de que les tuviera que doblar al francés, en algunos momentos con resultados un poco embarazosos. Jacques Dufilho, dos veces ganador del César al mejor actor secundario (en 1978 y en 1981) sería el encargado de interpretar al Inspector Juve, y a medida que avanzara la serie se le iba a notar más suelto, disfrutando especialmente cuando empieza a jugar al mismo juego que Fantômas y a disfrazarse de otros personajes; hay una escena particularmente maravillosa en la que ambos rivales están cara a cara, cada uno de ellos fingiendo ser otra persona. Mientras que el rol de Fandor, que es de los cuatro protagonistas quién suma más tiempo en pantalla, iba a caer en las manos de Pierre Malet, entonces una joven promesa cuya carrera nunca terminó de despuntar.

Claude Chabrol

Helmut Berger en el papel de Fantômas en la miniserie de Claude Chabrol y Juan Luis Buñuel.

Quizá el mayor hándicap que tenga la serie sea su primera entrega, L’echafaud magique (“El cadalso mágico”): mientras es correcta como presentación de sus personajes y su universo todavía es bastante modesta en cuanto a planes locos por parte del villano y los héroes. Fantômas es todavía un mito en el que no cree el cuerpo de policía, excepto Juve, una especie de profeta maldito capaz de deducir los próximos movimientos de su enemigo pero incapaz de convencer casi a nadie de su existencia. Excepto al joven Fandor, cuya madre murió por culpa de una artimaña del villano y que se convierte en periodista para seguirle la pista y apoyar al Inspector.

El primer crimen al que vemos cometer a Fantômas –asesinar a una aristócrata para robarle su billete de lotería premiado- es casi una pequeñez con lo que luego se nos mostrará. Pero la segunda mitad del episodio, en el cual contemplamos su plan para escapar de la pena de muerte usando a un pobre actor y a su enamorada Lady Bentham como recursos, empiezan a mostrar la verdadera naturaleza de planes rocambolescos y de una sanísima suspensión de la incredulidad que ya no hará más que crecer y crecer. A partir de la segunda entrega, L’étreinte du diable (“El abrazo del diablo”) la miniserie empezará mostrar las posibilidades de la propia lógica del folletín y en esta entrega ya habrá muertes crueles, tramas sorprendentes, resurrecciones imposibles (más de la mitad de los protagonistas en algún momento fingen su propia muerte) y en ocasiones a un hilarante Juve dejando pasar la oportunidad de disparar contra Fantômas porque “quiere cumplir la ley y atraparlo con vida”, cuando en el fondo de nuestros corazones sabemos que en realidad quiere que su juego del gato y el ratón perdure para siempre. Cierto detective disfrazado de murciélago adoptará también esa misma cantinela para evitar que su juego nunca termine…

El programa no tuvo mucha más repercusión que la de El hombre sin rostro. No hubo interés en producir más entregas y ‘Fantômas’ volvería a dormir el sueño de los justos

La tercera parte, Le mort qui tue (“El muerto que mata”) ya ofrece un plan tan vil y retorcido por parte de Fantômas, que además de su habitual juego de disfraces y máscaras ofrece también un gozoso sistema para falsificar huellas dactilares usando la mano de unas de sus víctimas para confundir a la policía respecto a su identidad. En una serie normal la aparición de la joven Elisabeth Dollon (Véronique Delbourg), a la cual Fandor quiere proteger del villano a toda costa, sería el pistoletazo de salida para un romance entre ambos, pero como verán a la pobre chica no le quedarán muchas ganas de saber del intrépido periodista cuando sus métodos para protegerla incluyan… ¡meterla en la cárcel! Claude Chabrol volverá en la entrega final, Le Tramway Fantôme (“El tranvía fantasma”), y le tocará un episodio mucho más divertido que el primero, repleto de giros sorpresa, falsas identidades y planes frustrados en la que Juve acabará visitando Transilvania debido a una trama del villano para chantajear a su rey. Un plan saldrá bien y la serie terminará en un rocambolesco cliffhanger, con los héroes con el agua al cuello y los villanos brindando con champán. Y aunque obviamente en las novelas las aventuras siguieron, es un final perfecto para esta encarnación televisiva, donde los héroes más que hacer el bien parece que quieren seguir gozando del juego del peligro tanto como el propio Fantômas.

Fantômas

Fantômas y su banda de apaches en ‘Juve contra Fantômas’ (1913)

Por desgracia, el programa no tuvo mucha más repercusión que la de El hombre sin rostro. No hubo interés en producir más entregas y Fantômas volvería a dormir el sueño de los justos. Para el recuerdo esa magnífica cabecera de la serie, con el enmascarado fantasma sobrevolando París mientras suena la melodía de Georges Delerue a la vez que se reproduce la magnífica y legendaria portada de Gino Starace de la primera novela. Pero, en cualquier caso, si la batalla era devolver al Fantômas original al inconsciente colectivo y competir con la trilogía de los años 60, la obra de Revon, Buñuel y Chabrol puede considerarse un triunfo, aunque nunca ha sido debidamente reivindicada.

Ojalá, con la noticia de la adquisición de los derechos de las novelas por parte del productor Wassim Beji en agosto de 2022, no tardemos en volverlo a ver en la pequeña o en la gran pantalla. Aunque me permito terminar este artículo con una recomendación (si se da el caso de que logran dar con la serie, les apasiona y les deja con ganas de más): la maravillosa trilogía de álbumes de cómic La cólera de Fantomas, de Oliver Bocquet y Julie Rocheleau, editado en España por Dibbuks entre el 2013 y el 2015, que también adapta algunas de las novelas originales con un estilo frenético y con unas ilustraciones de Rocheleau sencillamente extraordinarias.

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