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Marco Bellocchio en uno de los escenarios reales de 'Portobello' | Crédito: Anna Camerlingo.
El próximo 20 de febrero llega a HBO Max Portobello la primera serie italiana original de la plataforma. Sabiamente, para tal estreno, han apostado a lo seguro en cuanto a calidad y prestigio, es decir, han apostado al ganador, al gran cineasta Marco Bellocchio.
El director de películas como El Traidor, El rapto, Buenos días noche o La manos en los bolsillos vive una de las etapas más productivas y excitantes de su larga carrera. Bellocchio cumplió 86 años el pasado noviembre y los lleva con una energía envidiable y en un punto de su trayectoria muy interesante. Sus dos últimos trabajos son miniseries. Una de ellas, Esterno Notte la estrenó Filmin en 2023 tras su estreno en nuestro festival Serielizados y su paso por el Festival de Cannes. Su última miniserie, Portobello también se vio en primicia en Serielizados tras pasar, esta vez, por el Festival de Venecia.

Fabrizio Gifuni es Enzo Tortora, presentador el exitoso programa ‘Portobello’ | Crédito: Anna Camerlingo.
Así pues, dos miniseries potentísimas, rodadas en cine y planteadas como radiografías históricas de dos momentos clave de la Italia politico-mediática del siglo XX. Si Esterno Notte nos explicaba el escalofriante secuestro y asesinato de Aldo Moro, interpretado por Fabrizio Gifuni, ahora Portobello nos cuenta la no menos escalofriante historia real de Enzo Tortora (de nuevo Gifuni), un presentador de éxito de la televisión de los 70 y 80 cuya vida da un giro cuando, de la noche a la mañana, es acusado falsamente de pertenecer a la Camorra napolitana.
Fabrizio Gifuni: «La materialización de la pesadilla, del error judicial, existirá siempre porque son las personas las que deciden y las personas pueden equivocarse»
Una historia real pues que sirve a Bellocchio y a Gifuni para volver a demostrar que son un tándem infalible para recrear injusticias que se enmarcan dentro de un retrato social y mediático ejemplar. Ver un par de minutos de Portobello es como viajar al pasado: la fotografía, la música y las interpretaciones te llevan directamente a esa Italia que bajo la lupa de Bellocchio se mueve siempre entre el estupor, la fantasía «felliniana», el esperpento y la crudeza. Zambullirse de lleno en los seis episodios de la serie, es directamente vivir en carne propia el via crucis de su protagonista.
Como parte de la promoción internacional de la serie tuvimos la suerte de charlar unos minutos con Marco Bellocchio y Fabrizio Gifuni en una charla que reproducimos a continuación:
Para empezar, maestro Bellocchio, tras muchas décadas en el cine, viene de dirigir dos grandes miniseries como son Esterno Notte, y Portobello. ¿Cómo ha vivido esta transición? del cine al formato de serie ¿Qué cree que le ofrece el medio de la serie de diferente respecto al cine?
Marco Bellocchio: La he vivido de forma bastante normal, en el sentido de que no he sentido que tuviera que hacer renuncias. Aquellas historias, tanto en Esterno Notte como en Portobello, requerían esta extensión, su espacio-tiempo exigían este formato. Naturalmente, había que articularla por episodios, por lo que me dejé llevar por lo que dicen los expertos en series sobre que la tensión debe crecer por momentos, episodio a episodio pero más allá de esto, no me he sentido condicionado. Sin embargo, quienes han trabajado conmigo, que tenían más experiencia en series, me han ayudado de alguna manera, digamos, a respetar el tempo de los episodios.
Por otro lado, estoy leyendo Guerra y Paz —nunca lo había leído aún en mi vida— que tiene unas 1500 páginas y el mismo Tolstói usa capítulos, incluso breves o muy breves, que dan precisamente ese sentido de crescendo, de mantener la tensión para el lector que luego llega hasta el final. A nivel técnico, este paso del cine a la series no ha cambiado mucho, porque hemos rodado como si fuesen películas, ahorrando naturalmente un poco de tiempo y, por tanto, estando encima de los personajes de modo más cercano, más expeditivo, más sencillo, sin ningún abandono a lo «bello por lo bello». Esto no me ha ocurrido nunca en mi carrera, pero en este caso aún más, el hecho de ceñirme a lo esencial.

Marco Bellocchio (Izq.) y Fabrizio Gifuni (Der.) durante el junket de prensa de ‘Portobello’ en Roma.
El caso real que cuenta Portobello es una injusticia tan exagerada que si fuera inventada no te la creerías, ¿no?
Fabrizio Gifuni: Sí, la realidad de lo ocurrido, vista con distancia, parece que sea algo imposible pero para nosotros (Marco y yo) que ya tenemos una edad, aunque con algunos años de distancia, en la que recordamos el juicio que vivió Enzo Tortora, haciendo un esfuerzo por situarse en aquellos años mientras la cosa estaba sucediendo, todo era mucho menos obvio. Y, por tanto, más espantoso desde ese punto de vista. Yo escuchaba a menudo el juicio por la radio y recuerdo que al escucharlo, oyendo esas grandes parrafadas de los actores de la función, es decir, los fiscales, los abogados…
… El juicio parece directamente un show televisivo
F.G.: Más como una obra de teatro, quizás. Digamos que la sensación era que estaba más cerca del teatro, de una forma íntima, sobre todo de la tragedia propiamente dicha. No tenías inmediatamente la impresión de que alguien estuviera diciendo la verdad y alguien estuviera mintiendo. Después, afortunadamente, cuando llegó un juez que puso orden, hizo su trabajo, alineó todos los elementos y dijo: «pero si aquí nada se sostiene», una parte de Italia descubrió que nada era cierto, que era una injusticia macroscópica. Yluego está este dato más general, del cual hablamos a menudo también con Marco y del que hablamos durante la preparación de Portobello, que es precisamente algo que forma parte del ser humano: la materialización de una pesadilla, de un miedo a que alguien se te lleve.
Tú no has hecho nada, pero esto sucede. Sucede y seguirá sucediendo, aunque existan los mejores códigos de procedimiento penal del mundo; la materialización de la pesadilla, del error judicial, existirá siempre porque son las personas las que deciden y las personas pueden equivocarse. Allí (en el caso real de Enzo Tortora) no fue solo un error, un error fatal que puede ocurrir, sino que allí hubo casi una obsesión persecutoria, porque tenían miedo de que al quitar la carta de Tortora se derrumbara todo el proceso judicial. Esto ha ocurrido, y por tanto, como decía Primo Levi (sobre los campos de concentración), «si ha ocurrido, puede ocurrir de nuevo»: este es el núcleo de lo que queremos decir con la serie.

Enzo Tortora arrestado, en una escena de ‘Portobello’, que llega a HBO Max el 20 de febrero. | Crédito: Anna Camerlingo.
En el caso de Tortora, siendo tan famoso como fue, existe un doble juicio, el real y el del público que lo seguía y la serie lo retrata muy bien. En tiempos de redes sociales, ¿este doble juicio constante es algo que ha ido a más?
M.B.: Sí, está claro…el primer pensamiento me remite a Kafka; a Kafka en el sentido de que (en Portobello) existe el asombro de alguien que no imaginaba para nada que podía ser arrestado. Hay momentos históricos, por ejemplo pensemos en el fascismo o el nazismo, en los que muchas personas temían que una noche alguien llamara a su puerta y se los llevara porque eso sucedía regularmente. En cambio, en la historia de Enzo Tortora se juntan el asombro ante algo impensable y la agonía de ver cómo, pese a la verdad, se empeñan en no creerte.
Pienso precisamente en la palabra que ha usado Fabrizio, espantoso. Tú sientes espanto porque primero piensas «estos pueden condenarme» como hicieron en el primer juicio a Tortora; por tanto, un asombro y luego el espanto de que puedan seguir creyendo en estas falsedades y condenarte, como ocurrió, salvo que al final, como en este caso, llegue un juez normal, que solo cumple con su trabajo y uniendo todos los documentos y testimonios descubre que todo es falso.
Fabrizio, ¿Cómo has trabajado esta injusticia a nivel actoral? Si yo fuese Tortora estaría gritando como un loco, ¿cómo has trabajado esa manera tan estoica de vivir una injusticia tan palpable?
F.G.: Pues, siguiendo con estas sensaciones de las que estamos hablando aquí, como el espanto y el asombro, si lo piensas bien, es una de esas experiencias primarias que tienes al crecer. La primera vez en la que no te creen —no te creen tus padres, dicen que has robado, que has dicho una mentira y tú no la has dicho— es uno de los traumas infantiles más comunes porque es la primera vez que experimentas que alguien puede no creerte. Por tanto, esta cosa de la que hablaba Marco para mí fue muy importante cuando en el primer interrogatorio él se gira hacia el abogado y, como un niño, dice: «¿pero no se me lee en la cara?, ¿no está claro que soy inocente?».
Fabrizio Gifuni: «Al final no existen las personas totalmente antipáticas, también hay que buscar los ángulos oscuros y los ángulos de luz»
Así que esta dimensión del asombro en la primera fase y luego de la indignación, de la rabia, de la furia también, que le lleva a cometer errores porque en el primer juicio comete una serie de fallos claros pensando en parte que está todavía en Portobello (el programa de televisión).Que es él quien hace las preguntas, pero incluso eso es una prueba de su inocencia: él no era astuto, no sabía cómo, lo único que sabía hacer era de presentador.
Estos han sido un poco los muchos elementos, y luego estaba esta dificultad del carácter de una persona popularísima y que, sin embargo, a mucha gente le caía mal. Entonces, ¿cómo se representa esa antipatía, además en un personaje protagonista de una historia en la que no puedes ir totalmente en contra del público de principio a fin? Al final no existen las personas totalmente antipáticas, también hay que buscar los ángulos oscuros y los ángulos de luz.
Tanto Portobello como Esterno Notte tuvieron su premiere española en nuestro festival, Serielizados y la experiencia fue increíble, el público las gozó mucho en pantalla grande, así solo nos queda felicitarles por el buen trabajo en ambas y desearles mucha suerte con Portobello.
M.B.: Fantástico, ¡muchas gracias a vosotros!
F:G.: Gracias. Marco Bellocchio

