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Santiago Korovsky en 'División Palermo' | Fotografía: Tomás Francisco Cuesta/Netflix © 2023
Con motivo del estreno en Netflix de la segunda temporada de División Palermo, charlamos con su creador y protagonista, Santiago Korovsky, sobre los temas de la serie y su manera de entender el humor y la comedia en televisión. La serie, toda una revelación en Argentina, gira en torno a una patrulla de la guardia urbana formada por personas con discapacidad y pertenecientes a diversas minorías, reclutadas como una operación de marketing para mejorar la imagen policial.
Una comedia con toques de thriller que engrosa esa cada vez más extensa lista de series argentinas que consiguen traspasar fronteras. Korovsky se ríe con todos y de todo a través de una sátira social sin condescendencias disfrazada de humor absurdo. En esta entrevista, su creador y protagonista reflexiona sobre el origen del proyecto, la influencia de la serie, el desafío de construir humor coral, sus referentes y el momento actual de la ficción en su país.
¿Cuáles fueron los orígenes de División Palermo? De alguna manera, la serie empieza como una crítica a ese lavado de cara de ciertas instituciones que usan a las minorías como beneficio propio o, incluso, como ejercicio de marketing.
El punto de partida fue una imagen mental que generé de mí y de mis amigos como fuerzas de seguridad. Era una imagen que tenía algo de gracioso porque somos unos inútiles, y como policías lo seríamos aún más. Después pensé que hablar sobre las fuerzas de seguridad en esta época es polémico, por lo menos en nuestras sociedades. En Estados Unidos tienen una serie como Brooklyn Nine-Nine, pero allí tienen otro vínculo con la policía. Es verdad que a lo largo de sus temporadas han ido cambiando su mirada, pero en Latinoamérica es diferente. A partir de ahí, me pregunté cómo podría encarar este tema y pensé en un cuerpo de seguridad inclusivo que buscase mostrarse cercano con la gente. Y después decidí que fueran guardias urbanos en vez de policias, que era algo más inocente, y que siempre han sido los que han sufrido más bullying dentro de las fuerzas de seguridad. Así, incluímos una chica en silla de ruedas, una chica trans, un chico inmigrante… Y a partir de ahí empezó a salir esa premisa: ¿qué pasaría si fuese así? Después me di cuenta, claro, que necesitaba incluir colaboradores que nos ayudasen a escribir esta historia, porque yo puedo hacer humor desde mi perspectiva, pero había muchas cosas que yo no sabía. Así que me empapé de ese mundo, sumé colaboradores y los actores también aportaron mucho de sus respectivas realidades.
«Queríamos hacer un humor respetuoso, pero no en un sentido solemne. Nos queríamos reír con ellos del mismo modo que lo hacemos con nosotros mismos»
¿Hay una relación directa entre el equipo de guion y los propios actores a la hora de crear ciertos diálogos?
En la primera temporada empezamos con Lucre Gómez, una chica en silla de ruedas, como colaboradora. Ella nos iba contando sus historias de vida a mí y al equipo de guion, cómo reaccionaría ante tal situación, qué ideas le parecían más graciosas o absurdas, etc. Y nosotros íbamos apuntando y pensando qué podíamos incluir en la historia de todo aquello que nos contaba. Así le dábamos más verdad al personaje que interpreta Pilar Gamboa en la serie. Teníamos y seguimos teniendo también otras personas que nos ayudan. A partir de ahí, nos acercamos a los actores, les mostramos el guion y nos dicen si ciertas escenas o diálogos los harían de esta manera o de otra. Después hay un tercer elemento, que es que en el mismo rodaje van apareciendo cosas que vamos incluyendo.
Para esta segunda temporada, lo que hicimos fue juntarnos con muchos de los actores, tener charlas con ellos e incluir un montón de cosas. Y después, como siempre, pasarles el guion y preguntarles qué piensan. En esta temporada, por ejemplo, nos metemos de lleno en el mundo coreano, y con los actores hemos hecho lo mismo. No queríamos hacer nada ofensivo. Nos juntábamos con varios chicos de la comunidad, nos daban sus sensaciones, les leíamos el guion a los actores, les preguntábamos… Queríamos hacer un humor respetuoso, pero no en un sentido solemne. Nos queríamos reír con ellos del mismo modo que lo hacemos con nosotros mismos. No queremos generar esa sensación falsa de que las minorías o las personas con discapacidad son seres de luz, son guerreros, son impolutos, no tienen contradicciones… Hay que romper un poco esa idea infantilizante.

Santiago Korovsky con el resto del reparto de ‘División Palermo’. | Fotografía: Tomás Francisco Cuesta/Netflix © 2023
La serie no es una comedia negra, pero tampoco es una comedia amable. Creo que está en ese terreno en el que también se explora la sátira e incluso el slapstick.
Tiene humor de distintos estilos. Tiene humor Marca ACME y, a la vez, un tipo de comedia más pensada y que nos invita a reflexionar. Es básicamente lo que nos hace reír a nosotros. Nos gusta desde Agárralo como puedas hasta ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Y también poder hacer crítica social o un humor que nos ayude a pensar sobre el mundo que nos rodea. Y es básicamente eso lo que a nosotros nos hace reír. Usamos todo lo que podemos.
A lo mejor es un tópico, pero me da la impresión que jugáis también con ese humor argentino ‘de diván’, especialmente con el personaje que tú mismo interpretas en la serie. ¿Habéis partido de ese estereotipo para, a partir de ahí, moldear otra cosa? ¿Existe ese humor argentino?
El estereotipo, en realidad, no es que lo pensemos de manera intencionada. Es que yo soy el estereotipo: soy argentino y hago humor desde ahí. Partimos de ahí, de hacer humor de nosotros mismos y de lo que nos pasa. Y es desde ahí que se asocia al estereotipo. No es que piense: esto es humor argentino. Simplemente somos argentinos y hacemos humor. Después, obviamente, hay un montón de historia. Venimos de un país con un montón de historia en el humor. No es buscado, pero desde pequeño lo vas mamando. Desde Mafalda a Les Luthiers, hasta cosas más actuales como la serie de sketches Cualca, que es una referencia, o el programa Cha Cha Cha en su momento. Nos hemos criado con un montón de humoristas geniales y, entonces, es algo que uno va incorporando. Y también españoles, obviamente, sobre todo en el mundo audiovisual, como Álex de la Iglesia, que nos han mostrado también un camino.
«El timing coral en esta serie es muy difícil porque hay muchos actores, muchos que no son actores, otros que sí que son actores pero que no tienen tanta experiencia en audiovisual y sí en teatro… Cada persona viene con un lenguaje y hay que encontrar lo que le sirve a cada una»
Otro de los puntos fuertes de la serie es el trabajo con los actores y el timing cómico que se consigue. Por ejemplo, con Pilar Gamboa, que yo la tenía más ubicada por las películas de Mariano Llinás o por títulos más dramáticos como El incendio. O con Daniel Hendler, que está estupendo. O contigo mismo, en tus diferentes roles como creador y protagonista. ¿Cómo os enfrentáis a ese microcosmos coral?
En relación a lo coral, hay una primera cuestión que es el guion. Lo coral parte de tener a varios guionistas. Yo puedo hablar de mí. Y, de alguna manera, también soy un poco todos los personajes, porque uno se mete en todos los personajes cuando escribe. Pero necesito ayuda y, por suerte, he tenido a muy buenos guionistas en ambas temporadas, además de los colaboradores que te comentaba vinculados a minorías. Necesitábamos guionistas muy buenos para ayudar a pensar una cantidad de chistes por escena que a mí solo no se me ocurren. Y no solo chistes, sino formas de hablar y lenguajes diversos. En la primera temporada, uno de los guionistas, Ignacio Sánchez Mestre, que es pareja de Pilar Gamboa, me decía: “a veces haces que todos los personajes suenen igual, y hay que buscar cómo es el tono”. Después cada guionista tiene su tono. Por ejemplo, Martina López Robol, que es una gran guionista de la segunda temporada, es muy ocurrente, muy absurda. También está Martín Garabal, que tiene otras maneras. Y entre todos vamos amalgamando. Por suerte, en esta segunda temporada uno ya tiene el tono de los personajes, por lo menos de los principales.
Después hay una segunda cuestión que es el trabajo con los actores, el timing cómico. Si el gag no está bien actuado se muere instantáneamente. Y no solo si no está bien actuado: si quiero hacer un chiste tal cual lo pensé, me sale mal. Me pasa a veces porque soy medio cuadriculado y me cuesta fluir, pero tengo que soltarlo y no ir directo al chiste, darle la vuelta e improvisar un poco, porque si el gag se ve muy pensado tampoco funciona. El timing coral en esta serie es muy difícil porque hay muchos actores, muchos que no son actores, otros que sí que son actores pero que no tienen tanta experiencia en audiovisual y sí en teatro… Cada persona viene con un lenguaje y hay que encontrar lo que le sirve a cada una. No es lo mismo lo que yo le digo a Pilar Gamboa o a Daniel Hendler que la forma de acercarme a otros actores. Además, tampoco hay tanto tiempo de ensayo. Obviamente, nos sirvieron los ensayos y tuvimos coaches actorales, pero hay algo del timing del humor que tiene que ser muy preciso y que también se acaba encontrando en el montaje. Al final, es una mezcla de guion, puesta en escena, interpretación y montaje.

La 1ª y 2ª temporada de ‘División Palermo’ ya están disponibles al completo en Netflix.
Ya que comentas también la puesta en escena, ¿teníais algún referente al respecto, tanto de películas como de otras series, a la hora de cuadrar bien esos chistes?
No lo pensé tanto a nivel estético. Me gustaba que tuviese algo tanto de The Office como de Los intocables de Eliot Ness. Esa fue mi primera imagen de División Palermo. No tenía una referencia clara estéticamente, así como sí las tenía a nivel de humor. Te podría decir Barry, pero esa serie tiene otro presupuesto y además es más oscura y con un humor más seco. Yo me apoyé mucho en los codirectores: Rafael López Saubidet, que es el director de esta segunda temporada, y Diego Núñez Irigoyen. Ellos eran los que más me ayudaban junto con los directores de fotografía a plantear las escenas y, sobre todo, a que la serie se viese cinematográfica con los recursos y el tiempo que teníamos. Ese era para mí el gran desafío.
«Hemos ido incluyendo las nuevas cosas que nos van pasando cerca y, a la vez, hemos tratado de renovar el interés, pero manteniendo lo que nos había gustado de la primera temporada, sin abandonar a nuestros personajes»
En esta segunda temporada de División Palermo surge una nueva división y se juega mucho con la comedia de infiltrados. ¿Qué habéis añadido o cambiado en relación con la primera?
La primera temporada tiene mucho de sorpresa. Es una serie que, al principio, no entiendes muy bien el tono y después lo vas encontrando poco a poco. Tenía algo innovador y original y ya no podíamos contar con esa idea. La gente ya la había visto, partíamos de un lugar distinto y había que buscar otra forma de renovar. No me imagino División Palermo como una sitcom que siempre vuelve al status quo. Creo que es una serie que, en todo momento, tiene cosas que no te esperas, o por lo menos lo intenta. En esta temporada hablamos de los servicios de inteligencia de Argentina (o del mundo, porque a veces hablas de tu lugar y a la vez te estás refiriendo a muchos otros sitios) e incluimos nuevas minorías. En la primera temporada nos decían cosas en plan “no hay ningún sordo” o “no hay ninguna persona con autismo”. Hicimos lo que pudimos. Pero nos dieron ganas de ir a más en la inclusión de nuevas minorías, poder hablar de otras problemáticas y poder también incluir otros barrios. Hablamos también de otros temas de esta época en la que vivimos: hablamos de gentrificación, aparecen esas cafeterías de especialidad y hay unas pistolas taser que se traen desde Madrid. Hemos ido incluyendo las nuevas cosas que nos van pasando cerca y, a la vez, hemos tratado de renovar el interés, pero manteniendo lo que nos había gustado de la primera temporada, sin abandonar a nuestros personajes.
Estamos viviendo actualmente una especie de boom de la ficción argentina a nivel de series. Está el caso de División Palermo, el éxito también de El Eternauta, las series de Mariano Cohn y Gastón Duprat, etc. Son series que, en general, parten de lo local pero acaban siendo de alguna manera universales. ¿Crees que ese es el secreto?
Durante muchos años hemos tenido una muy buena producción generada desde los apoyos privados y estatales, y eso produce una cantidad de profesionales con mucha experiencia. Estamos viendo los frutos de eso, aunque lo estatal ahora no esté presente. Sobre lo local y lo universal, yo creo que es como esa frase de “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. No es que busquemos ser universales, ni un lenguaje globalizador ni cosas que se entiendan en todo el mundo. Hacemos chistes de lo que nos rodea, y hay cosas que van a llegar y otras cosas que se van a perder, pero es lo lindo de ver películas o series de otros países. Lo que también ha pasado, a diferencia de otras épocas, es que las plataformas nos han permitido llegar a lugares donde no llegábamos y darnos a conocer de otra manera. Y viceversa.

Santiago Korovsky en el set de ‘División Palermo’.
¿Cómo ves la situación actual en Argentina, con los cambios a nivel político, la nueva realidad del INCAA, etc.? ¿Qué crees que ha cambiado en la producción audiovisual?
Tengo muchos amigos que no están trabajando. Se ha frenado bastante la producción. Es un momento difícil para el sector, y las producciones hoy por hoy dependen básicamente de las plataformas y de lo privado. Es una situación compleja y bastante difícil que ojalá cambie pronto. En Argentina hay mucho talento y sería una pena que se desarmara todo ese historial que te comentaba de profesionales muy buenos vinculados al sector. Mucha gente está empezando a trabajar en otras cosas, desde conducir Ubers hasta lo que sea. Te hablo de gente cercana: amigos actores, responsables de vestuario y demás. Ojalá se entienda que el cine no es un gasto, como se ve a veces, sino una inversión. División Palermo parte de alguna manera de un apoyo, aunque sea pequeño, del INCAA porque empezó con un concurso de webseries que nos permitió hacer un video de dos minutos, y ese video de dos minutos nos permitió llevar después el proyecto a una productora. La serie partió de esa pequeña semilla, y si no hubiese sido por eso probablemente no hubiese llegado a lo que es ahora. Me gustaría que otros sigan teniendo esa oportunidad. División Palermo es un ejemplo de algo que después ha generado ingresos en el país. Espero, pues, que las cosas mejoren.
Por último, solemos preguntar a nuestros entrevistados por sus series favoritas. ¿Me podrías decir tus tres series favoritas?
Better Call Saul es una serie que me encanta. Y hace poco estuve viendo muy buenas producciones españolas que me sorprendieron: me encantó La Mesías y también me gustó mucho Los años nuevos. Obviamente, The Office también me encanta. A mi me gusta más la versión inglesa porque es la primera que vi. Si ves una, después la otra te parece la copia. Y también pasa al revés si ves primero la norteamericana. El Eternauta también me gustó. Es difícil nombrar series porque su consumo es un poco más del momento. A veces te olvidas un poco más rápido con las series que con las películas. Succession me pareció que tenía muy buenos momentos. Los Soprano también me gustó mucho. Y se me pueden ocurrir muchas más. Te dije más de tres. No cumplí la consigna, perdón.

