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Alan Ball en el Serielizados 2025 | Fotografía: Xavi Bacchetta
Con motivo de su visita al Serielizados 2025, charlamos con Alan Ball, creador de A dos metros bajo tierra y True Blood, sobre una trayectoria marcada por el riesgo creativo y la incomodidad como motor narrativo. Guionista clave del prestigio televisivo de principios de los 2000, Ball recuerda el momento en que, tras ganar el Óscar por American Beauty, decidió —casi por obligación y por intuición— volcarse en la televisión, justo cuando HBO empezaba a redefinir lo que el medio podía ser.
En la conversación, Ball repasa el origen de A dos metros bajo tierra, nacida a partir de una idea mínima que él transformó en un retrato íntimo sobre la muerte, la familia y la identidad.
Con la lucidez y franqueza que caracterizan su discurso, Ball mira al presente televisivo con escepticismo: critica la obsesión de la industria con los reboots y explica por qué ha decidido alejarse de la televisión para explorar otros formatos.
Me gustaría empezar por el momento entre American Beauty y A dos metros bajo tierra. Ganaste el Óscar a mejor guión por American Beauty y después decidiste hacer una serie de televisión en lugar de otra película. Me gustaría saber por qué. ¿Tuvo algo que ver con el inicio de la edad dorada de la televisión?
La verdad es que había firmado un contrato de desarrollo televisivo de tres años con una productora. Escribí para ellos una sitcom que fracasó, más o menos al mismo tiempo que se estrenó American Beauty. American Beauty triunfó, pero a mi todavía me quedaban dos años de ese contrato por delante, y ya había cobrado los cheques.
«Las sitcoms son divertidas, entretenidas, escapistas…pero no van de nada especialmente profundo»
O sea que tenías que hacerlo si o si…
Efectivamente. No quería ser la persona que no cumple sus compromisos. Además, fue justo en ese momento cuando Los Soprano empezó a emitirse en HBO, y me entusiasmaba la idea de en qué podía convertirse la televisión. Y justo en ese momento yo sabía que HBO quería hacer una serie sobre una funeraria familiar, porque había tenido una reunión con ellos y me habían planteado esa idea. Así que simplemente la escribí. Me senté y escribí el piloto de A dos metros bajo tierra, lo entregué, les gustó y –por suerte– decidieron darle luz verde.
¿La idea inicial fue tuya? o ellos te dijeron: “queremos una ficción sobre una familia que trabaja en una funeraria”, ¿y tú hiciste el resto?
Fue exactamente eso. Ellos me propusieron «una serie sobre una funeraria gestionada por una familia», pero los personajes, el escenario, la trama, y todo lo demás fue cosa mía. Salió de mí.

Alan Ball en el Serielizados 2025 | Fotografía: Xavi Bacchetta
Empezaste haciendo sitcoms (aquí la más conocida fue la de Cybill Shepherd), ¿qué aprendiste haciendo ese tipo de series? ¿Te gustaba?
No lo disfruté, la verdad. Pero aprendí mucho sobre tener disciplina. Aprendí la importancia de que una escena conduzca de forma lógica a la siguiente, porque al final lo que quieres (como guionista) es crear una serie en la que realmente no puedas cortar ninguna escena porque es intrínseca a la historia, a la trama. Escribir para una sitcom era un gran trabajo en muchos sentidos, porque te pagaban por sentarte en el fondo de una sala y hacer comentarios ingeniosos y proponer chistes. Pero con el tiempo fui ascendiendo y acabé teniendo que liderar la serie, y eso me cargó. No cambiaría esos años de mi vida porque aprendí mucho, pero no quiero volver a ello. Las sitcoms son divertidas, entretenidas, escapistas…pero no van de nada especialmente profundo. Empezaban a parecerme triviales.
Quizás haber trabajado en comedia te ayudó a construir la parte más cómica de A dos metros bajo tierra...
El sentido del humor siempre ha sido parte de cómo sobrevivo en el mundo. Pero sí, desde luego que trabajar escribiendo comedia lo afinó. Me volví más consciente de los chistes, de cómo hacer que algo resulte gracioso y de cómo construir el ritmo del humor.
«Me alegra mucho que la gente respondiera como lo hizo al final de ‘A dos metros bajo tierra'»
Recuerdo perfectamente ver A dos metros bajo tierra hace 20 años –yo tenía 20 por aquel entonces– y, como persona queer, me impactó mucho la representación de la homosexualidad porque era algo que nunca había visto antes en televisión. ¿Cómo abordaste eso?
Simplemente abordé a David y Keith como personajes. Eran como cualquier otro personaje. De la misma forma que íbamos a ver a Nate y Brenda en la cama, también íbamos a ver a Keith y David en la cama, porque son humanos y seres sexuales, y así es cómo funcionan las cosas. Al principio de la serie, el arco de David tenía que mucho que ver con salir del armario consigo mismo. Pero una vez superado eso, pasó a ser simplemente una exploración del personaje, de su relación, de la dinámica entre dos hombres –en lugar de entre un hombre y una mujer–, y cómo convivían esos personajes con sus defectos y carencias.
Cada vez que hablo con amigos sobre A dos metros bajo tierra, siempre acabamos comentando su final. ¿Eras consciente del impacto que iba a tener?
No lo sabía, la verdad. No pensé en cómo sería recibido. Pensé en cuál era la forma más orgánica de terminar la serie. Recuerdo haberme emocionado durante el rodaje, montándolo, y recuerdo llorar cuando lo escribía. Pero nunca pensé en la recepción, porque eso puede ser una trampa, ya que entonces empiezas a escribir buscando un determinado efecto en la audiencia, en vez de ser completamente fiel a lo que la historia necesita. Aun así, me alegra mucho que la gente respondiera como lo hizo.

Alan Ball en el set de ‘A dos metros bajo tierra’.
Después de A dos metros bajo tierra, sorprendiste al público con True Blood. ¿La intención era el comentario social o más bien la estética camp?
True Blood está basada en una serie de novelas. Las leí y me parecieron muy divertidas. El objetivo principal era entretener, el comentario social era secundario. Era divertido representar la división política y el cambio social a través del prisma de los vampiros. Pero, sobre todo, era diversión. Después de A dos metros bajo tierra, quería hacer algo más divertido y escapista.
«Es muy frustrante la industria televisiva ahora mismo»
Hubo informaciones sobre un posible reboot de True Blood. ¿Contaron contigo? ¿Te lo comunicaron antes?
Bueno, por lo que tengo entendido, el proyecto sigue adelante. Por obligaciones contractuales, tenían que ofrecérmelo a mi primero, pero lo rechacé. No quiero repetirme. Probablemente sea mejor que alguien nuevo haga algo diferente y fresco. Mi reacción fue un poco: “¿en serio vais a hacer un reboot de eso? ¿Por qué no hacéis una serie original?”. Es muy frustrante la industria televisiva ahora mismo…pero en Estados Unidos todo lo que quieren son reboots, secuelas, precuelas y spin-offs. Me resulta desesperante su obsesión con los reboots. Pero es lo que les funciona.
Me gustaría preguntarte por Banshee y tu papel como productor. ¿Qué te interesó de la serie?
Jonathan Tropper, que es el creador de la serie, se la presentó a mi productora, y fue el mejor pitch que he escuchado nunca. La llevamos a HBO —en aquel momento Cinemax, que formaba parte de HBO— y la aprobaron. Pero mi implicación fue mínima. Ayudé un poco en el casting, y otro poco en decidir dónde rodarla… pero después de eso tan solo me limité a dar notas sobre los guiones y los montajes. Mi aportación fue mínima, todo fue cosa de Jonathan. Creó una gran serie.

Alan Ball en el Serielizados 2025 | Fotografía: Xavi Bacchetta
Y sobre Here and Now, ¿por qué crees que no conectó con el público como lo hizo A dos metros bajo tierra?
No estoy del todo seguro. Creo que quizá el hecho de que fuera a la vez un drama familiar y una especie de serie de misterio «místico». Tal vez intentaba ser demasiado ambas cosas al mismo tiempo. Puede que algunas personas sintieran que era demasiado “woke” en su apuesta por el multiculturalismo. No lo sé. A mí me gustaba, me parecía una buena serie, y disfruté viéndola. Fue muy decepcionante que no siguiera adelante. Pero son cosas que pasan.
Por último, ¿cómo ves el estado actual de la industria televisiva en Estados Unidos?
Me resulta muy frustrante. Para empezar, la forma en que todas las compañías se están comprando entre sí, consolidándose y convirtiéndose en enormes conglomerados… Hay demasiada consolidación y demasiada interferencia. Solo les interesan cosas que se parezcan a éxitos anteriores. Tienden a alejarse de lo que resulta nuevo y refrescante, y dicen cosas cómo: “nos encanta, está muy bien escrito, pero no es lo que estamos buscando ahora mismo”. Por eso me he alejado de la televisión y estoy escribiendo un libro. He adaptado a novela una serie que nadie quiso comprar. Y me he dado cuenta que escribiendo no necesito permiso, ni tengo a un grupo de diez personas mirando y opinando sobre mis decisiones. Ha sido muy estimulante creativamente. Me ha sacado de mi zona de confort, me ha llevado a un nuevo medio, y estoy disfrutando mucho trabajando en ello ahora mismo.

