Crítica final de 'El libro de Boba Fett': El placer de tener un enemigo
'El libro de Boba Fett' (1x07)

El placer de tener un enemigo

Este es el final del camino para 'El libro de Boba Fett'. Un último episodio que consigue ser todo lo quería ser la serie, a pesar de su titubeante desarrollo.

Boba Fett consigue retormar la riendas de su serie, gracias en parte, a la aparición de un buen enemigo.

Nivel de spoilers: Alto

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¿De qué trata?: Boba Fett (Temuera Morrison) y Fennec Shand (Ming-Na Wen) se enfrentan a un conflicto cada vez mayor.

Tras ‘En el nombre del honor’, queda resuelta, con sus siete episodios en total, la andadura de Boba Fett en el rincón televisivo de Star Wars. Una andadura que, a la postre, y como íbamos presenciando, sirve para reorientar totalmente al personaje y darle una vida distinta a la que tenía. El honor y la lealtad se coronan como valores férreos que quiere defender Boba Fett a toda costa. Valores de los que practicamente cadecía durante su existosa carrera como cazarrecompensas.

Al fin y al cabo la suya era una línea laboral que requería desposeerse de toda afinidad y lealtad, sirviendo a la causa que pagara más en cada momento. Si algún sentimiento marcó la carrera de Boba Fett fue el de venganza al presenciar, de pequeño, la decapitación de su padre Jango Fett.

Pero este Boba de El libro de Boba Fett termina la serie sabiendo reprimir sus ansias de venganza, como demuestra el primer duelo con Cad Bane, cuando éste le menciona la terrible matanza de su tribu tusken adoptiva. Los dos tienen un pasado común como miembros del gremio de cazarrecompensas y a ambos, la reputación les precede. Sin embargo, en ese primer duelo entre ambos, a Cad Bane le parece obvio que Boba es distinto, más blando, según él. En cambio para Boba, ablandarse es parte de la evolución, algo que «sucede a todos» y que en su caso, lleva implícito todo un camino de aprendizaje.

Te has vuelto blando con la edad

Boba Fett ha cambiado. Y aunque es tentador llorar eso de «¡nos lo han cambiado!» lo cierto es que, si nos ceñimos al canon oficial, el personaje era tan mínimo que cualquier evolución parecería una traición para aquellos fans que llevaban años imaginando sus posibles aventuras. Imaginar es genial pero en última instancia son los creadores y creadoras los que se llevan el premio de jugar con estos personajes. Y sus decisiones, gusten o no, son las que marcarán el devenir canónico de la galería de personajes de Star Wars con los que hemos crecido como espectadores.

Ante una trama que se podía contar en cuatro episodios, los responsables de la serie no han dudado en dejar que sean otros personajes populares los que le «secuestren» la serie al protagonista.

Por eso funcionó tan bien The Mandalorian, pues partía de una tabula rasa con la que era difícil decepcionar. Y al contrario le pasó a las secuelas fílmicas, que tuvieron que partir de un nivel de anticipación enorme y gestionar el legado de los principales personajes originales. Y por descontado, eso también lo sufrió George Lucas con sus precuelas: paradigma máximo de la disociación que se puede causar entre los actos del creador de un producto así y los fans devotos del mismo. En otras palabras, la experiencia con las precuelas sacaban a relucir un dilema mayor e importante, ¿Star Wars era de George Lucas o era de los fans?

Con la venta de Lucasfilm parece que se encontró un término medio como solución a esa duda existencial que dolía entre el fandom. Pues con la llegada de Disney, una corporación tan orientada a su público, era fácil pensar que las decisiones creativas irían gravitando en función de la respuesta del público. Habría menos riesgo y más servicio al fan. Y, salvo contadas excepciones, en parte así ha sido.

El libro de Boba Fett es un claro ejemplo de esta fricción entre creación propia y servicio al fan. Algo que también vivimos los espectadores, pues por mucho que flipemos cuando vuelven, por ejemplo, Luke Skywalker, Grogu o Din Djarin, en el fondo sabemos que estamos renunciando a plantearnos si su presencia ha estado al servicio de la historia o de los fans. Y sobre todo, hasta qué punto las nuevas historias que se cuenten en este universo actual de Star Wars, estarán subordinadas al deseo de complacer al público.

Cad Bane ha sacado a relucir lo mejor de Boba Fett.

Con los siete episodios de El libro de Boba Fett se ha hecho evidente que, ante una trama que se podía contar en cuatro episodios, los responsables de la serie no han dudado en dejar que sean otros personajes populares los que le «secuestren» la serie al protagonista. Que los dos episodios anteriores, sin apenas presencia de Boba Fett, hayan sido los mejores habla por sí solo. Lo importante es llegar a la conclusión sobre si esa decisión ha sido puro servicio a los fans o también ha servido un propósito creativo. Y si es esto último, ¿a quién ha beneficiado?

Mi respuesta ahora mismo es que sí, lo que hemos visto estas últimas dos semanas ha sido un ejercicio de servicio a los fans muy descarado. Pero que a la vez, éste ha tenido unas intenciones creativas muy claras y orgánicas que, no obstante, no han beneficiado a El libro de Boba Fett. Los beneficios argumentales de esta operación, si se quiere, los gozarán otras series, sea la tercera temporada de The Mandalorian, la próxima Ahsoka o cualquier otra serie futura que se anuncie.

Ante un némesis con una historia común que le sirva de contrapunto, Boba Fett sí puede llegar a elevarse a la categoría de protagonista

Eso sí, a mi entender, lo que hemos visto en El libro de Boba Fett solo se aplicará en esas series del duo Dave Filoni-Jon Favreau que, por ahora, se están centrando en el rincón temporal inmediatamente posterior a El retorno del Jedi. Pues parece que tienen la clara idea de ir enhebrando una red de series interconectadas, situadas durante este periodo.

Otros periodos, como el que explorará Obi Wan KenobiAndor, por citar dos de las más inminentes, creo, no se verán afectadas por lo que aquí ocurra. Con toda esta dualidad a cuestas, y sin querer menospreciar a unos creadores a los que admiro, tengo la sensación que por muy orgánica que sea su evolución, en los power rankings de Star Wars, Boba Fett sale malparado de su propia serie. Herido en popularidad. Pues si algo ha fomentado El libro de Boba Fett son las ganas de volver The Mandalorian o a explorar las aventuras de Ahsoka Tano, el resto de mandalorianos extraviados o observar cómo se las arregla un digitalmente rejuvenecido Luke Skywalker.

Esto es la guerra, esto sí es ‘El libro de Boba Fett’

Y todo esto ocurre a pesar de haber visto el que finalmente sea el mejor episodio de la serie. De la serie propiamente titulada El libro de Boba Fett. Dirigido por Robert Rodriguez, que ha sido el alma espiritual de este spin-off, ‘En el nombre del honor’ es todo lo que se suponía que debía ser la serie. Todo lo que aspiraba a ser y que le ha costado tanto mantener con seguridad y aplomo.

Aquella premisa de una película de gángsters llevada al mundo de Star Wars se cumple al fin, tras interrumpir demasiadas veces la trama. La tan anunciada guerra contra el Sindicato Pyke ha llegado. Y con ella, las traiciones de las facciones criminales, las muertes de personajes –pobrecitos guardias gamorreanos–, los duelos entre enemigos de largo recorrido y la recompensa final para un Boba Fett que, al fin, consigue ser el cabeza de familia que quiere ser. La satisfacción del protagonista cuando termina el episodio y recibe el carió de la gente de Tatooine, que lo encumbra en nuevo héroe salvador, parece ser también la satisfacción de la propia serie, contenta, al fin, de haber encontrado su propio camino.

No sufráis, parece que Max Rebo no estaba el día del atentado en el local de Garsa Fwip.

Para llegar a ese momento de realización, ha pasado una hora plagada de acción y momentos culminantes. De la aparición de «Mando» a la llegada oportuna de la guarnición procedente de FreeTown. Desde los abasalladores droides de los Pyke – que recuerdan a esos droides con burbuja-escudo que utilizaba la Federación en La amenaza Fantasma– hasta el vuelta del Rancor de Boba quien, como si de King Kong se tratara, ejerce de fuerza del caos jugando para el Team Boba. Un reguero de escenas de acción, una tras otra, que satisfacen al espectador y contribuyen a que la serie remonte y acabe con buena nota.

Su elección nos deja más claro cuál será la evolución de la tercera temporada de ‘The Mandalorian’ y que para Disney, ahora mismo, Grogu debe ser inseparable de Din.

La épica de esta batalla de David contra Goliath termina con los Pyke retirándose y siendo asesinados letalmente en su feudo por una silenciosa Fennec Shand que, tras mucho tiemppo desdibujada como personaje, encuentra aquí su momento para brillar. Para colmo, el gran recurso de los Pyke para luchar contra Boba Fett, Cad Bane, también sucumbe en el duelo final. Ahí sí que es donde la historia de Boba Fett cobra todo el sentido del mundo.

Ante un némesis con una historia común –parte de ella vista en la serie de animación Las Guerras Clon– que le sirva de contrapunto, Boba Fett sí puede llegar a elevarse a la categoría de protagonista. ¡Qué bien siente tener un enemigo¡ Cad Bane conoce sus debilidades y está a punto de acabar con él. Y lo podría haber hecho perfectamente pero Boba se guarda el último golpe con su Gaderffi. El arma de los tusken que elaboró con sus propias manos tras el ritual que vimos. Un símbolo de la unión que tiene con los tusken, de su travesía en el desierto y de su última transformación personal. Que sea precisamente un Gaderffi el arma triunfal de Fett indica visualmente el motivo de la serie.

Grogu elegido ha

Para ir terminando, no nos podemos olvidar del otro invitado de excepción a la batalla final de este episodio, Grogu. El capítulo anterior cortó justo cuando Luke le planteaba una decisión transcendental: ser un mandaloriano o ser un jedi. Si quería seguir aprendiendo el camino de la fuerza, Luke invitaba a Grogu, más o menos, a olvidarse de Din Djarin y cortar cualquier vínculo afectivo con él. Una postura que dejaba claro que Luke, pese a querer empezar una nueva orden Jedi, mantenía la férrea doctrina de la orden que que le precedió.

Cuando llega a Tatooine el viejo X-Wing de Luke con R2D2 a bordo la respuesta a esa pregunta empieza a responderse sola. De ahí sale el pequeño Grogu, exultante porque ser reunirá con su querido padre adoptivo mandaloriano. Grogu ya ha elegido y al contrario de lo que todo parecía indicar cuando terminó la segunda temporada de The Mandalorian, no se convertirá en un Jedi. El tiempo que ha estado con Luke ha servido para que el pequeño tenga claro que todo lo relacionado con los Jedi le trae malos recuerdos. Por contra, desde que ha estado con Din, ha vivido aventuras, ha viajado a grandes velocidades –esa última escena del capítulo– y ha conocido a múltiples personas. Pero sobre todo, se ha sentido seguro.

Grogu durante su (ahora breve) entrenamiento con Luke.

Su elección nos deja más claro cuál será la evolución de la tercera temporada de The Mandalorian y que para Disney, ahora mismo, Grogu debe ser inseparable de Din. Ahí han decidido que radica la fuerza de ambos personajes. Y es comprensible. El duo que han formado ha conseguido revitalizar la saga con dos personajes que descienden «en apariencia» de símbolos del pasado (Boba Fett y Yoda) pero que representan la frescura de la novedad. Y eso es impagable. 

De paso, la elección de Grogu despeja una de las incógnitas que generó su marcha con Luke. Si Grogu se convertía en su primer padawan, ¿dónde diablos estaba Grogu durante los hechos de las secuelas? ¿Murió cuando la nueva academia fue atacada por Kylo Ren y el espíritu de Palpatine?

La idea de pensar que moría ya era demasiado triste pero aún más triste si cabe, era darse cuenta que una gran idea como la creación de Grogu, en cierta forma, contradecía a posteriori el canon creado por la secuelas. Con la cual, nada más inteligente que apartar a Grogu de ese camino destinado a ir contradiciendo y reescribiendo lo ocurrido previamente, para centrarse en otra línea argumental para el nuevo icono de la saga.

Al fin y al cabo, que Grogu elija ser un Mandaloriano no le inhibe de utilizar la fuerza, como vemos en dos momentos clave de la batalla final de El libro de Boba Fett dos momentazos, por cierto–. Y eso significa que las posibilidades para el futuro de Grogu ahora mismo están abiertas de par en par. Como Mandaloriano capaz de usar la fuerza puede representar una fusión de ambos credos, hasta el punto de llegar a ser un tipo de personaje único. Y empezar una nueva manera de ser Jedi, al estilo de Ahsoka Tano, que renunció a la orden clásica. Puede que así en el futuro Grogu se convierta en el timonel de las historas galácticas para los tiempos venideros. Al fin y al cabo es un bebé y su raza tiene una esperanza de vida de 900 años. 

Anotaciones galácticas

  • Hablemos de la escena post-créditos. En ella vemos el tanque Bacta de Boba y una figura en él. Poco a poco apreciamos que se trata de Cobb Vance (Timothy Olyphant), al que se ha dado por muerto durante el episodio. La escena acaba antes de que la serie tenga la tentación de hacerle un flashback al estilo Boba. Pero en ella recuperamos al personaje del Modificador que vimos en el episodio cuatro. Parece que a Vance le harán una buena modificación y volverá distinto, más poderoso quizás. Y también más importante, pues darle toda una escena post-créditos así parece indicar que Lucasfilm se toma en serio el personaje y lo quiere explorar más.
  • Para terminar, volvemos al gran Ludwig Göranson que sorprendre en los títulos finales, poniendo letra al tema principal de El libro de Boba Fett y el resultado es magnífico. «Feeett…Bobaaa Feeeett».



Escrito por Guillem F. Marí en febrero 2022.

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