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Viernes 13 (Sean S. Cunningham), una de las más descaradas y embrutecidas falsificaciones de La noche de Halloween (John Carpenter, 1978), obtiene, en el momento de su estreno, un importante éxito comercial. Este triunfo popular-económico provoca inmediatamente la aparición de una oleada imparable de imitaciones y el comienzo de una saga cada vez más mediocre, recorrida por ese fantasmal McGuffin de la primera entrega, convertido en un bruto asesino. Efectivamente, en la película de 1980, el enmascarado Jason Voorhees no es el responsable de los asesinatos en el campamento de verano. Pamela, su madre, a quien interpreta una desquiciada Betsy Palmer, es la autora de unos crímenes sangrientos motivados por su deseo de venganza tras la muerte de su hijo en el lago del espacio de recreo.
Casi cincuenta años después del estreno en salas del film inaugural, llega una precuela en forma de serie, puesta en marcha por A24 —la productora de la reciente Backrooms (Kane Parsons, 2026) y de obras de Ari Aster o Robert Eggers— a partir de una reconsideración estimulante del mito a cargo de Brad Caleb Kane —uno de los responsables de It: Bienvenidos a Derry (2025)—. En ella se explican los hechos que rodean la trágica imagen del ahogamiento del pequeño Jason, ocurrido unos años antes de los acontecimientos relatados por Cunningham y el guionista Victor Miller. En otras palabras, se retrocede al origen del horror a fin de aclararlo y precisar sus estructuras, devolviendo o entregando nuevos significados al personaje que, a fin de cuentas, siempre fue fundamental en el espíritu de la franquicia, a pesar de su ausencia: Pamela Voorhees, la madre del monstruo.
Crystal Lake es un modélico ejemplo de cómo abordar y gestionar hoy la creación de un moderno apéndice a un largo relato previo
No es la primera vez que, en estos tiempos de la cultura y el arte tan marcados por el amontonamiento desordenado e interesado de imágenes nostálgicas, se regresa a una colección conocida con el propósito de añadir nuevos capítulos bajo la apariencia de preludios o antecedentes. Sin embargo, por lo general, la aparición de estos productos y su inmediata conexión con el objeto original suelen provocar más bien confusión y contradicciones evidentes que entorpecen su lectura posterior.
Sobre el papel, un proyecto como el de Crystal Lake —manifiestamente crematístico, sobre todo si se tiene en cuenta el tiempo transcurrido desde el estreno de la última entrega de la rentable franquicia— parece condenado, sin lugar a dudas, a caer en todos los errores de este tipo de operación coyuntural. Sin embargo, no es así. De hecho, resulta, en suma, un modélico ejemplo de cómo abordar y gestionar hoy la creación de un moderno apéndice a un largo relato previo.

Linda Cardellini es Pamela Voorhees en ‘Crystal Lake’.
El enfoque de la serie es obvio: sobre la base de esa imagen violenta que abre el primer film y del recuerdo del drama del pequeño Jason en el lago como catalizador del inminente horror, se desarrolla, a lo largo de ocho capítulos, la revisión de la historia y su expansión. A fin de cuentas, Crystal Lake —el nombre de la localidad en que se desarrolla la acción— no está, en cuanto a sus intenciones dramáticas, demasiado lejos de esa nueva lectura de Carrie entregada por Mike Flanagan en las últimas semanas. Más allá de la revisión de la historia, la apuesta de Brad Caleb Kane y A24 se dirige hacia una reevaluación de todo un mito, y este es uno de sus principales aciertos.
La precuela de Viernes 13 funciona a dos niveles: por una parte, inspecciona su procedencia y vuelve a valorarla con el objeto de reforzar lo mejor posible el conjunto; por otra, arregla muchos problemas y descuidos, tapa huecos y esclarece constatados caprichos de la línea argumental. Así, replantea la energía de las fuentes —a veces de manera radical— y, al recibir potencias de otras categorías audiovisuales, presta asistencia a la coherencia de una tradición sobradamente destartalada. Lo más relevante de esta acción de cirugía profunda es que, a pesar de todas las variaciones planteadas y del crecimiento de las líneas argumentales, la serie es, en esencia, fiel, incluso conmovedoramente, a la sustancia distintiva de las películas. Así se aprecia, por ejemplo, en el capítulo 6, que representa, desde luego, con su hacinamiento de tomas de asesinatos sanguinarios, una verdadera continuación del ánimo original.
La serie de A24 es una auténtica sorpresa. Sin demasiadas dificultades, acabando con la inmediatez salvaje, se convierte en la entrega más distinguida de la saga
Crystal Lake actúa a partir de una necesaria extensión del asunto Voorhees. Para ello, ahonda en la biografía de Pamela —a quien interpreta una fantástica Linda Cardellini— y, además de reorganizar el firmamento conocido del terror y reacondicionar en el presente algunos mecanismos del pasado slasher, rastrea la posibilidad de introducir nuevos componentes. Así, alrededor del hecho primordial, surgen complementos estimables, como esa amiga adolescente de Jason, Grace, que al final ocupa un lugar vital en el juego, o ese buen jefe de policía románticamente encaprichado de la protagonista. Todo esto, lógicamente, ocasiona la incorporación continuada de cierta divagación textual. Aun así, este hipotético contratiempo acaba convirtiéndose en un recurso eficaz para cartografiar, física y emocionalmente, un escenario complejo en un momento particular —los comienzos de los años setenta—, con la finalidad de fundar —o, mejor dicho, reconstituir— el mapa futuro de la saga.
De todas maneras, la alteración más notable y revolucionaria aparece en el séptimo capítulo. Cerca del desenlace, transformándola en una panorámica cínica sobre el American Way of Life, los responsables de la serie deciden conducirla hacia el territorio de la ciencia ficción paranoica característica de la Guerra Fría para explicar, por lo menos de algún modo, el auténtico origen de Jason y justificar, a continuación y fuera de plano, determinadas resoluciones arbitrarias de la propuesta cinematográfica anterior.

‘Crystal Lake’ está disponible en HBO Max.
No es la primera vez que Crystal Lake recoge el ímpetu de una categoría externa, pero esta es, sin duda, la incursión más crucial. Antes deja intervenir sobre la imagen a los sistemas del melodrama familiar o quizá a los del thriller conspiranoico, sin olvidar, por supuesto, algún vestigio sociológico o político. Ahora bien, la irrupción de la ciencia ficción, concretamente en su vertiente de demencia nuclear, lo cambia todo y sitúa la serie en una zona inexplorada que, además, no entra realmente en contradicción con la anterior; al revés, la revitaliza y, al asumir el enfoque explicativo, la dota de motivación.
¿Hay que replantear plenamente el conjunto desarrollado durante casi tres décadas o, la serie inaugura una vía alternativa mediante la definición de un posible multiverso Voorhees?
La serie de A24 es una auténtica sorpresa. Sin demasiadas dificultades, acabando con la inmediatez salvaje, se convierte en la entrega más distinguida de la saga iniciada por Cunningham y Miller, a quienes, por cierto, se rinde homenaje una y otra vez, al igual que a Steve Miner, responsable de la realización del segundo film en 1981. Todo ello se articula mediante el despliegue de un aparato formal robusto y entusiasta, que destaca por una imagen mestiza, formada por alusiones personalizadas a tomas singulares de las películas —casi comprobaciones de su comportamiento actual— y por extrañas vistas de un desequilibrio personal y general camuflado.
El buen funcionamiento de Crystal Lake deja, no obstante, varios interrogantes decisivos con respecto al futuro y a su unión natural con todo el material anterior. ¿Qué ocurre ahora con Jason y su representación cinematográfica tradicional? ¿Hay que replantear plenamente el conjunto desarrollado durante casi tres décadas o, en cambio, la serie inaugura una vía independiente y alternativa mediante la definición de un posible multiverso Voorhees? Puede que en ese acto de cierre en el bosque del último capítulo se encuentren algunas de las posibles respuestas. ¿Acaso ahí desaparece el monstruo del pasado y, con el asesinato simbólico de sus padres creadores, nace el de A24?

