Crítica 'La muerte de Bunny Munro': Renovación, vacío y mirada
Crítica de la serie

‘La muerte de Bunny Munro’: Renovación, vacío y mirada

En 2006, Nick Cave escribió una controvertida novela llamada La muerte de Bunny Munro. Veinte años después, Isabella Eklöf —directora de Kalak (2023)— y Pete Jackson —guionista de Somewhere Boy (2022)— la han convertido en una serie para SkyShowtime, limando sus aristas más punzantes y convirtiendo la palabra escrita en puesta en escena.

Bunny (Matt Smith) es un vendedor de cosmética a domicilio obsesionado con el sexo, que aprovecha sus jornadas de trabajo para persuadir a las mujeres de su entorno a acostarse con él. En una húmeda habitación de hotel, recibe una llamada de Libby (Sarah Greene), su esposa, que —consternada por el incendio del muelle de Brighton— le suplica que regrese a casa. Sin embargo, Bunny está pasando la noche con una prostituta y finge estar lejos de su hogar para evadir la demanda de su mujer.

A la mañana siguiente, vuelve a su casa, donde se reencuentra con su hijo Bunny Junior (Rafael Mathé, un prometedor actor de nueve años) y descubre que Libby se ha quitado la vida. En el funeral, Bunny fracasa al intentar convencer a su suegra (Lindsay Duncan) de que se haga cargo del niño y, frustrado por su negativa, se burla de la discapacidad física de su suegro paralítico.

La serie respeta el espíritu de la novela, aunque suaviza o elide algunas de las escenas originales en favor de un visionado más amable

Tras el funeral, Bunny organiza una fiesta —con consumo de cocaína incluido— en la misma casa en la que se encuentra su hijo. Al día siguiente, dos trabajadoras de servicios sociales acuden al domicilio, dispuestas a separar a Bunny Jr. de su padre. No obstante, ambos logran escapar de ellas y emprenden una huida por carretera, en la que Bunny intenta transmitir sus conocimientos al niño. Mientras visita los hogares de distintas mujeres, su hijo espera en el coche para no interferir en sus relaciones sexuales. Además de abandonar al menor, Bunny lo arrastra a lugares inapropiados para su edad, lo involucra en situaciones peligrosas y descuida el tratamiento de la enfermedad ocular que padece.

A medida que el niño empieza a tomar consciencia de su situación, su padre se hunde cada vez más en su mala conducta, emprendiendo un descenso al infierno en el que el pasado y la culpa rendirán cuentas con él.

La renovación de Bunny Munro

Los veinte años que separan la obra original de su adaptación, las sitúan en contextos históricos y sociales completamente distintos, especialmente en relación con las temáticas que abordan. Gratamente, la serie refleja esta evolución, diferenciándose de la novela en ciertos puntos clave. Algunos de estos cambios podrían atribuirse, entre otros factores, a la introducción de una mirada femenina en la dirección de la pieza. Tal vez por ello, la serie respeta el espíritu de la novela, aunque suaviza o elide algunas de las escenas originales en favor de un visionado más amable. En esta transformación, desaparece el monólogo interno que caracterizaba al protagonista y torturaba al lector con minuciosas descripciones de sus atroces fantasías. Gracias a este cambio, la psicología del personaje goza de una mayor ambigüedad, ya que el espectador desconoce sus pensamientos y difícilmente podrá imaginar unos tan oscuros como los concebidos originalmente por Cave.

La muerte de Bunny Munro

Rafael Mathé y Matt Smith protagonizan ‘La muerte de Bunny Munro’.

En esta apuesta por lo no dicho, algunos de los pasajes más explícitos de la novela son sugeridos a través del lenguaje cinematográfico, siendo el ejemplo más significativo una violación insinuada por medio de una elipsis y un cambio de iluminación. Aún así, la serie no es apta para miradas sensibles y aunque se muestra cautelosa en la representación de la violencia sexual, no adopta la misma postura con la violencia física. Finalmente, la serie apuesta por un mayor protagonismo de Bunny Jr., un personaje más agradecido y profundo que su padre, sobre el que se articula una reflexión alrededor de la toma de consciencia de la juventud frente a las violencias transmitidas de generación en generación.

El sujeto entre imágenes

A diferencia de otras propuestas de su tiempo, en La muerte de Bunny Munro la puesta en escena no es un asunto banal. Por el contrario, cada plano parece cumplir una función, a veces narrativa y otras emocional. En este sentido, el montaje no se concibe meramente de forma funcional, sino también como herramienta poética: un corte no es solo la unión de dos planos, también es su diferencia, un vacío que contiene significado y emoción. Una de las decisiones de montaje que apunta en esta dirección consiste en introducir pausas, puntuadas por un corte a negro, entre escenas que bien podrían sucederse en el tiempo.

Existen pequeños momentos de digresión narrativa y estética, que introducen un soplo de aire fresco en una producción de gran calibre

Estos paréntesis suspenden la consecución lógica entre acciones, sugiriendo una suerte de disyunción entre los actos y sus consecuencias, que dialoga con la subjetividad trastornada del protagonista. En una ocasión, esta misma lógica se traduce en el uso de jump cuts, con un resultado sorprendente. En todo caso, aunque la puesta en escena está completamente calculada, existen pequeños momentos de digresión narrativa—en la escena del prostíbulo, aparentemente no sucede mucho, pero en realidad acontece un gran drama humano— y estética —en diversas ocasiones, la cámara se distrae con el vuelo de unos pájaros—, que introducen un soplo de aire fresco en una producción de gran calibre.

La muerte de Bunny Munro

‘La muerte de Bunny Munro’ adapta la controvertida novela homónima de Nick Cave.

La mirada infantil

De forma recurrente, la mirada de Bunny Jr. se dirige hacia el exterior del encuadre y se abisma en la observación de una escena que escapa a su comprensión infantil. Siempre atento a las acciones de su padre, el niño actúa como una suerte de espectador cuya evolución depende de la transformación de su mirada. Paradójicamente, Bunny Jr. padece una enfermedad ocular que le dificulta la visión. Esta afección, antes controlada por su madre, empeora debido a la negligencia de su padre, que se despreocupa de su tratamiento. A medida que el niño comparte más días con su progenitor, sus ojos empeoran, como si reaccionasen a la constante exposición a imágenes no aptas para su edad. Con ello, la enfermedad amenaza con desplazarse del sentido literal al figurado, pues el pequeño corre el riesgo de contagiarse de la amoralidad de su padre.

Raphael Mathé logra reflejar en su rostro el complejo vaivén infantil de la inocencia a la consciencia

En este sentido, resulta significativo que Bunny le regale a su hijo unas gafas de sol como las suyas, que —además de protegerlo de la luz— modifican su percepción del mundo visible, alineándola con la de su padre. Sin embargo, Bunny Jr. lucha contra los intentos de su progenitor de convertirlo en un reflejo de sí mismo, cultivando su espíritu crítico y su deseo de trascender el limitado horizonte de su padre, gracias a la lectura de una enciclopedia ilustrada.

De este modo, a lo largo de la serie, Bunny Jr. se esforzará por ver mejor el entorno que lo rodea —no con mayor nitidez, sino con mayor sensatez— y, con algo de suerte, conseguirá también curar sus ojos. En consecuencia, el particular road trip que emprende junto a su padre se convierte en una suerte de relato de iniciación: un itinerario que, involuntariamente, educa su mirada y la dota de las herramientas necesarias para liberarla de la influencia paterna. La fascinación y credibilidad de esta evolución descansan en la actuación de Raphael Mathé, quien logra reflejar en su rostro el complejo vaivén infantil de la inocencia a la consciencia.

La muerte de Bunny Munro

‘La muerte de Bunny Munro’ está disponible en SkyShowtime.

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