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Entre bellos planos cenitales de playas, marismas y arrozales, mosaicos de agua que delimitan terrenos de cultivo con precisión geométrica, las primeras imágenes de Delta nos acercan al misterio que se va a desarrollar a lo largo de seis episodios. Más allá de la intriga que nos espera, este thriller ecologista luce unas localizaciones espléndidas, en vistas aéreas que nos pueden traer a la memoria aquella película de Alberto Rodríguez rodada en las marismas del Guadalquivir, La isla mínima. En ambos casos, hay un magnífico trabajo de fotografía (en la serie, el responsable es Alberto Borque).
‘Delta’ es resueltamente feminista, por la solidaridad que se establece entre las dos mujeres, remando a contracorriente en un mundo de hombres
Unos excursionistas que recorren el río en kayak encuentran una mochila abandonada, con un ordenador portátil flotando en su interior, artefacto potencialmente explosivo, ahora ya inservible. Su propietaria era una activista ecologista italiana, desaparecida mientras preparaba un informe medioambiental sobre el futuro del Delta del Ebro, la tercera zona húmeda más importante de Europa, que había despertado muchas suspicacias. La investigación posterior forjará una imprevista alianza entre una periodista llegada de Barcelona y una guía turística autóctona. Ellas son la catalana Meritxell Calvo y la valenciana Raquel Ferri, más que convincentes en sus respectivos papeles, dando vida a dos personajes de los que nos gustaría saber más una vez resuelto el embrollo.

Meritxell Calvo y Raquel Ferri y en ‘Delta’.
Remar a contracorriente
Delta es resueltamente feminista, por la solidaridad que se establece entre las dos mujeres, remando a contracorriente en un mundo de hombres. Júlia, la periodista, se ve amonestada desde la distancia por un jefe severo y algo condescendiente, al que le presta voz Pablo Derqui. La situación de Meri, la chica del Delta, es más flagrante. Años atrás había destacado como hábil pescadora junto a su padre, hasta el punto de ser apodada “la reina del pop” (la reina del pulpo); pero al partir peras con su progenitor y maestro, el siempre eficaz Pep Tosar, ninguna otra embarcación quiso contar con ella, por prejuicios absurdos, como esos que consideran la menstruación una especie de kriptonita de género.
La apuesta por mostrar los problemas que afronta el Delta del Ebro, intentando dar voz a todos los sectores afectados por su progresiva regresión, es prácticamente inédita
La reconversión de esta pescadora vocacional hacia el sector turístico, pese a haber sido forzado por el sexismo imperante, refleja la realidad de tantos parajes naturales donde las actividades tradicionales se ven amenazadas por los retos climáticos y la codicia de las grandes corporaciones industriales. El dilema para muchos en Delta, y en el Delta, es renovarse… o hundirse. También en el terreno sentimental, donde la serie intenta mostrarse más diversa de lo habitual. Aunque sea de manera secundaria, la serie plantea incluso una reflexión sobre el instinto maternal como una opción, no como una obligación vital.

Raquel Ferri es Meri en ‘Delta’.
Ahondar en el hundimiento
La apuesta de esta coproducción valenciano-catalana por mostrar los problemas que afronta el Delta del Ebro, intentando dar voz a todos los sectores afectados por su progresiva regresión, es prácticamente inédita. Y muy necesaria en televisiones públicas demasiado a menudo centradas en las grandes capitales. Pese al esfuerzo de documentación que se percibe en cada escena, puede que a los habitantes de la zona les parezca una oportunidad perdida, por no haber hecho más pedagogía sobre cuestiones cada vez más candentes. Y no les faltará razón.
Pero quizás un thriller televisivo como Delta, que no llega a las seis horas, no sea el mejor espacio donde abordar con profundidad conceptos como el de la subsidencia, el hundimiento del delta. Para el espectador medio algunas de las exposiciones teóricas de los personajes, eventuales sospechosos de un crimen en plena defensa apasionada y malhumorada de su punto de vista, pueden pecar de didactismo.
¿Hasta qué punto es compatible preservar la actividad humana tradicional con aquello que es lo mejor para el río? Sin llegar a dar una respuesta definitiva, la serie no esquiva la complejidad de la pregunta
Aun así, hay que reconocerle al creador y director de la serie, David González, anteriormente director de segunda unidad en series como Las del hockey y Merlí. Sapere Aude, la valentía de plantear un tema tan pantanoso, nunca mejor dicho. Las medidas de contención del río demandadas por aquellos que viven de él desde muchas generaciones atrás (arroceros, mejilloneros, regantes…) parecen chocar con las que proponen las organizaciones ecologistas (“ecotalibanes”, les llaman algunos despectivamente).
¿Hasta qué punto es compatible preservar la actividad humana tradicional con aquello que es lo mejor para el río? ¿Cuáles son las fronteras de lo medioambientalmente correcto en la gestión del agua? Sin llegar a dar una respuesta definitiva, la serie no esquiva la complejidad de la pregunta y opta por lo más honesto, dejando que todos puedan dar su opinión. Tal como afirma Meri en uno de los capítulos, las cosas en el Delta no son blancas o negras.

Meritxell Calvo es Júlia en ‘Delta’.
Un noir sureño y soleado
Por muy ambigua que sea la realidad, siempre esquiva a ser catalogada mediante etiquetas, en un thriller debe haber unos culpables. El público necesita saber quién es el malo, por lo menos en una ficción estándar que no pretenda dejarnos más desconsolados que la propia realidad. Esta evidencia, que puede parecer más manejable si tratamos con mafiosos del Bronx, incluso con estibadores del puerto de Baltimore, se convierte en todo un reto cuando se apunta a colectivos próximos al espectador, absolutamente reconocibles. Es cierto que en Delta aparece una trama de tráfico pesquero ilegal, absolutamente ficticia, pero la resolución del misterio principal huye de polémicas estériles a la hora de apuntar hacia quién es el verdadero enemigo. En caso de duda, chuta hacia arriba y acertarás.
La serie consigue reflejar con suficientes matices una auténtica inquietud social, como siempre debería hacer el buen género negro, al estilo de los brumosos noirs nórdicos
Delta es una historia solvente (huyamos de términos como producto o contenido, por favor), una intriga aceptablemente bien construida, como tantas otras que invaden las plataformas desde latitudes más lejanas. Esa corrección es la mejor noticia para un género que no siempre ha sido bien tratado por nuestros creadores televisivos. Además, consigue reflejar con suficientes matices una auténtica inquietud social, como siempre debería hacer el buen género negro, al estilo de los brumosos noirs nórdicos. Quizás debamos hablar aquí de un género negro sureño. Porque de los cuatro puntos cardinales, el sur suele ser el más olvidado, tanto si nos referimos a Cataluña, a España, a Italia o al globo terráqueo en su totalidad. Ni que sea en forma de ficción audiovisual, hace falta que los del sur puedan hacer oír su voz y reclamar la atención debida. El sur no sólo existe, también se queja.
La belleza de los acentos (y de los paisajes)
Algo habrán hecho bien los responsables de Delta para que los reproches de la población autóctona tengan que ver sobre todo con errores de localización (hacer pasar el puerto marítimo de la Rápita por el puerto fluvial de Deltebre) o con el dialecto tortosino de ciertos personajes. Estamos acostumbrados a la facilidad con que actores británicos y norteamericanos intercambian acentos, consiguiendo que una actriz del Texas profundo como Renée Zelweger se meta en la piel de Bridget Jones y parezca de Londres de toda la vida. Hemos tenido ejemplos más cercanos, como el castellano cerrado del mexicano Gael García Bernal en La mala educación. En esta serie, las dificultades para encontrar un reparto originario del Delta se han resuelto con altibajos.

Delta está disponible en 3Cat.
En muchos casos, se ha recurrido a profesionales que habitualmente usan el catalán central o alguna de sus variedades septentrionales, buenos actores como Quimet Pla (padre del omnipresente y omnipotente Oriol Pla), Xavier Capdet, Xavi Boada y Mercè Comes, que es de las que cumple con mejor nota. Luego tenemos al padre de Meri, el mallorquín Pep Tosar, un experto a la hora de modificar su habla genuina. Y también un grupo numeroso de actores valencianos, cuyo acento se aproxima más al de los habitantes del Delta.
Lo bueno de que la industria audiovisual refuerce los vínculos culturales es que lo haga con normalidad, sin pretender ser únicamente un altavoz reivindicativo y facturando un entretenimiento más que digno
Ahí están Enric Benavent, el payés de Garcia, o Jordi Ballester, el inspector de los Mossos encargado del expediente de la ecologista desaparecida. Especialmente meritorio es el trabajo de Raquel Ferri, que consigue limar las diferencias existentes entre su variante valenciana y la tortosina para asumir el papel de Meri, mujer tenaz y valiente que transpira río por todos sus poros. Tan solo sorprende que Carol Rovira, una de las pocas actrices del reparto que nació realmente en el Delta, en Camarles, dé vida a un personaje fundamental para la evolución de la periodista, pero totalmente secundario.
Aunque nunca debería ser puesta en tela de juicio, la unidad lingüística se demuestra con la práctica, como en esta coproducción. En unos tiempos en que la ignorancia filológica y las fobias enfermizas de políticos irresponsables se camuflan tras una tilde cerrada en falso, deformando la denominación genuina de València, se agradece la existencia de Delta. Solo a alguien que viva a muchos kilómetros de distancia, ya sea física o mentalmente, le podría sorprender que esta serie no requiera subtítulos para quien la disfrute a uno y otro lado del Ebro (igual que una película argentina en España). Eso sí, lo bueno de que la industria audiovisual refuerce los vínculos culturales es que lo haga con normalidad, sin pretender ser únicamente un altavoz reivindicativo y facturando un entretenimiento más que digno, rodado en un entorno maravilloso que reclama nuestra atención.

