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Imagen promocional de 'Alice & Steve'.
“Espero que te caigas por la puta ventana y que la barandilla te atraviese el corazón. Y que nadie vaya a tu funeral”. No, como es perfectamente comprensible, a Alice no parece sentarle nada bien que su mejor amigo y su hija se hayan liado. En una lista de posibles deslealtades a tu bestie, esa es una perturbadora línea roja, muy roja, que nadie debería cruzar bajo ningún concepto. Nunca. Jamás. Y esa es, también, la base argumental de una miniserie capaz de llevarnos de la carcajada a la risa congelada en décimas de segundo.
De entrada, ante un caso como este, a ver quién es el guapo o la guapa que no se pone del lado de la madre traicionada. ¿A quién se le ocurre, Steve? ¿Cómo te atreves? Pero ahí entra la habilidad de Sophie Goodhart, la creadora de la propuesta: desde la ligereza y una cierta audacia desvergonzada, la guionista es capaz de ofrecernos toda una serie de matices que plantan la semilla de la duda y desafían al sentido común y a nuestras pretendidamente firmes convicciones morales.
La creadora construye perfiles amables para pisar sin salpicarse un charco tan delicado como el de las relaciones sexoafectivas entre hombres maduros y mujeres más jóvenes
El primer capítulo de Alice & Steve nos presenta a su pareja protagonista: amigos íntimos desde tiempos muy remotos, han superado la cincuentena aunque a veces sigan comportándose como críos inmaduros. Ella está casada, tiene una hija y un hijo de padres distintos, es impulsiva y arrolladora. Él, por su parte, es peluquero, o estilista, de las mujeres más famosas del Reino Unido (en su exclusiva lista clientelar, y el dato no es baladí, están desde Kate Winslet a Emma Watson o Victoria Beckham), acaba de divorciarse y cuida al perro de su ex, el único ser vivo que no despierta su alergia al compromiso.
Alice y Steve se quieren con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento. “Eres mi mejor amigo. En una inundación vaciaría el cuerpo de mi propia madre y lo convertiría en una canoa para ir a rescatarte”. Les conoceremos acudiendo juntos a un funeral que les reafirma en la necesidad de seguir liándola parda de vez en cuando, porque haber cumplido los 50 no debería ser sinónimo de muerte social, aunque quizás tampoco de pegarse según qué juergas. La cuestión es que, tras una serie de catastróficas desdichas, Steve termina la noche acostándose con Izzy, la veinteañera hija de Alice, a la que dobla la edad. La casi mortal, e inmoral, afrenta a su amiga del alma (y ojo, ex pareja de juventud, para más inri) está servida.

Nicola Walker y Jemaine Clement protagonizan ‘Alice & Steve’ (Disney +).
Planteada la arriesgada premisa, Sophie Goodhart (guionista también de Sex Education o Rivales) elimina de la ecuación una serie de variables que podrían decantar la balanza hacia el mal gusto y derrumbarían el castillo de naipes antes de comenzar: ya en el primer episodio, se nos deja muy claro que Steve no responde al perfil de depredador, ni siquiera de casanova trasnochado que lanza sus redes a jovencitas sin descanso. Tampoco hay atisbo de comportamiento manipulador ni dinámicas de poder.
De hecho, en Izzy no hay sombra de ser víctima de otra cosa que de la seguridad en sí misma. Está hecha un lío, pero es una tipa inteligente, empoderada, asertiva, sin duda la más madura de toda la tropa. Se trata de que el público no sienta un rechazo inmediato ante esa, tan improbable, recién nacida relación, y que nunca acabe de tener claro cuál es el lado correcto de la historia. Probablemente porque, en este caso concreto, no existe.
Como si el ‘Platónico’ de Seth Rogen y Rose Byrne desembocara en la ‘Bronca’ de Netflix, o en ‘La guerra de los Rose’
La creadora de la serie construye perfiles amables para pisar sin salpicarse excesivamente un charco tan delicado como el de las, casi siempre con razón, cada vez más estigmatizadas relaciones sexoafectivas entre hombres maduros y mujeres significativamente más jóvenes. Por ejemplo, Goodhart es inteligente con la decisión narrativa de que Alice lleve diez años casada con un hombre más joven. La idea es desarticular algunos pesos, los más moralmente cuestionables, de una premisa tan incómoda como admitir ante según qué compañías lo bueno que es el cine de Woody Allen y, en particular, Maridos y mujeres (que no solo plasmaba una relación parecida a la que nos ocupa, también fue durante su rodaje cuando se descubrió el pastel del cineasta neoyorquino con su hoy esposa Soon-yi, hija de su pareja Mia Farrow).
Alice & Steve utiliza el mediático escándalo con habilidad y mucha guasa en una de sus mejores escenas, porque otro de los objetivos del relato es mostrar la distancia sideral entre dos generaciones que parecen provenir de planetas distintos. Cómo unos y otros perciben el caso Allen es solamente la punta del iceberg ante los mil y un asuntos del día a día que parecen separarnos.

Yali Topol Margalith interpreta a Izzy en ‘Alice & Steve’.
En la serie hay bodas y funerales, y guiños más o menos obvios, más o menos conscientes, más o menos supuestos por el espectador, al espíritu de las comedias románticas británicas de los 90. Aunque, en realidad, el núcleo dramático no esté en la controvertida historia de amor en sí misma, más bien en su condición de bomba nuclear que arrasa con todo. En particular, pero no solamente, con la relación de amistad rota en mil pedazos de unos protagonistas dispuestos para el combate.
Como si el Platónico de Seth Rogen y Rose Byrne desembocara en la Bronca de Netflix, o en La guerra de los Rose si buscamos un referente para los más viejos del lugar, como el arriba firmante. Es en la pérdida de papeles de una furibunda Alice y en el peso de la culpa de un atribulado, y a ratos mezquino, Steve donde la trama va enloqueciendo, en una carrera sin freno hacia el desastre.
Irreverente y mordaz, armada de una sugerente mala baba, la serie también resulta inesperadamente conmovedora al permitir un orgánico espacio para la calidez y la ternura
Y es en esa frenética contienda donde se desata su estupenda pareja protagonista, qué bien están Jermaine Clement y, sobre todo, Nicola Walker, la verdadera reina de la función, mientras todos aquellos que les rodean no salen de su asombro a la vez que, en medio del caos, gestionan como pueden sus propias heridas de guerra. En particular brilla un Joel Fry que, en la piel del vulnerable marido de Alice, da un golpe sobre la mesa desde un segundo plano para hacer sus propias conquistas con un personaje que se revela no tan secundario.
Irreverente y mordaz, armada de una sugerente mala baba, la serie también resulta inesperadamente conmovedora al permitir, a ratos, un orgánico espacio para la calidez y la ternura. Porque la comedia chiflada y un conflicto provocador no son necesariamente incompatibles con las emociones. En definitiva, Alice & Steve pide arrinconar los prejuicios y acompañar a sus personajes en un particular e incendiario salto al vacío.

‘Alice & Steve’ está disponible en Disney +.

