‘Privilegios’: descarnada lucha de clases en un hotel de lujo
Entrevista a los creadores de 'Privilegios' (HBO Max)

‘Privilegios’: descarnada lucha de clases en un hotel de lujo

Hablamos con Vladimir de Fontenay y Marie Monge, los creadores de la nueva serie francesa de HBO, y con sus dos protagonistas, Melvil Poupaud y Manon Bresch.

Cartel promocional de 'Privilegios'.

Una reclusa. Un programa de reinserción. Un hotel de lujo en París. Y un gerente que le hubiese ganado al póquer a Maquiavelo si Maquiavelo hubiese jugado al póquer. Ese es el planteamiento de Privilegios (Marie Monge & Vladimir de Fontenay, 2026), la serie de producción francesa estrenada por HBO que, entre un aluvión de lanzamientos, ha pasado bajo el radar de demasiada gente.

Por cierto, si el pensamiento que acaba de pasar por vuestra cabeza es este: “oh, ricos miserables en un hotel de lujo, otra vez The White Lotus”, descartadlo de inmediato. No solo por que la serie empezó a forjarse antes de la pandemia, sino porque el tono está tan alejado de la comedia ácida que maneja Mike White como el St. Gregory del The Great Northern Hotel.

De todas maneras, no se preocupen, ni aquí hay humor corrosivo (aunque no falte el vitriolo) ni corren el riesgo de perdérsela porque va a episodio por semana, así que todavía están a tiempo de engancharse a esta retorcida exposición sobre la lucha de clases que va a la velocidad de un tren de mercancías sin maquinista.

El ecosistema principal de ‘Privilegios’ es un hotel de lujo retratado de manera minuciosa, cuasi entomológica

En realidad, quienes la conducen con mano firme son Marie Monge y Vladimir de Fontenay, guionistas y directores de este (falso) drama hotelero que tiene tanto en común con La historia de Souleymane (Boris Lojkine, 2024) como con un thriller de Jean François Richet o incluso con Nikita (Luc Besson, 1990).

De Fontenay afirma que no hubo “un intento deliberado de transformar la narrativa. En realidad, sentimos que mantenemos el mismo pacto con el espectador en cada episodio, pero si que es verdad que buscábamos ese ritmo frenético que se ve en La historia de Souleymane donde las decisiones se toman a toda velocidad. Queríamos que el espectador se enganchase a un personaje así”.

Ese personaje no es otro que Adèle Charki (Manon Bresch), una joven que entra en un programa de reinserción y que, como primer trabajo, acepta un puesto de botones en el Citadel, un hotel con más estrellas que un adicto a la Mahou. Allí se topará con el gerente, Édouard Galzain (Melvil Poupaud), un tipo entre Pedro Sánchez y el Frank Booth (Dennis Hopper) de Terciopelo Azul (David Lynch, 1986).

Privilegios

Melvil Poupaud y Manon Bresch en ‘Privilegios’.

Así pues, el ecosistema principal de Privilegios es, ya lo hemos dicho, un hotel de lujo retratado de manera minuciosa, cuasi entomológica, lo que supuso un enorme desafío a nivel de producción. “Teníamos que filmar en un hotel de lujo en el corazón de París, lo cual es imposible a menos que solo filmes durante una o dos horas al día, porque no puedes echar a los huéspedes…”. La solución, tal y como explica Marie Monge, fue la siguiente: “crear nuestro propio hotel”.

La ardua tarea corrió a cargo de la reputada diseñadora de producción Emmanuelle Duplay (Emilia Perez, Anatomía de una caída, 120 pulsaciones por minuto), que tuvo que diseñar un hotel que, por un lado, resultase coherente con la ficción que se planteaba y, por el otro, encajara en el paisaje parisino. “No podía ser un hotel ultrafuturista al estilo de Hong Kong, pero queríamos que tuviera un aire moderno, internacional, no una especie de hotel-museo francés. Además debía incorporar elementos que le confirieran una cualidad atemporal, que recordara a esos grandiosos palacios en decadencia de París” puntualiza Monge.

Marie: «Filmamos en diferentes espacios de París que nos permitían conectar con el hotel que habíamos diseñado: queríamos crear un mundo propio»

Y después está la cara B. El single que nadie quiere oír. Lo que nunca aparece en el apartado de servicios de la web de ningún establecimiento. Los bastidores. La zona gris en la que se mueven los currelas. “Trabajamos mucho en la iluminación y en los efectos visuales; en cuanto cruzas el telón que separa a los clientes de los trabajadores, la iluminación es mucho más dura, mucho más fría, mientras que en el vestíbulo, es suave y tenue” detalla De Fontenay. Y, de hecho, cuando la acción se traslada al exterior, la manera de mirar también cambia: “nos divertimos filmando en el metro, en la calle, en los Campos Elíseos, con un equipo muy reducido, casi en estilo documental, casi al estilo de La historia de Souleymane, para mantener esa energía sin perder la conexión con el personaje”.

En ese sentido, el trabajo del director de fotografía, David Cailley (El reino animal, Elegir mi vida), fue el de equiparar dos espacios a priori antagónicos: el Citadel y la cárcel. “Si lo piensas, tienen algunas cosas en común como el hecho de no conocer nunca la hora exacta en que transcurren las cosas. Para eso, además de con la iluminación – esos tonos fríos que sirven tanto para la prisión como para el backstage del hotel- jugamos con el sonido. Reutilizamos sonidos que habíamos grabado en una prisión real en Fleury-Mérogis para el hotel – las puertas al cerrarse, por ejemplo-, estableciendo una especie de paralelismo entre ambos mundos porque, es cierto que el Citadel se convierte en una fortaleza para sus huéspedes, pero también es un lugar donde los clientes se exponen a las personas que los atienden y, al mismo tiempo, también puede convertirse en una prisión para los sirvientes de esta clientela de alto nivel, a quienes hay que servir a toda costa” reflexiona Marie Monge.

Privilegios

‘Privilegios’ ha sido creada por Vladimir de Fontenay y Marie Monge.

Todo eso se filmó en un estudio. Hubo que construir el vestíbulo, las habitaciones y las suites. Al mismo tiempo, había que conectar todo ese artificio con París: “queríamos ofrecer nuestra visión de la ciudad” apunta Monge, “ por lo que filmamos en diferentes espacios de París que nos permitían conectar a la perfección con el hotel que habíamos diseñado: queríamos crear un mundo propio. Queríamos una serie con una dirección artística fuerte y distintiva. Así que, tener ese control sobre la decoración y la iluminación nos permitió construir algo único que realmente no se parece a ningún otro hotel de lujo en París. De hecho, es un hotel de lujo disfuncional, lo que nos sirvió para disuadir a toda la gente a la que interrogamos durante el proceso de documentación diciéndoles aquello de “este hotel de lujo no se parece nada al suyo, pueden contarnos su peor pesadilla».

“El Citadel abre una ventana a un microcosmos internacional y contemporáneo, trasunto del mundo y la sociedad actuales” matiza De Fontenay, “y al mismo tiempo, ofrece una perspectiva algo transgresora, que no se limita a centrarse en la lucha de clases, sin negar su existencia. Lo que nos interesaba era la dinámica de poder, porque existe un marcado contraste entre la estructura altamente jerárquica del hotel y el acceso acelerado que tenemos a personas que, de otra manera, serían inalcanzables”.

Marie: «La cuestión de quién ostenta realmente el poder sobre quién y cómo se puede subvertir este sistema de ascenso social era lo que más nos interesaba»

De hecho, Privilegios explora a fondo las relaciones de codependencia. Nada más ingresar en el hotel, durante su primer turno, Adèle se verá envuelta en una lucha de poder en la que se mezclan las ambiciones personales, la estructura jerárquica que ordena el staff y la conducta de unos clientes VIP que pueden  pedir lo que quieran sin tener que rendir cuentas a nadie (por ejemplo, una boa). Si quiere mantenerse a flote, a Adèle no le queda otra que aprender las reglas del juego, instruirse en el arte de la manipulación y subirse al ascensor social de la mano de Éduard, un gerente en el que uno puede confiar tanto como en un concejal de urbanismo de Marbella.

“Ese contraste, la cuestión de quién ostenta realmente el poder sobre quién y cómo se puede subvertir este sistema de ascenso social era lo que más nos interesaba, además de que nos permitía abordar cuestiones como la servidumbre voluntaria” señala Marie Monge.

Privilegios

Melvil y Manon interpretan a Édouard y Adèle en ‘Privilegios’.

Para encarnar a los protagonistas de tan crudo enfrentamiento los elegidos fueron un veterano del cine francés como Melvil Poupaud, que ha trabajado, entre otros, para Eric Rohmer, Xavier Dolan o François Ozon, por citar solo tres nombres ilustres; y la joven Manon Bresch, un huracán interpretativo que apunta a inscribirse en el estrellato de manera inmediata.

Marie Monge y Valdimir de Fontenay aclaran que “la primera persona que elegimos fue Melvil Poupaud, alguien que transmite esa sensación de familiaridad, porque es un actor muy popular y todo el mundo siente que, de alguna manera, lo conoce. El director de casting, Michael Laguens, solía decir que necesitábamos un tesoro nacional para interpretar al director”.

Pero su popularidad no era el único factor a tener en cuenta: “nos interesaba, también, por su enorme versatilidad. Porque podía representar a ese director de hotel diligente que se presenta ante el mundo mostrando una amabilidad enorme, pero cuya cara oculta se muestra entre bastidores. Poupaud tenía la capacidad de encarnar todas esas facetas que podíamos explorar juntos. De todos modos, lo más interesante, fue que, cuando nos reunimos con él nos pidió ir más allá de los límites. Nos dijo: «Quiero que el personaje sea formidable; quiero que sea impredecible». Y eso, ya en el proceso de escritura, nos dio mucha libertad, porque nosotros queríamos una serie que mezclara géneros y tonos y que tuviese mucha energía”.

Melvil: «Me gusta la atmósfera oscura, la estética de las películas de gánsteres americanas. No hay mucho de eso en Francia; donde siempre optamos más por el realismo.»

Poupaud no solo no niega la mayor, sino que la asume con una mezcla de orgullo y diversión: “he hecho muchas películas de autor, no tantas de género. Nunca he interpretado a un policía, por ejemplo, y no he hecho muchas películas de gánsteres. Pero ese es el tipo de películas que disfruto como espectador. Me gusta la atmósfera oscura, la estética de las películas de gánsteres americanas. No hay mucho de eso en Francia; donde siempre optamos más por el realismo. De hecho, cuando leí el guion por primera vez, no era tan obvio que mi personaje fuera tan oscuro, que estuviera tan al límite. Era más bien un gerente normal que intentaba dirigir su negocio y mantener su puesto, así que trabajé mucho con los directores para endurecerlo y convertirlo casi en un matón, porque para mí tiene un aire de padrino de la mafia. El Citadel es su reino, y él intenta por todos los medios mantener el poder. Y ese lado violento, su adicción a las drogas, el modo en que ejerce presión, cómo chantajea a la gente… me gustó mucho ese aspecto del personaje”.

Y luego está Manon Bresch. Alguien que entra en el set de entrevistas como si fuese Beyoncé saliendo al escenario. El despliegue físico que muestra en la serie no es casualidad. Lo lleva dentro. Monge y De Fontenay lo corroboran: “De ella nos impactó su fuerza interior. Rebosa energía. Es ambiciosa, pero, al mismo tiempo, su ambición no está impulsada por la competencia. Y además es una heroína casi en el sentido físico de la palabra que es algo muy difícil de encontrar (hizo las acrobacias con la moto, corrió detrás del autobús, …). Y era perfecta para representar a alguien que llega a un entorno nuevo, opuesto a todo lo que ella conoce, y tiene la fuerza necesaria para aprender las reglas y ser un camaleón”.

Privilegios

‘Privilegios’ está diponible en HBO Max.

Nada más leer el guion, Bresch lo tuvo claro: “seamos sinceros, tener un papel protagonista femenino como este, que implica un alto nivel responsabilidad, compromiso físico y emocional, no es habitual. Es un papel que requiere cuatro meses de rodaje, pero además, al menos para mí, dos meses de preparación, de reflexión. En resumen, cuando lees el guion, sabes enseguida si estás dispuesta a dedicar seis meses de trabajo, de inversión emocional y física a un papel, o si el papel no te atrae en absoluto. En mi primera lectura, pensé: «Estoy lista para interpretar a esta joven. Estoy lista para darle vida a esta especie de antihéroe», que es un rol que rara vez recae en una mujer.

Melvil: «Es interesante ver cómo estas dos personas, inicialmente tan diferentes, terminan compartiendo la misma búsqueda»

Y después está la conexión entre ambos que, casi a coro, los dos actores definen así: “a primera vista, todo parece separarlos —física, social y de cualquier otra manera— y, sin embargo, como bien dice Melvil (Poupaud), se produce un efecto reflejo. Es interesante ver cómo estas dos personas, inicialmente tan diferentes, terminan compartiendo la misma búsqueda, una búsqueda que abarca todos los aspectos de una vida privilegiada: cómo sobrevivir, cómo mantener la posición, cómo triunfar y cómo obtener una parte del pastel que todos los demás desean”.

«Adèle y Edouard son dos personas profundamente conectadas, que están en la misma sintonía, son dos animales de la misma especie. Es cierto que esto no se ha enfatizado mucho, pero encuentro algo muy primitivo en su forma de vivir, de pensar y de actuar. A menudo, sus acciones son impulsivas, inmediatas, guiadas por el instinto, destinadas a que los veamos crecer en su ambición. Y creo que es algo que resulta bastante original porque estas dos personas, un hombre y una mujer, no tienen ninguna relación romántica; no hay historia de amor ni atracción sexual. Se trata, en realidad, del respeto entre generaciones, ni si quiera hablamos de un figura paterna, sino, como bien lo define Manon (Bresch), de dos animales que se huelen mutuamente, encuentran su camino y, finalmente, forman una alianza criminal”.

¿Todavía necesitan más razones para echarle un ojo a Privilegios?

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