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Que pasen tres años entre temporadas de una serie de streaming se ha vuelto de lo más común, sobre todo si esas ficciones son de grandes presupuestos. Separación tardó ese periodo de tiempo en regresar a Apple TV+ y los fans de The last of us van a tener que esperar, probablemente, esos 18 meses para ver su tercera entrega en HBO.
Las razones detrás de muchos de esos largos hiatos están en las complicaciones de producciones de semejante envergadura, en lo tardío de los anuncios de renovación y en que, por lo general, se ha descartado el modelo de producción que implica escribir los episodios al mismo tiempo que se ruedan los guiones ya completados. Este es el modelo de las series en abierto, que les permite tener una temporada nueva todos los años, pero resulta más complicado de aplicar cuando el método del streaming es tener todos los guiones listos antes de que arranquen las grabaciones.
Los responsables de la ficción se han visto justificando que ya habían decidido cerrar esta 2ª entrega antes de que saltara la noticia, afirmando que Gaiman apenas estuvo involucrado en ella y que apoyan a las víctimas
Todo esto quiere decir que que hayan pasado tres años desde que Netflix estrenó Sandman no tiene nada de novedoso ni noticiable. La escala a la que operan los episodios, que cuentan las peripecias del dios Sueño, sus hermanos Eternos y sus enemigos tanto en la tierra de los mortales como en el Infierno, ya requiere de un tiempo de producción más largo y, en realidad, ya casi es un milagro que Morfeo regrese con una segunda temporada que se hizo de rogar. La N roja demoró su decisión durante meses y, cuando esos nuevos capítulos se encontraban en pleno rodaje, en el verano de 2024, cayó la bomba de las acusaciones de abuso sexual contra Neil Gaiman, que figura como cocreador de la serie junto a David S. Goyer y Allan Heinberg.
En el año transcurrido desde entonces, esas acusaciones se han vuelto aún más turbias e implican también a su ex mujer, Amanda Palmer, y los responsables de la ficción se ven, de repente, justificando que ya habían decidido cerrar Sandman en esta segunda entrega antes de que saltara la noticia, afirmando que Gaiman apenas estuvo involucrado en ella y que ellos apoyan a las víctimas y, al mismo tiempo, nunca presenciaron ningún hecho en este sentido.

Tom Sturridge es Morfeo, el rey de los sueños.
Y es difícil separar todo este caso de las circunstancias por las que la serie termina que, probablemente, también incluyen una acogida entre el público de la primera temporada menos entusiasta de lo previsto y que nadie quiere seguir trabajando con Gaiman, por el momento. Prime Video ha optado por terminar Good omens con una tv movie, en lugar de una tercera temporada, y Disney canceló su proyecto de adaptación de El libro del cementerio.
Lo que deja a Sandman como el último vestigio de lo que fue un pequeño emporio audiovisual para el escritor, que incluía obras tan ambiciosas estilísticamente como American Gods, cuya sombra se nota en más de un momento de la serie de Netflix.
Qué cuenta la temporada 2 de Sandman
Si nos centramos en la nueva entrega, nos muestra a un Morfeo que ya ha recuperado sus instrumentos y que se dedica a la reconstrucción de su reino, destruido en los años en los que estuvo preso. Un llamamiento de Destino, uno de sus hermanos de los Eternos, lo pone en alerta de un evento futuro con potencial para ser catastrófico y en la obligación de colaborar con sus otros hermanos, aunque la relación con Deseo continúe estando más cerca de la guerra abierta. Y, al mismo tiempo, Lucifer le encarga reinar en el Infierno o, en su defecto, encontrar a alguien que pueda hacerlo.
Los episodios extra ofrecen una idea de que la serie podría ser algo más arriesgada e inventiva de lo que es
Los doce episodios de la temporada se dividen en dos tandas (otra especialidad de Netflix; la segunda se estrena el 24 de julio), y esta primera concierne, sobre todo, a la involucración de Morfeo en el devenir del Infierno, que mantiene parte de la acepción clásica de ser el inframundo, el lugar donde van quienes han muerto. Esto abre la puerta a las versiones de la serie de otros dioses como Odín y sus hijos, Thor y Loki, y que se organice una suerte de Succession sobrenatural por suceder a Lucifer que se intercala con algunas historias autoconclusivas, que es donde Sandman ha podido entregar sus mejores episodios.

La segunda temporada de ‘Sandman’ está disponible en Netflix.
En la primera temporada estrenó un capítulo extra sorpresa que contaba una historia propia y, al final de la segunda, hará algo similar con otro centrado en Muerte, y esos episodios (fieles a la manera en la que se fue publicando el cómic) ofrecen una idea de que la serie podría ser algo más arriesgada e inventiva de lo que es.
Lo fía todo a la impresionante vastedad de su mundo y a la imaginación de Gaiman en el material original, que tiraba de diferentes mitologías e historias tradicionales y expandía su punto de vista más allá de Morfeo. Pero la serie no puede prescindir tan fácilmente de su personaje principal, el que le da título, y eso acaba siendo su mayor lastre. Tom Sturridge acaba resultando monótono como el dios del sueño. La chispa que aporta, por ejemplo, Mason Alexander Park como Deseo no solo destaca frente al estoicismo de Morfeo, sino que su vistoso vestuario, muy a menudo rojo, es un respiro visual en medio de la oscuridad reinante en los episodios.
‘Sandman’ es tan ambiciosa en lo visual como ‘American Gods’, pero su apuesta por las lentes anamórficas y la oscuridad de su fotografía la vuelven pesada
Ambición visual por CGI
Ese es el gran mal actual de las series que dependen de una manera muy importante del CGI para construir sus mundos. Se tiende a unificar cromáticamente hacia los tonos de negro lo que aparece en pantalla para que esas construcciones de VFX resulten creíbles, y se termina cayendo en una amalgama de elementos visuales que no se distinguen unos de otros y carecen de personalidad. Lo que es una lástima cuando Sandman es, desde luego, tan ambiciosa en lo visual como American Gods, pero su apuesta por las lentes anamórficas (que da a las imágenes la sensación de estar viéndolas a través de un ojo de pez) y la oscuridad de su fotografía la vuelven pesada.
Hay nuevos personajes en esta segunda temporada que han de insuflar algo de aire fresco y es casi seguro que los fans seguirán disfrutándola porque les va a dar más de lo mismo visto en la primera temporada, incluida una historia de amor que persigue a Morfeo desde tiempo inmemorial. Pero, visto lo visto, es perfectamente comprensible que Sandman termine aquí su andadura, más allá de los problemas con la justicia de Gaiman y la sombra que sus recriminables actos arroje sobre su obra.

