Crítica ‘Los testamentos’ (Disney +)
Crítica de la serie

‘Los testamentos’ se apoya en la rebeldía juvenil de las adolescentes criadas bajo la represión

La secuela de ‘El cuento de la criada’, que estrena Disney+, no aporta nada nuevo al mundo de su serie madre, pero sí encuentra una avenida interesante de exploración de cómo son esas jóvenes adoctrinadas en los valores de Gilead y si es posible, de verdad, someterlas.

La adaptación a televisión de Gilead, esos Estados Unidos teocráticos y represivos creados por Margaret Atwood en El cuento de la criada, está indisolublemente unida a Donald Trump. La traslación del libro a la pantalla, protagonizada por Elisabeth Moss, se estrenó en 2016, justo cuando el millonario llegaba a la Casa Blanca por primera vez, y se convirtió en una moraleja de lo que podía pasar si se dejaba campar a sus anchas a los MAGA, los que creen que hay que hacer a América grande otra vez y, para ello, atacaron primero los derechos de personas LGTBIQ+ y mujeres, logrando que el Tribunal Constitucional derogara, en 2022, la protección federal del derecho al aborto.

En este 2026 en el que Trump va casi por la mitad de su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, donde ha desvelado definitivamente sus ansias dictatoriales, lo que se estrena es la secuela de El cuento de la criada, que Atwood escribió inspirada por la serie. Esta Los testamentos que estrena Disney+ cambia el foco hacia las personas que se han criado en Gilead, hacia esas chicas jóvenes que están a punto de convertirse en mujeres adultas y a las que las menciones a Tinder les suenan a ciencia ficción. Son las hijas del régimen, las que los comandantes robaron, por ejemplo, a esas mujeres a las que condenaron a ser criadas y que han adoctrinado desde pequeñas a ver Gilead como un lugar protegido donde están seguras y nada les va a pasar. Y donde su único propósito es ser esposas obedientes y devotas madres.

Los testamentos

‘Los testamentos’ es la secuela de ‘El cuento de la criada’ (2017).

De qué va ‘Los testamentos’

La ficción arranca en la academia que la tía Lydia ha fundado para la “educación” de esas niñas, una academia no demasiado diferente de las verdaderas “universidades” para tradwifes (una expresión moderna para referirse al ama de casa tradicional) que existen, por ejemplo, cerca de ciudades como Chicago para enseñar a las mujeres que su lugar es la cocina y a los hombres, que su rol es el de ser líderes religiosos. En esa academia femenina de Gilead se divide a las alumnas por colores: el rosa es para las más pequeñas, el morado (o Ciruela) para las adolescentes que, cuando tienen su primera regla, pasan a vestir de verde y a ser presentadas en sociedad para buscar marido, y el blanco es para las Perlas, jóvenes de fuera del país que son reclutadas por sus creencias o, simplemente, porque son vulnerables y no tienen otro sitio donde ir.

La serie tiene dos grandes ventajas: mantiene de su serie madre el cuidado estético […] y cuenta con las interpretaciones centrales de Chase Infiniti y Lucy Halliday

Ahí encontramos a las dos protagonistas centrales de la historia. Por un lado, Agnes, que es el nombre que Gilead le dio a Hannah, la hija de June robada al principio de El cuento de la criada. Agnes ha vivido prácticamente toda su vida como hija de un comandante y cree que la lectura y la escritura no es algo que una mujer deba conocer. Por el otro, tenemos a Daisy, una Perla que llega desde Canadá, que había sido el refugio tradicional de los exiliados de Gilead. La tía Lydia le confía a Agnes el cuidado de Daisy, pero aunque Agnes no está instruida más que en coser y en mantener una moral recta, no es idiota y sabe que, detrás de esa asignación, tiene que existir una agenda oculta. Que existe, pero no de la manera que sospecha.

Las criadas no han desaparecido, pero las amigas de Agnes las ven con cierto repelús, sobre todo porque las esposas de los comandantes ya están volviendo a gestar a sus propios hijos. Así que el mundo que vemos no es el del principio de El cuento de la criada; el régimen lleva ya años asentado y tampoco despierta tantos recelos en el exterior. Continúa oprimiendo a sus ciudadanos, pero ya hay una generación que está llegando a la edad adulta sin haber conocido nada más. El retrato que se pinta de Agnes y el resto de sus amigas Ciruelas es el de adolescentes de lo más corriente que, sin embargo, viven como si estuvieran en el siglo XIX. Y que sí empiezan a darse cuenta de que lo que percibían como privilegios y una vida acomodada es, en realidad, una peligrosa jaula de oro.

Los testamentos

Lucy Halliday y Chase Infiniti son Daisy y Agnes en ‘Los testamentos’.

‘Los testamentos’ es una serie sobre la actualidad

La serie tiene dos grandes ventajas. Por un lado, mantiene de su serie madre el cuidado estético de los interiores, del vestuario, del uso de los colores, de sus simétricos planos cenitales, que transmite la idea del orden sobre la que se asienta Gilead: todo ha de estar en su sitio y debe ser fácilmente catalogable. Por el otro, cuenta con las interpretaciones centrales de Chase Infiniti (Agnes) y Lucy Halliday (Daisy) para armar toda la serie a su alrededor.

En el caso de Infiniti, es la primera ocasión de verla después del gran éxito de la película Una batalla tras otra y no decepciona. Su Agnes recuerda a veces a June, su madre, en su querencia por buscar su propio espacio entre todas las constricciones que Gilead le impone. También es su voz la que narra la historia, siguiendo la fórmula del libro de Atwood de recoger testimonios, y ella es quien representa cómo ese paso de niña a mujer es, también, el momento en el que la venda cae de sus ojos y ve cómo es Gilead en realidad.

La propia serie quiere funcionar como moraleja y como advertencia

Por su parte, Halliday, actriz escocesa con solo dos películas en su haber (Blue Jean y California Schemin, debut en la dirección de James MacAvoy), maneja perfectamente el filo sobre el que se mueve Daisy constantemente: debe convencer a todo el mundo que es una conversa a Gilead tan piadosa y tan cruel como el régimen en sí y, al mismo tiempo, debe mostrar levemente que no es, en el fondo, quién dice ser. Porque hay algo de juego de espías en Los testamentos; al fin y al cabo, la tía Lydia acaba desencantada con Gilead y colaborando con la resistencia de Mayday al final de El cuento de la criada, y Daisy mantiene ese doble juego en el que sabe que se juega la vida.

El objetivo final de esa operación se desconoce al principio de la ficción, pero lo que está muy claro es que la propia serie quiere funcionar como moraleja y como advertencia.

Los testamentos

Los testamentos está disponible en Disney +.

El mundo de Gilead, en el que las mujeres no tienen ningún derecho y los homosexuales son ejecutados, es muy real en no pocos lugares del mundo y siempre asoma la cabeza en otros donde parece que es imposible que ocurra. Atwood se inspiró originalmente en la comunión entre los políticos republicanos y los líderes religiosos evangélicos que aupó al poder a Ronald Reagan en la década de 1980, y las dos presidencias de Trump han dado alas a esos sectores más retrógrados que no ven Gilead con malos ojos. Las leyes en contra del aborto y de las personas LGTBIQ+ (especialmente, las trans) han proliferado en bastantes estados en la última década y la ola ultraderechista presente en Europa se mira con ganas en el espejo ofrecido por ese Estados Unidos.

El lema de ‘El cuento de la criada’, “no dejes que los cabrones te machaquen”, todavía resuena con más fuerza en su secuela

Además, lo que Los testamentos quiere contar también es que se puede adoctrinar todo lo que se quiera una adolescente, pero estas tienen actualmente una consciencia social y política que es más complicada de extinguir. Agnes y sus amigas empiezan a ver que tienen al enemigo en casa, en esos comandantes, mucho mayores que ellas, que las observan con lascivia en los bailes de presentación en sociedad. El lema de El cuento de la criada, “no dejes que los cabrones te machaquen”, todavía resuena con más fuerza en su secuela.

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