Crítica 'Indomable' (Netflix): en el bosque nadie puede oír tus gritos       
Crítica de la serie

‘Indomable’: en el bosque nadie puede oír tus gritos       

Uno de los éxitos inesperados de este verano ha sido un thriller dramático de ritmo reposado, pero no por ello menos adictivo, marcado por el peso del destino y la fatalidad. En 'Indomable', Eric Bana investiga la muerte de una joven en el Parque Nacional de Yosemite. Un entorno tan idílico y espectacular como este no es ajeno a la maldad humana; de hecho, oculta secretos terribles.

Cartel promocional de 'Indomable'.

En unos tiempos en que casi parece que te den el pésame al preguntarte cómo llevas lo de vivir en una ciudad, no está de más recordar que en los entornos montañosos también cuecen habas. Y de las gordas. Aquel arquetipo del género negro que vinculaba la corrupción moral con los escenarios urbanos quedó superado hace tiempo. Por si no bastara con historias del estilo de Fargo, el género del true crime nos lo viene a confirmar cada vez más, sin necesidad de pasar por Hollywood. Ahí está el caso de Tor, la piedra a partir de la cual Carles Porta ha edificado su rentable iglesia. O de los hechos ocurridos en una recóndita aldea gallega que dieron pie al documental Santoalla y a la película As bestas, maravilloso western contemporáneo de Rodrigo Sorogoyen.

El éxito sorpresa del verano en Netflix, Indomable, se añade a una lista larga de ficciones criminales que transcurren en parajes alejados del mundanal ruido, la polución, el reggaetón… y todos esos males que aquejan al ser humano moderno. Como afirma uno de los personajes, en plena naturaleza hay quien se siente más impune para cometer un delito, creyendo que no habrá testigos. Indomable

Hace tiempo que Bana no protagoniza ningún taquillazo cinematográfico, pero sigue siendo un actor más que respetable, de rostro angustiado, ideal para encarnar a un personaje marcado por el lastre doloroso del pasado

Hay otro tópico de los thrillers que se mantiene vigente, anclado en las tristes conexiones con la realidad cotidiana. Las víctimas que desencadenan la trama suelen ser mujeres, porque, digan lo que digan algunos alquimistas de las estadísticas, la violencia se ceba con ellas de una manera especialmente cruel y abusiva. Si no lo han hecho ya, en el Más Allá de la ficción televisiva deberían convocar una manifestación con el lema “Nos queremos vivas”.

Detrás de la pancarta, encabezando la marcha, estarían Laura Palmer (Twin Peaks), Rosie Larsen (The Killing) y algunas otras presencias ilustres. También desfilaría una nutrida representación del Club Jane Doe, el nombre que la administración norteamericana le da a los cadáveres femeninos de los que se desconoce la identidad. En las salas de autopsias, dentro y fuera de la pantalla, suelen abundar más las Jane Doe que los John Doe. Como la que protagoniza la impactante secuencia inicial de Indomable. Indomable

Indomable

Eric Bana es Kyle Turner en ‘Indomable’.

Soy un cowboy solitario…

El cadáver de una joven se precipita sobre unos escaladores que intentaban alcanzar la cima de El Capitán, una formación rocosa de 914 metros de altura situada en el Parque Nacional de Yosemite. Las heridas de su cuerpo sugieren una agresión previa a la presunta caída accidental. En pleno contacto con la naturaleza más agreste y salvaje, la chica podría haber sido atacada por alguna especie animal (incluso por una bestia de la categoría Homo Sapiens). El encargado de aclarar las circunstancias de esta muerte será el agente especial Kyle Turner, investigador del Servicio de Parques Nacionales. Indomable

Le da vida Eric Bana, un actor que despegó con fuerza en el universo de los blockbusters, en películas como el Hulk de Ang Lee, en Troya, dándole la réplica al mismísimo Brad Pitt, o en Munich, thriller de espionaje de espíritu setentero que debería figurar entre lo mejor de Spielberg. Hace tiempo que Bana no protagoniza ningún taquillazo cinematográfico, pero sigue siendo un actor más que respetable, de rostro angustiado, ideal para encarnar a un personaje marcado por el lastre doloroso del pasado.

Esa molesta sensación de tantas otras miniseries de que se está estirando el chicle más de la cuenta es esquivada gracias a la dimensión humana de los personajes

Citábamos As bestas como un western de nuestros días, y mucho de eso hay en Indomable. Turner es lo más parecido a un sheriff que campa por el inmenso patrimonio natural de Yosemite. No tan solo por su costumbre de patrullar montado a caballo, y por la buena relación que mantiene con un trabajador del parque de origen indígena, sino también por su carácter tirando a huraño y taciturno. Uno de los guardabosques que se siente ninguneado por él lo define como “el puto Gary Cooper”.

A pocos westerns que hayas visto, sabrás que la soledad del héroe se fundamenta en traumas profundos que le han llevado a dejar de creer en la justicia del mundo, pese a seguir defendiéndola a toda costa. Esta vez, por lo menos, no estará solo ante el peligro. Contará con la ayuda de una expolicía de Los Ángeles reconvertida a guardabosques, Naya Vasquez, que a su vez ha llegado huyendo de una amenaza residente en la gran urbe. Partiendo del recelo mutuo inicial, este personaje, que asume la actriz Lily Santiago, contribuye a desatascar el bloqueo emocional de Turner. Y de paso, le coge confianza a esto de cabalgar entre cervatillos. Indomable

Indomable

Eric Bana y Lily Santiago protagonizan ‘Indomable’.

Fauna humana  

Dicen que no hay que juzgar un libro por la cubierta. En el caso de Indomable, el título, para qué nos vamos a engañar, tiene poca personalidad. Se podría confundir con algún thriller de acción ochentera de Stallone, Van Damme, Seagal y compañía. O quizás con la marca de alguna eau de toilette pour homme, anunciada a bombo y pectorales por un tipo montado a caballo con más pinta de forajido que de sheriff. Nada que ver con este drama revestido de intriga criminal. La resolución del caso avanza en paralelo a la revelación del trasfondo psicológico del protagonista, y de aquellos que le rodean, como su exmujer, una contenida y sufriente Rosemarie DeWitt, y su mentor, el jefe de los guardabosques, interpretado por Sam Neill con la solvencia habitual.

Aun siendo conscientes de algún meandro narrativo que se podría haber podado, ‘Indomable’ avanza con paso seguro hasta su conclusión

Los seis capítulos de que consta Indomable contienen suficientes secuencias más o menos climáticas para justificar su duración. Esa molesta sensación de tantas otras miniseries de que se está estirando el chicle más de la cuenta es esquivada precisamente gracias a la dimensión humana de los personajes. Hay quien destaca la lentitud de la trama, pero los diferentes elementos que se van introduciendo, como la existencia de una red de narcotráfico intercultural y la presencia de un curioso grupo de okupas neo-hippies en plena naturaleza, consiguen que no decaiga el interés. De hecho, cualquier capítulo de Severance resulta bastante más lento (y vaya por delante que la lentitud, en sí misma, no es un defecto).

Aun siendo conscientes de algún meandro narrativo que se podría haber podado, Indomable avanza con paso seguro hasta su conclusión. Eso sí, la media hora final, la que se nos quedará más fijada en la memoria, nos recuerda que, por estupendos que nos pongamos, nuestra alma seriéfila vive regida por la dictadura del giro final de guion, una matriz que existía mucho antes de Shyamalan y que a estas alturas parece casi inevitable. Hasta lo podemos agradecer si no resulta demasiado gratuito. En esta ocasión, aunque rozando el larguero, aceptamos su verosimilitud.

Indomable

‘Indomable’ nos demuestra una vez más que en los entornos montañosos también cuecen habas…

Palos y astillas

Conviene aplaudir la tarea de los guionistas: Mark L. Smith, que hace pocos meses nos sorprendió agradablemente con American Primeval, dando muestra de su querencia por el western más canónico, escribe ahora junto a su hija, Elle Smith. La inspiración de Indomable les vino al conocer la existencia de una división de investigación en el Servicio de Parques Nacionales. Suponemos que se preguntarían qué clase de crímenes podían perseguir estos agentes, más allá de la caza furtiva. Según cuentan, el padre se encargó de desarrollar el whodunnit más clásico, el misterio, mientras que Elle profundizó en los conflictos internos de los personajes.

‘Indomable’ hurga en las contradicciones derivadas de nuestra necesidad de procrear, asumiendo el reto de que las crías no caigan en las garras del salvajismo más despiadado

Por encima de todos los elementos dispuestos en la trama el tema de fondo de Indomable es la responsabilidad subyacente en las relaciones paternofiliales de todo tipo (incluso la relación de colegas entre Kyle y Naya parece avanzar en esa dirección, y no siempre en el mismo sentido). Aunque hay espacio para la maternidad, la que queda aquí reflejada sobre todo es la paternidad, demasiado a menudo un páramo desolado, marcado por la tendencia tradicional de los hombres a expresar con mucha menor intensidad sus sentimientos. No se trata únicamente de criar, sino también de educar (nunca domar).

La paternidad es abordada como una herida que no cicatriza, un acontecimiento que marca la vida de cualquier persona, en lo mejor y en lo peor de su experiencia vital. Aquello que a muchas personas les procura la mayor sensación de euforia y plenitud puede ser una fuente permanente de angustia. Indomable hurga en las contradicciones derivadas de nuestra necesidad de procrear, asumiendo el reto de que las crías no caigan en las garras del salvajismo más despiadado.

Indomable

‘Indomable’ está disponible al completo en Netflix.

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