A ‘Legítima defensa’ (Movistar Plus+) no la salva ni Perry Mason
Crítica de la serie

A ‘Legítima defensa’ no la salva ni Perry Mason

La nueva 'Legítima defensa' (Movistar Plus+) se entrega a la expansión seriada y a la acumulación de subtramas, diluyendo la sencillez y el pulso dramático de la película de Coppola en un relato irregular que solo encuentra cierto interés en sus duelos judiciales.

Imagen promocional de 'Legítima defensa'.

En los primeros episodios de Legitima defensa (2025), nueva adaptación en formato serial de la novela de John Grisham, hay una imagen que se repite. La del abogado novato Rudy Baylor (Milo Callaghan) discutiendo con su jefa, Jocelyn ‘Bruiser’ Stone (Lana Parilla) y su ayudante Deck Shifflet (P.J. Byrne), en las escaleras acristaladas del imponente edificio en el que se encuentra el bufete de abogados Tinley Britt, es decir, el despacho rival en el litigio en el que se han embarcado. La iteración de ese plano, cuya recurrencia no incorpora variación alguna – siempre es igual – da la medida de una serie monótona, funcional, visualmente poco trabajada, hecha para ser escuchada más que vista.

Esta nueva versión, diseñada por los guionistas Michael Seitzman y Jason Richman, introduce cambios sensibles […] que están lejos de mejorar el resultado

Recordemos que, en 1997, en un punto en el que Francis Ford Coppola trataba de reflotar su carrera y sus finanzas con trabajos alimenticios – entendidos desde la perspectiva de esa gente acostumbrada a comer langosta y beber Opus One – del estilo de Jack (1996), el director de El padrino (1972) llevó a la pantalla la novela de Grisham, un escritor que vio como sus ingresos por la cesión de derechos se multiplicaban en los 90. Ahí están La tapadera (Sidney Pollack, 1993), El informe pelícano (Alan J. Pakula, 1993), El cliente (Joel Schumacher, 1994), Tiempo de matar (Joel Schumacher, 1996), Cámara sellada (James Foley, 1996) o Conflicto de intereses (Robert Altman, 1998).

Esta nueva versión, diseñada por los guionistas Michael Seitzman y Jason Richman, introduce cambios sensibles, en parte motivados por la extensión inherente a la ficción seriada, que están lejos de mejorar el resultado. La historia, no obstante, sigue siendo, a grandes rasgos, la misma. Un abogado a punto de colegiarse se mete en un pleito contra una compañía a la que acusa de haber causado la muerte de su cliente: bajo negligencia médica, la conspiración.

Legítima defensa

Lana Parilla y Milo Callaghan son Jocelyn ‘Bruiser’ Stone y Rudy Baylor en ‘Legítima defensa’.

En esta revisión del mito de David contra Goliat, tópico tan del gusto de los dramas legales, Seitzman y Richman, acompañados por Julia Cohen, Barbara Currry, Wendy Mericle y Johnny Richardson, modifican, para empezar, la causa a investigar: en la película de 1997, Donny Ray Black (Johnny Withworth) era un joven afectado de leucemia que fallecía después de que su compañía de seguros rechazara cubrir un trasplante de médula ósea (es decir, moría durante el desarrollo de la historia); ahora es un drogadicto rehabilitado que palma de manera inesperada durante una estancia en el hospital, es decir, jamás lo vemos en la serie.

Esa variación, que implica la sustitución del drama por el misterio, tiene consecuencias directas sobre el desarrollo del relato, pues aquí no solo se trata de desmontar los subterfugios urdidos por una gran empresa como Great Benefit Hospital Systems para tapar su fatídico error, sino, además, de destapar una trama corrupta de mayor alcance que incluye los desmanes de un enfermero asesino  que proporcionó billete de ida al otro barrio a quince pacientes sin su consentimiento.

Si en lo visual la serie […] está a años luz  de la correcta película de Coppola, el guion no lo salva ni Perry Mason

Esa decisión deriva en la supresión de la voz en off que sobrevolaba el film de Coppola y que marcaba el punto de vista. Ahora el relato es multifocal y se bifurca en subtramas que incluyen la relación de ‘Bruiser’ Stone con su padre, un abogado convicto cuyos tejemanejes con el despacho de abogados rival  interferirán en el caso; las increíbles aventuras de Melvin Pritcher (Dan Fogler) , el sanitario homicida cuyo comportamiento no acertaría a descifrar Sigmund Freud en su mejor día, o la relación romántica en la que andan envueltos Rudy Baylor y Sarah Plankmore (Madison Iseman), que se verá abortada cuando se conviertan en rivales en la corte, pues Sarah trabaja para el bufete Tinley Britt (en la película de Coppola no había romance).

Legítima defensa

John Slattery, un malo malísimo perfetco.

Nótense también el cambio de género de ‘Bruiser’ Stone (en 1997 lo encarnaba Mickey Rourke y su personaje desaparecía en mitad de la función) o el mantenimiento de la trama centrada en los malos tratos en la que Baylor se involucra cuando ve que su vecina es agredida a diario por su pareja. Aquí, ni que decir tiene, el final que se le da es más llamativo.

De ‘Legítima defensa’ podemos decir que utiliza mecanismos de dudosa legitimidad para llevarnos al huerto

Si en lo visual la serie dirigida por Russell Lee Fin, Randy Zisk y el propio Seitzman está a años luz  de la correcta película de Coppola, el guion no lo salva ni Perry Mason. Todo lo relativo al enfermero Pritcher, pieza clave para resolver el entuerto, carece del más mínimo sentido. Un tipo que acuchilla a una investigadora se presenta en un juicio que hay contra él, pese a que todo el mundo lo anda buscando. Su proceder criminal deja muchas dudas, pues llevarse de paseo a una de sus cautivas en el maletero del coche – mientras él mantiene reuniones – no parece una acción demasiado juiciosa. A los espectadores, como a sus víctimas, no les queda otra que dejarse llevar.

Legítima defensa

‘Legítima defensa’ está disponible en Movistar Plus+.

También podríamos hablar del personaje de Prince (Tommie Earl Jenkings), una navaja suiza dramática que lo mismo te sirve como empleador de un Rudy desamparado – le da trabajo en el bar que regenta – que como contract killer a sueldo ¡del bufete rival! De Legítima defensa podemos decir que utiliza mecanismos de dudosa legitimidad para llevarnos al huerto. Eso, y que no pasaría un test de estrés ni aunque pusiesen a Mr. Magoo a analizar los resultados.

Al final, lo único rescatable son los cara a cara en la corte entre en Baylor y Leo Drummond, al que vida vida John Slattery, un ‘hijoputa’ perfecto que parece haber sido diseñado para estos papeles. Si Maquiavelo hubiese sido actor, se llamaría John Slattery. Más allá de esos enfrentamientos judiciales, bien surtidos de golpes de efecto, Legítima defensa es un ‘pasarratos’ prescindible.

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