Crítica 'Verdades ocultas' (Disney +): La América podrida  
Crítica de la serie

‘Verdades ocultas’: La América podrida              

Ethan Hawke se convierte en un defensor de la verdad en tiempos de corrupción, en este estimulante neo-noir plagado de personajes con entidad propia, que bebe de referentes como las novelas de Jim Thompson y las películas de los hermanos Coen. En sus ocho episodios, la serie de Disney Plus acaba reivindicando la dignidad pisoteada de las auténticas raíces americanas  

A Verdades ocultas (el título de resonancias telefílmicas al que se ha adaptado el original The Lowdown) le ha ocurrido aquello que suele pasar con las producciones audiovisuales que se estrenan a finales de año, en una especie de tiempo de descuento. Las series y películas que llegan al público, y a la crítica, cuando la mayoría ya han elaborado los preceptivos ránkings, las listas top con lo mejor de los últimos doce meses, se quedan flotando en una especie de limbo. Aceptamos la extraña convención que consiste en hacer competir entre sí todo lo que ha estado en cartelera durante un año natural, como si el calendario de estrenos fuera el de una temporada liguera.

Pero, ¿qué pasa cuando una joya como Father Mother Sister Brother, la película con la que Jim Jarmusch obtuvo el León de Oro en Venecia, llega a las salas alrededor de Navidad? Corre el peligro de ser olvidada en el balance global. A veces ocurre algo parecido con las primeras películas del nuevo año, aunque es poco probable que nos olvidemos de Hamnet cuando toque confeccionar las próximas listas.

Hawke compone un personaje a medio camino entre el detective de la novela negra clásica y el cowboy marrullero

En los Estados Unidos, la nueva serie de Ethan Hawke se estrenó en FX en septiembre. Aquí llegó a Disney + en plena resaca de las comilonas navideñas, el 26 de diciembre. Y sin duda merece ser subrayada. El protagonista de Verdades ocultas, Lee Raybon, es propietario de una librería y periodista free-lance (siempre sonará menos pringado que autónomo, pero viene a ser lo mismo), con alma de desfacedor de entuertos, cual un Quijote de Tulsa. Le gusta considerarse un “verdadista” (“truestorian” en la versión original), que pretende hacer algo de justicia con sus reportajes para revistas al margen del sistema, ajustando cuentas con los poderosos y privilegiados que manejan el mundo como si fuera el patio de su casa.

En una sociedad tan perjudicada por la proliferación de noticias falsas (siempre sonará menos artificial y supuestamente cosmopolita que fake news, pero viene a ser lo mismo), la existencia de “verdadistas” siempre debe ser bienvenida, aunque la línea que los separa de los conspiranoicos pueda ser tenue.

Verdades ocultas

Jeanne Triplehorn y Ethan Hawke en ‘Verdades ocultas’.

Las cebollas del mal   

Ethan Hawke compone un personaje a medio camino entre el detective de la novela negra clásica y el cowboy marrullero, dos arquetipos que coinciden en su tendencia a ser apaleados con regularidad, acumulando cicatrices. De todo tipo. Las más llamativas son los rasguños en el rostro, las narices partidas (imposible disociar al Jack Nicholson de Chinatown de su napia aparatosamente vendada)… Quien mete sus narices en los asuntos ajenos, que no por ajenos dejan de afectar a la comunidad en su conjunto, puede acabar magullado.

Por supuesto, también están los desgarros emocionales, que en el caso de Verdades ocultas intuimos bastante profundos, como indica un divorcio cerrado en falso. A diferencia de otros héroes del género, tan solitarios como imperturbables, herederos de aquellos caballeros medievales de armadura reluciente, Lee Raybon se muestra más caótico y quebradizo. Si los cincuenta son los nuevos cuarenta, con más razón cabría defender que los tipos frágiles son los nuevos tipos duros.

Si alguien debe temer la acción de un “verdadista”, esos son los acólitos irreflexivos del “Make America Great Again”

Podría emparentarse con El Nota, el personaje que Jeff Bridges bordó en El Gran Lebowski. En esa película, los Coen modelaron a su manera la estructura típica de las novelas de Raymond Chandler, especialmente El sueño eterno, en las que un héroe a su pesar se ve obligado a comprobar que el mal, como las cebollas, tiene muchas capas. En las películas de Bond siempre hay un demiurgo excéntrico dispuesto a monologar sobre sus planes para subyugar el planeta entero; por desgracia, en la realidad, el mal suele ser bastante más coral. Muy repartido, como la Lotería.

Al escarbar en las miserias de los Washberg, una de las familias más poderosas de Tulsa, y en el suicidio del díscolo hermano menor, Raybon acaba hurgando en las costuras de la América profunda más reaccionaria. Si alguien debe temer la acción de un “verdadista”, esos son los acólitos irreflexivos del “Make America Great Again”.

Verdades ocultas

Hawke interpreta a Lee Raybon, un periodista en busca de la verdad.

Indios y vaqueros    

Por su sensibilidad, Dale Washberg, el suicida, parecía haber nacido en el hogar equivocado. La serie nos lo muestra en planos oníricos, como una especie de cowboy poeta, lector asiduo de Jim Thompson, un referente mucho más explícito del tipo de género negro que se propone explorar. El actor que lo interpreta establece otra conexión con el cine neoclásico de los hermanos Coen, porque Tim Blake Nelson, irreconocible tras la barba y las gafas de intelectual de Oxford, ha trabajado con ellos en O, Brother y en La balada de Buster Scruggs.

En un terreno diametralmente opuesto se sitúa el hermano mayor, Donald, candidato a gobernador del Estado, una muesca más en el revólver de Kyle McLachlan, que está viviendo una segunda juventud gracias a papeles como el de Fallout y este que nos ocupa, menos unidimensional de lo que aparenta de entrada. Aunque su moralidad es ciertamente cuestionable, no le va a la zaga su esposa, Betty Jo, una Lady Macbeth country de rímel corrido y karaoke de madrugada, una fantástica Jeanne Triplehorn, otra veterana.

Sterlin Harjo, su creador, reincide en un tema que ya abordó en una serie anterior, ‘Reservation Dogs’

No tardaremos en descubrir que el auténtico problema de esta familia radica en los extraños compañeros de cama del aspirante a gobernador, una amalgama de neonazis y fundamentalistas religiosos que deben estar encantados con el tipo del tupé naranja que ocupa el Despacho Oval. Las víctimas de esta red de paletos crueles y codiciosos son los auténticos nativos americanos. Ellos estaban allí mucho antes, y aun así pocas veces se les ha concedido un altavoz que les permita cuestionar la manera como el hombre blanco les ha ido arrinconando en una esquina polvorienta e infértil de sus vastos dominios.

Sterlin Harjo, el creador de Verdades ocultas, reincide en un tema que ya abordó en una serie anterior, Reservation Dogs, centrada en la falta de esperanzas de los adolescentes de una reserva india de Oklahoma. Quien pone dignidad y rostro humano a esta reivindicación de los orígenes de una nación que ha perdido el sur es un veterano, muerto poco después del rodaje: Graham Greene, recordado por su participación en Bailando con lobos.

Verdades ocultas

‘Verdades ocultas’ está disponible al completo en Disney +.

Orgullo de padre… por partida doble  

Ethan Hawke se ha ido consolidando como uno de los actores más interesantes dentro del cine comercial de Hollywood. No habían pasado tantos años de sus primeros éxitos juveniles (Exploradores, El club de los poetas muertos…) cuando su asociación con Richard Linklater y Julie Delpy en Antes del amanecer lo situó en nuestro radar como una mente inquieta, dispuesta a sumergirse en proyectos con personalidad propia. Con el tiempo, ha seguido dando muestras de esta voluntad de no permanecer estancado en los algoritmos (siempre sonará menos antiguo que hablar de etiquetas, pero viene a ser lo mismo).

Verdades ocultas ha llegado en un momento especialmente dulce de su carrera, con una reciente nominación al Oscar por el biopic del compositor Lorenz Hart, Blue Moon, un nuevo eslabón en la cadena de complicidades tejida con Linklater a lo largo de los años. Es su primera nominación a actor principal, después de las recibidas como actor de reparto por Training Day y Boyhood, y por su contribución a los guiones adaptados de Antes del atardecer y Antes del anochecer.

La relación más interesante, la mejor dibujada, es la que su personaje mantiene con su hija

Esta buena estrella viene acompañada por la química que destila en las entrevistas conjuntas con su hija, Maya Hawke, que tras el éxito de Stranger Things es mucho más que una joven promesa. Según cuenta él mismo, ella ya no es “la hija de Ethan”, sino que él ha pasado a ser “el padre de Maya”. Dejando las sospechas de nepotismo a un discreto segundo plano, Ethan ha demostrado ser un padrazo, de aquellos que puede llegar a ser un colega genial.

Sea o no casualidad, en Verdades ocultas la relación más interesante, la mejor dibujada, es la que su personaje mantiene con la hija, Francis, interpretada con mucha solvencia por una actriz de apenas quince años, Ryan Kiera Armstrong. La chica adora a su padre por su compromiso inquebrantable con la verdad, lo admira, incluso desea ayudarle en su cruzada, aun siendo consciente de que esta obsesión contribuyó a la ruptura del hogar familiar y le ha robado momentos compartidos con el progenitor justiciero.

Verdades ocultas

Ryan Kiera Armstrong es Francis en ‘Verdades ocultas’.

En las conversaciones entre padre e hija se hallan algunas de las mejores escenas de la serie. No lo tenía fácil Armstrong para destacar en medio de una galería de secundarios de primera. Entre los amigos y vecinos de Lee Raybon encontramos tipos tan curiosos como el anticuario amanerado, el abogado de la puerta de al lado de la librería, los ex presidiarios que pretenden ejercer de precarios vigilantes de seguridad… y su antiguo socio, un estupendo Peter Dinklage, el Sancho Panza particular del protagonista.

Aparece en un único capítulo y nos deja con ganas de más, quizás de un spin-off de la pareja en forma de largo viaje al pasado. Verdades ocultas retrata una América que ha sustituido sus raíces profundas por unas raíces podridas, pero por el camino nos presenta a una comunidad humana a la que merece la pena seguir rescatando.

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