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Cartel promocional de la serie.
Tom Bradby publicó su novela ‘Secret Service’ en 2019. Apenas un par de años antes, seis agencias de inteligencia de Estados Unidos elaboraron un informe que atribuía al presidente ruso Vladimir Putin la orden de desarrollar un campaña para favorecer la elección de Donald Trump en detrimento de su contrincante demócrata, Hillary Clinton. La iniciativa consistió en la creación de noticias falsas y el lanzamiento de oleadas de ciberataques para debilitar la imagen de la ex primera dama y antigua Secretaria de Estado.
La novela de Bradby, también responsable de la adaptación televisiva que ahora llega a nuestro país a través de Movistar Plus +, traslada esa premisa parcialmente extraída de lo real al Reino Unido. Kate Henderson (Gemma Arterton), una alta funcionaria del MI6, descubre que el Primer Ministro británico tiene cáncer. Esa revelación le llega a través de una de sus fuentes, la institutriz que tutela al hijo de uno de los altos cargos del FSB ruso, Igor Borodin (Mingel Mitchev), que pasa sus vacaciones en Malta.
El guion del propio Tom Bradby, describe con precisión las tensiones geopolíticas en la era digital
La inteligencia rusa está al corriente de una información que, además del afectado, solo conocen la ministra de interior, Imogen Conrad (Amaka Okafor) y el titular de la cartera de Exteriores, Ryan Walker (Mark Stanley). Así pues, uno de los principales candidatos para suceder al máximo responsable del destino de los británicos ha de ser, por fuerza, un topo ruso que, además, cuenta con un colaborador dentro del MI6 que ejerce como enlace.

‘Secret Service’ está basada en la novela de Tom Bradby.
El guion del propio Bradby, que ha contado con el respaldo de Jemma Kennedy y Alex Kendall, describe con precisión las tensiones geopolíticas en la era digital. De un lado, el ambicioso ministro de Asuntos Exteriores, Ryan Walker, se presenta ante los medios con un discurso ambiguo y populista que lo mismo clama contra la blandura frente a la inmigración que defiende tasar con mayores impuestos a las grandes fortunas. Además, mantiene una delicada amistad con el oligarca Lev Antonov (Juris Zagars), multimillonario con doble nacionalidad y línea directa con el Kremlin.
En el otro extremo se sitúa la también ministra y compañera de partido Imogen Cornad, aparentemente más integra, pero que quedará comprometida cuando un video de contenido sexual salga a la luz. Es muy probable que detrás de la filtración de la sex tape esté, también, la inteligencia rusa. ¿Cómo se las arreglará el servicio secreto para evitar que un lugarteniente de Putin termine limpiándose los pies en la alfombra del número 10 de Downing Street si ni siquiera saben cuál de los dos candidatos sigue las directrices del Kremlin?
‘Secret Service’ es consistente en toda su parte procedimental
Las tácticas del FSB, cuya principal estrategia consiste en sembrar el tablero del espionaje de pistas falsas, nos proporcionan un amplio abanico de sospechosos. Campeones olímpicos de lanzamiento de señuelos, los rusos llevan décadas confundiendo a sus colegas británicos, perdidos como un abstemio en el día de San Patricio, deambulando inseguros por el semillero de dudas que los alumnos aventajados de la antigua KGB han ido esparciendo para despisarles: ¿estará Kate detrás de la pista correcta que le permita desentrañar una conspiración cuyas consecuencias pueden ser funestas para su país o, en realidad, solo está siendo víctima de una gran mascarada orquestada por el adversario que solo busca desviar su atención y hacerle perder tiempo y recursos? ¿Y si, en realidad, ninguno de los dos aspirantes a Primer Ministro tiene nada que ver con los rusos?

Gemma Arterton es Kate Henderson en ‘Secret Service’.
A tientas entre esa niebla de inseguridades, Kate, y con ella los espectadores, irá descubriendo que no hay piedras suficientes en todo el Reino Unido para lapidar a tanto candidato a pecador. Nadie está libre de sospecha, ni su superior Zak Hussein (Khalid Abdallah), ni miembros de su equipo como Julie Price (Aoife Hinds). Nuestra heroína, siempre ayudada por su escudero experto en ciberseguridad Rav (Avi Nash), situará el origen de la conspiración en una reunión celebrada en Portonovi (Montenegro) a finales de 2024. Una cumbre en la que estuvieron todos los implicados y en la que alguno de ellos se reunió con Borodin.
La serie muestra la expansión de un terror invisible que puede convertir en víctimas a funcionarios del estado o a políticos electos
Secret Service es consistente en toda su parte procedimental. La infiltración rusa en las democracias occidentales sirviéndose de las nuevas técnicas de espionaje que ofrece la tecnología digital quedan expuestas con claridad: creación de noticias falsas utilizando deepfakes, violación de la intimidad y grabación de videos (posteriormente manipulados) para chantajear a políticos o agentes o, abandonando la tecnología para entrar ya en el terreno de la economía, penetrar en países extranjeros a golpe de ayudas en la inversión de proyectos. La serie muestra la expansión de un terror invisible que puede convertir en víctimas a funcionarios del estado o a políticos electos, todo con tal de someter los designios de un país a la voluntad de Putin.
La batalla política por la sucesión para liderar el parlamento británico está narrada con toda crudeza. Desde el nebuloso papel que juegan los financiadores de campañas hasta el retorcimiento de los principios ideológicos para garantizarse una candidatura, pasando por la alteración de la realidad para obtener el resultado deseado – Walker utilizando la muerte de su hijo para justificar una reunión secreta con un homólogo ruso. Se trata, pues, de emplear cualquier medio al alcance para conquistar el objetivo final, en este caso el título de candidato a la sucesión del actual máximo dirigente del Reino Unido tras su dimisión por enfermedad.

‘Secret Service’ se estrenará el 28 de mayo en Movistar Plus+.
La laberíntica trama de espionaje se despliega como un mapa del tesoro tachonado de falsas indicaciones. Desde la dirección, James Marsh (La teoría del todo, Agente doble) demuestra haber aprendido los automatismos propios del subgénero. Cuando ha de enfrentarse a las escasas escenas de acción que contiene la serie – estamos en el terreno de John Le Carré, no de Frederick Forstyth- las resuelve con un limpidez encomiable. Véase la vibrante operación de rescate de Lena (Alma Prelec), la institutriz infiltrada en la casa de Borodin, rodada con firmeza, ritmo y verosimilitud. Otro tanto sucede en las numerosas secuencias de despacho, la mayoría de ellas ensombrecidas por una iluminación tenue, como si nos metieran la cabeza en uno de los archivadores en los que se conservan los secretos de estado.
Cuando la cremallera de este juego de espías se abre para dejarnos ver el drama familiar, la serie se descose sin llegar, eso sí, a perder todo su interés
La flaqueza de esta producción de la ITV se encuentra en la debilidad del tejido familiar de Kate. Casada con Stuart (Rafe Spall), el asistente de la ministra del interior, y con dos hijos, su trabajo como supervisora de equipos de espionaje en el MI6 mezcla mal con la profesión de su marido – es evidente que ahí hay un conflicto de intereses que la serie obvia por lógicos intereses dramáticos – y con sus obligaciones maternales.
Kate se marcha sin previo aviso con frecuencia. Kate no puede compartir sus problemas laborales con su marido. Kate tiene dos hijos adolescentes a los que solo atiende en circunstancias extremas. Y es que 007 nunca puede ser la Señora Doubtfire. Hay curros contraindicados para la crianza. Cuando la cremallera de este juego de espías se abre para dejarnos ver el drama familiar, la serie se descose sin llegar, eso sí, a perder todo su interés.

