Entrevista a Lorena Iglesias, creadora de 'Millennial Mal' (Filmin)
Entrevista a Lorena Iglesias, creadora de 'Millennial Mal'

Lorena Iglesias: “Hoy en día la juventud es una cosa que te tienes que trabajar toda la vida”

Hablamos con Lorena Iglesias, creadora de la nueva serie de Filmin, 'Millennial Mal': una invitación a mirarnos sin juzgar en el espejo de una juventud que ya no se mide por la edad, sino por las presiones y las precariedades comunes.

A Judith (Lorena Iglesias), la vida le da una segunda oportunidad. O quizás es la tercera, la quinta o la décima. O puede que sea incluso la primera. Superados los cuarenta, recibe una beca universitaria que, sea por un error burocrático o por una broma del destino, le permite acceder a los códigos de la juventud contemporánea, esa de la que su existencia como bibliotecaria amante de los gatos se había alejado de manera irremediable.

Este es el punto de partida de Milennial mal, serie creada por la misma Lorena Iglesias y producida por Filmin que pone sobre la mesa cuestiones que no entienden de edades ni generaciones, como la precariedad, el feminismo o el deseo, y en la que se nos invita a librarnos de cualquier tipo de prejuicio para asomarnos a la forma más pura de amor propio: la que nos concede la posibilidad de ser quienes somos sin que haya en ello ningún tipo de ataduras.

Empezamos la entrevista reconociéndole a Lorena que nos hemos reído viéndola, aunque tengamos que admitir que también lo hemos pasado mal. “¿En qué momento lo pasaste mal”, nos pregunta. “Sobre todo al principio, al ver que realmente hay tanta distancia, tanto desconocimiento entre dos generaciones a las que, en realidad, sólo nos separan unos años”.

¿Crees que siempre ha sido así, o que se han exagerado, en pleno siglo XXI, las diferencias que hay entre personas nacidas sólo con quince o veinte años de diferencia? Porque al inicio de Milennial mal claramente se ve que son dos universos que coexisten sin ni siquiera rozarse.

Lorena Iglesias: Pues no te sé decir, la verdad. Tengo la sensación de que hay un aislamiento generacional, sí, pero que no es culpa de ellos. Hay desinterés y, sobre todo, diría que hay paternalismo por parte de la gente de nuestra generación. “Son cosas de jóvenes” y ya está, y pensamos que andan despistados con el tema de las redes sociales y que todavía no están cocidos del todo. Cuando en realidad tenemos muchísimas cosas en común. Para empezar, la precariedad. O las presiones estéticas sobre las mujeres.

Y la serie propone crear esa conexión, que exista la posibilidad de entenderns con personas, especialmente con mujeres, de diferentes generaciones. Creo que es la manera de cortar con el patriarcado, compartir experiencias y referentes, y que entendamos que hay maneras diferentes de ser jóvenes y también adultos. Que entendamos que la juventud, o el envejecimiento, no son sólo una única cosa.

«A nuestra generación nos vendieron toda una serie de ideas que en teoría nos iban a asegurar el futuro […] Y es todo mentira cochina.»

La juventud es un valor en auge. Aunque tengas 70 años, hoy en día se pretende que sigas sintiéndote joven. De hecho Judith, la protagonista, en realidad es joven.

Es que ahora mismo el concepto de juventud es una cosa en la que tienes que trabajar toda tu vida. Si eres niña, tienes que llegar pronto a la juventud, y esto lo vemos a diario con los vídeos de niñas que circulan por redes. Si eres joven, se trata de mantenerte así, y si eres adulto, tienes que recuperarla como sea. La industria lo ha convertido en un trabajo para toda la vida, uno que resulta imposible conseguir, porque de eso se trata, de vender estándares inalcanzables que tendrás que perseguir toda tu vida. Y cuanto más insegura te sientas, mejor.

Millennial Mal

Lorena Iglesias, creadora y protagonista de ‘Millennial Mal’, interpreta a Judith.

Porque más necesitarás esforzarte para conseguirlo.

Y más sensación tendrás de haberte quedado obsoleta. A nuestra generación nos vendieron toda una serie de ideas que en teoría nos iban a asegurar el futuro. Estudia una carrera, opta a un trabajo público estable y no te preopces por nada. Y es todo mentira cochina. Yo empecé a estudiar filología portuguesa y la dejé a los dos años. ¿Qué se suponía que iba a pasar, que me iba a convertir en filológa? No conozco a ninguna persona de mi generación que lo sea. Toda esta promesa de bienestar que nos vendieron era una puñetera farsa, y a la hora de la verdad se trata de buscarse la vida.

¿En qué momento surge la idea de la serie? ¿De dónde sale Judith?

Cuando estaba a punto de cumplir los 40, que fue cuando hablando con mis amigas nos dimos cuenta que nuestra juventud, que fue entre finales de los 90 y principios de los 2000, había sido saboteada. Compartíamos experiencias y nos dimos cuenta de que lo habíamos pasado mal. Los tíos no nos respetaban, si hacías bromas caían en saco roto, no encontrabas a nadie con quien compartir tus gustos, si ibas a un concierto y nadie te acosaba era la excepción… Todo mal. Y me di cuenta de que no había sido una joven feliz, que no había vivido la juventud como se suponía que tenía que vivirla. Y ahora es peor.

«Vivimos inmersos en la parte mala de la juventud. Compartimos piso, tenemos trabajos inestables… Y te preguntas cuándo llegará lo bueno de ser joven»

¿Por qué?

Porque vivimos inmersos en la parte mala de la juventud. Compartimos piso, tenemos trabajos inestables… Y te preguntas cuándo llegará lo bueno de ser joven. Para mí esa es la pregunta que da sentido a la serie, esa deuda que tiene la sociedad con las mujeres de nuestra generación. Ves en redes sociales a las jóvenes de hoy en día, con su parte de idealización, por supuesto, pero las ves relacionarse de manera más fluida, más sana, y desearías haber sido joven ahora.

Las protagonistas de la serie son mujeres, tanto Judit como las dos estudiantes universitarias que se convierten en sus cómplices. Aun así, hay un personaje masculino especialmente interesante, Saúl, porque pone de relieve muchas de las problemáticas que caracterizan al hombre contemporáneo. La principal, la relación con el feminismo, que aquí pasa por una app hilarante: AppLiado.

Es que es una cosa muy masculina, esto de creer que ser aliado es tener una app. Es esto de querer una cosa y conseguirla, de tener unos objetivos y cumplirlos. No se trata de hacer un trabajo que consista en revisarte toda la vida, no, se trata de cumplir objetivos y de hacerlo mejor que los otros. Vamos a competir por ver quién es más feminista, esa es la cuestión. Si voy a ganar, juego, pero si es sólo una cuestión de conciencia, un objetivo que puedes no conseguir, ni siquiera interesa.

Yo lo veo en amigos de 40 años que creen que ya está todo hecho por haber leído un libro de Judith Butler. Y no, cariño, no es eso. Se trata de revisarse siempre, como hacemos todas, y de quizás morirte sin haber conseguido todo lo que se suponía que tenías que conseguir. En todo caso, de Saúl hay otra cosa que me parece muy interesante.

Millennial Mal

‘Millennial Mal’ es la nueva serie original de Filmin,

¿Cuál?

Su desconexión con el cuerpo, que es también muy masculina. No solo con las emociones, sino con el propio cuerpo. Los hombres mayores están super desconectados, acartonados, herméticos, que ni siquiera saben cómo intentar mostrarse sexys. En cambio, ves a los jóvenes bailando, perreando, relacionándose a través del cuerpo y me parece un cambio brutal y muy curioso. No sé, suéltate, baila, porque quizás así liberarás emociones y cosas que necesitas sacar. Por eso me gusta el giro de Saúl, que de repente decideser un Magic Mike y a traves del feminismo se abre y consegui conectar con una parte reprimida en él.

«‘Las chicas de oro’ es la serie más feminista que se ha hecho jamás»

Hablando del principal personaje masculino de la serie, hay un tema con muchas series creadas y protagonizadas por mujeres de mediana edad: se tiende a sobreentender que van dirigidas sólo a mujeres de mediana edad. Y esta serie puede ser muy interesante para hombres y mujeres de edades muy diferentes. ¿Te ha llegado feedback de hombres, de mujeres más jóvenes o más mayores? 

Bueno, como Hacks, que tiene de protagonistas a una señora de 65 y a una de 28 y tiene un público de todas las edades. Y sí, la han visto tanto personas muy jóvenes como de mediana edad y mayores, y de momento lo que me llega es que todos se sienten identificados con el personaje principal. Y me parece curioso, porque yo pensaba que los jóvenes conectarían con los jóvenes. Pero creo que esta necesidad de reinventarse es extrapolable a cualquier edad.

Claro, aunque muchas veces la ficción nos plantea la búsqueda de la identidad como algo que hay que resolver muy pronto en la vida. Como si al llegar a los 40 o a los 60 no pudieras tener dudas, ni hacer cambios, cuando en realidad la identidad no está nunca del todo definida, ¿no? Es lo que le pasa a Judith, que necesita encontrarse a sí misma.

Sí, sí, y eso lo puedes hacer cuando tienes 80 años, ¿por qué no? Mira, yo me acuerdo mucho de Las chicas de oro. Para mí es la serie más feminista que se ha hecho jamás. Eran cuatro ancianas que vivían juntas y eran amigas. Y de repente follaban, o tenían trabajos nuevos o qué sé yo. Y de pequeña me encantaba. Éramos cuatro hermanas y la veíamos juntas, imagínate, cuatro niñas enganchadas a la tele para ver a cuatro ancianas. Y nos identificábamos con ellas, y eso que había tramas, por ejemplo, sobre la menopausia, que eran cosas que en teoría no eran para niñas. Pero eran tan carismáticas y tan humanas que no podíamos dejar de verlas.

Millennial Mal

‘Millennial Mal’ está disponible en Filmin.

Eres creadora y guionista de la serie, y también actriz principal. ¿Cómo ha sido el proceso de crear un personaje que sabías que ibas a interpretar? ¿Cómo has llevado la autoexigencia en ese sentido?

Bueno, desde el momento en el que me puse a escribir y sabía que lo que escribía lo iba a hacer lo tuve en cuenta. Puede haber un gag loquísimo o chulísimo, como que de repente Judith sepa perrear de puta madre, pero si no voy a tener tiempo para llegar a hacerlo, si no me lo podía permitir, pues yo sabía que ahí había topes que me tenía que poner. Lo que sí quise hacer fue sorprenderme a mí misma con algunas cosas. Me preguntaba qué pasaría al hacer de esa joven alpha, por ejemplo, a ver qué saldría, porque para mí era una de las cosas más difíciles a nivel interpretativo.

Aun así, la Judith que más se aleja de mí es la del principio, la gris. La loca de los gatos sí que soy yo, porque yo les hablo así, pero esa tan chula que de repente entra en la universidad también se aleja un poco de como soy yo en realidad. En cualquier caso, la que más disfruté fue la de los flashback. Interpretar eso, como de comedia romántica, con esa libertad del personaje, fue con lo que mejor me lo pasé.

En todo caso, la trayectoria de Judith se puede entender como un paralelismo de lo que supone personalmente actuar para una actriz: es cuando te metes en la piel de alguien que no eres que descubres también cosas sobre ti misma, ¿no?

Sin duda. Performar siempre te enseña cosas. Performando que es joven Judith descubre cosas sobre su propia juventud. Y disfrazarte, ponerte en el pellejo de alguien que no eres y que no habías explorado antes, te permite entender a esa otra persona pero también a ti misma mucho mejor. Me pasaba con la Judith del principio, la gris. Sólo con ponerme esa ropa ya lo entendía todo. Cómo esa ropa odiosa, asquerosa, que es la nada, te convierte en una persona invisible. Y eso lo entendí precisamente por interpretar a esa Judith.

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