'Bronca' T2: los que se pelean se asemejan
Crítica de la 2ª temporada

‘Bronca’ T2: los que se pelean se asemejan

La segunda temporada de la serie antológica creada por Lee Sung Jin renueva totalmente el reparto en una nueva historia de odios, rencores y venganzas llevadas al extremo, marcadas por el deseo de promoción social. Si la primera, pese a los elogios, ya resultaba en ocasiones algo forzada, esta se pierde un poco más por el camino. Por suerte, el brillante reparto mantiene el pabellón alto.

Las situaciones de vergüenza ajena, aquellas que casi nos hacen apartar la vista deseando que un personaje no actúe de manera claramente insensata, suelen ser caldo de cultivo de la comedia. John Cleese, por lo que más quieras, ni se te ocurra danzar con la ropa interior de Jamie Lee Curtis cubriéndote el rostro mientras sueltas expresiones en ruso. Que va a entrar alguien, hombre. Javier Gutiérrez, no pretendas ser un artista incomprendido y limítate a ser fotógrafo de bodas.

La ficción embarazosa más reciente, siempre con un cierto barniz de ironía, se tiñe de comedia negra (incluso de dramedia, si apostamos por los neologismos molones). Ahí está la interesante DTF St. Louis, una reflexión amarga sobre la crisis de la mediana edad camuflada de thriller detectivesco. O las dos temporadas de Bronca (Beef), que exploran cómo nos podemos llegar a rebajar los seres humanos por rencillas más o menos pequeñas, que se van agrandando hasta alimentar una hoguera de vanidades, rencores… y codicia.

En su segunda entrega, Lee Sung Jin apuesta por el formato de la antología, al proponernos una nueva historia con un reparto renovado

La primera entrega de Bronca fue uno de los mayores éxitos de Netflix en 2023, bendecido por crítica y público, reconocido con ocho Emmys de trece nominaciones y tres Globos de Oro (a la mejor miniserie y a las interpretaciones protagonistas de Steven Yeung y Ali Wong). Una disputa en el aparcamiento de una tienda, entre un contratista de obras en horas bajas y una empresaria botánica de éxito, derivaba en una carrera de decisiones nefastas que amenazaba con arruinar la vida de ambos.

Vaya por delante que no comparto el entusiasmo generalizado que despertó, pese a admitirle sus méritos. Estaba tan empeñada en dibujar personajes profundamente antipáticos y obsesivos que corría el riesgo de alejar al espectador de este remolino de giros de guion forzados. En su segunda entrega, la creación del coreano Lee Sung Jin apuesta por el formato de la antología, al proponernos una nueva historia con un reparto completamente renovado. Nos sitúa en un club de golf marcado por las apariencias. Y de nuevo, al menos para quien esto firma, cumple sólo a medias.

Bronca T2

Ali Wong y Steven Yeung en la 1a temporada de ‘Bronca’.

Al otro lado del espejo

Bronca podría parecer una especie de versión plebeya y mucho más gamberra de Feud. Si Ryan Murphy se propone diseccionar las rivalidades surgidas entre celebridades históricas, a través de un filtro de glamour y papel couché, aquí se trata de entender que todo hijo de vecino puede pasar del saludo cortés al puñetazo rabioso a partir de hechos más o menos anecdóticos. En el fondo, el conflicto surge de la constatación que en la trinchera enemiga anidan las mismas frustraciones, una idéntica desorientación vital. Quizás no sea cierto aquello que repetíamos como una cantinela en los patios de nuestra infancia. ¿Los que se pelean se desean? Quizás. A veces. Aun así, por encima de todo, los que se pelean se asemejan.

Es un punto de partida interesante, que expone las vergüenzas de un sistema económico basado en las desigualdades 

Esta nueva bronca amplía el foco (lo que también implica una cierta dispersión de tramas) para cruzar los destinos de dos parejas de diferente condición y similares aspiraciones. En un lado del ring tenemos a Josh, el gerente de origen latino del club, y su esposa Lindsay, encarnados por Oscar Isaac y Carey Mulligan con su solvencia habitual. Te acaban convenciendo de lo que quieran, incluso cuando afrontan algún monólogo existencial de los que aparenta profundidad pero que podría ser el producto de una indigestión severa de galletas chinas de la suerte.

En el otro lado del cuadrilátero, una joven pareja de empleados del mismo centro, recientemente prometidos, Ashley y Austin. Ella es una estrella ascendente, la magnética Cailee Spaeny, ya muy destacable por sus papeles protagonistas en el cine, en Priscilla, en la infravalorada Civil War y en la nada despreciable Alien: Romulus. El suyo quizás sea el arco más fascinante (carne de meme instantánea, por sus expresivas reacciones ante todo lo que va sucediendo). Y él es el actor Charles Melton, el personaje más bobalicón, que introduce el ADN coreano. Son ellas y ellos, y algunos otros miembros del reparto, los que elevan la propuesta.

Bronca T2

Carey Mulligan y Oscar Isaac son Lindsay y Josh en la 2ª temporada de ‘Bronca’.

Incomodidad y chantaje  

El desencadenante de esta nueva Bronca es una fuerte discusión del matrimonio veterano, que los más jóvenes presencian accidentalmente, sin olvidarse de grabarla en su móvil. Por si el jefe se pone desagradable. Es un punto de partida interesante, que expone las vergüenzas de un sistema económico basado en las desigualdades y en azuzar la zanahoria del ascenso social para mantener en alerta a los que se encuentran en los peldaños más bajos. Las diferencias de clase se manifiestan de manera todavía más clara que en la primera temporada, confrontando a un par de millennials situados en la cima, o lo más cerca posible de ella, con dos jóvenes de la generación Z, cargados con una mochila en la que la ambición y las inseguridades comparten espacio.

Esta bronca se basa en los cálculos retorcidos de quien elige recurrir al chantaje para prosperar económicamente

La tensión a cuatro bandas, la ira reprimida, es más que palpable en lo más íntimo de cada pareja. El matrimonio feliz se nos muestra como un ser mitológico, acorralado entre las dudas y las expectativas elevadas de los inicios y los reproches y la monotonía de los finales. Prácticamente en la trastienda de cada escena nos parece estar oyendo el chirrido de unos mecanismos llevados al máximo punto de estrés posible. Es la incomodidad como vehículo narrativo. Cada vez que alguno de los personajes expresa en voz alta lo bien que va a salir todo y cuánto se van a querer toda la vida, la grieta de la presa se amplía unos milímetros, a punto de reventar.

Comparada con la primera temporada, esta bronca no se basa en una reacción instintiva del animal herido en su orgullo por una peineta o un claxon que suena a destiempo, sino en los cálculos retorcidos de quien elige recurrir al chantaje para prosperar económicamente, o mantener las posiciones. En esta denuncia más o menos soterrada de los males del turbo-capitalismo encontramos los puntos fuertes de la serie. Por esta visión descarnada de los “talones de Aquiles” de aquellos que se codean con las más grandes fortunas, también conecta con el culebrón de alto standing que es The White Lotus. En el cuarto capítulo, posiblemente el mejor de esta tanda, situado en la sala de urgencias de un hospital, Bronca incluso se permite exponer las vergüenzas del sistema sanitario norteamericano.

Bronca T2

Charles Melton y Cailee Spaeny son Austin y Ashley en ‘Bronca’ T2.

La dinámica de los fluidos

Más allá de la dirección de Lee Sung Jin, de que Yeung y Wong se mantienen en la producción ejecutiva, y de un curioso product placement de Gatorade, hay otros elementos en común entre las dos temporadas. En ambos casos los personajes recurren puntualmente a sus fluidos corporales, especialmente la orina, como método de canalización fetichista de la venganza. Podría ser una casualidad. En Bronca más de uno acaba expulsando aquello que lleva dentro de la manera más abrupta posible.

Esta ‘Bronca’ 2.0 vale la pena por el gran trabajo del cuarteto protagonista, por las chispas que consiguen hacer saltar en cada diálogo

Sin entrar en detalles, no puede haber nada más privado, ni más sórdido, que una salpicadura de esperma sobre el teclado de un portátil. Todo lo que debería fluir en las relaciones interpersonales se ensucia o se atasca. Podría ser una interpretación alucinada del espectador listillo de turno, por supuesto, pero encajaría perfectamente con la pretenciosidad detectable en los títulos de los capítulos (“la creciente fragilidad de cualquier certeza sobre el futuro” se llevaría la palma, al Milan Kundera style). Aquí ya no hay citas literarias o filosóficas de autores como Werner Herzog o Sylvia Plath, como en la primera entrega, pero persiste la intención de dejar claro lo mucho que se ha leído.

Seul Connection

Esta Bronca 2.0 vale la pena por el gran trabajo del cuarteto protagonista, por las chispas que consiguen hacer saltar en cada diálogo, en cada mirada, en cada beso. Aunque en esta ocasión el reparto principal se ha decantado del lado occidental, la galería de secundarios coreanos también es de categoría. Ahí está la millonaria que ha adquirido el club de golf, la señora Park. Youn Yuh-jung, que ganó el Oscar a la mejor actriz secundaria por Minari, nos ofrece un registro muy diferente al de la abuelita entrañable que sedujo a la Academia. Aunque su historia esté metida con calzador.

No podemos olvidar tampoco que su marido en la ficción, un cirujano plástico muy poco fiable, es el actor fetiche de Bong Joon Ho en películas tan recordadas como Memories of Murder, The Host y Parásitos. Y celebramos la aportación de Seoyeon Jang, en el papel fundamental de Eunice, destinada a ejemplificar que los vínculos amorosos son mucho menos sólidos que los económicos.

Bronca T2

Song Kang-ho y Youn Yuh-jung en ‘Bronca’ T2.

En esta Seul Connection, propia de un K-drama pasado de vueltas, radica la gran diferencia entre las dos temporadas de Bronca. La primera, después de unos cuantos giros hiperbólicos que sustituían la exploración psicológica por la acción visualmente deslumbrante y la violencia de diseño, aterrizaba en un último capítulo despojado de efectismos, el más humano, posiblemente el mejor. Sobre todo, si conseguíamos olvidar esa molesta sensación que en Netflix las tramas se suelen alargar gratuitamente para alcanzar la duración de una serie.

En cambio, el clímax de esta segunda bronca amenaza con hacer volar por los aires cualquier intento de reflexión sobre el egoísmo congénito del ser humano, como si fuera un remake quirúrgico y estilizado de esas panorámicas de la ultra-violencia esbozadas por Park Chan-Wook en obras maestras como Old Boy. Entre tanto ruido, acaba dando igual que los personajes tomen algunas decisiones gratuitas. Al final, el círculo se cierra, para demostrarnos que, cuando les da la rabia, todos los gatos son pardos.

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