“Yo soy más viva-la-vida, pero mi hermano, el muy cabronazo, se las sabe todas”
Entrevista a Jonathan Nolan

“Yo soy más viva-la-vida, pero mi hermano, el muy cabronazo, se las sabe todas”

Lisa Joy y Jonathan Nolan en el estreno de la segunda temporada de 'Westworld'.

Pasamos una tarde con Jonathan Nolan para descifrar 'Westworld' y terminamos hablando del "cabronazo" de su hermano y de realidad virtual

A Jonathan Nolan todos le llaman Jonah. Su hermano Christopher, su socia, coguionista y esposa, Lisa Joy y sus mejores amigos. Este británico al que ya de pequeño se le daba bien resolver acertijos y predecir el final de series, obras de teatro y películas “a base de simple observación. Si uno observa, no es tan difícil como parece, no es magia”, siempre ha sido Jonah, el hermano pequeño de Christopher Nolan, uno de los realizadores más influyentes de las últimas décadas. Sometido a las comparaciones con Stanley Kubrick, el primer Nolan (por edad) ha transitado desde Memento por la tenue frontera que separa el culto de la beligerancia, odiado por un buen montón de cinéfilos y adorado por otro buen montón.

Jonathan Nolan ha conseguido –de algún modo- apartarse de esa ecuación, circulando en los márgenes de la sapiencia del séptimo arte sin asomar mucho la cabeza. Ahora bien, no hay que olvidar que el menor de los Nolan ha firmado con su hermano todos los guiones del segundo: Memento, Origen, la trilogía del Caballero Oscuro, Dunkerque o Interstellar. “Yo soy un poco más viva-la-vida pero mi hermano, el muy cabronazo se las sabe todas, es un tipo muy listísimo. Recuerdo presentando Memento en un festival de cine. De repente un tipo se levanta y nos hace una pregunta imposible sobre el final. Y yo no supe qué decir, así que lo reconocí: “No tengo respuesta para esa pregunta” (risas). Pero Cris agarró el micrófono y empezó a hilvanar una teoría maravillosa sobre por qué y cómo y cuándo. Ese es mi hermano” confiesa.

Pero otra de las razones por las que Jonathan Nolan ha evitado las balas de los francotiradores que se multiplican en las áridas tierras del séptimo arte (que se lo pregunten a Ryan Coogler) es su decisión de trabajar en la caja tonta. Un trabajo sordo al principio, hasta probablemente la segunda temporada de la descomunal Person of interest: “Era una serie para una cadena generalista, con cortes publicitarios, que exigía una estructura muy determinada, y que empezó a un ritmo muy determinado. Luego fue mutando, nos permitió dotarla de conceptos más complejos y acabarla como queríamos. ¿No te gustó el final? (Risas) Lo siento, desde el principio supimos que más tarde o más temprano, íbamos a tener que matar a todo el mundo”.

Sin embargo, lo que ha hecho que Jonah Nolan empiece a ser el destinatario de las mismas iras e incendios que su parentela, es el brutal éxito de su última criatura: Westworld. Parida a cuatro manos junto a Lisa Joy, vendida a HBO casi como producto de transición que pudiera subsanar las heridas causadas por la finalización de Juego de tronos, resulta que esta adaptación de la novela de Michael Crichton sobre un parque concebido para que sus huéspedes puedan hacer lo que les plazca a sus habitantes (robots, por plasmarlo de forma sencilla), se ha alzado con tal fuerza que ya no subsana nada, ni ejerce ningún rol que no sea el de perpetuar su propia identidad. “Esto es muy tópico, pero uno trata de ser todo lo ambicioso que pueda mientras trata de adaptarse al medio que habita. Obviamente, HBO te permite unas libertades creativas extraordinarias, aunque a veces, cuando vamos a pedir dinero las cosas se pongan tensas (carcajada). Con esta serie, tuvimos claro que queríamos establecer unos pilares sólidos y desarrollarlos sin más límites que los que marcaba nuestra narrativa. Y sí, nosotros sabemos dónde vamos, responderemos a las preguntas que genera el show a medida que avanza, y no dejaremos al público en la estacada. Lo prometemos” asegura Nolan.

“Nuestros hijos pasarán la mayor parte del tiempo en la realidad virtual y eso da más miedo que cualquier serie”

Westworld acaba de terminar su segunda temporada, convertida en una serie de vocación cinematográfica que luce en pantalla grande como el resultado de una visión superlativa del medio para el que fue concebida y en pantalla pequeña como algo gigantesco metido en un contenedor estrecho que aparentemente desconoce el tamaño del huésped que le aloja. De hombreras fantásticas, moviéndose entre la ciencia-ficción más elegante, el thriller y el relato distópico, el sello Nolan trasluce en esa reflexión que genera la idea de ser superados por nuestra propia creación, de la condena que se esconde tras la conciencia a terceros, de la muerte –en suma- del creador. Como aquel momento de Blade runner en que el personaje de Rutger Hauer asesina a Dios (a su Dios) porque al engendrarle lo único que hice fue maldecirle.

Preguntado sobre la tensa relación del show con el propio concepto de humanidad, Nolan escoge ir de frente: “Pon la tele, mira las noticias. A veces nos deleitan las noticias de una nueva vacuna, de algo maravilloso que ha sucedido en algún lugar, de algo especial que nos atañe a todos en nuestra condición de humanos. Lamentablemente, muchas otras veces (muchísimas), acabamos metidos en un pozo del que no sabemos cómo salir. Siempre encontramos la manera de joderlo todo, de un modo u otro. ¿Que el show va un paso más allá? Por supuesto, no olvidemos que es ficción. Pero creo seriamente que nuestra reflexión es perfectamente válida y el timing también. Mira, el otro día fuimos con Lisa [Joy] a una demostración de un nuevo programa de realidad virtual. Cuando salimos, volviendo a casa, no nos salían las palabras. Porque en una década o dos, estaremos viviendo en ese mundo. Está llegando. Nuestros hijos pasarán allí la mayor parte del tiempo. Y eso -créeme- da más miedo que cualquier serie”.

Escrito por Toni Garcia Ramon en julio 2018.

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