Ramy da vueltas a la fe
'Ramy'

Ramy da vueltas a la fe

Ramy encaja en ese gran cajón de sastre que es la dramedia y que se define por plantear temas espinosos con medias sonrisas que aparecen en el momento más inesperado.

Cuando en los Globos de Oro de (enero) 2020 Ramy Youssef ganó el premio al mejor actor de comedia por Ramy las comparaciones con Master of none no se hicieron esperar. El elemento en común era fácilmente detectable: dos jóvenes musulmanes, aunque de orígenes diferentes, que viven en los Estados Unidos actuales. Sin embargo, más allá de este elemento compartido, las creaciones de Ramy Youssef y Aziz Ansari discurren por derroteros diferentes.

Y es que Youssef se mete en harina para hablar de un tema del cual no es fácil hacerlo y con el cual es habitual toparse con indiferencia o incomodidad: cómo vivir desde la fe. El protagonista de Ramy, a diferencia del de Master of none, no solo se ha criado en una familia musulmana si no que es creyente y practicante. De hecho, su gran dilema es vivir siguiendo los pasos necesarios para ser un buen musulmán, una preocupación que nace en la primera temporada y que es el corazón de la segunda, estrenada hace unos meses en Starzplay.

Ramy encaja en ese gran cajón de sastre que es la dramedia y que se define por plantear temas espinosos con medias sonrisas que aparecen en el momento más inesperado. En la serie de Youssef el temazo es la fe, una cuestión que no es fácil tratar en la ficción porque a la primera de cambio te pueden colgar la etiqueta de beato o integrista. Las dudas espirituales de Ramy pueden sonar marcianas a espectadores ateos o agnósticos, un grupo que nada desdeñable de personas.

En España, por ejemplo, el último barómetro del CIS mostraba que el 22,4% de los españoles se declaran agonísticos o no creyentes, mientras que un 13,6% se consideran ateos. El gran reto no es solo que la serie hable de fe, sino que habla del Islam, una religión que lleva adosada multitud de prejuicios, el primero de ellos la radicalidad. Por este motivo, la serie solo se puede ver si se hace desde una actitud abierta y dejando de lado las ideas preconcebidas. En caso contrario –si estás todo el rato con la ceja levantada en modo suspicacia– es imposible disfrutar de Ramy.

El mayor acierto de Ramy es que huye de sentar cátedra, básicamente porque su protagonista está perdido y la mayoría de veces que intenta enderezar su camino la caga. Youssef no adoctrina si no que más bien se interroga y nos interroga de forma constante a través de su alter ego. ¿Qué significa vivir como creyente? ¿Qué obligaciones comporta? “He llegado a un punto en el que sé que mi manera de vivir no es convencional y en el que siento que cualquier relación que acabe teniendo no será convencional. Así que no siento que tenga la obligación de tener una relación con una persona musulmana o al revés. Pero poner encima de la mesa esta pregunta era muy importante…He llegado a la conclusión que estoy abierto a todo. Pero mi personaje no ha llegado aún a ese punto y está realmente intentado entender cómo vivir”, explicaba Youssef en una entrevista en la National Public Radio.

El sheikh Malik es el encargado de dar respuesta a ese vacío que, como el mismo Ramy confiesa, llena con horas y horas de porno

En esta segunda temporada las preguntas de Ramy se dirigen principalmente a su nuevo guía espiritual, el sheikh Malik, interpretado por Mahershala Ali. Algunos medios ya lo han bautizado como el hot sheikh en clara alusión a otro hombre de fe catódico que hizo tambalear los cimientos de más de uno y una, el hot priest de Fleabag. En este caso, en la relación entre el sheikh y Ramy no hay una tentación sexual o amorosa aunque sí una profunda admiración del protagonista hacia una figura pseudopaterna que parece tener respuestas para todos las preguntas de la vida. Él es el encargado de intentar guiar a Ramy en dar respuesta a ese vacío que, como el mismo confiesa al principio de la temporada, llena con horas y horas de porno.

La historia que explica Ramy tiene la vertiente espiritual pero también la social, y van emparejadas. La decisión del protagonista de vivir según el Islam se debe a una necesidad espiritual pero también social, pues es su principal vínculo con sus orígenes, Egipto. En Master of None el componente espiritual no se tiene en cuenta porque Ansari, que no es practicante, prefiere centrarse en el impacto cultural y el vínculo familiar. El episodio «Religion» de la segunda temporada sirve como negativo de cualquier capítulo de Ramy: en él Ansari habla de todos esos hijos que no son creyentes pero que han heredado la religión de sus padres y deben convivir con ella. Una reflexión que le sirve para explicar el peso que tiene una religión rodeada de prejuicios para los inmigrantes de segunda generación que crecieron en el escenario del 11 de septiembre y que en los último años han visto como en Estados Unidos crecían movimientos de extrema derecha.

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Ramy Youssef junto a Mahershala Ali en ‘Ramy’.

Debido a la enorme influencia de la comunidad judía en el sector audiovisual norteamericano, los que nos hemos criado con ficción básicamente yanqui nos hemos acostumbrado a ver historias de familias judías y aprendernos sus costumbres y sus festividades. Las historias del resto de minorías siempre han quedado relegadas. En la ficción española todavía es peor, no es que queden relegadas sino que prácticamente es invisible. Por ese motivo es destacable que ‘Skam’ haya decido acabar la serie dedicando su última temporada al personaje de Amira, la única de las cinco amigas protagonistas que es musulmana. No sólo porque casi nunca se da protagonismo a un personaje musulmán, sino porque se habla del Islam desde la perspectiva femenina y adolescente y se ponen sobre la mesa las contradicciones de vivir según la fe escogida.

Tanto Ramy como la última temporada de Skam son series disfrutables que, además, responden al tal odioso –pero real– adjetivo de «necesarias». Su representación de una realidad diversa es indispensable para huir del pensamiento monolítico en el que se mueven plácidamente los movimientos más extremistas.

Escrito por Alejandra Palés en octubre 2020.

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