5 razones para ver ‘Atlanta’
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5 razones para ver ‘Atlanta’

En tan solo dos temporadas Donald Glover consigue crear una satírica obra maestra sobre el problema racial que padecen los Estados Unidos.

1. Por Donald Glover

Pocas cosas se le resisten a este tío. Cómico, guionista, director, actor y músico. Como apuntó Marc Renton, Donald Glover es un hombre del Renacimiento. El inmediato éxito con su duro tema This is America y su incursión al cine para interpretar al mítico Lando Calrissian de Star Wars solo han hecho que confirmarlo con un salto al mainstream internacional. Pero él ya estaba allí.

Antes de eso, en 2016, creó su serie, Atlanta. Si el lector ya conoce su nombre no hacen falta más alicientes para darle una oportunidad a esta joya. “Es lo mejor que hay en televisión”, le confesó Amanda Peet, actriz y esposa del creador de Juego de Tronos, David Benioff. Ahí es poco. A quien no lo conozca de nada se lo puede acosar con un name-dropping de los proyectos en los que ha trabajado o recomendarle, como me hicieron a mí, el perfil de este multiusos.

2. Por sus personajes

Earn Marks (Donald Glover) es un pringado con demasiadas facturas que ve la luz en su primo Alfred Miles (Brian Tyree Henry), un rapero de poca monta que ha cosechado su primer éxito en la radio local bajo el pseudónimo de Paper Boi. Junto al delirante Darius (Lakeith Stanfield), Atlanta narra la misión de este triunvirato para salir del pozo y lanzarse al estrellato.

Earn y Van (Zazie Beetz), la madre de su hija, son la cara más entrañable de la serie. Aunque resbalan una y otra vez en el camino hacia esa mentira llamada sueño americano ambos persisten en el intento de seguir escalando y encontrar su lugar en el mundo. Una lección de optimismo que nos lleva a empatizar con ellos. Por mucho que le partan la cara Earn vuelve a ponerse en pie.

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Earn y Van

Holgazán y políticamente incorrecto hasta la médula, Paper Boi es un crápula de primer nivel. Quiere alcanzar el éxito para tener las manos llenas de maría y fajos con la cara de Benjamin Franklin pero todos los escalones previos se la traen floja. El sofá es su mejor amigo y a pesar de esconder cierta timidez tras sus camisetas XXL, Al es pura desvergüenza. Su vulgaridad y su posado de agotado por su existencia hacen de ‘B.A.N.’ (1×7) una obligatoria perla del humor negro televisivo. En el fondo, eso sí, con las mismas dudas humanas que Earn.

La tercera espada es esa dosis de surrealismo absurdo que nos obliga a reír de incredulidad. Hablo, por supuesto, de cada deliciosa línea del guión de Darius, que se pasea por la serie hasta las trancas de hierba mientras su cerebro viaja a universos paralelos y nos deja con la constante duda de si estamos delante de un sabio o de un pirado. Pero también hablo del tío con un cocodrilo en el baño, de la fumada en una fraternidad de pijos confederados o de los problemas de identidad sexual que hay en la comisaría.

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Mientras que en la primera temporada el trío va siempre de la mano, en la segunda Glover sabe construir un relato más coral y dar las llaves del vehículo a sus escuderos. Y el resultado es increíble, pues son esos capítulos los que rebosan excelencia y nos quedan grabados en el cerebro.

3. Por su descarnado retrato de la industria musical

Aunque no veamos ni un segundo a Paper Boi rapeando, Atlanta también nos habla de la música. A través de sus ojos y los de Earn, su manager, vemos cómo el artista empieza a crecer, pasando de los suburbios de la capital de Georgia a los despachos de la poderosa industria discográfica. Oficinas al estilo Silicon Valley, catering de comida orgánica y pijos blancos que se dicen ‘nigga’ y se abrazan como si estuvieran en el gueto.

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Todo ello evidencia la diferencia abismal entre los artistas y cómo funciona la industria. ¿Cómo alcanzar el éxito si ello significa claudicar ante el circo? Con cara de poema, Paper Boi ve en la constante exposición mediática y en el excéntrico ridículo de ‘celebrities’ como el irritante Justin Bieber negro (Nobody beats the Biebs, 1×5) una prostitución de su arte.

Mientras que Earn sigue sin hallar el camino para impulsar a su primo, Glover lo encuentra para exponer esa absurda carrera a la fama (The Club, 1×8) y el angustioso movimiento fandom que le acompaña (Champagne Papi, 2×7). Reflexiones a escuchar por parte de un artista que, bajo el nombre de Childish Gambino, también forma parte de ese circo.

4. Por su evolución dramática

Conocida de sobras su capacidad para controlar multitud de registros artísticos no debería sorprendernos que Glover haga lo mismo con Atlanta. Así como frente al micrófono ha sabido pasar del rap a un funk con alma groove que recuerda al fallecido Prince, dos temporadas han sido suficientes para ver la evolución de una serie cada vez más madura y oscura.

Tan hilarante como patético, Earn deambula por la vida pendiendo de un hilo. Una sonrisa que esconde cierta tristeza y frustración con la vida que nos recuerda a lo mejor de la magnífica Louie. Tras un gran arranque, la segunda temporada de la serie de FX aparca más lo cómico y se centra en una sátira más irónica, absurda y, en algunos capítulos, desacomplejadamente dramática.

Aquí requiere una mención especial esa genialidad llamada ‘Teddy Perkins’ (2×6) con la que Glover se acerca a un inquietante relato terrorífico de múltiples capas y, como “This is America” , plagado de referencias a la cultura pop. Un capítulo que ya vale toda una temporada.

5. Por su lectura política

La historia de Atlanta no es solo la historia de dos primos que entran en la escena del rap sino la de una ciudad y la de una comunidad, la afroamericana, que se encuentra constantemente con palos en las ruedas. Por muchas risas que nos peguemos, la opresión de esta minoría racial en Estados Unidos es una constante que subyace durante toda la serie, ya sea con las everyday strugle de Earn para llegar a fin de mes o con la ironía del desternillante hombre transracial. “Quizá por eso estoy aquí”, dijo Glover tras recibir el Emmy a mejor actor el pasado septiembre.

El desarraigo de Earn y de Al, económico y cultural, queda reflejado en la incomodidad de esos capítulos donde se entremezclan en ambientes de gente blanca cargados de estereotipos (Juneteenth, 1×9 / Helen, 2×4) o en la desesperación de aquellos en los que todo sale mal (Barbershop 2×5 / North of the Border 2×9).

Pero más allá de la crítica a la problemática racial del país Atlanta también mira con unos privilegiados ojos políticos el acoso escolar (FUBU, 2×10), la fractura económica (Value, 1×6), los efectos psicológicos del abuso familiar (Teddy Perkins, 2×6) o el estrés en la era del like (The Streisand Effect, 1×4). Reflejos de una sociedad que seguimos maquillando con carcajadas. Y aquí hay que dar todo el crédito a Glover por ser capaz de poner sobre la mesa y hacer digeribles platos tan duros en una comida de apenas 30 minutos.

Escrito por Carles Planas Bou en mayo 2018.

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