Viernes Santo de Serielizados Fest

4o Festival Internacional de Series de Barcelona

Viernes Santo de Serielizados Fest

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Esta es una crónica real. Los eventos relatados en esta crónica tuvieron lugar en Barcelona en 2017. Por respeto a mis padres, he cambiado el número de birras consumidas. Por respeto a los que no asistieron al festival, el resto ha sido contado tal y como ocurrió.

Minnesota en invierno es sinónimo de muerte y personajes sórdidos; Barcelona en primavera es sinónimo de vida y personajes sórdidos. El nexo de unión entre estos dos mundos, tan alejados como una azada de las manos de un rey, es una proyección en una gran lona de los Cinemes Girona. Por suerte nos encontramos en la Barcelona primaveral y la Minnesota invernal hace acto de presencia únicamente en la gran pantalla. Es el acto de inauguración del cuarto Serielizados Fest, que da el pistoletazo de salida ni más ni menos que con el estreno de la tercera temporada de Fargo.

En esta crónica habrán trampas narrativas. Hablaré en presente del estreno de Fargo, acontecido la noche del jueves, pero cuando me refiera a la jornada de viernes del Fest también lo haré en presente. Desdoblo el presente verbal porque son tantas las actividades del Fest de este año que también yo tuve que desdoblarme para asistir a todas. Sé que no soy un Ministro del Tiempo, me gusta pensar que soy un Cronista del Tiempo pero sé perfectamente que la etiqueta más adecuada es la de Cretino del Tiempo. Eliminar el pasado y el futuro de esta crónica es puro despecho, venganza preventiva ante la más que absoluta certeza que serán ellos los que un día me eliminen a mi. Pero volvamos al presente -a uno de los presentes- y a Fargo.

Ewan McGregor FargoCuando un festival empieza se nota en los rictus tensos de los organizadores y en las sonrisas levitantes de los que asisten. Esa es la postal en los Cinemes Girona a eso de las diez de la noche, minutos antes del gran estreno de Fargo. La gente bautiza el festival con cerveza Moritz y se acomoda en las butacas dispuestos a ver sangre, nieve y el show interpretativo de Ewan McGregor. Y es que precisamente es mi amigo Ewan, interpretando a dos hermanos gemelos, en quién recae el peso del primer capítulo de la tercera temporada de Fargo. Un capítulo muy Fargo en todos los sentidos, y que no voy a destripar ahora; basta deciros que la muchedumbre sale de la sala intercambiando sonrisillas socarronas de complicidad que denotan que todos sabemos que esta nueva temporada va a mantener el nivelazo.

Despedidas. Abrazos. Dos gintonics. Más abrazos. Otra despedida. Al sobre. Ya es viernes por la mañana. Esta breve y pragmática enumeración me sirve para saltarme doce horas en nuestra imaginaria línea temporal y situarme en el segundo presente de esta crónica traicionera: el Viernes Santo del Fest, conocido por los amigos como un día tocho que lo flipas. Relatémoslo pues con la alegría del reo que debora un kebab tras escapar de prisión.

Desde la pasada edición tengo muy claro que las actividades tapadas del Fest son las sesiones PRO matinales; demuestran que las series no son solo un producto que se consume, sino que también son una industria potente y con unas perspectivas de futuro fenomenales. Los pasos de los primeros asistentes al Fest -calmados y firmes- retumban por el hall del CCCB y se mezclan con los de los currantes -más rápidos, nerviosos-, que trazan incesantes el pequeño recorrido que hay entre el hall y el auditorio, los dos grandes escenarios donde tendrán lugar las mil y una actividades del festival. Precisamente en el auditorio empieza la sesión Pro “How are Catalan and Spanish TV series seen from abroad?”. Cuatro mujeres bajo los focos, profesionales del sector representando España, Bélgica, Italia y Finlandia. Y sí, digo mujeres para dejar patente la excelente labor de los organizadores para lograr una paridad real entre los invitados al festival, un hecho que debería ser lo habitual pero que desgraciadamente es muy difícil de encontrar. La sesión es más que interesante, pero lo que me fascina es esto:

· En Finlandia lo petaron Los Serrano. Fran Perea ha ido a dar conciertos allí con llenazos.

· En Bélgica lo petó UPA Dance.

· En Italia lo petaron las adaptaciones de Médico de Familia y, otra vez, Los Serrano.

¿No es maravilloso el mundo? Sí, se exportan series españolas al extranjero y son las que menos opciones parecen tener de triunfar fuera, por aquello de su marcada personalidad españoleitor. Pues no. Puñetazo de humildad en la mandíbula de los pedantes de las series nacionales. A dormir, anda. La sesión PRO termina con dos casos de estudio: el de la noruega Valkyrien y The Young Pope. Salgo de allí creyéndome directivo de HBO, así que se puede decir que las sesiones han cumplido su cometido con creces.

helado juego de tronos rocambolesc cronica 1 serielizados festPero vayamos a lo gordo, vayamos a las actividades de la tarde, vayamos donde todo queremos ir. El hall del CCCB es grande, magnánimo, imperial. El primer plato de la tarde nos retrotrae a todos a la niñez, a esos días azules y ese sol de infancia como decía Machado. Una legión de -lo siento- bastardos aguarda la proyección del capitulazo de Juego de Tronos ‘La Batalla de los Bastardos’ con un regalo muy especial: el helado-mano de Jamie Lannister creado por Rocambolesc, la heladería del Celler de Can Roca. Todo el mundo con su heladito, feliz, sonriente ante la avalancha de sangre que sabe que se les viene encima; me encanta pensar que el CCCB se ha convertido en una especie de guardería macabra. Con la cabecera de la serie y su pegadiza melodía la gente aplaude e incluso baila; el hooliganismo que genera Juego de Tronos es digno del Manchester de los 80. No he visto Juego de Tronos, lo admito, pero os digo que la Batalla de los Bastardos hace emocionarme del mismo modo que en su día lo hicieron el Abismo de Helm y los Campos de Pelennor. Brutal. A pesar de no ser un fan de la serie de George R. R. Martin, me absorbe el ambiente que generan los acérrimos tronoliebers viendo el capítulo, que se puede resumir así: miedo cuando aparece Daenerys, admiración cuando aparece Jon Snow y odio furibundo cuando aparece Ramsay Bolton. Qué felicidad cuando el cabrón este acaba convertido en Dog Chow, por favor.

Avanza la tarde -aunque dentro del CCCB es como si no pasaran las horas- y me dirijo al Auditorio para ver la actividad que a la postre será para mi lo mejor del festival. Se trata del documental The Last Laugh, un brillante pieza que orbita alrededor de la pregunta “¿Se pueden hacer bromas sobre el Holocausto”. Cómicos brillantes como Mel Brooks o Sarah Silverman opinan al respecto, aunque el hilo conductor del documental es una superviviente del Holocausto que se toma la vida con mucho humor. The Last Laugh hace reir, llorar y reflexionar sobre un tema muy actual en nuestro país tras la escandalosa condena por hacer chistes de Carrero Blanco. Cada año hay en el Fest una joya inesperada, y salgo del Auditorio convencido que The Last Laugh es la de esta edición.

Me convierto en Usain Bolt para volar -como Carrero Blanco, ja ja ja- hasta el final de la charla de Javier Olivares, de El Ministerio del Tiempo. Se pasa el tráiler de la tercera temporada y leo en los ojos de la gente esa alegría groupie que tanto caracteriza a los fans de la serie; los ministéricos son más leales que un hoplita griego. De vuelta al Auditorio, un emplazamiento realmente acogedor, me cruzo con Frank Gallagher de Shameless. Me froto los ojos. Joder. No lo es, pero se parece mucho. De hecho se parece tanto que decido que en mi mente ese hombre es Frank Gallagher. Los organizadores están en todo, pienso, hasta contratan a actores que se parezcan a grandes personajes de series para dar ambiente. Minipunto para ellos. Pero volvamos a la crónica, que me encanta irme por las ramas. Ahora toca sesión doble de Auditorio: la proyección del piloto de Valkyrien y el documental sobre Chicho Ibáñez Serrador. Si uno se trata de una apuesta por las series noir nórdicas (gran capítulo, pintaza de serie con esa atmósfera tan Jo Nesbø), el otro es un homenaje a una de las figuras claves de la historia de la televisión española. A pesar de tratarse de dos mundos a años luz, ambas propuestas logran sacar un aplauso unánime y real al público.

noir italiano cronica 1 serielizados fest

El cansancio se apodera de mi tras casi 12 horas ya de jornada festivalera, pero los postres merecen la pena así que toca sacar fuerzas de flaqueza (y cerveza). Italia es el país invitado al festival, y sentar en una mesa a Ludovica Rampoldi, Leonardo Fasoli i Maddalena Ravagli no es moco de pavo. Los tres pedazo de guionistas, autores de maravillas como Gomorra y 1992, ofrecen al público una charla de muchos quilates sobre sus creaciones. El idioma italiano fluye por el hall tan lírico como siempre, y el colofón llega con la proyección del primer capítulo de 1992. La última actividad del día, ya con la batería mental algo fundida, es para mi muy especial al ser un admirador de la serie en cuestión: un Q&A con los creadores de El Fin de la Comedia. Miguel Esteban y Raúl Navarro -sin Ignatius– llevan a cabo una entretenida charla en la que me atrevo a participar con una pregunta para ellos. Les digo que escribí un artículo sobre la serie. Ellos me dicen que les encantó. Acaba la actividad, vienen y me abrazan. Por momentos así los Serielizados Fest son inolvidables.

Y ya está, se acabó el día. Un día largo, intenso e interesante hasta la saciedad. Todos los currantes del Fest andamos arrastrando los pies por el Hall del CCCB, exhaustos pero contentos. Nos congregamos al lado de los televisores con gifs de series –Karabot did it- que han dado a lo largo de la jornada la bienvenida a los asistentes al festival. Reímos, nos felicitamos por el trabajo realizado y empezamos a hablar del siguiente día. Con las luces apagadas, saliendo del CCCB parecemos una procesión de nazarenos hipsters. Ya es muy de noche en el mundo real. Hace algo de frío. Miro al cielo, como Arturo Bandini, esperando ver un copo de nieve que me recuerde que estoy en Minnesota. Pero el copo no cae, y no caerá. Estoy en Barcelona. Y mañana el Serielizados Fest vuelve a la carga.

Escrito por Marc Renton en abril 2017.

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