Política extraterrestre

Sobre ‘Braindead’

Política extraterrestre

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La nueva creación del matrimonio King apuesta por la comedia con tintes de invasión alienígena de serie B para explicar las incongruencias de Washington y sus políticos. Visto lo que sucede en Estados Unidos, y en nuestro país, ¿no es mejor imaginar que los políticos se han dejado dominar por extraterrestres que asumir que son ineptos?

Con el panorama que nos rodea últimamente, llegar a la conclusión de que el curso político lo dirigen extraterrestres puede ser una explicación más que plausible de nuestra realidad. Michelle y Robert King han dado rienda suelta a su maestría cómica -que ya pudimos comprobar en The Good Wife– pariendo Braindead, un análisis socarrón de Washington y sus políticos. ¿Por qué debería ser más realista la maldad inmoral de Frank Underwood que una invasión alienígena en los cerebros de los senadores norteamericanos? Visto lo que tenemos a nuestro alrededor, ¿no preferiríamos imaginar que los políticos carecen de voluntad y se han dejado dominar por hormigas venidas de Orión que asumir que son estúpidos integrales? ¿Qué es mejor, un gobierno extraterrestre o que Donald Trump sea presidente?

No diremos que la metáfora de los King es la quintaesencia de la sofisticación. Con reminiscencias de Mars Attacks!, la serie es un vehículo para que el matrimonio de guionistas explore el terreno de la política, por el cual ya habían demostrado debilidad en The Good Wife, desde un ángulo más irreverente. Se trata de un divertimento que no se anda con rodeos o sutilezas, el punto de partida es claro y con poco margen a la incomprensión. A pesar de ello, y con un argumento de película de serie B, se las apañan para ir lanzando estilosos reveses en cada capítulo: no sólo a los políticos o a los ciudadanos, que se dejan llevar por el fervor populista, sino también a los medios de comunicación y otros elementos, en principio tan inocuos como la moda de los zumos verdes. Con cada inicio de capítulo -con los mejores “previously on” que hemos podido ver últimamente– hay una declaración de intenciones: aquí no vamos a rendir pleitesía a los sacrosantos estamentos gubernamentales.

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Los amantes de las tramas políticas quizá levantarán la ceja esperando algo más de calado. No van a encontrar la tensión y el arribismo de House of Cards o los discursos idealistas de The West Wing, ni siquiera jefes de campaña expertos en tejemanejes al estilo de Eli Gold (The Good Wife). El mundo político de esta comedia es mucho más cutre: políticos debiluchos -el que no tiene un problema con el alcohol, lo tiene con las faldas- que sólo son capaces de actuar de manera contundente, para bien o para mal, bajo el influjo de un elemento externo invasor. Washington se presenta como un ambiente totalmente burocratizado en el que las resoluciones políticas dependen de mínimos detalles técnicos y en el que el lenguaje se retuerce en beneficio propio. El retrato no puede ser más triste: sólo cuando las hormigas extraterrestres han devorado la mitad emocional del cerebro de los representantes públicos éstos se ponen a trabajar. El resultado es un ambiente radicalizado, en el que tanto ciudadanos como políticos se ancoran en posiciones extremistas, una nada disimulada referencia al clima que ha generado la nominación de Donald Trump como candidato republicano.

“Políticos debiluchos que sólo son capaces de actuar de manera contundente bajo el influjo de un elemento externo invasor”

Braindead se alinea con otras ficciones que han encontrado en el humor la mejor manera de explicar las incongruencias e inutilidad de nuestros mandatarios como son Sí, ministro, The Thick of It y su versión norteamericana, Veep. Con esta última, a pesar de las evidentes divergencias argumentales, comparte un retrato desalentador pero hilarante del espécimen político: su protagonista, Selina Meyer, de la cual se desconoce la afiliación, no está tan lejos del republicano Raymond “Red” Wheatus creado por los King. De hecho, podrían competir en un concurso de ineptitud. Tanto en la serie de HBO como en la de NBC no hay ni rastro de amabilidad hacia los gobernantes. Quizá porque, como afirmó Julia Louis-Dreyfus al recoger su quinto Emmy consecutivo por su interpretación de esta vicepresidenta norteamericana, “la actualidad ha hecho que una serie como Veep, que empezó como sátira política, ahora parezca un documental deprimente.”

Con la carrera electoral entre Donald Trump y Hillary Clinton como telón de fondo, los King vuelven a poner a una mujer en el centro de la acción, una extraterrestre entre extraterrestres que está de paso en el mundo de la política y que comparte con el espectador la capacidad de observar con incredulidad los mecanismos que rigen el Senado. Una ficción que saca brillo a los elementos cómicos más celebrados de The Good Wife –el uso paródico de la música, la ironía en los diálogos, los personajes caricaturescos- para reafirmar que el humor sigue siendo la mejor ataque.

Escrito por Alejandra Palés en octubre 2016.

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