Piper is the new…
Chapman es amable, dicharachera, calculadora y desquiciada

Piper is the new…

La protagonista de Orange is the new black es una y muchas mujeres a la vez, como todas las que la acompañan en ese pequeño y adorable infierno que es la prisión de mujeres de Litchfield, personas de las que nos sentimos infinitamente lejos y terriblemente cerca en más momentos de los que queremos reconocer. Sólo que Piper, encima, es dramáticamente perfecta.

Hay muchas razones por las que Orange is the new black pasó de ser la serie de moda a convertirse en una de esas series referenciales de las que cada capítulo deja mejor sabor que el anterior. La mayoría nos acercamos a ella con el miedo que siempre acompaña a las primeras temporadas (¿será para mí “imprescindible” y para la cadena “cancelable” o, peor aún, será para mí “cancelable” y para la cadena “imprescindible” y tendré que seguir oyendo cada día a alguien decirme que no entiende por qué no la sigo si es extraordinaria?) El afinado punto intermedio entre el drama y la comedia, el sensacional, y lo digo con todo el sentido de la palabra, entorno en el que tiene lugar la serie y el inevitable cariño que nos obligan a tenerles todos y cada uno de los personajes (que nadie pretenda fingir ahora que desprecia a Pornstache, que en cada aparición nos roba un pedacito de corazón) hacen de Orange is the new black una de las grandes revelaciones de las últimas temporadas. Pero nada de esto sería posible si no fuera por ella, Piper Elizabeth Chapman, un personaje tan complejo y elaborado que consigue trascender los propios límites de la serie, como tantos otros han hecho antes. ¿Que por qué

“Piper Chapman ha sido capaz de convertirse, con toda la sutileza, excentricidad y locura que hacen falta, en una de las mejores protagonistas que nos ha dado la televisión”

Porque Piper es la nueva Jack de Perdidos. ¿Alguien a quien al principio respetábamos pero que tarde o temprano terminó dándonos pena y pereza en grandes cantidades? No, alguien que sin querer queriendo se convirtió en un líder de la manada (ay, César, cuánto nos has marcado) en unas condiciones en las que NINGUNO nos atreveríamos a ser ni el segundo de abordo. Métete tú con treintaytantos y una vida más o menos resuelta (vale, que tu prometido siga sin saber de qué va su vida puede intuirse como un ligero problema al fondo del túnel) en una prisión en la que, más allá de todo lo que resulta obvio cuando entras en la cárcel, compartirás tu día a día con una colección de mujeres que multiplican por mil millones a la más extravagante y aterradora que hubieras conocido en la calle. Vamos, va, hazlo, y encima hazlo y encuentra las fuerzas para reivindicarte, tarde o temprano, qué más da, y sacar tu compañerismo, amabilidad y valentía a relucir sin que te tiemble (demasiado) el pulso. ¿A quién le extraña que haya terminado convirtiéndose en una figura respetable dentro de la cárcel sin necesitar utilizar (demasiado) la violencia?

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Porque no se nos tiene que olvidar que Piper es la nueva Rachel de Friends. ¿Una hija de papá consentida que siempre consigue lo que quiere? Mmmmm, sí, también, pero sobre todo es una chica que sí, es guapa, pero no tanto, y sí, es simpática, pero no tanto, y aun así nos encanta de una manera incomprensible y extraordinaria, a nosotros y a todos los que la conocen. Ese carácter entre inocente y demasiado avispado, esa maldad disfrazada de ternura o al revés y ese punto dicharachero que pasea por los grises pasillos de la prisión en forma de Boletín de noticias hacen de Piper Chapman una mujer que puede que en la vida real nos pareciera terriblemente insoportable pero de la que, en una serie de televisión, nos apiadamos y nos encariñamos al verla allí, en medio de una prisión de mujeres, y con el marrón de haber entrado simplemente por haber cometido una “locura de amor”. Aunque, ¿en realidad fue tan sencillo como eso?

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¿No es cierto que en la vida real creemos, todos los que tenemos dos dedos de frente, que tan malo es el malo como el que consiente al malo?

Porque, realmente, Piper es la nueva Jenny Shecter de The L word. ¿Pero no es Pensatucky? No, no, creedme, es Piper. Una hetero que es lesbiana pero es hetero pero no es bisexual porque es lesbiana y en realidad es hetero que, exacto, tiene demasiados líos en la cabeza. Hay algunos prototipos de mujeres lesbianas que se repiten en muchas series (de hecho, puede que los personajes no sean EXACTAMENTE iguales, alguna menudencia habrá, pero ¿estamos todos seguros de que la actriz que interpreta a Nicky en Orange is the new black no es la misma que la que interpretaba a Tess en Lip Service?) y la pobre chica hetero que se ve arrojada al hipnotizante y adictivo mundo de la homosexualidad terminará convirtiéndose en un subgénero en sí mismo. Mujeres confundidas por el mundo que, aun así, parecen estar obsesionadas con confundirlo todavía más y que debajo de una suave y atractiva piel de cordero lechal esconden a una bruja ambiciosa y malvada cuyo único objetivo es salvarse a sí mismas de una destrucción mundial que están dispuestas a provocar. Es decir, una pirada que va dando saltos por la vida jorobándole la vida a la gente y que, por suerte o por desgracia, termina siempre más jorobada que los demás. Aunque queramos mucho a Piper, aunque realmente la adoremos y queramos creer que la pobre fue víctima del poder embaucador de Alex mi voz no puede ser más sexy Vause, no tendríamos que olvidarnos de lo mucho y muy bien que vivió Piper a la vera de la traficante internacional que fue su novia en aquellos tiempos y, ¿no es cierto que en la vida real creemos todos los que tenemos dos dedos de frente que tan malo es el malo como el que consiente al malo? Pero, ¡ah!, ¡cuán diferente es nuestro juicio frente al mundo real y el mundo ficticio!

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Porque Piper es la nueva Tony Soprano, ¿de qué serie va a ser? Antes de que los respetados pero temidos fans acérrimos de la serie os lancéis a mí como vampiros hambrientos de sangre, dejad que aclare que SOY UNA DE VOSOTROS. Tranquilidad, que no estoy diciendo que nunca nadie jamás en ningún caso vaya a parecerse a nuestro Tony. Sólo digo que entre Tony y Piper (y tantos otros personajes que nos ha dado la pequeña pantalla) es fácil distinguir una clara semejanza: los dos cometen actos racionalmente condenables y que a simple vista nos parecerían deleznables y, aun así, encontramos la manera de “justificarlos” y llegar incluso a sentir lástima de que se vean en tan trágica situación. ¿Un jefe de la mafia que se encariña de unos patos mata a un familiar y una rubita que padece verborrea aguda mete una paliza de escándalo a una pirada y nosotros estamos del lado del mafioso y la charlatana? ¿Estamos todos locos? No, es que las series son muy buenas (sobre el tema de la moral en las series hay muchos y muy buenos artículos y libros que vale mucho la pena leer) y nos enseñan la vida de estas personas, los problemas que tienen en la calle y en casa, para que les conozcamos y comprendamos más allá de la alargada sombra del monstruo que llevan dentro y, la verdad, la pobre Chapman tiene un buen berenjenal en todos los aspectos de su vida.

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Porque Piper es la nueva Meredith de Anatomía de Grey. Y ya es la última vez que digo esto, lo juro. El melodramón en el que viven envueltas no puede ser comparado todavía simplemente porque la señora de Derek Shepherd le saca 9 temporadas de ventaja y los jaleos físicos y emocionales en los que se ha visto envuelta han crecido exponencialmente hasta llegar a un primer capítulo de temporada en el que una camilla ha caído desde lo alto de un edificio impactando sobre un coche en el que un enfermo y su novia mantenían relaciones sexuales (¿alguien más necesita hablar sobre ello?). Os sigue pareciendo muy lejano a Piper, ¿eh? Pues os recuerdo que aparte de todo lo que ha sucedido en prisión (embarazo, intentos de asesinato y sobredosis incluidos), Piper es una chica cuyo novio se ha liado con su mejor amiga y cuyo hermano se ha casado con su novia en el funeral de su abuela. Y llevamos sólo dos temporadas.

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Pero, bah, ¿a quién quiero engañar? Si quisiera podría seguir durante mil párrafos más inventándome razones absurdas por las que Piper tiene algo de los mejores personajes de las mejores series (¿lo intento con Liz Lemon o con Jenna Maroney? ¿Con Don o con Peggy? ¿Con Tyrion, con McNulty, con Frank Underwood?) pero eso no la hace mejor que todos ellos sino algo mucho más importante: una de ellos. En 26 capítulos y con su “look how cute I am”, su inolvidable sermón a Larry y Polly (“oh, visitemos a Piper en prisión, que es donde vive ahora”) y todas y cada una de sus reflexiones en voz alta (es decir, todas, porque esta chicha piensa tanto como habla) Piper Chapman ha sido capaz de convertirse, con toda la sutileza, excentricidad y locura que hacen falta, en una de las mejores protagonistas que nos ha dado la televisión. Y lo que le queda.

Escrito por Cati Moyà en octubre 2014.

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