‘One-Punch Man’, el Calvo con Capa

El anime del que tanto hablan

‘One-Punch Man’, el Calvo con Capa

One-Punch Man

Potenciales moralejas: 1. No subestimes a un calvo. 2. No subestimes al humano medio. 3. No subestimes el anime

En el trámite que transforma un rascacielos en una polvareda se silencian varias decenas de latidos. Del grito al silencio y del silencio al grito. Con el frío hilo que conecta el terror con el trauma se dibuja un paisaje apocalíptico. La fragilidad humana reflejada en la pupila de un gigante con rostro mefistofélico. La caída de la civilización simbolizada en la huella abismal de un dragón milenario. O de un ogro capaz de devorar montañas. O de un alienígena posatómico con habilidades telequinéticas. O de cualquier otro monstruo que vuestra saturada cabeza 3.0 pueda imaginar.

La mano que proyecta este óleo decadente presta mucha atención a los trazos del mal. Hay mimo y esmero en los contornos, precisión en los gestos y grandes discursos preaniquilación. El infierno es hermoso. Desde cualquier rincón de la megaurbe el destino parece incontestable. El mismísimo Superman sucumbiría ante este enemigo. Los Vengadores harían bien en emigrar a otra galaxia vía teseracto para ofrecer sus servicios a otra especie más afortunada. Ni siquiera Vegeta tras su reciente transformación en Super Saiyan God podría aguantar más de un par de rounds. Pero, sorpresa, hay alguien más fuerte que todos ellos juntos. Alguien capaz de vencer a quienquiera que sea con tan solo un puñetazo. Un joven humano, calvo y con cara de idiota, cuyo poder proviene de un entrenamiento ordinario y una alimentación equilibrada. Y, buenas noticias, es uno de los buenos.

One-Punch Man

One Punch Man es el anime que mejor ha sabido subvertir el planteamiento clásico de los shonen. A diferencia del protohéroe del anime para adolescentes, Saitama no requiere de ningún camino de aprendizaje y fortalecimiento para salvar el mundo y a quienes ama de las fuerzas destructoras. La serie comienza su relato en las antípodas, en una lugar -narrativamente hablando- a medio camino entre el aburrimiento y la esperanza de poder encontrar un rival que pueda proporcionarle un mínimo de placer combativo. A su alrededor se suceden los personajes carismáticos, repleto de historias causales, sacrificios y grandes palabras. Para él, el Calvo con Capa, el caos y las vísceras se sitúan por debajo de la lista de la compra en la escala de prioridades.

La parodia está implícita en cada pequeño detalle. Nuestro protagonista no padece solo de una apariencia ridícula y anodina, sino que además posee una personalidad ordinaria e insulsa. Saitama se pasea por los dibujos de One-Punch Man como un Goku o un Oliver cuando todo en él parece destinado a ubicarlo en el papel de un Krilin o de un Bruce Harper. Saitama somos tú o yo, cuerpo-escombros de tobillos de pollo con cara de huevo Kinder autosorprendido. Un guiño imposible a la mediocridad con aspiraciones, a la frustración resignada, al reconocimiento de las propias limitaciones desde la comedia y no desde el drama. Es todo esto y al mismo tiempo, por contradictorio que sea, es el colchón amable a todos los talentos que nacen y mueren en la sombra, de todo ese valor negado por la mayoría que solo al final -y en ocasiones tras el final, de manera póstuma- obtienen un sillón en el lugar que merecen.

Por el camino a toda esta amalgama metafísica, One-Punch Man ofrece imágenes para el recuerdo, siempre cargadas de violencia y pánico. Los héroes y monstruos desfilan por las ciudades de la serie como Pokémons, recogiendo, cada uno a su manera, la herencia de tantos y tantos shonen anteriores. Entre tanta acción, visualmente hipnótica, irrumpe el humor como contrapunto e ironía, entrando y saliendo -y metiendo y sacando al espectador- del relato permanentemente. Una carcajada mezclada con emoción infantil. Un sin pelo absurdo que revienta en mil pedazos al malagente ese que tanto habías llegado a aborrecer.

Al igual que Death Note, hijas ambas del estudio Madhouse, es un anime para adolescentes y no lo es. Es una serie de superhéroes y no lo es. Es una tragedia y no lo es. Es todo lo que es y todo lo que no es. Después de todo, es un maximus pringado y… no lo es. Creo.

Escrito por Juan Antonio Navarro en enero 2016.

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