Los payasos también lloran
Sobre 'Baskets'

Los payasos también lloran

Louis C.K. es la mente detrás de la creación de 'Baskets', un gigante al que hay que sumarle los nombres de Jonathan Krisel, guionista de ‘Portlandia’, y de Zach Galifianakis que, además de dar voz a este mediocre payaso, también participa en la elaboración de su historia.

¿Qué tienen en común una actuación de España en Eurovisión y Baskets, la nueva serie de Louis C.K.Zach Galifianakis? Que cuando los ves no sabes si reír o llorar. En el primer caso esa sensación la produce la vergüenza ajena, pero en el caso de Baskets es culpa de un guión, una puesta en escena y unos personajes que rozan la excelencia. Bienvenidos al mundo de Chip Baskets, el payaso triste.

Chip Baskets consume un cigarrillo, mitad ceniza ya, tumbado en un banco del infecto vestuario donde cada día se prepara para su show. En su cabeza retumban los alaridos y gritos del público que ha asistido hoy al rodeo. Sobre su pecho reposan las ganancias del día; son ridículas, cobra cuatro miserables dólares por hora. Mirando al techo, una solitaria lágrima resbala por su mejilla y se desliza a través del maquillaje blanco que cubre su cara. Chip Baskets sabe que su vida es una mierda. Llora. Y nos recuerda que no hay tristeza más profunda que la de un payaso.

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“Cuando los magos se reúnen la magia surge, amigos, y en Baskets vaya si ha surgido, con Louis C.K., Krisel y Galifianakis”

La acogida de Baskets por parte de la crítica en Estados Unidos ha sido dispar. Algunos la consideran una genialidad, otros un bodrio pretencioso y sin la menor gracia. Suele pasar. Yo, personalmente, me uno al grupo de los que piensan que estamos ante una maravilla. Para empezar, el gran nombre detrás de la creación de esta sitcom –nada al uso, por cierto- es ni más ni menos que Louis C.K. —introducir aquí reverencia—, motivo ya más que suficiente para darle una oportunidad a la serie. A este gigante hay que sumarle los nombres de Jonathan Krisel, guionista de ese irreverente y divertidísimo batiburrillo de sketches llamado Portlandia, y de Zach Galifianakis, que además de protagonizar la serie también participa en la elaboración de los guiones. Si pones a Messi, Neymar y Luis Suárez a jugar contra un equipo de regional el espectáculo y los goles están asegurados; pues pasa lo mismo si pones a Louis C.K., Krisel y Galifianakis ante un papel en blanco con plena libertad creativa, como ha hecho la cadena americana FX en este caso. Cuando los magos se reúnen la magia surge, amigos, y en Baskets vaya si ha surgido.

Zach Galifianakis es el ente planetario sobre el que orbita el deprimente mundo de Baskets, polvoriento y de luz mortecina. El archiconocido cómico de barba salvaje interpreta a Chip Baskets, un cuarentón desaliñado cuya vida está marcada por una gran vocación/obsesión: convertirse en payaso. Para ello asiste a una elitista escuela parisina que debe abandonar porque no entiende el francés; las primeras escenas de la serie, ambientadas en dicha escuela, ya nos dan muestra de lo que será una constante en los siguiente capítulos: el enfrentamiento entre el aura de patetismo que envuelve al pobre Baskets y sus ganas de triunfar en el arte del hacer reír -sí, un arte, no en vano su nombre artístico es Renoir-. Derrotado por la barrera lingüística vuelve a su Bakersfield natal, emplazamiento desolado y perdido en la California menos glamurosa, donde encontrará trabajo como payaso en un rodeo. Allí, a pesar de intentar ofrecer un espectáculo clásico y de gran sensibilidad, su mayor preocupación será la de intentar evitar las envestidas de los toros que andan sueltos por la arena. Un drama.

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“Lo que realmente acaba de convertir la vida de Chip Baskets en un desastre son las personas de las cuales se rodea, a cual más toxica y nociva”

Aunque lo que realmente acaba de convertir la vida de Chip Baskets en un desastre son las personas que le rodean, a cual más tóxica y nociva. El único vestigio que le queda de su paso por París es Penelope, una joven bohemia de la que está perdidamente enamorado. Como podéis intuir ella no lo está de él, pero acepta ir a Bakersfield juntos y casarse con tal de conseguir la ansiada green card. Aunque sabe de la farsa que supone este matrimonio, Baskets no podrá evitar seguir enamorado y gastar hasta el último centavo que gana en Penelope, quien no dudará en aceptarlo. Sigamos para bingo. La colosal madre de Baskets, interpretada por el cómico Louie Anderson -sí, un tío-, es una harpía capaz de comer la moral a cualquiera y pisotear de forma inmisericorde todo tipo de sentimientos bajo sus por lo menos 180 kilos de peso. Terrible. Aunque el personaje más deleznable de la serie no es otro que el hermano gemelo de Chip, Dale Baskets, también representado por Galifianakis, uno de esos insoportables hombres de negocios americanos self-made cuyo único punto en común con su hermano es el odio que sienten el uno hacia al otro. Cada vez que Dale abre la boca dan ganas de reventar a puñetazos un saco de boxeo mientras escuchas una selección de los mejores insultos de Federico Jiménez Losantos, imaginad de qué tipo de despojo estoy hablando. El último pilar de la serie es Martha, una agente de seguros desesperadamente sosa y desprovista de cualquier tipo de carácter que se convertirá en la sombra de Chip cuando a éste se le rompe la moto. Lo acompañará a todos lados y ambos establecerán una extraña relación de amistad cruel -sobre todo por parte de Chip- y tierna a la vez.

El ritmo visual de Baskets, la buena interpretación de Zach Galifianakis y la idoneidad de todos y cada uno de los personajes secundarios consiguen transmitir al espectador un estado de tristeza y desolación constante, salpicado por ocasionales guiños de esperanza realmente bonitos y frases tan estúpidas que llegan a sacar la carcajada. Chip Baskets es un tío patético rodeado de gente patética que vive situaciones patéticas. Muy gracioso, pero triste a la vez. Chip Baskets, como buen payaso, nos hace reír con sus salidas de tono y su torpeza vital; pero Chip Baskets, como buen artista, también nos hace llorar cuando entre bastidores de un rodeo mugriento nos transmite que solo un sueño roto duele más que un corazón roto. La dignidad en el llanto de un payaso.

Escrito por Marc Renton en febrero 2016.

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