Los 100 ecos de ‘Lost’

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Los 100 ecos de ‘Lost’

'The 100': Reformulaciones adolescentes de lugares comunes alrededor de la Isla

Este año se celebra el décimo aniversario del estreno de Lost. La serie de J.J. Abrams, a pesar de un final muy discutido y polémico, marcó un antes y un después en la serialidad televisiva y en las narraciones venideras, y tiene el honor de habernos provocado por primera vez un sentimiento de orfandad como espectadores televisivos contemporáneos, además de deberle la primera construcción de una mitología tan compleja como lúdica en la tercera edad de oro televisiva (con permiso de las anteriores Twin Peaks y The X-Files). Muchas son las ficciones que quisieron erigirse en sus herederas (recordemos Flashforward, en paz descanse, o la muy desconocida Persons Unknown), pero quizás lo más interesante que nos dejó Lost en herencia fuera la democratización del concepto spoiler, las nuevas maneras de consumir televisión, y sobre todo las semillas que han ido germinando en cuanto a la construcción de imaginarios sociales en la ficción. Diez años más tarde nos encontramos con productos, aparentemente menores, en los que germina la semilla de Lost.

“Lost tiene el honor de habernos provocado por primera vez un s entimiento de orfandad como espectadores televisivos contemporáneos”

The 100 (CW, 2014-) se inicia noventa y siete años después de que la Tierra fue destruida por una guerra nuclear. Sólo cuatrocientas personas lograron salvarse en doce naves que fueron enviadas al espacio. Actualmente las doce naves están conectadas como una sola llamada el Arca, que ha visto incrementar su población a casi cuatro mil personas, lo que ha derivado en la escasez de recursos, pero sobre todo de oxígeno. Para garantizar su supervivencia, las autoridades del Arca han tomado difíciles medidas como el control de natalidad y la pena de muerte, por lo que deciden enviar a un grupo de cien jóvenes delincuentes a la Tierra para averiguar si el planeta es habitable nuevamente. Para los chicos es un planeta totalmente desconocido y deben dejar a un lado sus diferencias para enfrentarse a los peligros y asegurar la supervivencia de la raza humana.

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Imposibilidad de establecer contacto con la civilización, un grupo de personas perdido en una selva y presencias en medio de la jungla. Sí efectivamente, la ficción de CW recuerda muchísimo a la serie canónica de Abrams, pero protagonizada por adolescentes descafeinados a torso descubierto. Recordemos que CW es una cadena con claros productos destinados a este target juvenil (Gossip Girl, entre otros). Productos que por otra parte funcionan francamente bien, a pesar de cuestiones como la ausencia de mimo por la fidelidad histórica, como sucede con Reign (2013-), pero esa es otra historia.

“The 100 recuerda muchísimo a la serie canónica de Abrams, pero protagonizada por adolescentes descafeinados a torso descubierto”

Desde el primer capítulo se establecen en The 100 dos escenarios posibles: el espacio y la Tierra, el espacio de la civilización y el espacio de lo salvaje. Pero en realidad las cosas no son tan simples. En la primera temporada de Lost había dos escenarios en los que transcurría la acción –la playa y la jungla– y un tercer espacio informativo –el de los flashbacks–. La playa parecía ser el espacio de la civilización y la jungla de lo desconocido, hasta que el grupo decidía escindirse, yéndose parte del mismo a las cuevas. En The 100 nos encontramos con una construcción de espacios semejantes: hay un lugar de (aparente) seguridad, el campamento; y un lugar donde las amenazas de todo tipo acechan, la jungla. Y también hay un tercer espacio informativo, el Arca, donde transcurren los flashbacks de los personajes que se encuentran en la tierra (son adolescentes que no han vivido en otro entorno que no sea este); con la importante salvedad de que también es un espacio de acción, ya que lo que inicialmente se concibe como la civilización conocida, parece haberse convertido en un reducto anárquico con luchas internas donde los adultos intentan mantener el orden social sin conseguirlo. Por lo tanto, encontramos una microestructura (campamento frente vs jungla), que encuentra su reflejo en la macroestructura de la Tierra vs Arca, creando así la convivencia de la trama terrestre con una space opera en toda regla. De hecho, en muchas ocasiones se halla un mayor grado de humanidad y adaptación civilizada en el espacio caótico que en el aparentemente civilizado. Por ejemplo, en el Arca –una estación espacial con cierto regusto a Battlestar Galactica–, para no agotar las reservas de aire, se cuestionan sobre la necesidad de tomar de medidas extremas (planteándose el genocidio de 320 personas al azar, la cuestión hobbesiana, ya se sabe…), al igual que se plantean los protagonistas de Utopía respecto a Janus, ese virus que convertiría en estéril a una gran parte de la humanidad –pero este es un tema para otro día–…

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La Tierra, el espacio desordenado y orgánico repoblado por este puñado de delincuentes juveniles, curiosamente se convierte en un caldo de cultivo para nuevos síntomas de civilización, y opuesta a la tecnológica y cada vez más violenta Arca. Tras un inicio a lo El señor de las moscas, y después de disputas por el poder y claras situaciones extremas, dentro del caos se atisba el orden. Los conflictos se generan muy rápidamente, mucho más que en Lost, algo que se podría entender porque en esta Isla-Tierra habita lo mejor de cada casa y además cargadito de hormonas adolescentes. Sin embargo y a pesar de tratarse de un producto juvenil, el planteamiento no sólo tiene una narración mucho más rápida sin caer en lo videoclipero, sino que es más transgresor que el de Lost. Quizás uno de los casos más destacados sea el suicidio de la niña Charlotte: atormentada por las peleas intestinas que ha generado tras haber asesinado a un inocente, decide hacer el salto del ángel, un conflicto que en la maniquea ficción de Abrams no se hubiera planteado ni por asomo.

La presencia de la otredad tampoco tarda en hacerse presente. Si a “Henry Gale from Minnesota” no le conocemos hasta la segunda temporada de Lost, cuando Sayid lo someta a tortura para obtener información sobre los Otros, The 100 ya está haciendo lo mismo con su Ben particular en el séptimo capítulo de la primera temporada. La tortura en Lost venía de la mano de Sayid, quien cargaba con el trauma de su experiencia en la guerra y lidiaba con su culpa moral; pero la problemática de la tortura en The 100 apenas se esboza, algo que no deja de generar cierta reflexión en cuanto a la perspectiva de los diez años de distancia de una serie a otra, sobre todo cuando la segunda hace hincapié en la necesidad de mantener aquello que nos hace humanos, en la necesidad del establecimiento y la conservación de reglas sociales.

“Si bien The 100 dista mucho de Lost, es muy interesante ver cómo la ficción de Abrams estableció unos patrones narrativos y cómo se insertaron en nuestros imaginarios colectivos seriales”

La dualidad en el liderazgo del grupo se repite en The 100, repartida entre un elemento racional y un elemento más expeditivo (el “nuevo” héroe vs el héroe primario), curiosamente recalando en el estereotipo y a pesar de ser una serie adaptada a las nuevas generaciones: la sensatez, la prudencia, la previsión y el afán cuidador recaen en Clarke, la joven y rubia protagonista; mientras que el liderazgo basado en la imposición de la fuerza, la represión y la violencia son propiedades del atormentado Bellamy. Y claro está, aquí también hay escotilla pero con diferencias sustanciales. Ni Desmond está en ella (Henry Ian Cusick está en el Arca interpretando a Marcus Kane, el canciller en funciones); ni su descubrimiento es epifánico, ni éste conlleva cuestiones existenciales como que se cuestionaban Locke y Jack en Lost. Así ocurre con las alucinaciones que gran parte de los muchachos tienen en el octavo episodio,  y que no tienen nada que ver con las que tenía Jack en White Rabbit con su padre, donde se nos planteaba la realidad de la Isla y el misterio del cadáver de Christian Shephard, pero sí de la ensoñación como espacio para los miedos o preguntas del inconsciente.

Si bien The 100 dista mucho de Lost, es muy interesante ver cómo la ficción de Abrams estableció unos patrones narrativos y cómo se insertaron en nuestros imaginarios colectivos seriales, de manera que diez años después podemos encontrar productos como The 100 que todavía beben de ello y con éxito, dado que consiguen mantener el interés del espectador joven (y adulto).

Escrito por Raquel Crisóstomo en septiembre 2014.

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