La familia bien, gracias

De Don Draper a Hannah Horvath

La familia bien, gracias

Viaje al lado más oscuro de la familia norteamericana.

Intentemos ser claros y directos. Dice el filósofo Mark Rowlands que todo lo que sabe lo aprendió de la televisión. Su libro, que tiene por título tan divertida y comprometida aseveración, es un perfecto ejemplo de qué se puede hacer con una disciplina hoy tan arrinconada como la filosofía. A través del estudio de series como Los Soprano o Los Simpsons, por citar dos buenos ejemplos, Rowlands nos habla de cuestiones que nos afectan en nuestro día a día. Las grandes preguntas de la filosofía más abstracta adquieren una concreción a través de las imágenes de esas series que todos vemos con gran interés. Y aun así, las series no son una mera excusa pedagógica en manos de Rowlands -defecto éste que aqueja a muchos libros que llevan como parte del título ese estupendo … y la filosofía.

Para el filósofo galés lo importante es que las preguntas surjan desde dentro de la propia serie, de sus imágenes y contenidos, sin que tengamos que imponerle nuestra tiranía metodológica desde fuera, utilizando sus imágenes como simple excusa en nuestros devaneos intelectuales. Y, para ser justos, bien podríamos afirmar que últimamente estamos mejorando en este terreno. Poco a poco vamos sumando reflexiones al panorama televisivo más rico y competetivo de la historia de la ficción televisiva. ¿Qué hemos aprendido sobre la sociedad contemporánea en las nuevas ficciones? ¿Lo que hemos visto y analizado es sólo aplicable a Estados Unidos? ¿Valen las reflexiones de las series BBC para otros países? ¿Las terribles apuestas de Black Mirror son más universales que las de The Americans? De entre todas las preguntas que podemos hacernos a propósito de esta nueva televisión vamos a centrarnos brevemente en una. Vamos a hablar de la familia, de ese núcleo que parece tan irrenunciable y que, en tantas ficciones, acaba convertido en un auténtico infierno doméstico.

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“En ‘Girls’, Hanna busca lo mismo que Hank Moody en ‘Californication’ o Don Draper en ‘Mad Men’, aplacar esa soledad por no haber conectado con sus semejantes”

Hablemos de Girls y de su propuesta, perfectamente extendida a lo largo de su primera temporada. ¿Qué es la familia en Girls? Algunos bien podrían decir que nada, una simple aspiración, la sombra de una vida futura. Girls habla de chicas solteras que se relacionan con chicos solteros en un Nueva York de aire joven y algo dulcificado. Pero si nos acercamos algo más a los personajes, la familia en Girls es una ausencia muy presente. Las cuatro protagonistas están marcadas por modelos familiares que ya no son de utilidad en un entorno tan cambiante como el actual, pero que siguen teniendo un peso específico importante. Porque no nos engañemos: ¿qué buscan Hannah y sus amigas en ese Nueva York tan moderno y con un cierto toque distinguido? Diríamos que lo mismo que los personajes adolescentes de Friday Night Lights o el incorregible Hank Moody de Californication, lo mismo que el siempre insatisfecho Don Draper de Mad Men. Buscan aplacar esa soledad que les come el terreno y los días, disfrazada de insatisfacción por no haber conectado con sus semejantes o por no haber conseguido algo en lo que habían depositado sus maltrechas esperanzas. Miedo al fracaso, pero también al éxito. Miedo a vivir solos, pero también acompañados. ¿Qué puede satisfacer a un Don Draper aquejado de ese mal moderno que algunos filósofos y sociólogos han calificado como anomia? ¿O más que anomia es simple soledad? Las preguntas, que están en el aire, son las que se derivan de algunas de estas series, incluyendo en la nómina, y con intensidad variable, a The Good Wife, Los Soprano, Treme, Breaking Bad, Masters of Sex e incluso la enigmática True Detective o la magistral The Newsroom.

Sin lugar a dudas es una cuestión sujeta a mucha discusión, pero si seguimos el imprescindible Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community, del politólogo Robert D. Putnam, deberíamos pensar sobre el creciente aislamiento que está sufriendo el sujeto moderno, acentuado en áreas urbanas y suburbanas de grandes ciudades sometidas a procesos de gran estrés urbanístico en muchos casos. La pérdida del sentimiento de pertenencia a una comunidad podría ser uno de los rasgos más notables del nuevo panorama de relaciones sociales que surge a partir de los cambios acaecidos en los Estados Unidos de los setenta. Putnam lo explica bien y de manera convincente, si bien hay algunos detalles en su análisis que resultarían matizables (particularmente sobre las causas y sobre el papel que juegan los medios de comunicación en este proceso).

Los análisis sobre la posmodernidad de autores como David Lyon, David Harvey, Peter Sloterdijk, Zygmunt Bauman e incluso un esquivo Slavoj Zizek apuntan en una dirección ominosa, pues parecen advertencias sobre lo que estamos dejando en el camino, más que sobre los logros de los últimos tiempos (que también los hay, y notables). Cuando estoy viendo algunos de los capítulos de las series antes citadas, por no hablar de The Wire, me asaltan las mismas preguntas que cuando leo a estos autores. Preguntas que no tienen necesariamente una respuesta fácil, pero que plantean escenarios muy poco prometedores.

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Volvamos a Girls. Como buenas chicas modernas, jóvenes y urbanitas, nuestras cuatro Girls, y todos sus amigos, viven bien conectados, móvil mediante, a un mundo que, sin embargo, les supera y no entienden del todo. Son personajes desubicados, pero conectados. Infelices, pero conectados. Insatisfechos crónicos, pero conectados. Hannah está tan lejos de encontrar un lugar en el mundo que la visita que realiza a casa en la primera temporada (ve a sus padres, conoce a un chico, recuerda sus tiempos “seguros” en casa) sólo le sirve para sentir la enorme distancia que media entre ella y todo lo demás. Y únicamente al final, en ese magnífico último capítulo que la lleva a la playa (gran contraste con el Nueva York de las cafeterías, las fábricas reconvertidas en salas de fiesta y los pisos de modernos irremediables) es cuando está cerca de algo auténtico. En la playa, sola, experimentando la soledad sin alternativas ni mediaciones; pisando la arena y sin ver el mundo a través de una pantalla de móvil. Hannah empieza a darse cuenta de dónde se esconde lo “inauténtico”. Draper lo sabe, pero es un cínico. Moody también, pero es otro gran cínico, de otra generación.

Escrito por Iván Gómez en abril 2014.

Ver más en Cult TV, Homo familius.

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