Charlie Brooker: el señor de los espejos

Creador de 'Black Mirror' (y de las parodias 'Dead Set' y 'A Touch of Cloth')

Charlie Brooker: el señor de los espejos

Fue columnista en el diario ‘The Guardian’ entre 2000 y 2010 y presentador de espacios de crítica televisiva. En Screenwipe, por ejemplo, Brooker aparecía sentado en su salón y se dedicaba a lanzar dardos a ‘realities’ estilo ‘Gran Hermano’ y expresaba su admiración por series como ‘The Shield’, ‘Deadwood’, ‘The Wire’ o ‘Mad Men’. En este buen gusto podemos rastrear las primeras pistas de lo que estaba por llegar.

¿Zombies acechando la casa de Gran Hermano? ¿Una selecta colección de demoledoras fábulas sobre el abismo tecnológico que nos acecha? ¿La mejor traducción a la pequeña pantalla del humor absurdo marca Zucker-Abrahams-Zucker, con Agárralo como puedas como posible referente? ¿Puede ser todo obra de la misma mente fértil y siempre sorprendente?

La respuesta es que sí, que esa mente es la de Charlie Brooker, alguien que ha sido cocinero, fraile y que incluso ha llegado a obispo. Charlie Brooker estudió comunicación en la Universidad de Westminster; asegura que no se graduó porque su trabajo final de carrera estaba dedicado a los videojuegos, un tema inaceptable según los cánones académicos. Sea real o adornada, la anécdota demuestra que no atiende a otros intereses que no sean los suyos propios. Y no le ha ido nada mal. De momento ha hecho historia de la televisión con esa joya llamada Black Mirror.

“Brooker ha llevado a su máxima expresión la capacidad británica de concentrar sus historias en temporadas breves”

Nuestro hombre ha sido guionista, columnista en el diario The Guardian entre 2000 y 2010 y presentador de espacios de crítica televisiva. En Screenwipe, por ejemplo, Brooker aparecía sentado frente a un televisor en su salón y se dedicaba a lanzar comentarios sarcásticos sobre diversos programas. Ya en esa época dirigía sus dardos hacia los “realities” del estilo de Gran Hermano (dato importante, como veremos luego) y expresaba su admiración por series como The Shield, Deadwood, The Wire o Mad Men. En este buen gusto podemos rastrear las primeras pistas de lo que estaba por llegar.

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Al dar el paso a la ficción, Brooker ha llevado a su máxima expresión la capacidad británica de concentrar sus historias en temporadas breves. Vendría a ser para la televisión lo que su compatriota Michael Winterbottom ha representado para el cine: ambos disfrutan saltando de un género a otro. Es cierto que los saltos de Brooker han sido por el momento más modestos: no le ha dado por rodar pornografía de autor, como hizo Winterbottom en 9 Songs, pero nunca se sabe… (¿El tipo que creó el primer capítulo de Black Mirror pasándose al erotismo? ¿Dónde hay que firmar?)

“Dead Set es una serie muy reivindicable… apta para aquellos que creen que en The Walking Dead hay demasiados tiempos muertos”

Después de foguearse en programas de sketches y alguna sit-com, Brooker sorprendió al público creando una miniserie de terror de cinco capítulos. Dead Set, estrenada la noche de Halloween de 2008, planteaba cómo sería recibida una invasión zombie dentro de la casa del Big Brother británico. ¿No dicen siempre los concursantes de Gran Hermano que todo lo que pasa dentro de la casa se vive con una intensidad especial? ¿Y si resulta que lo que ocurre fuera es algo tan intenso como un apocalipsis? ¡Chupáos esa, famosetes de turno! Para esta reflexión sobre la cultura de las fast-celebrities, Brooker consiguió reclutar a la presentadora real del Big Brother, Davina McCall, interpretándose a “herself” y a la versión zombie de “herself”. Sólo de imaginarme a Merceditas Milá convertida en una insaciable muerta viviente, empeñada en enseñar sus bragas carcomidas a quien se le pusiera por delante al estilo de la niña Medeiros de la saga REC, se me erizan los pelos del cogote. Dead Set es una serie muy reivindicable… apta para aquellos que creen que en The Walking Dead hay demasiados tiempos muertos.

Por su capacidad de combinar humor negro con un cierto discurso sobre los medios de comunicación, una versión concentrada de Dead Set bien pudiera haber sido un capítulo de Black Mirror, el mayor logro de Brooker hasta la fecha. Ha sido comparada con La dimensión desconocida, la obra canónica de Rod Serling, por su carácter autoconclusivo. Se trataría del molde que también usaron con éxito Alfred Hitchcock presenta o las Historias imprevistas de Roald Dahl. Sin desmerecer en nada a sus dignísimas antecesoras, la creación de Charlie Brooker da un paso más allá. No busca únicamente entretener, sino que sus episodios aparentemente desconectados conforman una especie de tesis sobre la sociedad actual, tan marcada por el exceso de información, las redes sociales y las diversas trampas tecnológicas dispuestas a salirnos al paso… ese “espejo negro” que en el fondo es cualquier pantalla, ya sea de un televisor, un teléfono o una tablet. La madrastra de Blancanieves se conformaba con preguntarle al espejo quién era la más bonita del reino; ahora el único mensaje que nos interesa del espejo es el número de seguidores que tenemos y a cuántas personas les ha gustado el último comentario.

“La madrastra de Blancanieves se conformaba con preguntarle al espejo quién era la más bonita del reino; ahora el único mensaje que nos interesa del espejo es el número de seguidores que tenemos y a cuántas personas les ha gustado el último comentario”

Pocas veces una serie ha noqueado al espectador en sus primeros cinco minutos como el capítulo inicial de Black Mirror, aquel que une en una trama inverosímil a un cerdo y al primer ministro británico (no diremos más por si alguien no ha descubierto esta auténtica obra de culto). Ese primer capítulo es toda una declaración de intenciones, un anuncio de que lo único negro no es el espejo, sino el sentido del humor de unas historias tan salvajes como pesimistas sobre la condición humana. También es una buena muestra de que Brooker no se casa con el poder. En octubre de 2004, en un artículo sobre la campaña para la reelección de George Bush como presidente de los Estados Unidos, escribió “John Wilkes Booth, Lee Harvey Oswald, John Hinckley Jr… ¿dónde estáis ahora que os necesitamos?”. The Guardian retiró el artículo de su web y publicó una disculpa del autor, pero no nos imaginamos a Brooker llorando por las esquinas por esa travesura.

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La mejor recomendación para quién no haya visto todavía Black Mirror, o ni tan siquiera haya oído hablar de ella, (la única explicación posible sería que hubiera estado de misión espacial a Marte) es ver los seis capítulos emitidos hasta la fecha. Uno de los que destaca especialmente es el que cerraba la primera temporada, “The entire history of you”, con guión de Jesse Armstrong. Precisamente Robert Downey Jr. compró los derechos de esta historia con opción a convertirla en película, una clara muestra que bajo su uniforme de Iron Man, Downey Jr. conserva un buen olfato. Brooker asegura no haberse encontrado nunca con el actor; de hecho, ese capítulo es el único que no llevaba su firma. Lo mejor es que parece que hay Black Mirror para rato, siempre en pequeñas dosis. Para este 2014 se espera una tercera temporada, nuevos episodios que esperamos con el auténtico placer nervioso de un niño antes de abrir los regalos que le han traído los Reyes. Eso sí, este año puede ser que en lugar de tres paquetes, nos lleguen sólo dos.

El otro gran proyecto en curso de Brooker, más que un espejo negro, sería uno de esos espejos deformantes de las atracciones de feria, que tantas carcajadas suelen provocar. También se caracteriza por tener temporadas más que cortas, de dos episodios. A Touch of Cloth es pura evasión bien entendida, una magnífica parodia de las series policiacas, esas que en argot seriéfilo llaman “procedimentales”. El detective protagonista presenta la habitual lista de traumas del pasado de muchos de sus colegas de ficción y tiene una compañera bisexual. El protagonista es John Hannah, actor recordado por su participación en La Momia.

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En A Touch of Cloth (cuatro capítulos repartidos en dos temporadas, con una tercera también en camino) se suceden los diálogos más surrealistas recitados con la seriedad profesional de una franquicia del CSI, así como escenas de acción y persecuciones a medio camino entre Benny Hill y Arma letal. Ese retorno a la comedia de sus inicios, saldado con resultados desternillantes, es la confirmación que quizás no todos los caminos llevan a Brooker, pero Brooker tiene muchos caminos por recorrer. Y nosotros los disfrutaremos, como siempre, a pequeños sorbos.

Escrito por Josep Maria Bunyol en enero 2014.

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