Breve, sentido y pretencioso ensayo sobre el sentido de la vida a través de ‘El Fin de la Comedia’

El drama de hacer reír

Breve, sentido y pretencioso ensayo sobre el sentido de la vida a través de ‘El Fin de la Comedia’

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Este breve ensayo usa 'El Fin de la Comedia' (Comedy Central) como vehículo para tratar un tema, la vida, tan inabarcable como magnético. Porque la mayor virtud de esta serie no es solo que consiga entretener y hacernos reír, sino que también nos hace reflexionar sobre quién (o qué) coños somos y qué estamos haciendo aquí.

1. Contextualización

Escribo estas líneas tras haber perdido una persona muy querida y, lo peor de todo, muy joven. Este hecho obviamente ha alterado mi estado emocional y resulta inevitable que la desazón que siento en estos momentos influya en el enfoque de este artículo. En momentos de angustia vital como estos, tenemos tendencia a buscar un sentido trascendental a todo y elaborar grandes teorías partiendo de nimiedades. Eso es lo que voy a hacer con El Fin de la Comedia. Es probable que si Ignatius Farray, Raúl Navarro y Miguel Esteban -padres de la serie- leen este artículo y las derivas filosóficas a las que llegaré a través de su serie piensen: “Joder, yo cuando escribí esto no quería ir tan lejos, el chaval se ha flipado”. Soy plenamente consciente de ello, y soy plenamente consciente de que quiero que así sea. Este breve ensayo usa El Fin de la Comedia como vehículo para tratar un tema, la vida, tan inabarcable como magnético. El hecho de que esta serie me proporcione las herramientas necesarias para tratar tan profundo tema ya es indicativo de su excelente calidad. Porque, tiene que quedar muy claro, El Fin de la Comedia es una serie tremenda.

 

2. Introducción

El Fin de la Comedia es un buceo por la vida de Ignatius Farray -uno de los mejores cómicos de este país junto a sus inseparables Broncano y Quequé- cuando termina sus actuaciones y se baja de los escenarios. Como ¿Qué fue de Jorge Sanz?, como Curb Your Enthusiasm de Larry David. La idea de ficcionar la vida de un personaje real siendo él mismo el protagonista de la serie no es nueva. No lo es, y no importa. Porque si se hace bien, si el guión es bueno y las actuaciones creíbles, este tipo de series conseguirán siempre un impacto mayúsculo en el espectador. Todos nos hemos preguntado alguna vez cómo será ese futbolista fuera del terreno de juego, ese actor de Hollywood fuera de la gran pantalla, ese tertuliano fuera de plató. ¿Es tan gilipollas como parece? ¿Tiene sentimientos? ¿Es realmente un triunfador? Preguntas nacidas en la raíz de nuestras inquietudes antropológicas, a veces fruto de la curiosidad y otras de la envidia más cochina. Por eso, el formato de El Fin de la Comedia llamará siempre la atención. Si además, como sucede con El Fin de la Comedia, todos los astros se alinean y el trasfondo de la serie es tan brillante como su puesta en escena, estamos ante una obra imprescindible.

La mayor virtud de esta serie no es solo que consiga entretener y hacernos reír, sino que también nos hace reflexionar sobre quién (o qué) coños somos y qué estamos haciendo con nuestra vida. Así que reflexionemos.

 

3. Ignatius Farray viviendo tu vida

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Ignatius es un tipo grande, gordo, calvo, vestido con ropa estrafalaria, con barba y una boca que se podría tragar San Marino entero de un bocado. Llama la atención, es una persona estéticamente peculiar según los cánones (de mierda) habituales. Tiene fuerza en pantalla, innegablemente, y por eso la serie funciona. Pero lo que yo pido para que se entienda este ensayo es que cuando se vea El Fin de la Comedia nos imaginemos a nosotros mismos en lugar de Ignatius. Que lo que le pase a él, nos pase a nosotros. Vivid la vida Ignatius, dejad que Ignatius viva vuestra vida. No se trata de desvirtuar el planteamiento de la serie, sino de ir un poco más allá y dejar que lo que debería ser un rato de ocio mirando sus capítulos se convierta también en un ejercicio de autoaprendizaje.

 

3.1 El patetismo

Desde el primer capítulo se dibuja una vida de Ignatius (y de quienes le rodean) que coquetea con lo patético y repleta de situaciones incómodas. Primer minipunto para la serie. Queramos admitirlo o no, somos funambulistas yendo en triciclo haciendo malabares por el hilo de la vergüenza, y muchas veces nos caemos al foso sin remedio; pero por suerte hay red para evitar el descalabro: ser patético es tan humano como respirar, comer o cagar, así que a modo de salvavidas el cerebro proyecta vocecillas -a veces no las escuchamos, pero creedme que están ahí- que dicen “tranquilo, no mueras de vergüenza, no eres más ridículo que el otro ni el otro más que tú así que sigamos adelante”. Es importante saber que ser patético hasta niveles extremos no nos convierte en locos. De hecho, un funambulista que cae está más cerca del suelo que uno que siempre se mantiene en el aire, ajeno a la realidad. El Ignatius de El Fin de la Comedia es patético pero ni mucho menos loco.

 

3.2 Más, que quiero y quiero más

“El yo más digno que existe es el que acepta esas inseguridades y las muestra al mundo. Solo al alcance de unos pocos, y uno de los motivos por los cuales los monólogos de Ignatius son una genialidad”

Fórmula Abierta, el grupo de música, es junto a Franco y la Inquisición Española lo peor que le ha pasado a este país/imperio/trozo de tierra bajo una bandera e identidad nacional ficticias. Pero el estribillo de su ¿única? canción me sirve para explicar una conversación que tenemos con nosotros mismos en todo momento: más, que quiero y quiero más, de lo que tú me das. Todos nos infravaloramos, proyectando en nuestras mentes una imagen ideal de lo que querríamos ser, y bajo este concepto se desarrolla el segundo capítulo de El Fin de la Comedia. Una tienda donde se venden todo tipo de mejunjes para ser más atractivo, ser más rico, ser más inteligente… sirve para despertar en Ignatius sus inseguridades y a la vez la ilusión de darles carpetazo por fin. En su caso, quiere ser más gracioso. En el caso del hombre trajeado que entra en la tienda mientras Ignatius curiosea los estantes, más éxito profesional haciéndole vudú a un compañero de trabajo (“No quiero que vuelva a sonreír nunca, quiero destruir su vida”). En mi caso, me gustaría no tener miedo a mostrar mi yo real a todo el mundo. En tu caso, rellénalo tu mismo.

Somos inseguros y muchas veces la vida se convierte en un intento de poner parches desesperados a nuestros miedos. No dejéis que ningún coach os diga que eso no está bien. Así debe ser, puesto que el hecho de querer superar estos miedos es muchas veces lo que nos permite avanzar hacia un yo más digno. Aunque, también os digo, el yo más digno que existe es el que acepta esas inseguridades y las muestra al mundo. Solo al alcance de unos pocos, y uno de los motivos por los cuales los monólogos de Ignatius son una genialidad.

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3.3 El paso del tiempo

Dice Rust Cohle -reverencia- en la primera temporada de True Detective que “la consciencia humana es una trágica equivocación en la evolución”, y no podría estar más de acuerdo a nivel general. Pero también hay que decir que a nivel particular la consciencia humana es realmente fascinante; tanto como aterradora. Qué fácil sería la vida si solo pensáramos en comer y follar, como un tronista de Mujeres y Hombres y Viceversa, y no en por qué el Universo es tan grande, donde vamos cuando amochamos (la religión no es más que un intento de anular la consciencia de nuestro inevitable fin como seres vivos) o qué nos haría felices: sí, los seres humanos siempre soñamos con un futuro mejor. Y cuando este futuro mejor no llega, drama. Así vemos a Ignatius en el tercer capítulo, un ejemplo paradigmático de cómo, al pasar los años, la juventud se desvanece al mismo tiempo que las esperanzas de ser quien un día quisimos ser. Y darse cuenta de ello no es nada fácil. En dicho capítulo tambén se aborda el microcosmos de las citas, relaciones de pareja y amor en general. Os lo resumo rápido: cuando de amor se trata, todos somos unos auténticos gilipollas.

 

3.4 Absurdos por defecto

El mejor capítulo de la primera temporada de El Fin de la Comedia es el cuarto. Con la fatídica confusión de Ignatius que le lleva a un pueblo habitado de gente épicamente rara. Todo este episodio es una poema de amor a lo absurdo, porque de hecho la vida en sí es un poema de amor a lo absurdo. Es absurdo que en un punto indeterminado de un Universo de tamaño desconocido se dieran las condiciones para que se originase un planeta con capacidad para albergar vida y que dentro de este planeta nacieras tú e intentes buscar una respuesta que explique todo este percal de forma lógica. Intentar entender todo esto, la eterna pregunta del “¿Por qué yo aquí?”, es una tarea que nos sobrepasa de tal manera que es absurdo que sigamos insistiendo en ello. Como Ignatius, suficiente trabajo nos cuesta entendernos a nosotros mismos como para añadirnos la preocupación de asimilar todo lo que nos rodea. ¿Verdad que un personaje de Los Sims no está preparado para entender cómo funcionan los microchips del ordenador con el que se reproduce el videojuego en el que cobra vida? Pues lo mismo con el ser humano y el cosmos. Dejemos ya de ser tan engreídos, maldita sea.

 

3.5 Paulo Coelho o el cretino universal

Entiendo que mi mensaje es algo pesimista, quizás algo oscuro, pero mejor esto que llenar pseudolibros de aforismos rancios y vacíos de contenido y significado. “Lo que ahoga a alguien no es caerse al río, sino mantenerse sumergido en él”, “Que la vida sea corta o larga, todo depende de la manera en que se viva”, “Valórate como persona. Si tú sabes lo que vales, buscarás lo que te mereces”. Su puta madre. La vida no se puede simplificar en frases baratas de coach para encontrar la felicidad, y quien así lo haga creo que está condenado a pegarse de morros contra el suelo. Las peripecias vitales de Ignatius están desprovistas este halo mugriento de falso buenrollismo y sin embargo lo vemos feliz en muchas ocasiones. La historia de amor con la chica sordomuda es preciosa, aunque el mejor detalle es la escena con la que se cierra esta fantástica primera temporada: Ignatius columpiando a su hija hasta que dice “Me toca a mi”, y es su hija quien pasa a columpiarle a él. No conozco la intención de los creadores a la hora de cerrar la temporada con esa imagen, pero puedo decir que me resulta bellísima. Hay más sabiduría en esa escena que en la obra completa de Coelho, y no estoy exagerando. Porque al final lo bonito de la vida opino que aflora en pequeños actos inconscientes y no en la grandilocuencia barata.

 

4. Conclusión y perspectivas de futuro

Quería ver la segunda temporada de El Fin de la Comedia antes de escribir este artículo, pero por las circunstancias acontecidas decidí adelantar su escritura para que me sirviera de catársis. Poco profesional, egoísta e inteligente por mi parte. Estoy seguro que seguiré viendo perlitas filosóficas donde probablemente no las hay. Es lo que tiene estar como una puta regadera, aunque no me preocupa. El Fin de la Comedia es un joya, un lienzo de la vida que navega entre Pollock y Caravaggio: caos, color, luces y sombras, incomprensible para algunos y preciosista para otros. Como la vida misma, se trata de un cúmulo de situaciones tragicómicas donde el protagonista (todos y cada uno de nosotros) lucha por no traicionar su propia esencia.

 

5. Anexo I

Rust: “You’re looking at it wrong, the sky thing”.

Marty: “How’s that?”.

Rust: “Well, once there was only dark. You ask me, the light’s winning”.

 

6. Anexo II

No sé on ets, però ets aquí. M.

 


 

El equipo de ‘El Fin de la Comedia’ estará en el próximo Serielizados Fest del 19 al 22 de abril.

Escrito por Marc Renton en abril 2017.

Ver más en Posthumor, Producto Interior, El Fin de la Comedia.

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